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LA VIDA MERECE RESPETO

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La vida merece respeto

La vida merece respeto

 

“La vida es una sublime concesión de Dios que no puede ser despreciada”

Podemos encontrar múltiples definiciones de lo que es la Vida, y todas ellas podrían ser igualmente válidas en relación con su propuesta lógica y sensata bajo los enfoques de la disciplina científica o filosófica de la que se trate.

Por ejemplo, para la biología la vida es el resultado de la organización celular formando órganos, sistemas y funciones que se individualizan. Un artista, presentará la vida como la belleza o la fealdad, la decepción o la ilusión, siempre acorde a su estructura psicológica personal. 

Los científicos mecanicistas y materialistas presentarán el origen de la Vida derivada exclusivamente de fenómenos fisicoquímicos. Aquellos otros que se consideran vitalistas, colocarán el origen de la Vida en un principio vital encargado de transformar la materia inerte en animada. Los espiritualistas, que parten de la realidad del alma y su trascendencia después de la muerte, presentarán la vida como una saga continua de progreso y adelanto del espíritu, siendo este último el agente que permite y anima la vida y cuyo fin es la perfección, la plenitud y la felicidad.

Sea cual fuere el enfoque personal o general que se adopte para definir la Vida, la complejidad del tema nos permite adoptar nuestras propias definiciones en base a nuestros propósitos y argumentos. Por ello adoptamos a continuación dos definiciones que consideramos acertadas bajo un enfoque científico y otro filosófico.

La primera nos permite considerar la Vida como “el periodo de tiempo que media entre las acciones y reacciones que vitalizan a los seres vivos como resultado del desarrollo de organizaciones celulares que se enmarcan entre el nacimiento y la muerte”.

La segunda concepción de la Vida, en lo que respecta al ser humano, responde mediante el siguiente argumento filosófico: “Su génesis se encuentra en el Psiquismo Divino, que la concibió y la inspira, proporcionándole la energía de la que se nutre, impulsándole al crecimiento a través de las reencarnaciones del espíritu inmortal, también llamado el principio inteligente del universo”.

Desde una visión espiritual, la Vida es patrimonio de Dios, y por eso mismo es tan difícil comprenderla en su totalidad, al margen de las manifestaciones y transformaciones que observamos en la naturaleza y que forman parte del proceso de realidad de los seres vivos, y que en el caso del ser humano es preexistente al nacimiento y sobreviviente a la muerte de sus organismos físicos.

Como podemos comprobar, la Vida merece el máximo de los respetos, pues no somos nosotros, los seres humanos, quienes la creamos ni la otorgamos. Apenas nos convertimos, cuando somos padres, en instrumentos de la providencia divina para facilitar nuevos cuerpos que permitan a los espíritus reencarnar para así seguir progresando y alcanzando mayores niveles de adelanto en la búsqueda de la dicha y la plenitud.

Distinguimos ya aquí la vida del alma de la vida del cuerpo. Esta última, transitoria, incierta, corta, efímera, y de pocos años, termina cuando la fatalidad biológica del desgaste orgánico conduce a la muerte, si esta última no es anticipada por otras causas. La verdadera Vida, la inmortal, permanente y trascendente es la Vida del Alma, que continúa después del túmulo y precede al momento del nacimiento, ya que esta se encuentra en estado espiritual en el espacio mientras no se halla encarnada en la Tierra.

Así pues, en lo referente al ser humano y su aspecto trascendente como alma inmortal, es el principio inteligente, que siempre que llega de nuevo a la Tierra mediante la reencarnación lo hace con la finalidad de adelantar intelectual y moralmente. Al efectuar este proceso adquiere las experiencias que necesita para enriquecer su acervo personal y milenario, complementando su adelanto mental y moral.

«Vivir bien y obrar bien es lo que llamamos ser dichosos.»

Aristóteles – Filósofo

En la larga travesía de la Vida del alma humana, el ser inmortal surge del periodo de pensamiento primario guiado por los automatismos de los instintos, para continuar su evolución mediante el desarrollo de la razón y la transmutación de la emoción en sentimientos.

Paralelamente a esta circunstancia, los sufrimientos experimentados a causa de la negligencia, ignorancia o violencia hacia uno mismo o los demás, van dejando huellas profundas en la psique humana que se convierten en patrones psicológicos que nos condicionan en vidas posteriores.

Precisamente, el principal de los esfuerzos de la Vida del espíritu encarnado es mejorar moralmente, corrigiendo estos patrones desviados de nuestros hábitos perniciosos de conducta, perturbadores en el pasado, para transmutarlos por hábitos saludables de respeto y amor al prójimo que logren hacer de nuestra Vida una experiencia luminosa, liberándonos de los atavismos perjudiciales de antaño que nos esclavizan a las bajas pasiones y las tendencias primitivas del pretérito.

La Vida humana es el gran argumento del Amor Divino para con el hombre, pues le permite rectificar errores, crecer en sabiduría y virtud, experimentar la dicha y fortalecerse en las dificultades, enfrentando con valentía los desafíos que nosotros mismos hemos programado antes de encarnar. Es la mayor y mejor escuela para el alma inmortal, pues nos permite despertar a la propia realidad mediante las experiencias intelectuales y vivencias morales que nos capacitan para la conquista de la plenitud y la perfección relativa.

«Vivir en el corazón de aquellos que hemos dejado es no morir».

Goethe – Poeta

Respetemos y valoremos la Vida en su justa medida como una dádiva que Dios nos concede y que nos permite desarrollar las cualidades latentes que están inscritas en nuestro interior. La Vida no es más que un reto, un desafío que nuestra Alma necesita y por lo tanto supone esfuerzo, disciplina y lucha, para aumentar nuestra capacidad de resistencia ante las dificultades.

Y si en algún momento dudamos acerca de las decisiones éticas que debemos tomar en cualquier situación comprometida y que afectan a nuestra vida personal o a la de otros, recurramos a la comparación con las leyes de los grandes códigos morales existentes. Todos ellos coinciden en lo mismo, aquello que se ajusta a la Ley de Dios es lo correcto; lo que se aparta de la misma o va en contra de ella representa graves violaciones de esta ley y tiene consecuencias dolorosas para aquel que opta por quebrantar este principio: «No matarás».

Vivir es el reto sublime que Dios nos permite para avanzar en la conquista de nuestra propia felicidad, siempre y cuando nos decidamos por progresar y auto superarnos, para alcanzar algún día la plenitud como espíritus reintegrados, perfectos, vibrando en el Amor divino y colaborando como co-creadores del Universo con el pensamiento cósmico.

La vida merece respeto por:Redacción

2022, Amor, Paz y Caridad

«El que no valora la vida, no se la merece» Leonardo Da Vinci – Artista, s. XV

  

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