APRENDER A AMAR

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Aprender a amar

Como bien sabéis todos somos herederos de aquello que hicimos en el pasado, y sembramos en el hoy lo que seremos en el día de mañana, pero la experiencia del alma a través de los milenios va construyendo el carácter del espíritu inmortal, elevando sus cualidades y virtudes para poder poco a poco ir acercándose a Dios, puesto que ese es su objetivo final.

Por ello, el progreso y el adelanto del alma es lento, es paulatino y nunca se debe de dejar de lado. Si bien ponemos los remedios para curar el cuerpo cuando las enfermedades aparecen, cuánto no es más importante sanar el alma enferma, que ha caído múltiples veces en errores, y que lógicamente esos errores han marcado huella en el interior de cada cual, y son necesarios corregir, entender y transmutar por los aciertos y las virtudes que el espíritu consciente realiza cuando se sabe, en el camino del bien y del amor.

Todas las experiencias que se viven a raíz de la evolución desde los primordios de las primeras encarnaciones son positivas, porque de todas se aprende, aunque algunas de ellas sean experiencias traumáticas, equivocadas o erróneas. 

El camino del alma hacia el encuentro con el Creador es un aprendizaje, en tantas y tantas cosas que muchas veces, en una vida, quedan diluidos los objetivos a largo plazo que el espíritu tiene, porque cada existencia no es ni más ni menos que un pequeño eslabón, un soplo, una vida es un soplo de aquellas experiencias que el alma debe adquirir y recorrer para seguir progresando y convertirse en un espíritu puro, libre de imperfecciones.

Voy a relataros la experiencia de un espíritu acerca del descubrimiento del amor, algo importante, importantísimo porque descubrir el amor es una de las tareas, entre otras muchas, que tiene el alma humana y que no siempre es consciente de la necesidad que precisa de él. 

A este espíritu le llevó varias existencias entenderlo, y como a él, soy consciente que a otros muchos les ocurre lo mismo. 

El camino del bien, del amor, de la plenitud y de la felicidad, es el que Dios ha proyectado para todos los espíritus. Sin distinción alguna todos llegaremos a esa felicidad y a esa plenitud.

Como digo, a este espíritu le costó varias existencias aprender sobre el amor, y todavía continúa, porque son tantas las delicadezas y los detalles que el amor exige y desarrolla, que los espíritus medianos estamos todavía, en ese camino de progreso y de avance.

Tres fueron las existencias en las que tuvo que pasar de comprender, lo que era el amor egocéntrico y egoísta, a el amor por los demás, que todavía no ha comprendido en su profundidad. Pasaron alrededor de más de 500 años entre unas cosas y otras, pero por fin hoy, está en una condición de entender cosas, de aceptarlas y ponerlas en la práctica y sin duda esto ha supuesto para él un bálsamo para su alma, a fin de no volver a recaer en aquellas imperfecciones groseras que alimentaron su alma en los primeros tiempos.

En aquellas primeras existencias, entendía el amor como el lucro, el usufructo o el disfrute personal por encima de todo. Todo aquello que le venía bien, que era de su incumbencia y agrado, lógicamente para él, era lo primero, no existían otras prioridades. 

Si precisaba aprovecharse y abusar de otros, lo hacía, ninguna condición ética o moral dañaba su alma, puesto que consideraba que su propio, único y exclusivo beneficio egoísta era quererse y amarse a sí mismo, y ser él en primer, en segundo y tercer lugar por encima de todo.

Así comenzó una etapa en la que fue de error en error, de agravio en agravio, dañó a muchas personas, y cuando algunas, en alguna existencia le propusieron convivencia común, mediante matrimonio o afecto, usaba ese afecto o el amor que la persona le otorgaba de manera espuria, para aprovecharse egoístamente del afecto de la pareja. 

Era un amor posesivo, era un amor egoísta el que mantenía solamente para su propio bien. En esa actitud llegó incluso a manipular con facilidad, con mucha facilidad, la conciencia de aquellos que se vinculaban con él, usando todo tipo de argumentos y de recursos a su favor, que lógicamente eran para satisfacer su ansia egoísta de placer, de gozo o de cualquier otra circunstancia que consideraba que era lo que él necesitaba.

Evidentemente, huía de compromisos que supusieran esfuerzo, abnegación y entrega. ¡Qué lejos estaba del concepto que ahora tiene de que el amor es dar, antes que recibir y ofrecerse a los demás ¡ 

En aquellos momentos ni siquiera podía vislumbrar esta idea que ahora tiene y por supuesto era una persona egoísta, carente de escrúpulos con los sentimientos ajenos y que lógicamente usaba las circunstancias de las vidas a su alrededor para aprovecharse.

Llegó incluso a rechazar, traicionar y olvidar a muchos que se relacionaron con él y que indudablemente no sospechaban cuales eran sus intenciones más ocultas.

Eso generó deudas en su conciencia que tuvo que pagar en vidas posteriores, incluso en el espacio le generó enemigos, que se sintieron traicionados por su manera de ser, algunos de ellos crueles obsesores que intentaron perjudicarle, y lo consiguieron durante un tiempo. Pero él volvía a reencarnar y sus actitudes cambiaban muy poco a poco, solamente el sufrimiento y las consecuencias que la ley de causa y efecto vertía sobre las experiencias en sus propias vidas le hacían despertar un poquito a una nueva realidad.

Llegó un segundo punto en esa trayectoria de sus experiencias evolutivas en el que espiritualmente concibió la oportunidad de aprender a amar de verdad siendo madre, y bajó con esa circunstancia a la Tierra, en una nueva existencia.

¡Que fracaso ¡¡Que desilusión ¡¡Que remordimiento¡, tuvo su alma, cuando desencarnó después de esa existencia en la que había venido a ser madre, para intentar desenvolver el amor por los hijos, ese amor que lejos de ser egoísta, es un amor que todo lo da y que él mismo se había planificado antes de encarnar. Lejos de eso, no solamente no fue madre, sino que cortó toda posibilidad de serlo, practicando abortos verdaderamente crueles consigo misma a fin de evitar el sacrificio que un hijo comporta, y el esfuerzo y el desarrollo del amor que él tanto necesitaba.

Cuando llegó de nuevo al otro lado, su propia conciencia, entró en un abismo de negrura y oscuridad, de depresión terrible que duró durante mucho tiempo y que se veía agravado por aquellos que habían sido sus víctimas, a los que no permitió encarnar y con los que se había comprometido antes de venir a la Tierra a ofrecerles un cuerpo, una experiencia y una vida. Algunos de ellos, antiguos obsesores con los que tenía una deuda pendiente.

 Algunos le perdonaron, pero otros no, y le acosaron durante muchísimo tiempo en el espacio, para hacerle ver su conducta criminal, que sin duda su alma percibía como un auténtico abismo en aquellas actitudes positivas que antes de encarnar había diseñado, para volver a la Tierra y comenzar a aprender a amar de esa manera.

Pasaba el tiempo y su frustración espiritual era grande, quiso venir a reencarnar y la ley se lo impidió, puesto que fue abortada por otros tan inconscientes como él, que simplemente fueron instrumentos de la causa y el efecto que la ley provee a aquellos que practican el aborto y que necesitan reencarnar de una manera rápida para vivir las experiencias, encontrando así la justa reciprocidad de los crímenes que cometió en el pasado.

Posteriormente, después de varias tentativas, la providencia divina le concedió la oportunidad de volver, y volvió, sí, volvió con la necesidad de entender que el amor no es una mercancía que se negocia, ni con la que se puede comerciar, es una mercancía al alcance del espíritu noble que es capaz de ejercer la renuncia, la abnegación y el sacrificio por los demás. 

Volvió a reencarnar, teniendo claramente en su alma y en su intuición interior la necesidad de no volver a equivocarse con aquellos que venían con él a saldar deudas y a fomentar una nueva etapa de experiencias. 

Comenzó por vincularse a un espíritu, enemigo del pasado, con el cual había mantenido algunas relaciones tumultuosas. Y vino con él como pareja, para comenzar una relación de mutuo acuerdo, de afecto sincero y de no explotación de los sentimientos del uno para con el otro.

Poco a poco lo fue consiguiendo, fue ardua la tarea, fue difícil y no se terminó en esa existencia, tuvieron que volver una más y en esa por fin, ver colmadas sus expectativas de ampliación del amor con los hijos, porque en esta primera existencia con este espíritu como pareja fue infértil y la providencia no le permitió traer hijos al mundo, un estado que hubiera colmado de felicidad esa experiencia del descubrimiento del amor, que poco a poco iba teniendo con su pareja, pero que necesitaba consolidar con ella antes de pasar a esa otra etapa.

Y sí, volvieron juntos por segunda vez, en ese momento en esta oportunidad y tuvieron muchos hijos, y a partir de ahí, su experiencia evolutiva, el descubrimiento del amor cambió por completo, supo lo que era sacrificarse por ellos, supo lo que era entregarse en cuerpo y alma, y además, contó con la ayuda de ese espíritu generoso, de ese espíritu noble que en la vida anterior habían ya resarcido las diferencias que habían tenido en existencias anteriores, y que en ésta venían comprometidos a criar una prole y desenvolver entre ambos las mejores y mayores magnitudes de la relación en un matrimonio, el compañerismo, la empatía, la ternura, el afecto, la pasión. Esa pasión inicial que se desarrolla con el sexo y que luego se convierte en una pasión de admiración, de afecto, de cariño, de compromiso mutuo, de trabajo por el bien y por el amor de los hijos, y que, sin duda ninguna, ayuda a superar las dificultades que aparecen. 

Ayuda a entender la vida de otra manera y otorga una dimensión mayor a un matrimonio, a una pareja, sea cual sea. Ese fue su punto de inflexión, y a raíz de esa existencia comenzó a entender muchas cosas. 

Posteriormente a esa existencia, tuvo otra que fue la última, donde continuó con este trabajo.

El espíritu avanza lentamente y necesitamos vivir muchas experiencias en la carne para poder entender interiormente en nuestra alma, cuáles son las necesidades urgentes que tenemos, para conquistar los valores superiores del espíritu, la armonía, el equilibrio, y la entrega a nuestro prójimo, y sanar aquellas imperfecciones que nuestros propios errores han ido cimentando a lo largo de las diferentes vidas.

Estemos pues atentos, sepamos donde estamos ubicados en el momento en el que nos encontramos, y aprovechemos el presente para hacer lo mejor posible dentro del ámbito que nos ha tocado vivir a cada uno de nosotros. 

Las casualidades no existen, por lo tanto, aprovechemos el tiempo y las experiencias. Cada cual, en su compromiso espiritual trae aquella que es prioritaria para la vida que le ha tocado vivir y las circunstancias en la que se encuentra. Descubrirla, trabajarla y luchar por ser mejores día a día, no dejando rienda suelta a los impulsos negativos del alma, construyendo el bien y practicando la caridad al prójimo, estaremos en condiciones de cumplir con el compromiso espiritual adquirido.

¡Y que satisfacción, que alegría cuando el espíritu vuelve de nuevo al plano espiritual con el trabajo bien hecho! No hay nada que dignifique más al alma humana que esta situación; a pesar del esfuerzo, de la abnegación y del trabajo que todo eso conlleva.

Aprender a amar por: Un espíritu

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