“El tiempo es una ilusión, por muy persistente que sea”.
Albert Einstein, Nobel de Física
Entender la frase de Albert Einstein acerca del tiempo nos permite comprender hasta qué punto nuestra percepción y conciencia nos distingue a unos de otros y la importancia de comprender esta magnitud humana tan importante como es el tiempo.
La frase en cuestión fue escrita por el famoso científico, cinco semanas antes de morir, en una carta dirigida a la viuda de su mejor amigo, el físico Michael Besos. Y hacía referencia a la magnitud física del tiempo, que Einstein definió como una cuarta dimensión, estructurada en un campo geométrico que nunca se pierde, que siempre permanece en el universo y que mediante la memoria siempre podemos volver a él.
Como bien afirmaba, la realidad del pasado siempre queda cuando volvemos la vista atrás para recordar, mientras que el futuro todavía está por venir y construirse. Pero distinguió muy bien lo que es el tiempo de la forma en cómo nosotros percibimos el tiempo, que es algo muy diferente.
Para los seres humanos el tiempo siempre se mueve hacia delante y tenemos la sensación de que los acontecimientos pasan y ya no vuelven. Esta sensación viene dada, según los físicos, por la segunda ley de la termodinámica que afirma que el desorden del universo siempre aumenta con el tiempo, y a esto se le denomina entropía.
Para los físicos, esta es una ley estadística más que física, pero nadie puede evadirse de la percepción que produce; y una de las más importantes es que el pasado parece desaparecer y no existe memoria. De ahí la nostalgia que produce la pérdida de un ser querido que, con el tiempo, tendemos a olvidar.
La demostración de que el tiempo es una magnitud física nadie la duda hoy en día; tanto en los viajes espaciales como en otros experimentos se realizan mediciones de tiempo con relojes atómicos de precisión infinitesimal, y se demuestra que en función de la velocidad a la que se viaja la variación del tiempo es una constante, y dos aviones en distintas velocidades con el mismo tiempo de partida y de trayecto, a su regreso muestran valores de tiempo diferentes.
Esta es la conclusión de la frase de Einstein tan famosa “El tiempo no es absoluto, sino relativo”. Y efectivamente así lo demuestran las leyes de la física y las evidencias empíricas y científicas.
Si el universo tuvo un comienzo en el Big-Bang tal como afirman todas las investigaciones de los astrónomos, los astrofísicos y los físicos, el tiempo, el espacio y la energía aparecieron en mil millonésimas de segundo de forma simultánea. Estas tres magnitudes son físicas y dieron lugar a la combinación y estructura de una expansión permanente del universo que todavía hoy, 13.700 millones de años después, continúa.
La hipótesis materialista de que el universo surgió por azar no se sostiene en absoluto, pues no se conoce ninguna ley física capaz de autocrearse por sí misma con los niveles de ajuste, precisión, orden, infinitud y perfección como las que rigen el funcionamiento del cosmos.
Las leyes físicas no crean el universo, tan sólo nos explican cómo funciona. Por ello el Universo tiene un origen, una causa que ha sido capaz de originar el tiempo, el espacio, la energía y las leyes que los rigen y articulan con un grado de perfección absoluto que nos ha traído hasta aquí, 13.700 millones de años después de un periodo en el que incluso ha aparecido la vida orgánica y la conciencia humana, que nada tiene de material y de la cual apenas se conoce de dónde procede.
No es comprensible un origen debido al azar cuando, según los últimos descubrimientos del telescopio James Web, lanzado por la NASA en el año 2021, se ha conseguido datar las galaxias más jóvenes del universo apenas 500 millones de años después del Big-Bang; siendo estas las galaxias más lejanas que podamos contemplar debido a la expansión y distancia de las mismas con la Tierra al ser las primeras que se formaron.
Que nos dice precisamente este extraordinario descubrimiento científico de hace apenas cuatro años. En primer lugar, si para la aparición de las primeras formas de vida unicelular en nuestro planeta se hizo necesario un periodo de más de mil millones de años, ¿cómo es posible que apenas tan sólo 500 millones de años después de la gran explosión ya existieran galaxias en funcionamiento con constelaciones de miles de millones de estrellas y sus correspondientes sistemas planetarios?
El paso del tiempo en esta comparación es pertinente y nos lleva a la rapidez de la formación del cosmos que tuvo lugar de manera vertiginosa en las combinaciones de los elementos que la energía, la materia, el espacio y el tiempo tuvieron que articular.
Todo esto, bajo la comprensión del cosmos que tenemos actualmente, es imposible que haya surgido y ensamblado de manera tan precisa y perfecta por azar. Por ello, la explicación de una Mente Superior o una Conciencia Cósmica que haya dirigido este proceso desde su origen es la hipótesis más plausible que podamos presentar. Dios es el creador del Universo y de las magnitudes y leyes inmutables que lo permiten y lo ensamblan de manera y ajuste perfecto.
Al estar fuera del tiempo y el espacio, esa Mente Suprema es un ser atemporal, que no está condicionado por el espacio y por lo tanto no se le puede definir ni delimitar de ninguna manera. Es, como ya afirmamos anteriormente, el pintor que crea un cuadro maravilloso, pero no es el cuadro, sino sólo su autor.
El tiempo es una parte de la creación necesaria, como la materia o la energía, que, junto al espacio, organizan un cosmos con las condiciones adecuadas para permitir la evolución y el progreso de los espíritus creados por Dios.
Almas o espíritus, encarnados o desencarnados, que necesitan experiencias de adelanto y de crecimiento permanente para obtener los grados que les permitan ampliar sus conciencias para asimilarse a esa conciencia superior de la que parten y a la que deberán llegar en su momento por sí mismos.
En esta trayectoria de ascensión comprenderán que son los dueños de su propio destino, y mediante el libre albedrío y en plena individualidad, siguiendo las leyes físicas y espirituales que rigen en el cosmos, podrán colaborar con esa entidad superior en la formación de otros mundos, en la orientación de otras humanidades, en la ejecución de los planes superiores de esa Conciencia Cósmica Universal que mediante el Amor rige los procesos e impulsa permanentemente, como el propio universo en expansión, la dirección de los mundos y las humanidades a través del tiempo.
Tiempo es ilusión de los sentidos, como afirmaba Einstein; es la magnitud valiosa que Dios nos concede para evolucionar y llegar hasta ÉL. Aprovechémoslo y sepamos usarlo en nuestro propio beneficio para alcanzar la felicidad a la que estamos destinados según el plan de ese Amor Universal que es la esencia del Creador, que ha permitido la vida, y que al ser “atemporal” no tiene urgencia ni prisa ninguna.
El camino está marcado, el buen o mal uso de la herramienta del tiempo juega a nuestro favor o en contra en función de la comprensión de lo que somos y hacia dónde nos dirigimos. El viaje se llena de experiencias negativas cuando desaprovechamos el tiempo y nos perdemos, distraídos, en las celadas de los deseos y los apegos materiales.
El viaje se muestra plácido, luminoso y reconfortante cuando, a pesar de los obstáculos y dificultades que deberemos superar para elevarnos y crecer espiritualmente, la conciencia nos indica que estamos recorriendo el camino cierto mediante la paz interior y la conducta recta. Y es el tiempo el que, antes o después, nos coloca en la percepción adecuada que nuestra alma experimenta para discernir en qué punto del camino nos encontramos.
El creador del tiempo por: Antonio Lledó Flor
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