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¿POR QUÉ TENEMOS INQUIETUDES?

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¿Por qué tenemos inquietudes?

Las inquietudes que se experimentan a lo largo de la vida no son exclusivas de las personas que tienen una existencia difícil, con continuos problemas y sinsabores; también las experimentan quienes tienen una vida satisfactoria a nivel personal, familiar, social y económico.

Por tanto, ni están ni nacen en las diferencias de nuestro entorno, sino que se hallan ubicadas en nuestra personalidad, que es la que verdaderamente experimenta esa agitación interior que le impulsa a buscar el modo de calmarlas.

Al tratarse de un tema muy amplio, en nuestro caso vamos a centrarlo en el aspecto más transcendente para nuestra vida, que es el que buscamos, de la siguiente forma:

¿Qué entendemos por inquietudes?

Vamos a tomar la definición de inquietud como sinónimo de agitación interna, de descontento ante determinados acontecimientos o circunstancias de la vida que nos afectan, no comprendemos, nos desagradan o queremos cambiar; a esos estados de nerviosismo que generan preocupación, quitando la paz interior; al hecho de no estar contentos ni satisfechos con el desarrollo de nuestra vida.

Estos estados afloran en un momento concreto de nuestra vida y se van configurando con el tiempo por la experimentación de determinados acontecimientos, aumentando con ello nuestro estado interior de agitación.

En su desarrollo suelen surgir inclinaciones hacia algunos temas o facetas de la vida, la sociedad, la Naturaleza, etc. De ellos vamos a entresacar las inquietudes que nos conducen hacia la necesidad de mejorar algunos aspectos de nuestra personalidad y de nuestra existencia, con la finalidad de alcanzar una mayor comprensión de sus causas y consecuencias.

¿Cómo enfocamos la vida?

Para la inmensa mayoría de las personas, el significado de la vida se reduce a mantener una existencia lo más placentera posible. Impera la idea de que solo se vive una vez y que todo finaliza en la oscuridad que hay más allá de la muerte; por ello, se desarrolla el deseo de disfrutar al máximo el presente, viviendo exclusivamente lo más llamativo y placentero.

Es bueno vivir con alegría e ilusión, disfrutando de los mejores momentos; relacionarnos con los demás con satisfacción, confianza y seguridad. Pero vivir sin problemas es imposible, porque las situaciones de dificultad aparecen de continuo en nuestro quehacer diario. La vida no solo consiste en vivir por vivir, pues sería marchar a la deriva sin ningún fundamento en las acciones, encontrándonos a merced de todos aquellos acontecimientos que nos afectan. Cuando nos apartamos de todo aquello que supone esfuerzo, también estamos alejando grandes oportunidades de desarrollo personal.

Vivir sin conciencia de lo que nos ocurre e influye no es una buena opción; desde luego, no es la mejor. Es como el barco que va a la deriva en un inmenso océano. Para llegar al punto deseado tiene que marcar bien el rumbo, sabiendo que no todos los vientos ni todas las mareas llevan al mismo puerto. Por tanto, el hecho de ser conscientes de nuestra vida va a marcar la diferencia entre el triunfo y el fracaso.

Pensamos que lo que hacemos no nos afecta, y no es así porque son todas esas circunstancias las que van conformando nuestro devenir. Lo que nos sucede no es por casualidad. Hoy día somos el resultado de nuestros actos y nuestras decisiones del pasado, de igual modo que estamos siendo los arquitectos de nuestro futuro.

No somos entes individuales a la deriva, sino seres con una individualidad dentro de un Todo perfectamente relacionado. No estamos fuera del Universo sino inmersos en él, afectados por todas esas fuerzas que convergen en la vida, lo que implica el desarrollo de las cualidades y aspectos que abarcan un sinfín de circunstancias que actúan y la hacen completa. Y es ahí donde puede intervenir nuestra voluntad de querer y de hacer.

Buscar el bienestar material, el poder, el éxito o los placeres, sin buscar también la utilidad para el bien social, la alegría y la ilusión de vivir conscientemente, nos deja incompletos, al no poder satisfacer lo más importante para uno mismo, cual es la autorrealización como ser universal. Para estar completos necesitamos desarrollarnos individual y colectivamente. Y para conseguirlo es preciso conocernos bien y efectuar los cambios interiores necesarios para reajustarnos a la convivencia social y a la vida.

¿Por qué surgen las inquietudes?

Hay una fuerza invisible que empuja a todo lo que existe en el Universo hacia una evolución constante e imparable, tendente a generar armonía, equilibrio y perfección, de la cual nada ni nadie escapa, incluido el ser humano, al formar parte del mismo. Ante una fuerza tan persistente como esta, y que podemos observar en los continuos cambios y desarrollos en todos los aspectos de la vida, sólo nos queda aplicar esa capacidad de adaptación que tiene cualquier ser vivo.

Si queremos trabajar, es necesario adaptar nuestra oferta a la demanda de trabajo, o quedaremos fuera del mercado laboral. Si hablamos de economía, hay que adaptarse al sistema económico vigente para no padecer dificultades insalvables. A nivel familiar, nos vamos adaptando a las distintas etapas de nuestras relaciones afectivas, incluidas la dolorosa falta de nuestros padres y seres queridos, llegado tal momento.

En definitiva, nuestra vida es una continua transformación que tiene en la adaptación la clave para nuestra supervivencia, lo que implica a su vez nuestro crecimiento personal. Pero en su proceso tenemos periodos de inadaptación o estancamiento en los que nos acomodamos, rezagándonos en exceso, momentos en los que comienzan a surgir esas inquietudes a modo de insatisfacciones. Son impulsos internos de nuestro ser que ejercen a modo de guía, orientándonos hacia aquello que puede llenar nuestro interior y satisfacer realmente nuestras necesidades.

Cuando tenemos una falta de sintonía entre lo que hacemos, lo que nos gustaría hacer y lo que debemos hacer o necesitamos, es normal que tengamos inquietudes, sinsabores, falta de ilusiones, desencantos, desasosiego interno o amargura, porque nuestra conciencia, nuestros deseos y nuestras necesidades no van al unísono. Esta situación terminará generando esa insatisfacción que invade e impregna todo lo que hacemos con una sensación de vacío interior.

¿Qué finalidad persiguen?

Es la forma que tiene la vida de indicarnos, desde la fuerza de nuestro interior, que no estamos viviendo nuestra realidad plena e intrínseca, que nos estamos alejando de la sintonía real y auténtica con ella. Cuando comenzamos a experimentar la necesidad de un cambio personal, si no lo buscamos realmente, entraremos en una situación de agitación que, en realidad, es una llamada interior a nuestras necesidades más inmediatas y urgentes, buscando un mayor y más amplio desarrollo de nuestras capacidades.

            La insatisfacción es un aviso de que no estoy conduciendo bien mi vida.

Cuando llega ese instante en que no me encuentro satisfecho con la vida que llevo, ha llegado el momento de realizar cambios en lo que estoy haciendo para plantearme nuevas ilusiones, conseguir nuevos retos y terminar con esas situaciones que no me dan satisfacción. Estamos necesitando una renovación en nuestro modo de vivir.

Si no escuchamos esa llamada interior, esas sensaciones que estamos experimentando no cesarán sino que se acentuarán de variadas formas, como por ejemplo con el surgimiento de multitud de preguntas, pensamientos e incógnitas sobre nuestra existencia y nuestro papel en ella o en la sociedad. Su función es hacernos pensar para reorientarnos hacia aquello que realmente está reclamando nuestro interior, hacia esa demanda de satisfacción, plenitud y felicidad que aquel anhela.

¿Cómo se calman?

Olvidarlas sin prestarles atención o intentar anestesiar nuestra conciencia no es la solución, porque volverán a surgir con más fuerza e incluso con manifestaciones internas de cierto desequilibrio mental y emocional, añadiendo más dificultad a nuestras necesidades de cambio interior.

Observemos con atención hacia dónde quieren dirigirnos, ya que son la mejor guía para reeducar nuestra personalidad, mejorar nuestras relaciones sociales y alcanzar un estado de paz y plenitud capaces de ampliar y mejorar nuestro modo de vivir.

En cambio, si nuestra respuesta es positiva y las apoyamos con el deseo de vivirlas y desarrollarlas, experimentaremos un estado de satisfacción. Nos sentiremos bien, viviendo ese equilibrio interno que solo podemos conseguir conociéndonos a nosotros mismos, nuestro entorno, las circunstancias que nos afectan, de qué forma lo están haciendo y cómo podemos mejorarlas. Es el momento de emprender nuevas realizaciones que sirvan para vivir más amplia y profundamente, con la finalidad de mantener un desarrollo gradual y progresivo del auténtico ser que hay en nosotros. En ese avance encontraremos la paz interior que calmará nuestras inquietudes.

En su aspecto más profundo nuestra vida tiene un propósito, y hacia ese propósito van dirigidos todos los hechos que nos acontecen. A medida que lo vayamos identificando, irán desapareciendo esas agitaciones que estamos teniendo.

¿Por qué tenemos inquietudes? por: Antonio Gómez Sánchez

© Amor, Paz y Caridad, 2019

 

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EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD

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Desarrollo de la personalidad

Cuando nacemos estamos adentrándonos en un mundo por explorar y comenzamos a experimentar numerosos cambios, no sólo en el aspecto físico, sino también en nuestras actividades, relaciones, deseos, comportamientos, tendencias y un largo etcétera. Va cambiando nuestra percepción de los acontecimientos, la forma en que los vivimos y nuestras manifestaciones. Comienza un proceso evolutivo cuya finalidad es ir transcendiendo al nacimiento.

Hay momentos en los que la vida nos resulta relativamente fácil, experimentamos una predisposición positiva y nos encontramos inspirados en la resolución de nuestros problemas; transcurre con normalidad y dentro de un cauce de bienestar personal que nos da gran satisfacción. Todo sale según nuestros deseos y gozamos de salud en sus múltiples facetas, entendiendo el término salud no sólo en su aspecto físico, sino también mental y emocional, como equilibrio y armonía en nuestras vivencias y situaciones de cualquier orden: personales, familiares, sociales o económicas, ya que todo ello está íntimamente relacionado.

En cambio, en otras ocasiones nos encontramos con etapas complicadas que nos gustaría evitar, subsanar o superar. Hay veces en las que todo parece salir mal, convergen más dificultades que facilidades, nos encontramos ante situaciones que nos producen malestar, dolor y sufrimiento y mantenemos una rebeldía interior que lo único que consigue es dejarnos en posturas de incomprensión y amargura, con un estado de ánimo apesadumbrado y abatido, lo que pone más difícil hacer frente a las mismas. Las sentimos como dificultades que nos superan, nos creemos incapaces de avanzar e incluso suele ocurrir que, durante esos momentos, no estemos conformes ni satisfechos con nuestra vida.

Seguro que cada uno de nosotros habremos vivido estos estados diferentes entre si, porque forman parte de nuestro desarrollo social como colectivo y personal como individuos. Y aunque todos ellos son pasajeros, no dejan de ser momentos de vivencias y experiencias que nos pueden afectar mucho, unas veces positivamente y otras que nos dejan en situaciones de sufrimiento.

La gran ventaja que tenemos en todas estas realidades es que podemos intervenir en las mismas de forma decisiva, mejorando nuestra vida, pero no solemos darnos cuenta, porque esas cualidades con las que debemos afrontarlas están inactivas o bloqueadas. No hemos aprendido a desarrollarlas porque no nos hemos preocupado de hacerlo y porque tampoco nos han enseñado a conseguirlo.

Si, por un lado, somos lo que pensamos, sentimos y deseamos, y por otro, nuestra vida actual es el resultado de nuestras decisiones del pasado, nos encontramos ante una realidad incuestionable: Tenemos la capacidad de decidir nuestro futuro. Esta es la gran razón que nos permite comprender que podemos intervenir, empleando adecuadamente nuestro libre albedrío y nuestros recursos, para que ese futuro sea mejor, porque sabemos que será el resultado de nuestras decisiones actuales. Y es precisamente esta posibilidad la que vamos a explorar durante los próximos meses.

Esta sección tendrá por objetivo reflexionar sobre algunos aspectos de nuestra vida que pueden pasarnos desapercibidos, pero que tienen gran transcendencia e impacto en la calidad de la misma, buscando el análisis y el estímulo de quienes tengan la intención o el deseo de mejorarla.

Abordaremos temas como el conocimiento de nuestros problemas más habituales, así como la forma de resolverlos o minimizar sus efectos; los aspectos positivos y la transcendencia de la meditación proactiva; el desarrollo de la conciencia y de la intuición como factores de guía, fundamentales en momentos determinados de nuestra vida; el poder de la mente y del inconsciente, así como su desarrollo; la comprensión de esas fuerzas invisibles del Universo en las que podemos apoyarnos y aprender; la realidad espiritual que nos influye y acompaña; las consecuencias de nuestros actos; los enigmas de la conducta y su interrelación con la sociedad. En definitiva, aquellos aspectos que forman parte indisoluble e inseparable de nuestra vida y que tanta influencia tienen sobre ella, sobre nuestro presente y futuro, sobre nuestra felicidad o desdichas.

Es importante conocer esos recursos latentes que poseemos y que tienen por función añadir valor y calidad a nuestra existencia; comprender las transformaciones que podemos realizar para mejorarla; afrontar las dificultades utilizando la imaginación y la creatividad; conseguir el sosiego de las inquietudes que en ocasiones turban nuestro estado. Todo ello ayudará a eliminar las trabas que impiden nuestra satisfacción y nuestro desarrollo, fortaleciéndonos día a día, y puede ser de apoyo para aquellas personas que no se conforman con vivir por vivir, sin más, que se formulan un sinfín de preguntas sobre sí mismas, su sentido en la vida y sus circunstancias.

Estos y múltiples temas más pueden ser estudiados y analizados en pro de la búsqueda y encuentro de una mayor comprensión de las circunstancias que ocurren y nos embargan, para que a través de una más elevada conciencia de nuestras propias realidades podamos elevar el sentido de nuestra existencia hacia los logros más deseados en la eterna y constante búsqueda de la verdad y de la plenitud. Se trata de abarcar, comprender y solucionar esos problemas que entorpecen nuestro desenvolvimiento y desarrollo, anclándonos a situaciones de preocupación y desespero.

No es lo mismo tener conocimientos de determinada materia que carecer de ellos, vivir consciente que inconscientemente, o con sufrimiento que sin él. No da igual gozar de amistades verdaderas que de falsas, tener paz interior o conflictos. No es lo mismo gozar de salud que padecer por su ausencia, como tampoco lo es ser felices que infelices. Hay realidades en la vida que difícilmente se pueden negar.

Hagamos un reto: Detener toda actividad y aislarnos del ruido externo que tanto nos distrae, para observar nuestra vida de forma objetiva y sincera. Démonos tiempo para ello.

Si lo hacemos, nos daremos cuenta que necesitamos aprender, cambiar, mejorar y crecer, modificar nuestros aspectos más débiles, cimentar los más fuertes y desarrollar las emociones positivas como puntos de apoyo y fortaleza interna. Podremos comprobar cómo con el desarrollo de nuestras cualidades y capacidades, dirigiendo nuestro esfuerzo hacia nuestras verdaderas prioridades, irán desapareciendo nuestras dificultades.

Para conseguirlo, es necesario comprender que no somos una parte independiente de las situaciones que nos acontecen, sino todo lo contrario, somos el factor central, los verdaderos protagonistas de las misma, porque es precisamente en nosotros donde se encuentran tanto los problemas como las soluciones. El poder de decisión, en la inmensa mayoría de las múltiples facetas que afectan a nuestra vitalidad, es nuestro, porque somos quienes experimentamos esos estados en base a nuestra particular forma de reaccionar ante lo que vivimos. Aunque todo lo exterior influye y mucho, cada uno de nosotros somos determinantes en nuestras reacciones.

Mi manera de pensar, de ser y de sentir afecta a los demás, pero la primera persona en sufrir o disfrutar de sus consecuencias soy yo. Entender esta realidad es el primer paso para evitar muchos de esos males que deterioran y empobrecen nuestra existencia, permitiéndonos alcanzar una solución certera al conocer cuál es la raíz principal de la que se derivan muchas de esas circunstancias adversas que tanto malestar y dolor suelen causarnos. La asimilación de este principio inalterable me deja ante una pregunta muy natural: Mejorar mi vida ¿es un reto fácil o difícil?

Veremos que ni lo uno ni lo otro. No podemos hablar de facilidad o dificultad porque ambas características están plenamente unidas a nosotros. Será tanto o más fácil como clara sea mi decisión, mi deseo auténtico de cambiar todo aquello que está lastrando mis días hacia lo que no me satisface y no llena mi interior.

Si quiero puedo cambiar, nada ni nadie lo impide excepto yo, pero para ello es necesario comprender la necesidad que tengo de hacerlo y sentir un deseo tan íntimo como real de conseguirlo. Necesito ser consciente de cuáles son aquellas características de mi personalidad que deseo modificar, los motivos por los que debo hacerlo y cómo trabajar para conseguirlo. Tener verdadera consciencia de ello es fundamental, porque nos será útil en la medida de nuestra propia convicción y nuestro propio deseo.

 Es posible cambiar esas actitudes, comportamientos, pensamientos, sentimientos y deseos que nos están perjudicando, dañando o entorpeciendo, transformándolos y sustituyéndolos por aquellos que sean más beneficiosos y positivos, liberándonos de esos problemas que nos constriñen al sufrimiento y nos impiden ser libres de verdad.

Realizar esos cambios personales se convierte en algo necesario para mejorar nuestra calidad de vida. No hay que tener miedo a salir de esa zona de confort que tanto nos atenaza, pues necesitamos experimentar para desarrollarnos plenamente. Para quien se sienta insatisfecho, mantenerse en esa situación no es acertado. Si no introducimos novedades en nuestra vida seguiremos con la misma rutina y el mismo resultado de siempre. Esas soluciones que buscamos a nuestras preocupaciones las encontraremos en los cambios que podamos ser capaces de hacer en nuestra vida; sólo así podremos generar un futuro diferente al que hoy día tenemos. ¿Por qué no hacerlos?

Buscar y hallar el sentido que la vida tiene para cada uno de nosotros, apoyándonos en la búsqueda de nuestras realidades y comprendiendo qué debemos hacer para sentirnos realizados, es una necesidad, porque nunca podremos llegar a sentirnos bien ni a vivir la plenitud si no experimentamos y sentimos la realización de nuestro ser. Buscar una nueva manera de vivir mejor, con más alegría e ilusión, con menos complicaciones, olvidando lo innecesario y valorando lo importante, nos dará una versión mejorada de nosotros mismos.

Al abrir nuestra mente a nuevas posibilidades y nuevas realidades, terminaremos viendo puertas donde antes sólo veíamos muros insalvables.

Desarrollo de la personalidad por: Antonio Gómez Sánchez

© Amor, Paz y Caridad, 2019

 

EL ANIMISMO, ESE GRAN DESCONOCIDO

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El animismo, ese gran desconocido

El buen desarrollo de la mediumnidad tiene dos grandes enemigos que, por su importancia, incidencia y transcendencia en las comunicaciones, debieran ser perfectamente conocidos por todos. El más notorio de ellos es la actuación de entidades mistificadoras; el menos, por ser más desconocido y olvidado, es el animismo del médium. Y sobre esta  habitual casuística inherente al propio médium, es sobre la que vamos a detenernos para conocer mejor sus manifestaciones y, sobre todo, la incidencia y repercusión tan decisivas que tiene a veces en los grupos espíritas.

En la actividad mediúmnica, “el animismo” puede ser definido como una intervención de la propia personalidad del médium, que interfiere y distorsiona  las comunicaciones de los espíritus, al introducir elementos impuestos por sí mismo, como si fueran parte de los mensajes transmitidos por éstos. Se trata de un acto que afecta en los intercambios del mundo espiritual con el físico, modificando sus mensajes o introduciendo conceptos e ideas que, en realidad, no han salido de los espíritus del mundo invisible.

Es un tema ciertamente delicado y complejo  por lo que requiere que cada uno de nosotros saque de sí mismo lo mejor para realizar un análisis imparcial y objetivo, manteniendo una actitud de comprensión y respeto a la dificultad que ya de por sí supone el desarrollo de cualquier mediumnidad. Para ello conviene resaltar algunos aspectos bastante significativos.

  1.  No es un defecto del médium sino que forma parte del propio fenómeno mediúmnico y que debemos valorar como tal.  Todos los médiums, excepto los mecánicos o inconscientes,  en sus comienzos (salvo excepciones notables) presentan animismo. Se trata de algo habitual y normal porque el médium no es un elemento ajeno ni pasivo en las comunicaciones con los espíritus ya que se trata de un acto complejo en el que intervienen multitud de factores, desde la naturaleza del espíritu comunicante hasta el médium que, al no estar carente de pensamientos, sentimientos y deseos, impregna con ellos todo aquel trabajo que realiza. Es un intermediario que en cierto modo podríamos decir que ejerce de intérprete en dichas comunicaciones cuyos mecanismos debemos estudiar, conocer y comprender lo mejor posible.
  2.  A pesar de la transcendencia que tiene, es una faceta poco conocida y menos valorada. Su estudio no ha estado en un lugar relevante y por tanto no se le suele prestar la atención debida. Es un error que debe corregirse porque interfiere, de forma transcendente y decisiva en algunos momentos, en las comunicaciones del mundo espiritual con el mundo físico.
  3. Siendo algo natural y consustancial en la comunicación de los espíritus, la importancia debemos darla en aquellos casos o momentos en los que represente situaciones de relevancia, que aún no resultando llamativos, son el germen de errores que terminan deteriorando o impidiendo el trabajo que deben realizar los integrantes de ese grupo.
  4. No podemos individualizar su responsabilidad ya que ésta  corresponde y está repartida entre todos los componentes del grupo al que pertenece. Su trabajo es complejo y nada fácil por lo que necesitan de gran apoyo.

La acción e intervención del animismo es bastante difícil de detectar pues sus manifestaciones son tan sutiles que complican muchísimo su identificación. Si a ello añadimos un análisis casi inexistente en la mayoría de grupos sobre las comunicaciones de los desencarnados y la creencia de que todas las palabras del médium son cien por cien de los espíritus, pensando que esta delicada y compleja comunicación es igual a la que realizamos a través de un teléfono, desde el que se habla directamente con la persona que hay al otro lado de la línea, sin interferencias de ningún tipo, cuando no es así en absoluto, nos encontramos ante uno de los deslices más habituales de los médiums y el causante principal que desorienta a numerosos grupos espíritas en el mundo.

La principal causa que lo genera está en los pensamientos, sentimientos y deseos del médium, algunos de ellos perfectamente escondidos en los pliegues del subconsciente, que son fuerzas motoras que generan actos conscientes e inconscientes, por el vigor y el impulso habitual de su propia naturaleza, contra los cuales no es nada fácil luchar. Cualquier deseo oculto del médium, si no es conocido y controlado, lo más normal es que termine surgiendo, de la forma más habitual en estos casos, mezclándose en la comunicación espiritual, lo que dificulta su detección.

Para intentar plasmarlo en un ejemplo práctico, imaginemos que una persona con mediumnidad tiene una conversación de cierta transcendencia con otros componentes del grupo y el resultado de la misma le deja notoriamente descontento al no compartir las conclusiones, se marcha dándole vueltas al asunto, molesto ante las decisiones adoptadas y con cierta rebeldía que le genera un pequeño conflicto interno. Con posterioridad y a través de la mediumnidad que ejerce esta misma persona, alguno o varios de los espíritus comunicantes, hablan del tema y la mayoría de sus palabras apoyan sin condiciones su propia postura. En este caso, nos encontramos ante una situación verosímil de posible animismo, siendo necesario analizar lo que ha dicho más detenidamente porque existe la razonable probabilidad que la postura interna y el deseo del médium presione inconscientemente la salida de su opinión y termine entremezclándose con las palabras atribuidas en su totalidad a los espíritus, o puede ocurrir incluso que, al notar la presencia de un espíritu, comience a hablar realizando un acto de comunicación totalmente anímico.

Una idea, concepto o hecho que ha podido adquirir el médium a lo largo de su vida, al haber tenido una experiencia determinada que haya supuesto un fuerte impacto anímico por la importancia que para él representa, también es probable que se asiente en su psiquismo y salga de forma habitual en los mensajes, desarrollándola incluso en el tiempo como algo natural unido a los mensajes de los espíritus desencarnados, cuando en realidad se trata de conceptos y pensamientos propios.

Es probable que un animismo excesivo y decisivo, surja en cualquier momento durante el ejercicio de la mediumnidad, especialmente cuando más confianza y descuido hay. Si no se detecta a tiempo suele ser la causa de la desorientación de numerosos grupos espiritistas que basan sus directrices de trabajo fundamentalmente en las comunicaciones con los espíritus. Es necesario ser muy conscientes del peligro latente que encierra la confianza ciega en los mensajes recibidos y especialmente el pequeño o gran endiosamiento que se suele tener y mantener en la figura de algunos médiums. Incluso nos encontramos con situaciones que, al no haber sido detectadas a tiempo por descuido, tolerancia, etc., suelen hacerse tan habituales que el guía espiritual o protector del médium, tiene serias dificultades para comunicar por él o incluso, lo que es peor, ha sido hábilmente sustituido por algún espíritu mistificador.

El animismo, así como también las mistificaciones, pueden detectarse estando en una situación permanente de alerta, sin confianzas ciegas ni fanatismos indebidos, dándose cuenta de cuándo las comunicaciones dejan de tener la esencia de momentos anteriores, no aportan nada positivo, los mensajes son contradictorios y contrarios con la esencia misma de la comunicación con los espíritus, generan desunión, ensalzan la vanidad de los integrantes del grupo y especialmente del propio médium, el cual cada vez va acaparando más protagonismo, cierta intransigencia ante ideas contrarias a las suyas y un fuerte rechazo ante el análisis de “sus comunicados o mensajes” y un largo etcétera de manifestaciones vanas, pueriles e impropias del trabajo de desarrollo espiritual y de entrega al prójimo. Los buenos espíritus suelen fomentar la unión del grupo, alertar de peligros latentes, se basan en los principios del amor y del progreso, tienen contenido y clarifican la labor del grupo.

De aquí la importancia de que todas las comunicaciones recibidas, se analicen debidamente desde la objetividad. Y cuanto mayor sea la relevancia y la transcendencia del contenido, todavía mayor debe ser nuestra prudencia. Hay una gran responsabilidad en ello.

Cuando se detecte un animismo de relevancia no se debe silenciar, es conveniente dialogar con naturalidad para identificar su ocurrencia y poner la solución adecuada, aclarando la situación a tiempo. De no hacerse así, la orientación del grupo puede verse perjudicada hasta tal punto que termine ocasionando serios problemas de convivencia, de pérdida de valores y objetividad con todo lo que ello significa y conlleva.

Para evitar este y otros riesgos, el médium no debe ser el único orientador del trabajo de cada grupo, esta labor debe ser ejercida por todos sus miembros, aportando cada uno lo mejor de sí mismo en beneficio de todos y unificando criterios de actuación. De hecho, podemos comprobar que cuando ocurre lo primero, con el tiempo y en numerosas ocasiones, suele llegar la desunión y desorientación de sus integrantes. Es más fácil que falle una persona que lo haga un grupo entero.

Este es uno de tantos motivos que avala y por los que siempre se dice que toda persona con sensibilidad psíquica debe basar su vida en el conocimiento y el amor, estando comprometido con un trabajo interno cuyo objetivo principal debe consistir en la eliminación de sus imperfecciones morales, orgullo, vanidad, resentimiento, maledicencia y un largo etc. y debe alejarse de todo aquel deseo inadecuado de una vida de elevada espiritualidad.

Es tarea del médium, ilustrarse, educar su mediumnidad y perfeccionarse moralmente, y vigilarse para que, a medida que avance el ejercicio de la mediumnidad, el canal vaya siendo cada vez más limpio y  menos susceptible a las influencias del propio subconsciente. Este es el cambio y la dirección que todo médium ha de recorrer. Debe ser un instrumento de canalización lo más limpio posible  de imperfecciones morales y, por tanto, de deseos personales impropios de su ejercicio. Fácil de decir pero, por desgracia, bastante más complicado de hacer.

Una vez más vemos que la unión de un grupo a través de la relación y la convivencia es algo más que necesaria pues con el tiempo se torna decisiva.

Todo esto no tiene que crear inseguridad sino sencillamente una situación de alerta permanente, muy beneficiosa para todos en general y para el Espiritismo en particular.

El animismo, ese gran desconocido por:   Antonio Gómez

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