EL TRABAJO
Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.
Confucio 551-579 a. C
Aceptemos este hermoso pensamiento como una útil recomendación para deshacernos de una vez del concepto de que el trabajo es una maldición bíblica, una idea que, a fuerza de repetirla siglo tras siglo, ha quedado como una verdad irrefutable.
De nuevo, leer este proverbio de Confucio me ha inducido a establecer un paralelismo con lo que el espiritismo proclama acerca del trabajo.
En el capítulo III del Libro de los Espíritus se hace esta pregunta:
–¿Por qué es impuesto el trabajo al hombre?
–Es consecuencia de su naturaleza corporal; una expiación…
–¿Y por qué una expiación?
–Cuando Dios crea al espíritu lo crea ingenuo e ignorante, pero le dota de una inteligencia que lleva implícito un conocimiento del bien y del mal y que habrá de desarrollar a lo largo de diversas existencias, y todo a base de un trabajo incesante y personal… Es entonces cuando ese trabajo puede ser una, digamos, «maldición» si no ha sido aprovechado para su desarrollo moral: el trabajo se torna pesado, duro, porque se ha elegido mal.
Y continúa:
–En los mundos más perfeccionados, ¿el hombre está sometido a la misma necesidad del trabajo?
–Esa ley es relativa a las necesidades, y cuanto menos materiales sean éstas, menos necesaria será esa ley…
Me atrevo a aventurar que, sin embargo, en esos mundos la ley del trabajo no sólo no es rechazada, sino que es solicitada; es elegida porque supone ayudar a los demás; ayudar a crecer en valores morales, a evolucionar hacia cotas elevadas para el espíritu, y esa elección transforma el trabajo en un auténtico placer, haciendo más comprensible el pensamiento del filósofo Confucio.
Sí, amigos, no nos quedemos ociosos, elijamos bien el trabajo a realizar para no tener que trabajar ni un día de nuestra vida en la materia y quedar preparados para continuar nuestra labor allá, en lo infinito…
Confucio: El trabajo por: Mª Luisa Escrich
Guardamar, 3 de octubre de 2024
2025 © Amor, paz y caridad






