ANATOLE FRANCE

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Anatole France

Si exagerásemos nuestras alegrías como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia.

Anatole France

          Es cierto. Cuánta gente hay que se regodea en los sufrimientos y en las enfermedades. Cuando hablan dos personas, se establece una auténtica pugna dialéctica por ver quién de ambas tiene más dolores, y van contándose sus cuitas a poquitos para que abulten más. Pero no se cuentan sus alegrías, sus goces, las cosas buenas que les hayan pasado (que seguro las hay: La curación de una enfermedad  ̶ propia o de alguien próximo ̶ , la graduación de un hijo o nieto, etc., son cuestiones que no se comentan o se pasa sobre ellas muy someramente). Pero los dolores, cuanto más exagerados… Parece que son tanto más felices cuanto peor lo pasan.

          Lo malo es lo que vende, incluso en un ámbito más amplio, el social. Lo vemos en diversos programas de televisión en los que los contertulios sacan a la luz pública sus vergüenzas y se lanzan a la cara los trapos sucios; cuanto más sucios, mejor.

          Volviendo al tema de las enfermedades, esa negatividad mental se traduce en negatividad física. Lo ha demostrado la ciencia médica, la actitud negativa de un paciente ante su dolencia la empeora, mientras que una actitud positiva contribuye a la sanación de manera extraordinaria. Yo mismo he experimentado estas dos situaciones en mi entorno familiar.

          Los pensamientos oscuros se retroalimentan, y así, aquellos que solamente hablan de sus penas (exagerándolas) acabarán siendo más proclives al padecimiento, físico y emocional, o a retardar su salud en caso de estar bajo tratamiento. Precisamente los hipocondriacos están metidos en ese bucle de preocupación constante por las enfermedades, tanto las que puedan tener realmente como las que les puedan llegar por cualquier medio, por raro que parezca. Presentan una actitud de tristeza casi permanente y no ven más que microbios y bacterias amenazando por todas partes, tal cual nos lo explican los diccionarios.

          Retomando la frase de Anatole France, mi abuelita Filomena decía algo muy parecido:

«Si hubiese un mercado donde pudiésemos cambiar las penas, nos volveríamos a casa con las nuestras». Así es, por muy mal que lo estemos pasando, siempre habrá alguien que esté peor, y en ese hipotético mercadillo de dolores no hallaríamos sufrimientos más pequeños que los propios, con lo que no cambiaríamos nada.

          Creo que poco más hay que añadir a esta cita del escritor francés, salvo quizás una última reflexión:

          Lo que sí deberíamos cambiar es la mentalidad. Cambiemos el hábito de solazarnos en las penurias y busquemos cosas buenas para compartir; creo que, de este modo, crearemos el hábito de pensar en positivo. Y cuando nos vengan a contar penas ajenas, respondámosles con gozos y alegrías; y acaso no solo nos beneficiemos nosotros, nuestra mente (que es como decir el alma), sino que con ese ejemplo contribuiremos a que el interlocutor también tienda a modificar sus hábitos y empiece a compartir las experiencias alegres y positivas de su vida.

Anatole France por: Jesús Fernández Escrich

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