Miedo a amar
Se conoce como filofobia el miedo irracional a amar y/o a enamorarse de alguien. El miedo es intenso y pone en marcha varios mecanismos de defensa para evitar ese sentimiento tan hermoso.
Desconocen que el amor es un sentimiento que libera a la persona mostrándose tal cual es. Y este sentimiento está presente en muchas de las relaciones en las que estamos inmersos, como pueden ser la existente entre padres e hijos, amigos, hermanos…
“El amor resume toda la doctrina de Jesús, porque es el sentimiento por excelencia, y los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado… ¡Feliz aquel que ama, porque no conoce la miseria del alma ni la del cuerpo; sus pies son livianos, y vive como transportado fuera de sí mismo!… El amor es de esencia divina, y desde el primero hasta el último poseéis en el fondo del corazón la chispa de ese fuego sagrado”. Evangelio según el Espiritismo (Cap. XI, pto. 8-9)
Ese sentimiento, en casi todas las personas, las llena de ilusión, felicidad, alegría… pero en aquellos con conductas alteradas por los recelos, desconfianzas, por el egoísmo o la autoestima baja, puede provocar miedo la posibilidad de amar, pues tendrían que despojarse de las distintas capas donde esconden la debilidad afectiva que resguardan con profundo cuidado.
Es decir, todos nacemos con la capacidad de amar, pero hay personas que, por situaciones de sufrimiento vividas en su infancia, por recuerdos de culpa que están impresos en el alma o la autoestima que la tienen bajo mínimos, tienen miedo a amar y, por consecuencia, tienden a huir de todo aquello que les asusta, incluso cuando se trata de este noble sentimiento.
Ese miedo a amar o desamor puede tener varias causas. Una de ellas podría ser la herencia de culpa que lleva escrita en el fondo del alma por actos reprobables del pasado; esas reminiscencias de temor impresas en el ser también pueden darse, bien por inmadurez psicológica, bien por sufrimientos causados por un uso incorrecto del amor. Este miedo lleva al individuo que lo sufre a aislarse, y no se permite la posibilidad de recibir de los demás cariño, amor, ternura, etc.
Otro motivo por el cual no se ama es debido a los dos defectos que son los padres de todas las demás fallas, siendo estos el orgullo y el egoísmo, que capitanean todas las acciones delictivas llevadas a cabo. Una vez se produce la desencarnación y consigue ser consciente del mal realizado, el espíritu siente un gran tormento y sufrimiento que le impide sentirse querido porque el sentimiento de culpa no se lo permite.
Este miedo también puede aparecer en la niñez porque se han sufrido numerosas carencias afectivas, con infancias difíciles, en las cuales los padres no han cumplido con su papel correctamente en cuanto a protección, amor, cariño, afecto… Se dan también cuando se han tenido graves carencias durante el desarrollo de la personalidad, de forma que su afecto jamás ha sido recompensado, y todo eso va calando en el subconsciente, generando el miedo a amar y a la entrega. También el miedo a ser abandonado por alguno de sus progenitores les puede dejar una huella que tardará en superar.
Hay otro miedo que también impide a ciertas personas continuar su vida de relación con normalidad; son aquellas que, tras pasar por una ruptura difícil de pareja, donde han sentido mucho sufrimiento y dolor, se cierran a la posibilidad de una nueva relación. No confían en el afecto y las atenciones de los demás, por lo que levantan un muro y se aferran, intensamente, a su independencia.
Hay pensamientos que pueden surgir a la hora de tener una relación que le impide comenzarla, como pueden ser: Me dejará, va a esperar mucho de mí, me va a decepcionar, me va a controlar, perderé a mis amigos, etc., por lo que la persona considera los sentimientos como algo sumamente peligroso, que conducen sin duda al sufrimiento y prefiere abstenerse de amar. También después de haber pasado por la mala experiencia de un matrimonio infeliz, donde el desamor, el sufrimiento, el abandono físico o emocional hacen acto de presencia… o donde aparece la falta de atención, la apatía y la frialdad, actitudes estas que pueden llegar a destruir cualquier relación.
Las experiencias adversas hacen que se tenga una actitud de reserva o cuanto menos de precaución. No obstante, nuestra fatalidad consiste en volver una y otra vez al plano físico para superar las limitaciones, las malas inclinaciones que permiten despejar el camino para dar paso a las manifestaciones del verdadero amor; incluso, llegados a un determinado punto de madurez espiritual, a la manifestación del amor incondicional.
Sin duda, venimos con el objetivo de amar y ser amados, y son las experiencias positivas las que fomentan los sentimientos de afecto y cariño.
Nadie hay en el mundo que no posea la capacidad de amar y ser amado; somos creados por el amor de Dios, y somos nosotros los que debemos desarrollar ese sentimiento tan profundo y generoso, cada quién en función de sus posibilidades.
Todos los que venimos a la Tierra pasamos por la experiencia del amor, ya sea de forma fugaz o duradera; depende de nosotros abrirse a él, con la confianza de que nos hará vivir momentos felices, pero sin olvidar que también pueden llegar momentos dolorosos. No obstante, en muchos casos se le cierra la puerta debido a las carencias, dejando de experimentar sensaciones y emociones que solo el amor puede proporcionar.
El amor verdadero no conoce el miedo; el amor llega y se instala de forma natural, es la esencia de la vida; o dicho con otras palabras, temer al amor es temer a la vida. Si aparece el miedo es porque hemos abierto la puerta al lado negativo que todos tenemos, y no hemos querido trabajar para hacerlo desaparecer.
Nadie puede pasar por la existencia terrena sin que experimente la presencia del amor, ya sea fugaz o duradera, lo que dependerá de su propio comportamiento
«Es mejor haber amado y perdido que jamás haber amado».
Lord Alfred Tennyson, poeta inglés.
Siempre es mejor amar aunque, no sea recíproca la respuesta, que no haber amado nunca. Porque invariablemente es mejor vivir la experiencia del amor, aunque los resultados no fueran los esperados, que quedarse con la incertidumbre de cómo pudo haber sido.
Cuando se ama, se disipan los fantasmas del pasado y dejan de surgir los miedos respecto al futuro.
Ama y haz lo que quieras.
Si callas, callarás con amor;
si gritas, gritarás con amor;
si corriges, corregirás con amor,
si perdonas, perdonarás con amor.
(Tácito).
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