METAS Y ÉXITO

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Metas y éxito

LAS METAS QUE DESEAMOS LOGRAR Y EL VERDADERO SENTIDO DEL ÉXITO

     En general, todos tenemos algunas ideas sobre lo que quisiéramos lograr en nuestras vidas, pero no siempre hemos aprendido a definirlas y a trazar la estrategia adecuada para convertirlas en metas concretas y factibles. Más aún, no alcanzamos a cobrar plena conciencia de la inmensa importancia que involucra tener un propósito central en la vida, e ignoramos que nada envejece tanto y convoca más a la muerte que carecer de un objetivo que le otorgue sentido y significado a la existencia.

     Es por esto que bien vale asumir que el hecho de disponer de un objetivo esencial repercute en nuestra salud integral, porque, entre otros mecanismos sicosomáticos, moviliza los circuitos dopanímicos, o sea la red de neuronas que utilizan la dopamina como neurotransmisor para regular funciones vitales tales como la generación de energía que impulsa los movimientos y además cumple funciones decisivas en los procesos de aprendizaje y emocionales.

     Tener ese objetivo central que le da sentido a la vida y ordenarlo en metas interrelacionadas que contribuyen a su consecución, moviliza positivamente nuestros recursos intelectivos y volitivos, haciéndonos sentir útiles, activos y valiosos, para nosotros mismos y para los demás.

     Diez principios fundamentales en la vida.

  • Otorgar prioridad a la salud física y mental.
  • Fomentar y construir relaciones basadas en el amor.
  • Aprender, estudiar, leer y formarse continuamente en las humanidades, en las ciencias o en las artes.
  • Aspirar y conseguir una forma de vida confortable por medio del trabajo digno y honesto.
  • Abrazar ideales nobles, bondadosos y solidarios, que despierten sentimientos de espiritualidad.
  • Cultivar la ética de la honradez en cuanto se piensa y se hace.
  • Servir al prójimo sin esperar retribución.
  • Adoptar un estilo de vida ecológico, divertido, alegre, alejado de vicios y adicciones.
  • Estar en paz con la conciencia.
  • Trabajar por un mundo mejor sustentado en la democracia, la libertad, la justicia, la igualdad, la fraternidad, el civismo. 

     Recomendaciones para conseguir metas y objetivos.

     Presentamos ahora algunas recomendaciones fundamentales, sustentadas en los estudios de psicología y en la propia experiencia, que pueden servir a cualquier persona a orientar sus acciones para conseguir aquellos propósitos que definen su horizonte vital, y en consecuencia, poder avanzar en su particular proceso de autorrealización, de búsqueda del éxito y de la felicidad misma.

     Autoconfianza. La creencia positiva en las propias habilidades para cumplir las metas, afrontar retos y resolver dificultades, es la condición fundamental para el desarrollo personal puesto que se convierte en el motor fundamental que impulsa la inteligencia y la voluntad hacia la ejecución de las tareas. Se liga directamente con la autoestima, o sea, con el aprecio o valoración que cada uno tiene de sí mismo. Tener autoconfianza y autoestima no implica sentirse superior a los demás, sino reconocer de forma objetiva y honesta el potencial de que cada uno dispone y proceder a activarlo.

     Quizás sobre esto ninguna sentencia sea más aleccionadora que la expresada por el poeta romano Virgilio en la Eneida, su obra más conocida: “Possunt quia posee videntur”, que significa “Pueden porque creen que pueden”. La actitud positiva y optimista es el motor que impulsa la voluntad hacia la consecución de las metas, y esa disposición se ve reforzada cuando nos rodeamos de gente que vibra con ese mismo ánimo.

     Realismo. Aunque es deseable que las metas sean ambiciosas y de gran alcance, es imprescindible que sean claras, precisas y factibles. Hay que alejar de nuestra mente aquellas aspiraciones y deseos que rozan la fantasía o el absurdo, porque sobrepasan la razón y al convertirse en imposibles solo generan frustración, como sucedería, por ejemplo, si alguien pretendiera volar moviendo aceleradamente los brazos.

     Las metas realistas se pueden alcanzar dentro de un tiempo determinado, empleando los recursos disponibles y aprovechando circunstancias favorables. Requieren reflexión, planificación y ejecución. Para conseguirlas es conveniente dividirlas en metas de corto, medio y largo alcance, para luego elaborar un plan de trabajo que lleve poco a poco a conseguirlas. Es recomendable comenzar por las más cortas y paulatinamente avanzar hacia la consecución de objetivos más complejos. Cada logro proporciona mayor confianza, entusiasmo y determinación, y a la vez reduce la ansiedad y el estrés.

     Motivación. Conviene precisar que pensar y actuar con realismo no contradice el hecho, tantas veces demostrado, de que la necesidad o la motivación son capaces de liberar potenciales energéticos insospechados. Una madre puede tener poca fortaleza física, pero si hay un incendio y su hijo se halla atrapado es capaz de mover objetos muy pesados o derrumbar una puerta.

     La mayor motivación deriva de una actitud optimista que lleve a ver las cosas en su aspecto más positivo o favorable. El optimismo como uno de los más positivos rasgos de la personalidad suele ir asociado con la convicción, la seguridad y la esperanza, factores que condicionan los pensamientos y, en consecuencia, la toma de decisiones.

     Perseverancia. Dice una frase popular muy conocida: “El que persevera vence”, pero no todas las personas la aplican. Hay quienes frente a los obstáculos que se les presentan en su vida cotidiana, sean pequeños o grandes, se detienen y abandonan el esfuerzo de perseguir sus objetivos. Y lo más curioso de esto es que muchas personas no saben de lo que son capaces hasta que lo intentan, y solo entonces se percatan de que solo si se empieza a caminar en dirección a una meta es que se puede acortar la distancia para alcanzarla.

     Es fundamental comprender que la perseverancia es determinante para concluir nuestros proyectos, alcanzar las metas y convertir los sueños e ilusiones en realidad. Perseverar significa mantenerse enfocados, comprometidos y entusiasmados, dispuestos a hacer cuanto sea necesario para conseguir lo que buscamos. Y si se encuentra en el camino a personas que nos desaniman hay que ser persistentes y no permitir que nos desalienten. Hay que desarrollar la resiliencia, es decir la capacidad para sobreponernos al dolor emocional y a las situaciones adversas, y seguir adelante. La resiliencia exige que una persona adquiera un alto sentido de la disciplina para actuar de manera ordenada y constante, cumpliendo reglas, acerando la voluntad y creando buenos hábitos, en función de convertir los deseos en realidades.  

     Es necesario advertir que no debe confundirse perseverancia ni resiliencia con obstinación. No es recomendable obsesionarse con una meta determinada y si las circunstancias lo aconsejan hay que actuar con flexibilidad y proceder a reconducir los planes, reestructurar nuestros recursos psicológicos para adaptarnos a las nuevas circunstancias y necesidades haciendo los ajustes y cambios que permitan hacerlos factibles.

     Aprendizaje. Siempre hay algo nuevo que aprender que te ayudará a crecer y a avanzar, por lo que debes intentar rodearte de personas que puedan enseñarte cosas nuevas o diferentes y también inspirarte con su ejemplo. Decía con gran acierto el influyente escritor y conferencista estadounidense Og Mandino: “Toma la actitud de un estudiante. Nunca se sabe demasiado como para dejar de aprender algo nuevo”.

     El ejercicio constante de la autocrítica es una cualidad esencial para lograr las metas, porque implica reconocer nuestras limitaciones, estar consciente de que podemos equivocarnos y ser capaces de identificar objetivamente las propias fallas y debilidades, y a partir de ahí aplicar estrategias que permitan mejorarlas y hacer que se conviertan en fortalezas u oportunidades.

     Las metas y el éxito en la vida.

     No es sencillo definir lo que significa tener éxito en la vida, porque se trata de una valoración compleja que está subordinada a las aspiraciones de cada persona, sea en el trabajo, en la familia, en la sociedad, en la salud o en el amor. No hay una acepción que pueda considerarse única ni tampoco hay un solo camino. Lo importante es que la definición que alguien ha adoptado tenga sentido para él.

     El éxito es una construcción propia que debe resonar con los deseos y valores de cada uno. No es una fórmula mágica sino un proceso que se conecta con el esfuerzo constante y el aprendizaje diario. Más que alcanzar un punto fijo, se trata de disfrutar el recorrido: las pequeñas metas alcanzadas y las lecciones aprendidas tienen tanto valor como los grandes logros.

     Desde la perspectiva ética que nos brinda la filosofía espírita es necesario distinguir el concepto material del éxito de lo que consideramos una visión más amplia de éxito espiritual. Para la mayoría de las personas está fundamentalmente referido a los triunfos y ventajas materiales. Se habla de un hombre y de una mujer de éxito cuando han obtenido una considerable posición económica que les brinda riquezas, lujos, fama, poder e influencia social. Sin embargo, tales condiciones no necesariamente les aseguran la felicidad.

     A diferencia de esa manera de ser y de pensar, creemos que lo que proporciona auténtica dicha es de naturaleza espiritual, es decir, se basa en lo que cada ser humano es intrínsecamente, una condición definida a partir de unos valores morales y humanistas, asumidos libre y conscientemente, y que sirven para enlazar armónicamente sentimientos, pensamientos, palabras y acciones. El éxito  material se cifra en lo que se tiene y en lo que se aparenta, mientras que el éxito espiritual no se mide por los bienes materiales, el poder o por la fama, sino que se fundamenta en lo que distingue a cada ser humano en sus fibras morales, al margen de que se posea mucho o poco.

     No se trata de asociar necesariamente el éxito a la pobreza o de censurar a quienes han obtenido honestamente sus riquezas materiales con esfuerzo, dedicación e inteligencia y sin atropellar los derechos de otros ni causarles perjuicios mediante engaños zancadillas.  Hay muchas personas que han logrado notable triunfos en el orden material con su trabajo o con sus empresas, y a la vez, cultivan los más elevados valores espirituales y orientan sus vidas hacia metas de crecimiento y autorrealización.

     A la luz de las enseñanzas espíritas, sustentadas en los principios de trascendencia espiritual y progreso continuo a lo largo de vidas sucesivas, el éxito terrenal, obtenido en una existencia determinada es de gran beneficio pero tiene carácter transitorio, limitado y efímero. No hay duda de que los bienes materiales constituyen herramientas útiles para el progreso del espíritu encarnado y para el progreso social en su conjunto, pero ellos no representan el propósito central de la vida, porque la verdadera riqueza proviene de la experiencia del amor, del servicio al prójimo y del disfrute de una conciencia en paz, serena y tranquila.  

      En definitiva, lo que queremos reivindicar desde una mirada espírita, es que tener éxito significa avanzar con la mirada puesta en el progreso propio logrado en armonía con el progreso de los demás, en el cultivo de las virtudes, en la integración de los éxitos materiales en los espirituales, el fortalecimiento de la evolución consciente del espíritu, siguiendo el ritmo inexorable que marca el conjunto de las Leyes Morales.

Metas y éxito por: Jon Aizpúrua

2026 © Jon Aizpúrua

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