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CÓMO SE DESARROLLAN LOS SENTIMIENTOS

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Cómo se desarrollan los sentimientos

CÓMO SE DESARROLLAN LOS SENTIMIENTOS

La afectividad es la capacidad que tenemos de vivir los sentimientos. La experimentamos continuamente, desde antes incluso de nacer, porque está tan introducida en nuestro ser que conforma la esencia de nuestra vida. Es la energía más poderosa de nuestro interior y el dinamismo que nos empuja a actuar.

Esas vibraciones son armónicas cuando los sentimientos buscan el bien general de la vida o desarmónicas cuando van encaminados hacia el mal en sus múltiples facetas. Los sentimientos vienen a ser la base de nuestras relaciones sociales porque nos ayudan a expresarnos y a comunicarnos. Como tenemos la capacidad de percibir la naturaleza de su expresión, terminan generando empatía o rechazo en base a su nobleza, sinceridad y honestidad. Sea cual sea su condición, los primeros afectados seremos siempre nosotros, porque esas energías que generan están en nuestro interior, equilibrando o desequilibrando nuestra vida.

Todos tenemos sentimientos que necesitamos desarrollar más para mantenernos en paz y armonía interiormente, y afrontar los diversos retos que surgirán con mayores capacidades para superarlos. Mantener unos sentimientos equilibrados y dispuestos a su desarrollo es la base sobre la que puede sustentarse el resto de estructuras de nuestra personalidad. Ser mejor persona es tener mejor afectividad, y esto influye enormemente en nuestro equilibrio y felicidad, y en nuestro entorno.

Nuestras acciones dependen en gran medida de nuestros sentimientos. Según su condición, en general altruista o egoísta, así se verán reflejados en nuestro modo de hacer, con todas las connotaciones de bienestar o malestar que llevan consigo.

¿Cómo son los sentimientos?

 Vamos a diferenciar dos tipos distintos de sentimientos, basándonos en su naturaleza y la incidencia que ejercen en nuestra vida:

Sentimientos negativos:

Miedo, hostilidad, tristeza, frustración, ira, celos, culpa, etcétera. Son todos aquellos que bajan nuestras vibraciones y desgastan nuestra energía, con lo que esto conlleva. Todos ellos dañan a la persona que los siente, así como también a aquellas con quienes nos relacionamos. Podemos pensar que algunos como la tristeza solo afectan a la persona que se siente triste, pero no es así porque quienes la quieren sufren por verla en ese estado. No obstante, dentro de ellos y por su naturaleza podemos definir dos tendencias afectivas con una ligera diferencia.

Por un lado están los que generan predisposiciones de soledad y abatimiento de forma muy directa y dañina para quien los experimenta, como por ejemplo el miedo, la tristeza o la frustración, que crean ambientes nada propicios para el desarrollo de la propia persona y son un tremendo lastre en su vida, ya que son sentimientos muy limitantes. Y por otro, aquellos que tienden a desunir a las personas, generando ambientes de continuos conflictos, insatisfacciones e infelicidad, como por ejemplo la hostilidad, la ira o los celos, porque son sentimientos que habitualmente llevan a la confrontación.

El resultado de tener y mantener cualquiera de estos sentimientos negativos y de los ambientes desfavorables que crean es dañino porque conducen a la soledad y al sufrimiento.

Sentimientos positivos:

Amor,   afecto,   tolerancia,   confianza,  bondad,  paz,  felicidad, alegría, amistad, gratitud, esperanza, etcétera. Son todos aquellos que suben nuestra vibración, dan seguridad y nos fortalecen. Tienen la cualidad de unirnos a los demás con paz, armonía y satisfacción. Son sentimientos de integración que rompen todas las barreras entre los seres humanos y amplían los horizontes de la convivencia y los grandes logros que solo la unión es capaz de alcanzar. Siempre tienen un resultado beneficioso para todos, pues tienen como principio el bien, lo que permite entrar en sintonía con las necesidades de los demás y nos aleja del tan dañino egoísmo. Actuar bien y hacer el bien nos hace sentir bien interiormente, lo que amplía el conocimiento de la vida e incluso aumenta la intuición.

Solemos escuchar o leer con frecuencia que somos nosotros los que elegimos tener unos u otros sentimientos. Esta afirmación es cierta, pero hasta determinado punto. Por un lado, en nuestra personalidad tenemos más acentuados unos que otros, y estos tienen su fortaleza, lo que nos condiciona de forma decisiva en la mayoría de los casos. Por otro, sucede que somos los últimos en darnos cuenta del perjuicio que ocasionan los sentimientos negativos, porque solemos tenerlos como algo natural y normal en nuestra vida, sin llegar a comprender el alcance de los perjuicios que causan y nos causan, como tampoco terminamos de entender a un nivel interno y profundo los beneficios de los sentimientos positivos.

La realidad nos demuestra que tenemos el poder de decidir cuáles sentimos, pero una vez se ha instalado en nosotros algún sentimiento negativo es imprescindible realizar el esfuerzo necesario para eliminarlo porque no se va a quitar por la simple condición de pensar que nos perjudica y queremos eliminarlo, pues requiere trabajo y dedicación. A pesar de las dificultades siempre que tengamos deseos de mejora personal, iremos avanzando y mejorando nuestra vida.

Cómo eliminar los sentimientos negativos.

Los sentimientos vienen a ser nuestro punto de vista subjetivo y particular de cómo vivimos los acontecimientos que nos afectan y actuamos sobre esa valoración que hacemos. Son la respuesta de nuestra interpretación ante lo que deseamos o rechazamos, lo que conocemos o desconocemos. Si nuestra valoración es negativa los sentimientos que vamos a tener tendrán esa misma naturaleza. Vienen a representar los valores desde los que actuamos habitualmente.

Esto nos da una primera respuesta: Aprender a vivir de forma diferente lo que nos afecta. Es imposible sentir amor y odio al mismo tiempo, aunque tengamos actos de amor y de odio, sencillamente porque son antagónicos, pero siempre va a predominar uno de ellos sobre el otro. Cambiar nuestra visión de los acontecimientos, viviéndolos en sentido positivo, desarrolla los sentimientos positivos porque son los que más se viven. Al dejar de vivir los acontecimientos como algo negativo, los sentimientos de esta misma naturaleza van dejando de surgir.

Desear sinceramente que los demás sean felices, que tengan una vida alegre y satisfactoria y colaborar desde nuestras posibilidades para ello es una práctica muy beneficiosa también para nosotros, porque es muy útil para ejercitar el bien, con lo que conseguiremos alejar el mal y por consiguiente esos sentimientos negativos. La práctica de buenas acciones ayudan a desarrollar los sentimientos positivos y no dar cabida a los negativos, con lo que nuestra naturaleza interior va transformando su irradiación y elevado nuestra vibración hacia el bien común, disfrutando más de la vida. Los sentimientos negativos van desapareciendo en la medida que vamos desarrollando los positivos.

Cómo desarrollar los sentimientos positivos.

Cualquier sentimiento, como por ejemplo la comprensión, se puede desarrollar para armonizar más nuestra vida. Cuanto más y mejor comprendamos al resto de personas menos conflictos emocionales tendremos, al observar los hechos sin hacer valoraciones negativas de las personas que los realizan, que es la base de muchos de nuestros malestares porque nos sentimos atacados en nuestros intereses. Ser comprensivo ante los errores ajenos no significa, en absoluto, compartirlos ni disculparlos, se trata de que la valoración que solemos hacer nos molesta y eso es lo que nos hiere en la vida y lo que nos hace reprochar a la otra persona lo que dice o hace. Con comprensión no hay dolor, porque el entendimiento es superior a la incomprensión, y cuando nos relacionamos con los demás lo hacemos con la empatía necesaria que nos permite hablar sin herir y escuchar sin sentirse mal.

Todas nuestras capacidades se van desarrollando, a un ritmo lento o rápido, según la percepción que tengamos sobre ella y nuestro deseo de hacerlo; los sentimientos no son una excepción, siendo además las cualidades de mayor fortaleza para afrontar la vida. Todos nuestros sentimientos se expanden en la medida que los vamos experimentando y van penetrando en las capas más profundas de nuestra personalidad. Cuanto más vivamos y practiquemos ese sentimiento, más se va a desarrollar.

La caridad, por ejemplo, se desarrolla de muchas formas: Pensando en ella, lo que es, lo que se siente cuando se practica, lo que puede pensar y sentir la otra persona o lo que se experimenta cuando la recibimos. Haciendo actos caritativos, participando en acciones de ayuda a personas necesitadas, colaborando con cualquier asociación altruista; en definitiva, practicándola todas las veces posibles. Vivir hondamente este sentimiento cada vez que se piensa en él y cada vez que se practica para estimularlo y que cada vez sea más intenso y más profundo. Todo ello hace que se vaya desarrollando y teniendo más energía para su manifestación.

Si una persona hambrienta me pide de comer y le doy un poco del dinero que llevo, es un acto de caridad. Si no llevo dinero y estando comiendo comparto la comida con él, es otro acto de caridad. Pero si lo encuentra hambriento y entonces no la comparto y lo dejo sin comer, ¿qué ha ocurrido? Sencillamente que he llegado al nivel donde todavía no ha penetrado en mí la caridad.

Cuanto más difícil nos resulta realizar la acción, más energía (esfuerzo) requiere de nosotros, y ha de ejercerse desde un nivel superior porque necesita que esa cualidad esté más desarrollada. En el ejemplo anterior me resulta fácil dar lo que me sobra, es más difícil compartir lo que tengo, pero ya no estoy dispuesto a dar lo único que tengo, para quedarme sin nada. En cambio, otras personas no dan ni lo que les sobra, mientras hay quien lo da todo quedándose sin nada. Esto nos demuestra que cualquier sentimiento lo tenemos adquirido hasta un nivel determinado y que cuando el requerimiento supera ese nivel, sencillamente no llegamos, no actuamos. La única forma de hacerlo es conseguir un mayor desarrollo de ese sentimiento concreto, practicándolo y ejercitándolo muchas más veces.

De la misma forma se desarrolla el resto de sentimientos positivos, regenerando nuestro interior y dotándonos de una fortaleza cada vez mucho mayor. Esta es una labor diaria porque cambiar nuestra naturaleza requiere dedicación, esfuerzo y tiempo. Pero si no empezamos ya a vivir los sentimientos positivos no avanzaremos nunca en las resoluciones de nuestras mayores dificultades, y nos estaremos perdiendo los mejores momentos y las mejores vivencias de nuestra vida.

Cómo se desarrollan los sentimientos por: Antonio Gómez Sánchez

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

Otros artículos de esta sección: Aprendiendo a vivir mejor.

EL PODER DEL PENSAMIENTO

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El poder del pensamiento

EL PODER DEL PENSAMIENTO

La mente tiene el poder creador y de configuración del pensamiento, y este es un medio de expresión con la capacidad de formar ideas. Es un instrumento clave en nuestra vida porque de ella podemos obtener incuestionables beneficios o sufrir innumerables perjuicios, dependiendo de la utilidad que sepamos darle. De aquí la importancia de conocer bien sus cualidades para saber desarrollarlas adecuadamente y fortalecerlas de forma eficaz. La finalidad de nuestro intelecto y nuestra lucidez es la de comprender los diversos aspectos de la vida.

Las personas mantenemos a diario dos tipos de comunicaciones diferentes, las que tenemos con los demás y las que sostenemos con nosotros mismos. Lo que ocurre es que damos más importancia a las primeras (porque son más llamativas) que a las propias internas, cuando en realidad son estas las verdaderamente decisivas a la hora de relacionarnos con el mundo. Es clave dominar nuestra conversación interior para alcanzar las metas que deseamos, controlando ese parloteo mental que tanto tiempo nos hace perder y que tanto nos desorienta, alejándonos de nuestros objetivos prioritarios.

Se calcula que tenemos más de 60.000 pensamientos al día, lo que puede darnos una pequeña idea de su actividad. Al ser estos una de las principales causas de nuestro bienestar o desdichas, nos vamos a centrar en alguna de sus características más transcendentes.

Vibración y sintonía

Habitualmente no tenemos en cuenta que nuestra mente está constantemente emitiendo y recibiendo ondas mentales, que son energía con una determinada frecuencia. Y dependiendo de los pensamientos que emitimos (lo que pensamos) y los que recibimos (que emiten otras mentes con las que sintonizamos) así será nuestro estado o atmósfera vibratoria.

Es importante comprender este aspecto, porque esa energía que fluye de nosotros hacia otras mentes y de ellas hacia nosotros van creando los estados de alegría, optimismo, depresión, enfados, etcétera, beneficiando o perjudicando según su naturaleza. Esto quiere decir que lo que pensamos es más importante de lo que creemos, porque los pensamientos afines sintonizan con los nuestros fortaleciendo y reforzando la naturaleza de los mismos, dificultando luego los cambios de forma de pensar que necesitamos realizar.

El pensamiento como solución

Muchas veces buscamos el cambio para mejorar algo en nuestra vida, dedicando mucho tiempo a comprender cómo hacerlo sin llegar a una solución, cuando esta puede estar en nuestra propia forma de pensar, esa a la que habitualmente no prestamos atención. Reflexionemos detenidamente sobre ello, merece la pena.

El pensamiento crea en base a lo que tenemos en nuestra mente, atrae otros de su misma  naturaleza y esta los fortalece. Lo que pensamos habitualmente se convierte en los pensamientos que una y otra vez vamos a tener, ayudándonos o entorpeciéndonos. Si deseamos cambiar una situación indeseada, como por ejemplo continuas ideas de abatimiento, debemos reaccionar con pensamientos de ilusión que fortalezcan nuestro ánimo.

Educar la mente

El caos de nuestra vida comienza en nuestra mente. Lo que en nuestro pensamiento está desordenado también lo estará en nuestros actos. Si organizamos nuestros pensamientos estaremos organizando nuestra vida.

Para alcanzar el equilibrio interno es necesario educar la mente a fin de erradicar de ella todos aquellos pensamientos dañinos que la perturban, y movilizar aquellos positivos que le permiten expresar todo ese potencial que tanto favorece. Para disciplinarla necesitamos saber cómo son esos pensamientos, qué poder ejercen sobre nosotros, en qué benefician o perjudican y cómo enturbian la paz interior, teniendo en cuenta que son fuerzas psíquicas que, por un lado alimentan los sentimientos, y por otro impulsan a la acción. Los actos son el reflejo de los pensamientos y sentimientos que tenemos, en su educación está la solución de muchos de los males que nos aquejan y que nos sumen en la tristeza, el inconformismo y la infelicidad.

Necesitamos estructurar bien nuestra mente porque muchos de nuestros males provienen precisamente de esa desorganización de ideas y conceptos. Esa falta de organización nos hace estar demasiado dispersos en nuestra vida, repartir en exceso nuestras fuerzas y nuestro tiempo en infinidad de focos diferentes entre sí, no nos permite ser conscientes de lo que estamos viviendo en el momento, ni dirigir ese esfuerzo hacia nuestras verdaderas prioridades. Estar demasiado dispersos en nuestra mente es estar dispersos en nuestra vida y equivale a derrochar energías hacia aspectos innecesarios careciendo por tanto de ella para lo que verdaderamente necesitamos.

Transformar los pensamientos

Para generar un cambio es necesario planificarlo y definirlo comprendiendo qué es lo que quiero, ejercitarlo a diario y terminar creando una nueva forma de pensar, día a día, semana a semana, tal como hemos visto en el capítulo anterior en cuanto a la modificación de nuestros hábitos. No hay otra forma de hacerlo.

La mejor forma que tenemos de controlar nuestros pensamientos es creando el hábito de rechazar de forma inmediata aquellos que no nos son útiles en cada momento, no dando cabida a todos aquellos que no nos benefician, sustituyéndolos enseguida por otros de bienestar interior. No podemos calmar nuestra ira, si continuamente estamos manteniendo pensamientos en contra de los demás, si a menudo pensamos que las personas que nos rodean están contra nosotros y quieren perjudicarnos, más bien debemos pensar que esas personas desean nuestro bien y si no lo hacen es porque no saben cómo hacerlo o no estamos interpretando bien sus manifestaciones. Es decir, no me están perjudicando intencionadamente.

Esos pensamientos de temor, fracaso, carencias, tristeza, frustración o exigencias que tenemos, no nos están dejando avanzar en la vida porque terminan atenazando nuestro ánimo y nuestra ilusión, anclándonos a lo más negativo de  nosotros mismos y haciéndonos perder las fuerzas que tenemos para luchar, trabajar y cambiar. Sabemos que no nos son positivos, en absoluto, pero solemos seguir teniéndolos porque tienen y ejercen una gran fuerza sobre nosotros, hasta tal punto que no somos capaces de sustraernos de ellos. Al tener tal influencia sobre nosotros, debemos aprender a sustituirlos por sus contrarios, ilusión, triunfo, abundancia, alegría, ilusión, etcétera, de tal forma que los primeros pierdan fuerza en favor de estos, con lo que esos pensamientos estarán trabajando a favor de los logros que queremos conseguir y nos estarán dotando de la fuerza necesaria para alcanzarlos.

Evitar intoxicaciones negativas

Necesitamos desenredarnos en el día a día de todo aquello que dicen y hacen las personas de nuestro alrededor y que, por cualquier motivo termina afectándonos, bien porque nos es desagradable o enojoso, o choque contra esos intereses equivocados que tenemos a veces. Si nos enredamos en ello estaremos perdiendo gran cantidad de energía y tiempo porque estaremos restándolo a esas acciones nobles y positivas que, a su vez, llenarán de positivismo nuestros días.

Es un error dedicar tanta energía y tiempo en pensamientos entorpecidos, dañinos y distorsionantes de la realidad que no aportan nada positivo, sino más bien todo lo contrario, preocupaciones infundadas, resentimientos y malestar acumulado que pueden llegar a convertirse incluso en pequeñas obsesiones tan absurdas como equivocadas. El pensamiento debe permanecer controlado y limpio de esas impurezas enfermizas que tanto daño suelen causarnos.

No debemos dar cabida a esas actitudes de disputas, recelos, influencias enfermizas, mal querencias y críticas tan absurdas como desmedidas, ni hacernos eco de esos llamados “malos rollos” entre las personas que conocemos, que no hacen sino introducirnos en un malestar tan continuo como innecesario, porque terminaríamos intoxicando nuestra mente; por lo que no debemos dar cabida a esos ambientes psíquicos perniciosos y negativos.

La rectitud y la nobleza de nuestros actos ante cualquiera sea el ambiente que nos rodea terminará convirtiendo el malestar en armonía y paz interior. Todo ello depende única y exclusivamente de nosotros.

Movilizar pensamientos positivos

Es fundamental aprender a movilizar todo lo que son contenidos positivos de nuestra mente, buscando que siempre sean beneficiosos, porque permite que estos vayan a favor de lo que debemos hacer y no en contra de ello. Estamos acostumbrados a que los pensamientos vayan y vengan a su antojo porque no solemos controlarlos. Es muy habitual estar pensando en una cosa y que ideas de toda índole vengan a interrumpir aquello en lo que quiero estar concentrado para hacer. De aquí la importancia de aprender a concentrarme en algo concreto para realizar un análisis correcto, trabajar concentrados en lo que estamos haciendo y, por tanto, vivir el momento presente. Cuando nos concentramos plenamente en lo que estamos haciendo, nuestra fuerza siempre será mayor porque eliminamos esas distracciones que restan energía a nuestros actos.

Al no controlar nuestra mente conscientemente, esta adquiere su propia autonomía y pasamos de controlarla a ser dominados por nuestros pensamientos, ya que estos van a simples golpes de impulsos. Al no ejercer un control sobre ella, cuando queremos concentrarnos nos encontramos con que se nos va, se nos escapa porque actúa por libre.

Podemos hacer una prueba y pararnos a analizar, en este mismo momento durante 10 minutos, observando qué tipo de pensamientos están acudiendo a nuestra mente, sus cualidades y características, hacia dónde nos están conduciendo, si los controlamos, si son positivos o no,  etcétera. Estemos pendientes de si surgen esos pensamientos negativos y limitantes que nada bueno aportan. Muy posiblemente nos sorprendamos.

Conviene abrir nuestra forma de pensar para no obstaculizar la comprensión de nuevos conceptos e ideas, de aspectos más interesantes; no rechazar la búsqueda de la novedad pues esta atrae ilusión y esperanza, aprovechando esas extraordinarias cualidades de la mente.

El Poder del Pensamiento por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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POR QUÉ Y CÓMO CAMBIAR NUESTROS HÁBITOS

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Por qué y cómo cambiar nuestros hábitos

Aunque no nos lo parezca, somos personas muy condicionadas por el qué dirán, la educación, la familia y los distintos estamentos sociales, pero nuestros mayores condicionantes vienen definidos por lo que hemos experimentado y vivido en nuestro pasado. Y es por ello que vamos a dirigir la atención hacia nuestros propios actos para comprender qué son los hábitos de nuestro comportamiento, cómo nos afectan y la forma de cambiarlos para beneficiarnos de ellos.

Es normal que, en determinados periodos de tiempo, nos dominen más esos condicionantes de nuestro pasado que las decisiones de cambio que hemos tomado con determinación e ilusión para mejorar algún aspecto, ya que tienen más fuerza que nuestras intenciones. Modificar o eliminar alguno de nuestros hábitos conlleva más dificultades de las que imaginamos en un principio, pero vamos a analizar por qué sucede esto, con la intención de comprenderlo mejor y utilizarlo en un sentido positivo.

A pesar de las dificultades nunca debemos desanimarnos, porque esta sensación no ayuda en nada y es bastante perjudicial. Aunque no lo parezca se van consiguiendo avances, y siempre hay que seguir con la ilusión de alcanzar nuestros objetivos, manteniendo la comprensión y la consciencia de aquellos actos que deseamos modificar. Todo logro requiere esfuerzo y tiempo, pero nosotros estamos decididos e ilusionados en mejorar esos aspectos que pongan paz y satisfacción en nuestros días.

¿Qué es un hábito adquirido?

Los pensamientos, sentimientos y deseos diarios crean nuestra conducta, y esta se ve fortalecida y alimentada por los mismos. A medida que vamos viviendo diversas experiencias hay actos que se repiten sucesivamente. Esta repetición sostenida en el tiempo de algo concreto termina creando esos hábitos de los que hablamos. Estos pueden ser útiles y positivos o muy perjudiciales para nosotros, porque son determinantes en el desarrollo de nuestra vida y, por ende, en los resultados que podamos obtener.

Es normal que de vez en cuando tome un café, pero si todos los días al levantarme voy derecho a consumirlo habré creado una costumbre, de tal modo que lo primero que me pide el cuerpo es ese café. Esa acción reiterada muchas veces termina creándome una necesidad, de tal forma que si no lo tomo, la demanda por parte de mi deseo será más fuerte, impulsándome a hacerlo.

De igual forma se crean los hábitos de nuestro comportamiento, que es en los que nos vamos a centrar porque son los que mayores consecuencias tienen en nuestra vida. Cuando se  lleva a cabo un mismo comportamiento una y otra vez, hasta convertirlo en rutinario, se termina asentando en nuestra personalidad de tal forma que creamos un patrón de conducta. Se denomina así, ya que terminamos pensando, sintiendo o actuando de forma inconsciente porque se han introducido tanto en nuestra forma de hacer que pasa a formar parte de nosotros mismos. Es por ello que nuestro pasado nos condiciona muchísimo, porque esas actitudes supeditan nuestra forma de pensar y sentir actuales. Soy el resultado en cantidad y en calidad de lo que ejercito.

¿Por qué cambiar los patrones de conducta?

Como hemos visto, al ejecutarse de forma automática tienen gran fuerza e incidencia sobre nuestro proceder. Por un lado, tenemos la parte positiva en todos aquellos que nos benefician, y por otro, la negativa en aquellos que nos perjudican. Por tanto, se trata de cambiar aquellos que nos están lastimando o están dificultando de alguna forma la consecución de nuestros mejores logros. Nuestro desarrollo personal depende de que seamos capaces de conseguirlo o no.

Si somos unas personas pesimistas, todo lo que nos sucede será visto con ese pesimismo. Cualquier acontecimiento pone en marcha los pensamientos que argumentan lo negativo que es lo sucedido, y se pone en marcha esa conversación mental que baja nuestra vibración emocional, haciendo que pensamiento y sentimiento estén en esa continua sintonía que solo vislumbra la parte triste y apesadumbrada de lo ocurrido. ¿Es conveniente cambiar este patrón de pesimismo? Más bien debemos decir que es necesario para disfrutar de una vida más sana, mental y emocionalmente.

Con las connotaciones derivadas y definidas de cada comportamiento determinado, esto mismo le ocurre a la persona que ha creado el hábito de la comodidad. Cada vez que tiene que realizar un esfuerzo automáticamente surgen las justificaciones mentales para no hacerlo, los síntomas de falta de energía y el deseo de mantenerse en su acomodamiento. No hay dudas de que esta forma de hacer crea numerosas dificultades y problemas en la vida de la persona, por cuestiones obvias. ¿Necesita ir modificando este patrón de conducta para ir disminuyendo su comodidad y con ello sus dificultades? Sin lugar a dudas.

Nuestro objetivo es incorporar nuevos hábitos en nuestra rutina diaria que sean más saludables, tratando de eliminar aquellos otros que perjudican nuestra salud y bienestar, lo que no nos gusta, lo que nos crea insatisfacción o nos es perjudicial. No es que sea posible cambiarlos, que lo es, sino que vamos a vivir momentos en los que va a resultar necesario. Si lo conseguimos nuestra vida dará un giro espectacular, aportándonos estados de paz y satisfacción hasta ahora desconocidos.

¿Por qué cuesta tanto cambiarlos?

No es fácil cambiar los patrones de conducta porque son hábitos, actitudes y deseos que hemos venido desarrollando durante largo tiempo, y nos hemos acostumbrado tanto a ellos que han quedado enraizados con tal fuerza que surgen de forma espontánea. No requieren ningún esfuerzo ni atención por nuestra parte, porque es una acción automática que se ejecuta cada vez que las circunstancias o el ambiente son propicios para su manifestación. Esto significa que, para cambiarlos, es necesario realizar un esfuerzo contrapuesto y de la misma dimensión que la conducta que queremos modificar.

Este obstáculo choca con nuestra habitual huida ante el esfuerzo, sin darnos cuenta que lo que hoy es difícil mañana puede serlo más todavía. Cuanto más se repite una tendencia más se alimenta y más se afianza e nosotros.

Otra de las dificultades añadida es la falta de consciencia o comprensión que tenemos ante las necesidades reales que tenemos de cambiar determinados comportamientos. ¿Cómo voy a dedicar tiempo y esfuerzo a hacer algo diferente a lo que estoy haciendo si doy por bueno todo lo que hago?

¿Cómo podemos conseguirlo?

Para contrarrestar o cambiar una tendencia dañina o perjudicial debo cultivar su opuesta, repitiendo una y otra vez aquello que se le contrapone, para ir modificándola poco a poco. A la avaricia debo anteponer el altruismo, a la maldad la bondad, al odio el amor.

En el ejemplo que hemos puesto de la persona pesimista, ¿cuál es su contrario? El optimismo. En este caso se trata de pensar de forma optimista y sentirlo al máximo. Cada vez que se tenga un pensamiento pesimista, se rechaza en seguida para tenerlo en sentido contrario. Pensar en el optimismo y sus beneficios, visualizarse como una persona alegre, animada, entusiasta, pensar cómo se sentiría viviendo así y disfrutando de ello y cómo cambiaría también la percepción de las personas con quien convive. Así estamos ejercitando el optimismo, y con la continua repetición de acciones encaminadas en esa dirección, el pesimismo se va debilitando (no lo estamos alimentando) y el optimismo se fortalece (lo estamos estimulando).

Estos cambios requieren mayor atención y esfuerzo en sus inicios porque es cuando más resistencias vamos a encontrar. Todos los pasos encaminados en esa dirección son positivos, pero la continuidad es la clave para conseguirlo. No conviene olvidar que el pesimismo, al igual que cualquier otra cualidad, tendencia, etcétera, tiene distintos grados o niveles. En este caso, para contrarrestar el pesimismo con el optimismo es necesario llegar a esa misma profundidad o nivel en que está introducido en nuestra personalidad. Una pequeña tendencia hacia la ira está poco introducida en nuestra forma de ser, pero una actitud de ira continua se encuentra muy enraizada en el carácter de la persona, luego el esfuerzo de paz que se tiene que hacer en el primer caso será menor que en el segundo. Cuanto más marcado y acentuado sea ese patrón de conducta que queremos modificar o eliminar, más esfuerzo va a requerir porque va a oponer más resistencia hacia el cambio. Este aspecto lo vamos a ver con más detalle cuando hablemos de las capacidades del inconsciente.

Cuando hablamos de hábitos de conducta fuertemente arraigados, entendiendo lo que estos suponen y representan, nuestro pensamiento suele ir dirigido hacia las experiencias de esta vida, remontándonos como mucho hasta nuestra niñez. Pero, como podremos comprender fácilmente, hay tendencias y comportamientos que tienen tanta fuerza sobre nosotros que son inexplicables sin aceptar y entender que se remontan mucho más allá de nuestro nacimiento, pues en una sola vida no ha habido tiempo, ni experiencias, ni reacciones suficientes como para dominarnos de tal forma. Sencillamente es imposible.

Aquí es la reencarnación, las sucesivas vidas del alma humana, la clave a desentrañar porque es la única explicación capaz de poner luz a unos patrones de conducta tan enraizados que son capaces de dominar con tanta fuerza nuestros actos conscientes, especialmente cuando observamos conductas fuertemente afianzadas en los niños. Unos manifiestan una sensibilidad y dulzura extraordinarias junto a otros que expresan egoísmo y rencor. Ni la genética, porque no influye tanto en nuestro comportamiento como algunos creen, ni el ambiente o la educación, porque incluso dos gemelos que viven y experimentan el mismo ambiente y la misma educación, tienen comportamientos antagónicos a veces, son capaces de darnos unas respuestas razonables.

 

Por qué y cómo cambiar nuestros hábitos por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

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MI RELACIÓN CON EL ENTORNO

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El entorno

Mi relación con el entorno

Las relaciones que mantenemos con nuestro entorno, laboral, familiar, social, etcétera, sacan a relucir nuestras fortalezas y debilidades personales. Ponen a prueba nuestras capacidades y son la mal entendida causa de lo bueno o malo que nos ocurre. Nos equivocamos cuando pensamos que las desilusiones, la infelicidad, la falta de afecto o las situaciones de sufrimiento vienen de causas ajenas a nosotros, como tampoco acertamos cuando pensamos que aquello que conseguimos nos viene dado simplemente porque sí o por casualidad. Todos esos estados realmente están en nuestro interior y se producen por la reacción que tenemos ante lo que nos sucede. Lo externo (las personas con las que nos relacionamos y los acontecimientos que nos influyen) hace que nuestro interior reaccione sacando lo que somos. Comprender cómo nos afecta, cómo reaccionamos ante lo que nos ocurre y la transcendencia que tiene todo ello en nuestra vida puede sernos de mucha utilidad.

Por ejemplo, durante el diálogo que mantenemos con una persona por cuestiones ideológicas, si con sus comentarios nos sentimos irascibles y cada vez que dice algo que nos desagrada nos alteramos, alzamos la voz y generamos una situación de malestar, necesitamos comprender nuestra reacción y por qué nos ha molestado realmente. No lo que nos gustaría que fuera sino lo que realmente es. La causa de ese conflicto no está en la otra persona, está en nosotros, porque ella puede incluso sentirse feliz y en paz. Esto puede llegar incluso al extremo de que, incluso leyendo cualquier comentario contrario a las ideas que tenemos, nuestra verborrea mental se active a nivel interno para contradecir lo que se lee, creándonos también una reacción de desagrado interior muy idéntica a la producida con aquella persona. Y en este caso no ha intervenido nadie dirigiéndose a nosotros personalmente, lo que puede ayudarnos a comprender mejor aún la situación.

Normalmente pensamos que cuando alguien nos dirige una frase que nos hiere es porque la ha dicho una persona insensible y prepotente; raramente pensamos que tal vez haya sido nuestro orgullo el que se ha sentido herido. En realidad todo lo que nos afecta está en nosotros, los acontecimientos lo único que hacen es ponerlo en evidencia, resaltarlo, es decir, generan el ambiente propicio para que surja de nuestro interior. Si no hubiera un grado determinado de orgullo no habría existido malestar alguno sino comprensión ante un acto ajeno. De hecho, podremos comprobar que esas mismas palabras que tanto nos han molestado tienen distinta incidencia en otras personas. En realidad, el malestar es proporcional a la reacción del orgullo.

Alcanzado este reconocimiento sincero podremos ir poniendo los medios para eliminarlo de nuestra personalidad; conseguiremos más comprensión, tranquilidad y paz interior a medida que vaya siendo erradicado de nosotros, hasta llegar a permanecer totalmente serenos ante cualquier comentario o ataque verbal que recibamos.

Cuando nos relacionamos con la Naturaleza, en un entorno donde se manifiesta con gran esplendor, saca de nosotros unos sentimientos que en cada uno serán diferentes. Podemos verlo con cierta indiferencia o experimentar un mundo de sensaciones hacia una visión que agrada a nuestros sentidos, recrearnos en la belleza y sus diversas manifestaciones, un sentimiento de libertad en mitad de un paisaje esplendoroso, el agotamiento del cansancio o la sensación de llenar nuestros pulmones con aire puro y refrescante, etcétera. El paisaje que nos rodea es el ambiente que moviliza nuestros sentimientos internos, sacando aquello que tenemos en nuestro interior.

Si observamos con atención, cuando no aprendemos algo que necesitamos para subir un nivel en nuestro desarrollo, podremos comprobar cómo constantemente se nos están repitiendo el mismo tipo de problemas, el mismo malestar en nuestro trabajo, los mismos conflictos familiares, etcétera. Es una demostración más de que el problema está en nosotros, no en los demás, ni en el ambiente, ni en las circunstancias. Cambiaremos de trabajo, y allá donde vayamos llevaremos con nosotros nuestros mismos problemas, porque aunque cambiemos el entorno, el interior no ha cambiado todavía. Nos iremos a otra ciudad y otro ambiente, pero seguiremos teniendo las mismas dificultades para relacionarnos, porque esas dificultades siguen estando en nuestra personalidad. Y esto mismo seguirá sucediendo hasta que cambiemos lo suficiente como para que esas situaciones no nos afecten.

Todo ello nos conduce hacia la conclusión de que esos cambios que necesitamos introducir en nuestro modo de hacer deben ser afrontados también con cambios en nuestra forma de pensar, de sentir y de ser. Mientras nos sigan molestando de algún modo los actos de los demás, será síntoma inequívoco de que todavía no hemos sido capaces de superarlo.

Cuanto mayor es la presión exterior sobre mí, con más fuerza presionará mi naturaleza interior para manifestarse como un acto reflejo de respuesta. Por ejemplo, si me están insultando, cuanto más herido me sienta con mayor fuerza responderé, expresando mi manera de ser y de sentir. Y observemos que indico que: “cuanto más herido me sienta”, es decir, no hablamos de lo que ha ocurrido, si es más o menos hiriente, sino de cómo lo sienta o lo perciba yo, porque para mí, lo importante no es lo que ocurre realmente sino cómo vivo y siento yo lo que ocurre. No puedo cambiar los acontecimientos que me son ajenos, pero sí que puedo intervenir, y además de forma decisiva, en cómo terminen desarrollándose, en las consecuencias, en si dejo que afecte a mi estado de ánimo, de armonía, o no. Esta es la clave, porque al final siempre terminaré siendo yo el factor determinante que va a definir si me hace daño o no. Como es en mí en donde está la verdadera causa también está en mí la solución. Queremos que las cosas cambien sin terminar de comprender que no cambiarán hasta que nosotros cambiemos.

Podremos observar cómo un mismo hecho o acontecimiento, como puede ser el fallecimiento de un ser querido, a unos afecta de una forma y a otros de otra muy distinta. El fallecimiento de un hijo conlleva el mismo dolor para cualquier padre, pero es vivido de formas dispares según cada persona. Lo que nos reafirma en que lo importante no es lo que nos ocurre sino la forma en que lo experimentamos, en que lo vivimos. Y es esa forma de vivirlo y de experimentarlo la que va definiendo nuestro carácter, nuestra personalidad.

Todos los argumentos anteriores han ido encaminados a comprender algo esencial: Nuestra vida no la definen las cosas que nos pasan sino nuestras reacciones. Sobre esta realidad debemos pensar y meditar mucho porque es una de las claves fundamentales que necesitamos comprender para poder seguir avanzando.

Una vez aclarada esta realidad central de las relaciones con mi entorno, no podemos pasar por alto la influencia que también tienen nuestras reacciones hacia ese entorno. De igual forma que todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene un impacto en nosotros, lo que nosotros hacemos también tiene un impacto en nuestro entorno. Por un lado, nuestros actos mantienen el equilibrio de la Naturaleza o lo alteran generando grandes desatinos; por otro, al formar parte de una sociedad humana también influimos y afectamos a las personas con quienes convivimos, en un sentido positivo o negativo, según sea la naturaleza de nuestro comportamiento.

Este segundo enfoque que estamos abordando, y que está perfectamente unido y relacionado con el primero, entra de lleno en nuestro ámbito de responsabilidades. Cuidar que nuestros actos sean respetuosos y comprometidos con el bien colectivo es dar lo mismo que nos gustaría recibir, y esa decisión es nuestra. Al comprender cómo nos afectan los actos de los demás podemos comprender cómo les afectan a ellos los nuestros. Si aumentamos nuestra comprensión y elevamos nuestra responsabilidad estamos colaborando en crean un entorno mejor con una atmósfera mental y psíquica más saludable para todos, lo que terminará transformando las influencias que nos afectan en positivas.

La mayoría de los desatinos y errores vienen porque ignoramos las consecuencias que tienen nuestros actos. Aprender todos estos conceptos nos ayuda a comprender mejor nuestra vida y la de los demás, acercándonos a un conocimiento más útil y elevado. Errar es algo tan normal como humano, persistir una y otra vez en los mismos errores es donde realmente nos estamos equivocando. Por eso es tan importante aprender de las experiencias, asimilando las enseñanzas que conllevan.

En este sentido, también hay que recordar dos aspectos transcendentes en relación a nuestro comportamiento hacia nuestro entorno. En primer lugar, nos encontramos con la atracción que el semejante ejerce hacia el semejante, lo que hace que nos relacionemos más con las personas afines a nuestro sentimientos, intereses, aficiones, etcétera, ejerciendo y recibiendo una mayor influencia sobre esas tendencias que nos unen. Si son positivas nos beneficiaremos mutuamente, pero si son negativas nos perjudicaremos entre nosotros. En segundo, todas nuestras acciones tienen sus correspondientes reacciones, de igual índole o naturaleza.  En nuestra vida iremos recogiendo el fruto de la siembra que estamos haciendo.

Somos seres individuales con la necesidad de relacionarnos, por lo que nos interesa aprender a hacerlo lo mejor posible. Al observar nuestras reacciones aprendemos a conocernos mejor y nos ayuda a conocer a los demás, lo que también facilita tener unas relaciones sociales de calidad, porque nos enseña a tener mayor empatía. Necesitamos del amor, del apoyo y ayuda de otros, al igual que sentimos la necesidad de amar, apoyar y ayudar, cada uno a su nivel particular.

Nunca podré hacer las cosas de un modo distinto a como soy realmente, para actuar de forma distinta a como lo hago; antes debo cambiar lo que soy. Puedo camuflar mis actos durante un pequeño período de tiempo, pero la fuerza de mi personalidad terminará manifestándose en su total realidad. Si en mí hay agresividad, mi modo de hacer reflejará esa agresividad; si estoy frustrado actuaré con frustración; si en mi mente hay confusión, mis actos serán confusos; si en mí hay egoísmo difícilmente podré tener actos altruistas, porque esos actos estarán impregnados de egoísmo. No puede salir amor de donde no lo hay, ni transmitir paz si no se ha conseguido internamente. No puedo manifestarme distinto a lo que soy ni puedo dar lo que no tengo. Sobre esta base vamos organizando la estructura de nuestra vida.

Mi relación con el entorno por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

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OBSERVACIÓN Y REFLEXIÓN: CUALIDADES ESENCIALES

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Observación y reflexión: Cualidades esenciales

La vida tiene muchas facetas maravillosas, y una de ellas es aprender, conocer algo que desconocíamos, saber algo nuevo. La observación y reflexión facilitan ese aprendizaje, nos apartan de la rutina diaria y nos adentran en nuevas ilusiones.

En este capítulo vamos a dedicarnos a comprender estas dos valiosas capacidades de nuestra mente. De cada uno de nosotros depende desarrollarlas, más o menos, en función de nuestros deseos. Cuanta más atención les dediquemos más rápido será nuestro avance, porque estos procesos de aprendizaje facilitan la asimilación y la toma de conciencia de los diversos aspectos de la vida, y representan un apoyo muy importante en nuestra toma de decisiones. A diario, podemos aprender de lo que pensamos, vemos, oímos o experimentamos, utilizándolo para nuestra mejora personal.

La observación es la capacidad de mirar con toda nuestra atención cualquier hecho, circunstancia, acontecimiento, persona, etcétera, para adquirir y comprender conocimientos sobre su comportamiento, características, causas y consecuencias. El arte de aprender a vivir es el arte de aprender a observar, porque las oportunidades suelen aparecer cuando dejamos de ser náufragos en la vida y tomamos las riendas de forma consciente.

Cuando observamos algo sin distracciones no solamente estamos enfocando nuestra atención, también estamos dirigiendo hacia ello el pensamiento y sus capacidades. Concentrar la mente es fijar nuestra atención en una sola cosa, consiguiendo que ningún otro pensamiento o deseo sea capaz de distraernos de aquello en lo que queremos pensar, lo que facilita el discernimiento. Poniendo en funcionamiento todos estos recursos es más fácil aprender y comprender los diversos acontecimientos y circunstancias de la vida.

La realidad nos demuestra que solamente percibimos conscientemente aquello que se encuentra dentro de nuestro foco de atención. Si no la dirigimos hacia las causas reales de aquello que nos perjudica es imposible que pongamos la solución adecuada, porque seguiremos desconociéndolo. Y sin soluciones, no habrá modificación del resultado.

La cuestión está en respondernos por qué hay cosas que llaman nuestra atención y otras no. ¿Qué es capaz de atraerla? La repuesta, tristemente, es bastante sencilla: nuestro interés.

Este proceso aclara y explica por qué hay aspectos importantes en nuestra vida que nos pasan totalmente desapercibidos. No detectamos nuestros errores o problemas verdaderos, ni las carencias de nuestra personalidad, porque estamos más interesados en otras cosas, y nuestra atención no está ahí sino en otra parte. Y esa parte son los intereses que sirven y alimentan a nuestras tendencias y deseos más acentuados, independientemente de que estos sean acertados o equivocados. Por tanto, para poder fijar nuestra atención en nuestras necesidades reales es preciso apaciguar nuestros deseos más perjudiciales, siendo conscientes de ellos, para poder ir adquiriendo mayor interés en los aspectos más transcendentes.

Por ejemplo, si me gusta fumar, habitualmente no prestaré atención a mi salud pulmonar (como tampoco lo haré hacia la salud de quienes fuman pasivamente conmigo). En este caso, mi  atención está dominada y distraída por un deseo: fumar. El resto casi no me interesa. Para comprender que mi salud se está resintiendo necesito dirigir mi atención hacia ella, dominando o desprendiéndome, en primer lugar, del deseo de fumar. Solo entonces estaré libre para actuar con verdadera objetividad, porque todo deseo suele manipular nuestra atención distorsionando la realidad. Si no consigo eliminar el deseo será muy difícil que mi atención se centre en donde realmente está la causa de mi problema, pues se perderá desorientada por la fuerza que más le domina y atrae: fumar. Y esto ocurre porque el deseo tiene para mí más fuerza de atracción que la realidad, aunque esta esté indicando un deterioro de mi salud.

Si finalmente termino comprendiendo que me conviene dejar de fumar y deseo hacerlo, el siguiente paso es mantenerme firme, motivado y comprometido para dejar de hacerlo, como respuesta a la concienciación real de lo que quiero conseguir. Y esto mismo es válido para cualquier otro aspecto o circunstancia que pueda afectarnos.

Hay dos hábitos que conviene tener en cuenta para no enturbiar la observación:

No juzgar nunca: No tiene nada que ver la capacidad de observar con la costumbre de juzgar, especialmente los actos y las personas, porque en este último caso incluimos sentimientos y juicios personales. Cuando lo hacemos no somos nada objetivos, porque nos estamos basado en prejuicios. Siempre que involucramos lo personal distorsionamos la percepción. Mantenerse neutral ayuda a ver las cosas con más objetividad.

No vivir atropelladamente: El continuo ajetreo de vida que se lleva nos deja sin espacio para observar con el detenimiento suficiente que requiere percibir la realidad. Poner pausa a nuestra vida es una necesidad que, con toda seguridad, agradeceremos con el tiempo. Necesitamos esa calma para observar el mundo que nos rodea, comprender qué papel desempeñamos en él y dirigir nuestra vida más conscientemente.

La reflexión es un bien necesario para todo ser humano, una cualidad de la inteligencia que se emplea escasamente porque no la ejercitamos como debiéramos. Nos ayuda a comparar y evaluar consecuencias para tomar decisiones más acertadas. Se hace con detenimiento, objetividad y sin ningún tipo de influencia personal o ajena. Lo que debiera sorprendernos es por qué no la desarrollamos para utilizarla más a menudo y trabajamos para ampliarla y aplicarla. Si no reflexionamos con cierta frecuencia, ¿cómo vamos a darnos cuenta de los aciertos y errores que tenemos en cuestiones de importancia?

A nivel global, la historia nos demuestra las incontables veces que la defensa a ultranza de determinadas ideas se han defendido e impuesto con tal fuerza que se han plasmado en guerras fratricidas, crueles e injustas como todas, movidas por el fanatismo y la ignorancia. Lo más curioso de todo es que el tiempo ha terminado demostrando que eran erróneas. ¿Cuántos males se podrían haber evitado con la reflexión? ¿Cuánto sufrimiento podemos eludir con el sencillo acto de pensar y analizar las causas de muchos de nuestros males?

Ser reflexivo ayuda a tener una mente más activa y acostumbrada a la resolución de situaciones complicadas, conocer mejor nuestra realidad personal, tener más claros nuestros propósitos y un mayor control de las emociones.

No deja de sorprender el poco valor que damos a los gestos y decisiones que tanto impacto tienen en nuestra vida, por la transformación que tienen sobre ella para bien o para mal, según los casos. Valorar nuestros actos y sus consecuencias es una cualidad cada vez más demandada por nuestro propio interior.

Vamos a resaltar dos hábitos, cuya práctica sirve para desarrollar la reflexión:

Aprender a escuchar: Con cierta frecuencia tendemos a atropellar con nuestras palabras a las personas que nos están hablando, interrumpiéndola y sin dejarles que terminen de expresarse correcta y completamente. En estos casos, ni tan siquiera estamos manteniendo una comunicación real, porque esta requiere que sea en ambos sentidos, y nosotros estamos rompiendo esa premisa esencial. ¿No podríamos considerar esta actitud como una forma de imposición de nuestra forma de pensar y cierta falta de humildad?

Nuestra atención no está dirigida a escuchar sino a hablar; nuestro interés no está orientado a comprender a la otra persona sino a que sea ella quien comprenda nuestro criterio. Si nuestra opinión o postura está equivocada, seguirá estándola porque estamos impidiendo que la experiencia, conocimientos, etcétera, de la otra persona lleguen hasta nosotros, y por tanto hasta nuestro discernimiento. ¿Cómo vamos a aprender a reflexionar así?

Escuchar parece un acto sencillo, pero no lo es. Como todo, hay que practicarlo para convertirlo en un hábito saludable. No solo hay que estar pendientes de las palabras, hay que penetrar en ellas para comprender el sentimiento y la sabiduría que tienen, comprenderlas en su sentido más profundo y saber interpretarlas. La Naturaleza, que es más sabia que nosotros, nos ha dado dos oídos y una sola boca, dándonos a entender que conviene escuchar el doble de lo que se habla (1).

Pensar antes de hablar o actuar: Habitualmente tenemos más desarrollado el impulso que la reflexión, lo que hace que hablemos y actuemos sin pensar lo suficiente. Esa es una costumbre equivocada que nos lleva a cometer numerosos desatinos. Uno de los más habituales es el mal empleo de la palabra. ¿Cuántas veces hemos herido, incluso a personas muy queridas, diciendo algo incorrecto, inapropiado o fuera de lugar? Con nuestras acciones o nuestros comentarios podemos causar un daño irreparable en ocasiones. Si controláramos los impulsos, con una pausa antes de la acción para reflexionar a tiempo, las consecuencias de nuestra vida serían mucho más positivas.

Cuando utilizamos la observación y reflexión comprendemos que no solamente son importantes nuestras experiencias, lo son las de todas las personas, ya que podemos ver y entender los resultados que han obtenido. En este caso, la ayuda que podremos obtener de quienes ya experimentaron es muy interesante. Nos dan la opción de esquivar algunas vivencias, tan negativas como innecesarias, lo que puede evitarnos numerosos problemas. Si somos capaces de asimilar las situaciones que son perjudiciales, no tendremos la necesidad de pasar por ellas y sufrirlas, aprovechando ese tiempo para experimentar aspectos más positivos.

La vida es una continua cuenta atrás. Cada día que pasa ya no vuelve. Y como el tiempo no podemos guardarlo, lo único que nos queda es lo que hemos aprendido hasta ese momento. Esta realidad nos enseña que, aunque no lo parezca, nuestro tiempo es muy valioso. Aprender a aprovecharlo es importante. ¿Lo estamos haciendo?

(1) Madame de Sévigné.

Observación y reflexión: Cualidades esenciales por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

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LOS GRANDES BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN II

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Los grandes beneficios de la meditación II
Es continuación de: Los grandes beneficios de la meditación

Una vez vistos algunos de los beneficios que podemos conseguir mediante la meditación, vamos a adentrarnos en la forma de realizarla, su proceso y su finalidad, con el fin de quedarnos con sus aspectos más efectivos y beneficiosos.

Es cierto que hay muchos métodos de relajación y respiración, pero vamos a efectuarla sin excesivas complicaciones, pues nuestra intención pasa por que nos sea práctica y útil en nuestro día a día. Ahora vamos a ver cómo realizarla correctamente, de la forma más sencilla posible.

Un buen momento del día puede ser por la mañana, antes de incorporarnos a nuestros necesarios quehaceres, o por la noche antes de retirarnos a dormir. Cualquier momento que nos venga bien y nos permita relajarnos, sentir y reflexionar sin prisa, ni influencias que perturben el acto de meditar.

En primer lugar, hay que elegir un lugar tranquilo en donde podamos sentarnos cómodamente y con la espalda recta, aislados de los ruidos y distracciones de cualquier índole. Una vez acomodados, inspiraremos despacio y con tranquilidad, llenando primero la parte alta de los pulmones y seguidamente la parte baja (como si inflásemos la barriga). A continuación, procederemos a expirar también con tranquilidad, en este caso vaciando primero la parte baja de los pulmones y posteriormente la alta. Es importante que durante el proceso toda nuestra atención esté en cómo el aire va entrando en nuestro cuerpo, y luego cómo va saliendo, para empezar a concentrarnos y permanecer conscientes de todo el desarrollo de nuestra respiración.

Repetiremos esta técnica tres veces, con la finalidad de conseguir relajar las tensiones acumuladas durante el día y centrar nuestro pensamiento, tratando de aislarnos de los incesantes murmullos a los que lo tenemos acostumbrado. Si es necesario, podemos ampliar el mencionado proceso de respiración alguna tanda más, hasta sentirnos tranquilos y eliminar los nervios e inquietudes del día. Al principio no va a ser sencillo, pero con la práctica veremos cómo nos sorprenden los resultados.

La relajación es muy útil para estar libres de tensiones e influencias físicas, emocionales y mentales, favoreciendo la concentración, pero en ningún momento podemos dejar de estar conscientes sobre lo que estamos haciendo, es decir, debemos evitar entrar en estados de somnolencia o falta de atención, pues en este caso no podremos avanzar hacia el espacio más importante de la meditación: La reflexión.

En la meditación se debe aprender a concentrar, a estar atento de forma continuada, eliminando todas las distracciones, lo cual no es nada sencillo al principio, ya que nuestra mente está acostumbrada a saltar de un pensamiento a otro, sin motivo ni relación alguna entre ellos, como si se tratara de un continuo y desordenado bombardeo de ideas. Si nuestras consideraciones saltan de una cuestión a otra, no hay que preocuparse en exceso, pero sí debemos retomar el control y volver a seguir en lo que estábamos. Es muy importante que esto quede claro, para que cada vez que cualquier pensamiento nos saque de la concentración, lo rechacemos inmediatamente, con el fin de volver al tema o cuestión de la meditación de ese día. Comprobaremos cómo con la práctica cada vez iremos aprendiendo a concentrarnos mejor.

Una vez relajados, daremos paso a la parte realmente transcendente, a pensar sobre un tema determinado para tomar plena conciencia de ello. Por ejemplo, si durante el día hemos discutido acaloradamente con un hijo, pareja, hermano, amigo, etcétera, vamos a analizar detenidamente la causa verdadera y sus posibles consecuencias, formulándonos de inicio preguntas a las que dar respuesta:

¿Cómo nos hemos sentido durante esos momentos? ¿Nuestra mente y nuestro sentimiento se han visto turbados y ofuscados? Después de la discusión, ¿nos hemos encontrado bien o mal anímica, mental y emocionalmente? Analicemos también si ese momento de enojo ha servido para algo y pongámonos en lugar de la otra persona para intentar comprender cómo lo ha vivido ella y cómo ha podido sentirse.

Ahora, vamos a analizar si realmente llevábamos razón, pues igual estábamos equivocados. ¿Hemos escuchado sinceramente o solo hemos estado pensando en imponer nuestro criterio por encima de todo? Si seguimos pensando que teníamos razón, ¿era el momento y la forma adecuados de enfocar nuestro comentario o nuestra acción? Por último, decidamos: ¿Qué es más importante, imponer nuestra razón o que haya paz y armonía entre la otra persona y nosotros? Aquí tenemos mucho sentimiento que poner y bastante reflexión que realizar.

Este es un simple ejemplo del acto de meditar, que puede utilizarse según deseos o necesidades, para cualquier hecho, idea, concepto, circunstancia, etcétera. Hemos plasmado una situación práctica que puede sucedernos de forma habitual a cualquiera de nosotros, con el fin de analizar y sacar conclusiones positivas que nos puedan ser útiles, a partir de que comprendamos esa situación de forma más objetiva. En este caso se trata de sacar provecho de un acto reflexivo, positivo para nosotros y quienes nos rodean.

Otro día podemos meditar, por ejemplo, sobre la felicidad; qué es, como se siente, si podemos llegar a ser felices y cómo conseguirlo. Podemos ir haciendo preguntas y pensando en las respuestas, recordar el momento más feliz de nuestra vida, tratar de vivirlo mental y anímicamente de nuevo, para recordar cómo nos sentimos en ese momento y pensar cómo se sentían las personas que nos acompañaban, etcétera.

La dedicación de la meditación es tan amplia como nosotros deseemos. No obstante, y antes de continuar, conviene aclarar que para hacerla lo más objetiva y precisa posible debemos tener muy en cuenta los siguientes aspectos:

Ser sinceros con nosotros mismos. Aunque parezca sencillo, no es tan fácil hacer una introspección honesta y ser sinceros de verdad con nosotros, especialmente en nuestros aspectos más íntimos y personales. Tenemos flaquezas que no nos gusta reconocer, y nuestros intereses egoístas dificultan nuestra objetividad. Muchas veces no vemos las cosas como son sino como queremos verlas. Hay ocasiones en que, por orgullo, tratamos de justificar incluso lo injustificable.  Solemos pensar que la culpa de lo que nos ocurre siempre está en las circunstancias y en los demás, pero raramente la vemos como nuestra, cuando la realidad es que la reacción que nos hace sentir bien o mal está en nosotros. Es como el que miente y se cree su propia mentira. Pero no olvidemos que aquí, si engañamos a alguien es a nosotros, a nadie más. Nuestra sinceridad interior es fundamental para ser conscientes de nuestra verdadera realidad. Si queremos entender algo y nos basamos en un supuesto erróneo, nuestra conclusión siempre será errónea. Mentir a los demás no es apropiado, pero mentirnos a nosotros mismos es uno de los actos más estériles, pueriles y torpes que podamos hacer.

Quitarnos todas las máscaras. Suele estar tan enraizado en la persona enmascararse ante el mundo exterior, tratando de dar la imagen que quiere que se vea de ella, que termina incluso enmascarándose ante sí misma, lo que dificulta aprender a conocernos tal cual somos en realidad. Hacemos tanto esfuerzo por aparentar algunos aspectos que incluso nos convencemos de que somos de esa manera de ser. Recordemos que estamos ante nosotros mismos en un acto de reflexión sincera. Necesitamos ver nuestros verdaderos pensamientos, sentimientos y deseos en relación a lo que estemos meditando, sin nada que distorsione la realidad. Debemos vernos ante el espejo de nuestra verdadera intimidad. Es un acto que requiere lo mejor de nosotros mismos, reconocer nuestros errores y nuestras flaquezas, a la vez que nuestras mejores cualidades. Para meditar bien y  que se convierta en una acción útil necesitamos ser objetivos.

 Como vemos, la meditación es un acto para aprender a dirigir nuestra vida mucho mejor, evitar problemas innecesarios, solucionar los existentes y terminar tomando verdadera conciencia de la vida y nuestra posición en ella, separando lo innecesario de lo realmente transcendente. Hacer una pausa entre tanta ocupación y preocupación, entre la rutina diaria y los perjudiciales hábitos adquiridos, para relajarnos y disfrutar del pensamiento, de los sentimientos, de todo lo bueno que tenemos y nos sucede, observando nuestra vida con mayor visión, más hermosa y llena de posibilidades, engrandece nuestra personalidad y expande nuestro conocimiento.

Hacer una inmersión en nuestro verdadero interior, para bucear observando nuestro mundo más desconocido y los aspectos de la vida que pasan más desapercibidos, puede ser muy gratificante y muy útil para enriquecer nuestra existencia.

En realidad, es un momento dedicado mayoritariamente a lo que menos hacemos: Reflexionar. Vivimos muchas experiencias, algunas de ellas repetidas veces; hablamos incluso demasiado; exigimos, nos quejamos, pero nos cuesta mucho aprender; precisamente porque utilizamos muy poco el pensamiento para analizar el porqué y para qué nos sucede lo que vivimos, y olvidamos el sentimiento para comprender los sentimientos y los actos ajenos. Nos hace mucha falta la reflexión y podemos aprender a desarrollarla meditando sobre todo lo que nos sucede, lo que necesitamos, lo que deberíamos hacer, a solucionar nuestros problemas o incluso verlos venir y estar preparados para ellos. Y nos hace mucha falta aprender a escuchar y a comprender, para entender el comportamiento humano. Si lo hacemos así, poco a poco iremos mejorando nuestra percepción de la vida, optimizándola y colaborando con el bien social.

No podemos finalizar sin resaltar que, cuando se realiza la meditación con el deseo o la finalidad de mejorar nuestro devenir, su beneficio más importante está en que no sea pasiva sino activa, es decir, una vez realizada, posteriormente, tengo que plasmar sus beneficios reflejándola en mi forma de ser, en mis actitudes y mi conducta. Necesito plasmar en la vida diaria todo cuanto comprenda y aprenda, actuando sobre los cambios que necesito efectuar, con el fin de modificarlos realmente, transformando mi interior. No puedo pasar de la meditación a seguir haciendo lo mismo que hago continuamente, ya que todo seguiría igual. Si no hay cambios en mi forma de hacer, no habrá resultados reales ni beneficios, y por tanto, esa meditación tendrá un efecto irrelevante en mi vida.

Toda esta toma de conciencia y posterior mejora del comportamiento, además de generar gran satisfacción personal, ayuda a mantener el equilibrio de nuestras emociones, amplía la calidad y el dominio de nuestros pensamientos y favorece nuestra salud corporal.

Los grandes beneficios de la meditación II por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

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LOS GRANDES BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN

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La meditación

La meditación

Una vez conocemos cuales son las capacidades humanas, la importancia que tienen, y sus consecuencias, vamos a ver qué hacer para identificar el grado de desarrollo de las nuestras. De esta forma podremos potenciar las más débiles y apoyarnos en las más fuertes, con lo que estaríamos preparándonos para sortear o eliminar los momentos de mayor dificultad. También nos daremos cuenta de aspectos que habitualmente nos pasan desapercibidos, identificar y comprender las situaciones que nos afectan hallando las soluciones más adecuadas. Todo ello nos va a capacitar para realizar cambios importantes en nuestra vida, lo que nos permitirá alcanzar mayor bienestar y satisfacción.

Vamos a adentrarnos un poco en nuestro mundo interior, porque necesitamos conocernos mejor de lo que lo hacemos en la actualidad, para ver los grandes beneficios que puede aportarnos la dedicación de unos minutos al día a la reflexión, mediante el acto de la meditación. Intentemos verla no como un esfuerzo sino como lo que realmente es: una oportunidad. Se trata de desarrollar una habilidad muy valiosa que puede aportar salud física, mental y emocional en nuestra vida.

La meditación es una práctica mental de relajación en una reflexión profunda sobre ideas, pensamientos, actos, comportamientos, o cualquier aspecto o circunstancia de la vida, desde la base de un estado de concentración y de una reflexión íntima y personal, que nos permita ser más conscientes de las realidades que vivimos y nos rodean. Es una técnica mental de introspección que ayuda a auto-regular la mente, a fomentar hábitos y costumbres más beneficiosos, que es útil para realizar intercambios emocionales y a asimilar lo aprendido. La lucidez del pensamiento es necesaria para la resolución de los problemas que se nos presentan.

Es muy adecuada para trabajar nuestras capacidades, iniciando una realización interior que, bien hecha, puede mejorar nuestra vida. A continuación vamos a enumerar alguna de las muchas ventajas que puede aportarnos dedicar diez o quince minutos diarios a la meditación, una vez hayamos aprendido a hacerla bien. Comprender algunos de sus beneficios puede darnos un pequeño atisbo de su gran impacto en nuestro día a día.

 

Beneficios para el cuerpo

  • Se consigue una relajación física como consecuencia de la relajación emocional y mental, mejorando el sistema inmunológico. Reduce los dolores relacionados a la tensión, tales como: dolores de cabeza, inflamaciones musculares y de articulaciones.

 

  • Al ceder todas esas tensiones, disminuye la presión sanguínea, ayudando a prevenir y liberar el estrés, la ansiedad y la depresión, de forma natural.

 

  • Es muy útil para personas con fibromialgia y con insomnio ya que la relajación facilita el sueño mejorando su calidad.

 

  • Ayuda a aumentar la producción de serotonina lo que favorece el humor y el comportamiento. Desarrollar el optimismo y la alegría mejora la satisfacción de la vida aportando vitalidad a nuestro  cuerpo. Las personas que meditan regularmente adquieren una singular habilidad para cultivar las emociones positivas y mantener la estabilidad emocional.

Beneficios para la mente

  • Fortalece la salud mental y la resistencia emocional. La relajación ayuda a calmar la mente, tranquilizando los pensamientos y apartando las emociones dañinas e innecesarias que tanto nos perturban. Por ejemplo, podremos empezar a comprender el perjuicio real que nos ocasionan esos episodios de mal humor que hemos tenido durante el día, cómo nos afectan, cómo nos sentimos y cómo podemos evitarlos. Con el tiempo nos daremos cuenta de la mejora tan importante que supone aprender a eliminar esos episodios que nos dejan malestar y pesadumbre.

 

  • Potencia la concentración, ayuda a incrementar la memoria y mejora la atención como consecuencia de la práctica diaria. Todo lo que se ejercita se engrandece y trabajar estos aspectos nos será de mucha utilidad.

 

  • La mente se desarrolla, se vuelve más creativa y hermosa, con lo que se consigue más claridad y calidad en los pensamientos logrando más paz mental.

 

  • Al mejorar la estabilidad emocional aumenta la felicidad. Los problemas bien comprendidos se vuelven más pequeños y fáciles de superar. A través del análisis y del discernimiento nos daremos cuenta de que, a veces, creamos montañas insalvables de pequeños granos de arena. Los problemas tienen la importancia que les damos, incluso hay ocasiones en que creamos tremendos obstáculos que no tienen fundamento ni forman parte de la realidad.

 

  • Nos ayuda a ser más conscientes. Es muy útil para centrar toda nuestra atención en un solo tema, situación, problema, etcétera, entendiéndolo mejor y apoyándonos en esa comprensión para sacar los aspectos más prácticos.

 

Beneficios espirituales

  • Ayuda a revelar nuestro verdadero potencial, observando que tenemos más cualidades y posibilidades de lo que creíamos. Al pensar en nuestras capacidades nos hacemos más conscientes de ellas y las desarrollamos mejor.

 

  • Mejora la autoestima con lo que se incrementan las sensaciones positivas. La confianza en uno mismo es esencial para el desarrollo de todas las potencialidades interiores y el deseo de mejora. Aprender a visualizar situaciones positivas ayuda a dejar atrás nuestros miedos.

 

  • Nos ayuda a calmarnos cuando nos sentimos desbordados, inestables o bloqueados mental y emocionalmente. Comprender lo que nos ocurre en momentos difíciles ayuda a tener armonía interna, lo que da más fortaleza ante las circunstancias de la vida. Podemos aprender a escuchar, a sanar cada una de esas emociones que nos dañan y que nos impiden mejorar. Alejar lar críticas y aprender a amar,  perdonar y sentir el bien, genera tranquilidad y bienestar.

 

  • Ayuda a mejorar la intuición porque ésta surge cuando estamos concentrados, pendientes sinceramente de buscar la solución que necesitamos. Muchas veces no conectamos con ella porque la buscamos desde nuestros deseos, como a nosotros nos gustaría que fuera. Y es precisamente ese interés personal el que nos aleja de ella. La intuición verdadera solo puede surgir cuando el pensamiento y el ambiente son propicios para ello, por lo que debemos pensar y sentir con el sincero deseo de conseguirlo.

 

  • Genera armonía interior al darnos estabilidad en todos los aspectos que trabajemos. Comprender la importancia de nuestros actos y que nada ni nadie puede alterar ese equilibrio interno sino nosotros mismos, nos da a la vez seguridad y opción de progresar.

 

  • Mejora nuestra comunicación al hacernos más conscientes de cuanto ocurre en nuestro interior. Favorece la convivencia social al desarrollar un mayor conocimiento de nosotros mismos y de nuestro entorno. Facilita la comprensión hacia los demás, ayudándonos a identificar aquellos errores que nos perjudican más y tratar de eliminarlos. Todo ello mejora e incrementa la empatía,  la solidaridad y las conexiones sociales.

Cuando nos comportamos bien, somos generosos y comprensivos con los demás, es más fácil tener buenas relaciones. Lo que todos buscamos es el buen comportamiento, la ayuda y la atención noble y sincera, ya que son las situaciones en las que nos sentimos más a gusto y satisfechos. Nos agrada más la compañía de personas alegres que tristes, extrovertidas que introvertidas, con quienes poder dialogar fácilmente y nos prestan atención que con quienes solo expresan sus problemas. Aprender a convivir reduce nuestra soledad, nos carga de energía positiva, abre las puertas a la ayuda externa y enriquece las relaciones personales en una convivencia más armoniosa.

Podríamos enumerar muchas más ventajas pero con darnos una ligera idea puede ser suficiente. Sí que es necesario aclarar que la meditación no es la solución de todo. Conviene entender que no es un fin, sino un medio, un método de trabajo muy válido que será útil en la medida que se realice correctamente, lo que implica que deben confluir los conocimientos adquiridos, la comprensión de los mismos y la práctica, ya que es este conjunto, el que hace que la vida sea más completa. Para obtener sus beneficios es necesario hacerla regularmente y llevar a cabo las conclusiones a que lleguemos.

Si creamos el hábito de meditar diariamente estaremos adquiriendo la capacidad de conocernos y de trabajar en nosotros mismos. Aunque no lo parezca, si reflexionamos objetivamente comprenderemos que su importancia es realmente transcendente, Puede incluso ser uno de los mejores momentos del día.

Nuestro interior tiene todas las claves que buscamos y nuestra tarea es aprender a descifrarlas. El resultado de nuestra vida y de nuestra felicidad depende de ello por lo que si no llegamos a conocer todo aquello que nos afecta, beneficiándonos o perjudicándonos, estamos perdiendo la gran oportunidad de mejorar nuestra vida.

En esta primera parte hemos visto alguno de los beneficios que nos puede aportar una buena meditación continuada. Dejamos para el próximo artículo sus aspectos más prácticos y transcendentes así cómo la forma de hacerla y aprovecharla mejor.

Los grandes beneficios de la meditación por: Antonio Gómez Sánchez

 

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NUESTRAS CAPACIDADES

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Nuestras capacidades

PENSAMIENTO, FORTALEZA Y AFECTIVIDAD

¿Por qué hay momentos en la vida en que nos vemos superados por lo que nos ocurre? ¿Por qué sentimos esa sensación de impotencia, pensando, o incluso sintiendo, que no tenemos fuerzas para avanzar? ¿Qué es lo que nos hace fuertes o débiles ante los acontecimientos?

Todo lo que nos sucede pone a prueba nuestras capacidades. Nos enfrentamos a circunstancias y eventos con lo que somos, es decir, con nuestras cualidades personales. Cuando una situación se torna muy difícil, es porque el nivel de desarrollo en determinada cualidad, no es suficiente para enfrentarnos a ella, dejándonos en situación de debilidad. Es precisamente, en ese momento, cuando comienzan nuestras dificultades porque partimos desde un punto de inferioridad, que nos termina afectando de forma negativa, produciendo estrés, desánimo, apatía, miedos, etc., dejándonos ante una situación de sufrimiento.

Si entendemos este proceso, comprenderemos que para superar cualquier situación, necesitamos desarrollar unas cualidades determinadas, que son precisamente las que nos van a permitir superarla. En realidad es lo que la vida nos está demandando en ese momento y no podemos ir contra la vida. Si hacemos caso omiso, esas situaciones se seguirán repitiendo, una y otra vez, hasta que la cualidad requerida se desarrolle lo suficiente como para superar la situación que nos está afectando.

Por ejemplo, una persona resentida, no puede ser feliz, porque está dominada por el deseo de venganza y tiene su pensamiento fijado en la causa y el momento que produjo su malestar. Independientemente de que la otra persona le haya causado un mal real, o simplemente se sienta ofendida sin motivo alguno, su situación será la vivencia de un continuo conflicto. En este caso su sentimiento de perdón (su cualidad) es inferior a la situación que ha desencadenado su resentimiento (el reto o problema a solucionar). ¿Qué puede hacer para sentirse bien y feliz? Desarrollar la cualidad del perdón, pues esta es la capacidad que tenemos para superar cualquier tipo de resentimiento o venganza, alejando con ello los reiterados pensamientos y sentimientos de malestar e insatisfacción. No hay otra forma de hacerlo, y si pensamos que sí, intentemos conseguirlo. Y este ejemplo es perfectamente trasladable a cualquier otra situación o circunstancia. No olvidemos nunca que lo que se desarrolla es lo que se ejercita.

Para mejorar nuestra vida necesitamos conocer cuáles son las cualidades de que disponemos para engrandecerlas. Con el fin de definir algunas de ellas, de la forma más sencilla posible, vamos a englobarlas en tres grupos, perfectamente interrelacionados entre sí.

Capacidades del pensamiento

Podemos englobar aquí todas las cualidades que son útiles para desarrollar la inteligencia. Nos referimos, a las habilidades para razonar, planificar, aprovechar las experiencias vividas y la observación, para resolver problemas. Al desarrollar éstas, también estamos favoreciendo el aprendizaje y la adaptación al entorno. Aprender a pensar adecuadamente, ampliar el pensamiento con todas sus capacidades es una necesitad que todos tenemos. ¡Ejercitémoslas!

La creatividad es muy útil para romper la monotonía, que a veces nos atenaza y aburre, buscando la novedad en nuevos retos y nuevas realizaciones. La memoria también es un elemento importante, al tener por función, retener la información adquirida, para recuperarla en los momentos de necesidad, recordando la validez de las experiencias vividas y su enseñanza.

Una prueba clara de que todas las capacidades se comunican e interrelacionan entre sí nos la da el hecho de que tener más memoria, más datos, más experiencia, por sí solos, no nos hacen más inteligentes. Lo que lo hace es la habilidad de conjugar todas las capacidades que tenemos para interpretar la vida, ver la verdad, sentirla y actuar en consecuencia a dicha realidad; ser capaces de dar la solución adecuada a cada problema o situación, comprender nuestro entorno y nuestro interior.

En cuanto a las capacidades de nuestra mente hay que conocer que ésta es, al mismo tiempo, emisora y receptora de pensamientos. Esas extraordinarias cualidades que tiene, generan a su vez, una frecuencia que sintoniza con pensamientos de su misma naturaleza, lo que intensifica la fortaleza de los mismos. Es la Ley de Afinidad, que actúa en todos los órdenes de la vida, por la que el semejante atrae al semejante. Por eso, a veces, nos cuesta tanto desprendernos de determinadas ideas, porque las alimentamos en exceso, y olvidamos que esos mismos pensamientos buscan unirse a otros de su misma sintonía, por lo que son atraídos, multiplicando los efectos, convirtiendo con el tiempo, una idea negativa en un bloqueo mental, bastante perjudicial. De aquí, la importancia de eliminar toda idea repetitiva que sea dañina, especialmente en sus inicios, antes de que coja tanta fuerza que pueda superar nuestra capacidad de liberarnos de ella.

Las soluciones a innumerables problemas mentales, pasan por tener pensamientos nobles, constructivos y creativos, que adquieran la habilidad de renovarse constantemente, evitando la ofuscación. Si la mente se nubla pierde sus mejores virtudes. Los pensamientos estancados y ruines son muy perjudiciales. Cualquier persona objetiva puede comprobarlo. Si la comparamos con un manantial, éste necesita que el agua circule constantemente, pues es la clave para que permanezca limpia y cristalina. Cuando se estanca, es porque su caudal se está secando, pierde la virtud de su pureza, se vuelve turbia e insana, deja de brotar y ya no se puede beber.

Capacidades de la fortaleza

Podríamos englobar aquí todas las cualidades cuya fuerza troncal es la voluntad, que son las capacidades humanas para decidir libremente lo que uno quiere hacer o no. Podríamos decir, que son las fuerzas que tenemos para desarrollar cualquier acción superando las resistencias que siempre conlleva.

Es cierto que tiene muchas acepciones, pues también podemos hablar de la buena o mala voluntad cuando hacemos algo determinado, pero, en nuestro caso, nos vamos a quedar con ese concepto de energía, de mantenernos firmes ante lo que queremos hacer, superando todas las dificultades para conseguirlo.

La resiliencia es la capacidad para recuperarnos y adaptarnos positivamente ante la adversidad, de no doblegarnos, sobreponernos y continuar, saliendo incluso reforzados de esas situaciones. El desarrollo de esta cualidad es muy importante en la vida, pues todos nos enfrentaremos a momentos difíciles y situaciones complicadas. Saber superarlas o no, nos dejará en un estado de dicha o desdicha. Después de una situación de dificultad a la que nos enfrentemos, podremos saber nuestro nivel de resiliencia según nos sintamos tras lo sucedido.

La vitalidad o ímpetu de vivir, también es una capacidad de nuestra fortaleza que, al igual que todas las demás, se puede desarrollar en el grado que deseemos. La energía que nos puede dar es imposible de definir aquí con simples palabras. Para comprenderla hay que experimentarla y sentirla.

En realidad, todos tenemos mucha más capacidad de sacrificio, fortaleza o energía interior, de la que habitualmente somos conscientes, porque no solemos valorarla en su justa medida. Lo que habitualmente sucede es que, si lo que nos ocurre nos es desagradable, nos afecta tanto, que es precisamente ahí donde solemos dirigir el foco de nuestra atención. Estamos más pendientes de nuestros problemas y del sufrimiento que nos causan (lo que es un error) que de la búsqueda de sus soluciones. ¿Por qué no invertir este término? ¡Cuánto bien nos haría!

Capacidades de la afectividad

Son todas las cualidades que giran y orbitan entorno al amor, como sentimiento principal e inmanente, necesario y presente en toda manifestación de la vida. Sobre él convergen el resto de nuestras cualidades y representa la cohesión de todas las capacidades humanas.

Aunque las capacidades afectivas, son el conjunto de sentimientos y emociones que podemos vivir, conviene aclarar, que las emociones tienen un marcado carácter circunstancial o coyuntural, mientras que los sentimientos son actitudes afectivas permanentes. Es por ello que, lo que nos interesa desarrollar, es precisamente todos los sentimientos nobles y positivos, porque éstos son duraderos y muy beneficiosos, mientras que las emociones, aunque motivan a la acción, son pasajeras.

Afecto, amistad, aprecio, cariño, ternura, justicia, tolerancia, bondad, caridad, y otras muchas cualidades del afecto, son la base de una vida de plenitud y felicidad. Su desarrollo es necesario. Todas estas cualidades se incrementan pensando en ellas, comprendiéndolas, viviéndolas y practicándolas a diario en nuestros actos. Necesitan de la vivencia y de la acción.

En La Paz encontramos el equilibrio y la armonía de la vida. Su expansión va desterrando todos los conflictos, de cualquier índole, rencillas odios y vengadas, La felicidad pasa por su desarrollo. Imaginemos un mundo donde La Paz presida incluso los actos más cotidianos de la vida. ¡Qué gran sociedad sería!

¡Cuántos sinsabores y cuánto dolor podríamos evitar con la comprensión y el perdón! A medida que desarrollamos en nosotros estas cualidades, estamos alejándonos del sufrimiento y la amargura que nos infligen las malas acciones, pues son el antídoto capaz de eliminarlos definitivamente de nuestra personalidad. Son dos cualidades que a su vez desarrollan la paz interior y el bálsamo perfecto para curar los pensamientos enfermizos, que tanto suelen esclavizarnos al sufrimiento.

Mención aparte requiere una de las cualidades más necesarias hoy día: La comprensión. Nos dota de gran aptitud para el entendimiento de todo lo que ocurre en la vida. Solemos exigir que nos comprendan siempre pero nos cuesta mucho comprender los actos de los demás. Si no somos comprensivos con las flaquezas ajenas ¿Cómo podemos tener afecto, amistad sincera, aprecio, cariño, ternura, bondad…? Si no comprendemos las necesidades de otros ¿Cómo podemos sensibilizarnos con sus problemas, ser tolerantes y caritativos?

Estas cualidades afectivas son la base capaz de sustentar al ser humano y por ende, una estructura social coherente, pacífica y justa. ¡Qué maravillosa sería nuestra sociedad si todos tuviésemos más desarrolladas estas cualidades! ¡Qué vida tan feliz!

Ahora que tenemos una idea más clara de nuestras capacidades personales, podemos comprender, la necesidad que tenemos de trabajarlas. Ya sabemos que su desarrollo engrandece nuestra personalidad y elimina todos nuestros problemas y dificultades. Se pueden entrenar, con buenos resultados, al igual que cualquier otro aspecto de la vida. Para desarrollarlas es necesario ejercerlas a diario, es decir, repetir, repetir y repetir, cualquiera de ellas. Esto hace que se engrandezcan.

Son precisamente nuestras cualidades las que nos integran hacia las realidades de la vida. Cuanto más desarrolladas estén, mayor será nuestra comprensión hacia su verdad y mayor nuestra preparación para sortear y superar los diversos obstáculos que se nos presenten.

Nuestras capacidades por: Antonio Gómez Sánchez

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

LAS PERSONAS QUE TE IMPORTAN

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Las personas que te importan

En la vida conocemos a muchas personas. El núcleo principal está formado por la familia, siendo con quienes más convivimos, y es fundamental para nuestro buen desarrollo personal y social. Nuestros padres son los primeros en cuidarnos, demostrándonos su afecto y su preocupación; luego, hermanos y demás seres queridos comienzan a formar el entramado de nuestras relaciones personales.

A medida que crecemos vamos ampliando nuestro círculo social con los compañeros de estudios, de trabajo y las numerosas personas que vamos conociendo con el tiempo. Las hay intranscendentes y muy importantes para nosotros, interesadas en lo superficial y en lo duradero; las encontraremos egoístas y altruistas en sus actos, sinceras y engañosas en sus manifestaciones; unas estarán poco tiempo y otras para siempre, asentando su amistad en nuestro corazón. Y entre todas ellas formarán esa amplia amalgama de personas que nos acompañarán en algún momento de nuestra vida.

Si la familia nos viene dada por el principio del nacimiento, las compañías forman parte de nuestras elecciones, y nuestra tarea debe ser saber elegirlas bien, porque sus influencias suelen ser decisivas en el devenir de nuestros días. Durante la vida llegamos a comprender que nuestra verdadera familia está compuesta por todas las personas que nos quieren y nos aman sinceramente, porque ese círculo afectivo no tiene ningún límite.

Cuando la vida se vuelve complicada llegan momentos en los que, a veces, pensamos que tenemos enemigos, pero éstos realmente no existen en plural. ¿Dónde están? No son los que nos critican, porque esos nos hacen más inteligentes. No son los que nos atacan, porque nos hacen más hábiles. No son quienes pretenden herirnos, pues esos nos fortalecen. Ni tampoco son quienes nos odian, porque esos simplemente expresan su ignorancia. Por tanto, no debemos parar ni entretener nuestra vida dando importancia o cabida a esas ideas ni a esas personas, porque no son quienes buscamos ni quienes nos importan.

Solo tenemos un enemigo verdadero y real y no es otro que nosotros mismos, en singular. Aunque parezca un verdadero contrasentido, solo nosotros podemos llegar a perjudicarnos, porque nuestra debilidad y nuestra gran fortaleza es la capacidad de decidir qué es lo que nos afecta y qué no. Entender esto es transcendente en nuestro devenir, porque nos va ayudar a fortalecernos, evitando numerosos errores y malos entendidos; de igual forma que nos será muy útil para apartarnos de las personas inadecuadas llegado el momento. Con ello evitaremos enredarnos en conflictos tan perjudiciales como innecesarios, especialmente con esas personas tóxicas que pueden extraviarnos en exceso.

Nos vamos a centrar en esas otras que, a su paso o con su presencia, dejan una profunda huella en nuestro corazón, ya sean familiares o amigos, porque son las personas importantes de nuestra vida, a las que dedicamos nuestros mejores pensamientos y nuestros más sentidos actos, como respuesta inequívoca de nuestro reconocimiento y nuestros sentimientos más sinceros y elevados. Las buenas compañías son necesarias y muy transcendentes.

Son quienes van a ocupar los mejores lugares de nuestra vida porque son muy importantes para nosotros. Pero si es así, ¿les cuidamos como se merecen? Esta es una pregunta que necesitamos responder en el interior de nuestra conciencia con total y absoluta sinceridad, para luego expresarnos y actuar en consecuencia hacia todos ellos.

En la vida suceden muchos acontecimientos, unos buenos y otros no tanto. Hay situaciones delicadas que surgen de improvisto e impiden que podamos terminar algunas cosas. Es por ello que lo importante hay que hacerlo cuando se puede, en el momento adecuado, sin dejarlo para más adelante por si se vuelve imposible de hacer, con lo que siempre evitaremos arrepentimientos. Entre ello está decir a nuestros seres queridos cuánto los queremos y lo importantes que son para nosotros, el papel tan importante que desempeñan en nuestra vida, tantas veces como podamos, porque no basta con pensarlo sino que es precisa su expresión para que nuestro sentimiento llegue a su sentimiento.

Y para finalizar, recordar que con ellos siempre debemos tener una predisposición de servicio activa y manifiesta. Es esa acción de reciprocidad la que fortalece los lazos de la unión sincera y el amor verdadero. El mayor tesoro de la vida está compuesto por todas las personas que nos quieren. A nosotros corresponde mantener todo lo bueno que tenemos y expresar nuestro sentimiento hacia ellos. Cuidar de quienes nos cuidan es ser honestos con ellos y con nosotros mismos, y esa coherencia genera armonía y felicidad comunes.

Las personas que te importan por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

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LA SALUD COMO ELEMENTO DE BIENESTAR

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La salud como elemento de bienestar

Cuando hablamos de la salud, casi siempre la identificamos con la que afecta a nuestro cuerpo, pero es una realidad mucho más amplia, ya que también afecta a nuestra mente, afectividad, energía y estado emocional. De hecho, la OMS (Organización Mundial de la Salud) la define como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

No podemos negar que la salud es un elemento importante que influye mucho en la calidad de vida de cualquier persona, al condicionar nuestro bienestar. Si merece la pena o no dedicar una parte de nuestro tiempo, con mayor o menor prioridad, interés y esfuerzo, a mejorarla en todos sus aspectos, y por tanto nuestra vida, depende exclusivamente de nosotros.

Como es una cuestión más compleja de lo que parece, solemos olvidar aspectos muy importantes que no tenemos en cuenta. La salud mental y el equilibrio emocional son fundamentales, pues de ellos se derivan mucho de los males que nos están afectando en la actualidad, que son mucho más desconocidos porque no se les presta la atención debida ni se les dedica el tiempo necesario. Al igual que nuestro cuerpo se ve perjudicado por el ataque de diversos virus y bacterias, también nuestra mente y nuestro psiquismo son atacados por pensamientos y emociones, dañinos y perjudiciales. Como el sistema psicológico y emocional, que tiene que ver mucho con cómo percibimos el mundo que nos rodea y cómo nos relacionamos con él, están ligados a la salud física, cuando uno de ellos se desequilibra los otros se ven afectados.

Si tenemos una dolencia física, como por ejemplo un fuerte dolor de estómago, enseguida acudimos al médico, pero si estamos sufriendo angustia a causa de temores injustificados sobre nuestro futuro, no solemos darle tanta importancia y lo mantenemos guardado en silencio. No obstante, ese temor que nos atenaza puede llegar a convertirse en un problema patológico, que termine creándonos mucho más sufrimiento que aquel pasajero dolor de estómago. De igual forma, cuando tenemos conflictos internos con otras personas, en la familia o el trabajo, si el mal genio nos mantiene crispados y enojados durante la mayor parte del día, si mantenemos nuestros pensamientos descontrolados en conversaciones mentales que nos turban y ofuscan, o nuestras emociones nos afectan continuamente, pasando de estados de euforia a estados de aflicción y desánimo, como si de una montaña rusa de sentimientos se tratara, raramente solemos preocuparnos en buscar su curación. Y no solemos hacerlo porque no lo vemos como un problema o situación que nos afecte de forma transcendente.

La mente es uno de los elementos más valiosos de que disponemos para desarrollarnos y enfrentarnos a los acontecimientos y circunstancias que nos influyen y afectan. Pero, como no solemos darle el valor que realmente tiene, en numerosas ocasiones ese instrumento de ayuda terminamos convirtiéndolo en un lastre. Conocerla, comprender su profundidad, sus capacidades de raciocinio, análisis, memoria, diálogo, etcétera, nos será de mucha utilidad. Un pensamiento creativo y libre de influencias es muy útil en la búsqueda de las soluciones a los desafíos de la vida. Por el contrario, los pensamientos negativos son un lastre muy difícil de llevar.

Nuestras emociones son los impulsos que nos hacen reaccionar de una forma positiva o negativa, optimista o pesimista, ante lo que sucede, porque son la llave que abre  nuestras capacidades más valiosas. Los sentimientos, en todas sus versiones y niveles, dotan nuestra personalidad de una emotividad capaz de movilizar los recursos internos ante las dificultades a las que nos enfrentamos a diario. De ellos surgen las relaciones, el estado de ánimo, la afectividad, el sufrimiento, la dicha y todas esas cualidades que necesitamos para desarrollarnos y ser felices.

No es lo que nos ocurre lo que hace que enfermemos psíquica o anímicamente, sino nuestra reacción personal, la manera de asumir y afrontar todo lo que sucede y nos afecta. Una prueba clara de ello es que, ante un mismo hecho, como puede ser la pérdida de un ser querido, encontramos respuestas muy distintas, según la forma de ser, pensar y sentir de cada uno. Así pues, podríamos definir la salud mental y emocional como la capacidad de la persona para sobreponerse a las adversidades de la vida, manteniendo su equilibrio interior y su relación con el entorno. Aprender a mejorar nuestra manera de reaccionar es muy importante.

Nuestros hábitos no sólo tienen un reflejo muy evidente en la salud de nuestro cuerpo con un claro efecto positivo o negativo, también lo tienen en nuestra mente y nuestro psiquismo, aportando equilibrio o desequilibrio mental y emocional. Y con esta armonía o desarmonía es con lo que nos enfrentaremos a las vicisitudes y circunstancias que nos afectan, haciendo frente a los problemas y dificultades. No podemos olvidar que nuestro mundo interior está hecho de sensaciones, de emociones, de necesidades e impulsos que condicionan nuestra vida.

Los estados mentales y emocionales son los que determinan los comportamientos, actos y decisiones, lo que quiere decir que nuestra vida es el resultado de nuestra forma de pensar y de sentir, pues es lo que nos impulsa a la acción. Si queremos mejorarla en su conjunto, o simplemente algunos aspectos de ella, es preciso cambiar nuestros pensamientos y sentimientos para modificar también nuestros actos. En la misma medida que lo consigamos también irá mejorando nuestra vida. Y esto es una realidad incuestionable que podemos observar y constatar a diario. Tenemos un gran poder para mejorar nuestro bienestar psicológico y emocional. ¿Por qué no aprovecharlo?

Basándonos en lo anterior, vamos a definir algunos de esos hábitos saludables que, por sus aspectos positivos, ayudan a mantener nuestra salud global. Su práctica diaria será muy útil, especialmente en los momentos de mayores dificultades.

Vivir el presente sin exceso de preocupaciones. Hay veces en las que se vive el sufrimiento de situaciones que no han acontecido o jamás acontecerán, pues son simples supuestos creados por nuestra equivocada imaginación. ¿Conocemos nuestro futuro? ¿Quién sabe lo que va a suceder dentro de unas horas? En otras ocasiones, estamos tan influenciados por acontecimientos pasados que terminan condicionando en exceso nuestro presente. Vivir el momento actual sin esas influencias que lo distorsionen es un acto que atrae equilibrio a nuestra vida. Desde la objetividad y el equilibrio se manejan mejor todas las situaciones.

Desarrollar la autoestima. Tener confianza en las propias capacidades y posibilidades eleva la motivación y da gran fortaleza ante las adversidades. Hacer una valoración positiva de uno mismo refuerza los pensamientos y sentimientos nobles, da estabilidad y optimismo. La alegría, la satisfacción, el gusto por la vida, reír, disfrutar de la belleza, sentir el bien y aprender a liberarse de la adversidad son aspectos que refuerzan la autoestima y nos fortalecen. Reconocer y aceptar los aspectos positivos que tiene la vida abre las puertas para disfrutar de cuanto se hace. Las personas que se sienten bien consigo mismas establecen relaciones positivas con su entorno y esto es sumamente importante, como veremos más adelante.

Prestar atención a los propios sentimientos y desarrollarlos. Saber manejar correctamente nuestros sentimientos y emociones para desarrollar y expandir los que son positivos, como el amor, la comprensión, la esperanza, la amistad, etc., es atraer instantes de satisfacción, a la vez que estamos creando hábitos saludables y psicológicamente sanos para nuestra salud. Y aprender a eliminar aspectos perjudiciales como la ira, los celos, la envidia o el egoísmo sirve para alejarnos de esos estados de sufrimiento y conflictos que no nos dejan vivir en paz. La decisión de mantener unas u otras posturas siempre es nuestra.

Experimentar y vivir el crecimiento personal. Entender que toda experiencia humana es neutral en su inicio, y que adquiere el sentido de bueno o malo en base a nuestra forma de pensar y sentir, nos deja ante la conveniencia de un desarrollo personal que facilite las diferentes etapas de nuestra vida. Mejorar en cualquiera de nuestras cualidades nos fortalece y prepara para retos mayores. Es una de las grandes satisfacciones que se pueden vivir. Hemos nacido para crecer, en todos los niveles de nuestra personalidad, y es precisamente en esa realización donde encontraremos la paz y la satisfacción, como reflejo de nuestra propia naturaleza, al estar  bien encauzada. Eliminar ese vacío interior que en ocasiones se siente es muy edificante.

Aprender a comunicarse. Comunicarse bien es expresarse bien, manteniendo al mismo tiempo un estado de comprensión receptivo. Pero es un hábito que suele estar demasiado condicionado y poco ejercitado. La comunicación, sentida y sincera, elimina un sinfín de barreras y malos entendidos que interfieren en el desarrollo personal y las situaciones de bienestar. La simple expresión de un problema tiene innumerables ventajas psíquicas y emocionales.

Potenciar las relaciones positivas con los demás. Nuestra naturaleza no es la soledad. Estamos hechos para relacionarnos con nuestro entorno, para compartir problemas, soluciones, tristezas y alegrías. La convivencia es necesaria, por lo que nuestro reto es aprender a realizarla. Las relaciones positivas con otras personas enriquecen nuestra vida con multitud de situaciones y factores indispensables para nosotros. Cuando nos alejamos de ellas todos los problemas se incrementan y las soluciones se vuelven más difíciles. La alegría, la ilusión, la esperanza, la fe, se alimentan del sentimiento de todos. Los unos tenemos necesidad de los otros. No estar en conflicto con uno mismo ni con los demás refuerza todos los valores positivos de la persona. Esas relaciones son la mejor medicina para nuestra salud.

“La persona psicológicamente enferma es aquella que nunca ha tenido suficientes buenas relaciones con los otros” Abraham Maslow, Psicólogo humanista

Para mejorar nuestra salud hay que mantener el cuerpo ejercitado y alimentad, de forma saludable. En sus aspectos mental y emocional hay que modificar los hábitos perjudiciales para la mente y el psiquismo por pensamientos equilibrados y positivos, y sentimientos nobles y sanos.

Aunque el ritmo de vida actual tiende a dejarnos sin tiempo para lo importante, siempre tenemos el suficiente para dedicarlo a desarrollar las habilidades más saludables para nuestra salud. En ella se apoya gran parte de nuestro bienestar y desarrollo personal.

La salud como elemento de bienestar por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad

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LA IMPORTANCIA DE LA ACTITUD

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La importancia de la actitud

La actitud

Sabemos que la vida tiene momentos de todo tipo, con situaciones fáciles y difíciles. Muchos de los problemas que nos surgen vienen como resultado de nuestras decisiones o como consecuencia de las decisiones de otros, pero que nos afectan a nosotros, por lo que hay circunstancias que no podemos evitar. Todas esas situaciones son estímulos que nos inducen a luchar y crecer potenciando nuestras capacidades. Pero lo que verdaderamente nos desarrolla es la respuesta que tenemos ante lo que nos ocurre. Y esa respuesta está condicionada por nuestra forma actual de ser, de percibir los acontecimientos y de reaccionar ante ellos.

Los seres humanos sólo tenemos tres formas distintas de aprender: la observación, el análisis o la experiencia. Sin lugar a dudas, la más costosa es la última, porque si utilizásemos las dos primeras evitaríamos muchos momentos de preocupación, al eludir determinadas experiencias que resultan muy dolorosas. No es necesario, por ejemplo, introducirnos en el mundo de las drogas si mediante el análisis o la capacidad de observación, comprendemos que entraríamos en situaciones de grandes conflictos y sufrimientos, tanto para nosotros como para familiares y amigos.

Nos encontramos en un continuo aprendizaje, donde saber orientar cualidades como la actitud se vuelve fundamental, tal como iremos asimilando. Para entender la importancia que tiene esta, vamos a aprovechar las ventajas de nuestro análisis y nuestra observación, pues nos van a llevar a sacar las conclusiones más acertadas para afrontar los momentos difíciles de nuestra vida con fe, esperanza e ilusión, sin necesidad de experimentar situaciones de mayor sufrimiento.

Sobre este tema, y en relación al asunto que nos ocupa, podemos definir la actitud como la consecuencia de nuestro estado de ánimo, la disposición mental y emocional que tenemos ante lo que nos ocurre. Al tener esta diferentes connotaciones conviene aprender a mantener una buena disposición interna por nuestra parte, pues cada una de ellas nos va a llevar a situaciones muy distintas.

Actitud negativa.

Tener una actitud negativa en la vida nos deja con escaso o nulo control emocional y mental ante las adversidades, con las consecuencias que ello implica. Tener controladas nuestras emociones y pensamientos en los momentos más difíciles es fundamental para comprender las situaciones y hallar sus soluciones. Estar bloqueados mental y emocionalmente no nos va a ayudar en nada y sí nos va a perjudicar mucho.

¿Qué nos ocurre cuando alguna persona se dirige a nosotros hablándonos de forma negativa? Pues el mismo efecto causa pensar de forma negativa, ya que nuestro pensamiento se vuelve tóxico y va a dificultar el encontrar de las soluciones. Los pensamientos negativos conducen a mantener una actitud negativa y viceversa, lo que dará como resultado acciones negativas que no nos van a ayudar en nada, sino más bien todo lo contrario.

Por tanto, esta predisposición tiende a disminuir nuestros valores, pensando y sintiendo que no somos capaces de salvar determinados obstáculos en la vida, cuando la realidad no es esa, ni muchos menos, pues somos bastante más de lo que creemos ser en esos momentos. Lo que ocurre es que, al tener una tendencia pesimista, se apaga nuestro mundo interior y no alcanzamos a ver nuestro verdadero potencial.

La actitud negativa es como la niebla que impide que veamos a unos cientos de metros. Cuanto más espesa es menos vemos. Pero, cuando se despeja, nos damos cuenta de que no estábamos en mundo perdido, sino ante paisajes desconocidos y maravillosos. Y esto ocurre simplemente porque nuestra vista no permite ver a través de ella. Lo mismo sucede con los pensamientos y los sentimientos cuando se enturbian. Difícilmente se piensa y se siente correctamente cuando nuestro ánimo decaído hace que nos valoremos por debajo de lo que realmente somos. En realidad, lo único que consigue es arrastrarnos hacia el pesimismo. Y este sentimiento erróneo que tiende a negar o disminuir nuestras verdaderas capacidades nos resta tanta energía que terminamos rindiéndonos, antes incluso de intentarlo.

Tener actitudes negativas es sinónimo de realizar actividades de las que no se disfruta, lo que nos deja ante las sensaciones más oscuras de la vida, con estados de pesar y angustia que terminan matando las ilusiones. ¡Y qué difícil resulta vivir sin ilusión!

Actitud positiva.

Al contrario que la anterior, es la que tiende a reafirmar la realidad de todos nuestros valores y resulta extraordinariamente eficaz, porque pone en funcionamiento todos nuestros recursos, lo que nos permite afrontar cualquier dificultad con todas las posibilidades de éxito posibles.

Tener fe en un desarrollo positivo y favorable para nosotros y quienes nos acompañan, en cualquier momento o circunstancia, moviliza y mejora nuestra autoestima. Vivir nuestros aspectos positivos nos reconforta porque genera la energía que necesitamos, nos dota de vitalidad y fortaleza y nos une a esas fuerzas de la vida que vigorizan nuestro interior. Valorarnos más y mejor abre las puertas de la esperanza. Y esta es para el estado de ánimo como la sangre para nuestro cuerpo.

Aprender a aligerar las cargas emocionales negativas, transformándolas en sentimientos positivos, ofrece una amalgama de posibilidades tan amplia que incluso nos va a sorprender. Al tonificar la mente y espíritu con el optimismo se refresca nuestro estado de ánimo. Nos induce a apoyarnos en nuestro interior y en el exterior, porque de ahí también vamos a recoger esa energía que a veces estamos necesitando. Nunca sobra una mano amiga dispuesta a ayudar.

El error del aislamiento.

Conviene tener mucho cuidado con el aislamiento. Pase lo que pase, nunca es tan importante como para tener que alejarnos de la compañía de los demás. Es posible que en un momento determinado necesitemos cierto espacio para meditar sobre algún hecho, aspecto o circunstancia, lo que puede darnos la posibilidad de analizar sin influencias que distorsionen nuestras verdaderas necesidades. Pero es muy distinta esa postura de aislamiento que a veces se adopta, que fomenta la autocompasión y que nos aleja de las personas, porque suele causar daños importantes o irreparables.

Es precisamente en esos momentos de dificultad cuando más necesitamos de los demás, de nuestros familiares, amigos o cualquier persona dispuesta a ayudarnos. Si hacemos lo contrario de lo que debemos, el resultado no puede ser otro que el menos acertado. Compartir los problemas aligera el peso de la carga que llevamos. Hablar de ello y ser escuchados restablece nuestro ánimo. Pero el aislamiento no es un buen compañero en momentos de dificultad, pues nos deja ante las puertas de esa soledad que nada soluciona. Es mejor sentirnos acompañados, pero si somos precisamente nosotros quienes cortamos ese apoyo, haremos imposible la ayuda que podamos recibir. 

No es necesario que pase yo solo los altibajos de la vida. Es más fácil pasarlos con apoyo y compañía, para lo cual tengo que facilitar ese intercambio, comentando mis problemas con claridad y franqueza. Es difícil comprender algunos procesos cuando estoy muy influenciado por ellos. Varias personas tienen más fortaleza que una sola y más capacidad para pensar. Los demás, al no verse tan afectadas por el problema o la circunstancia en sí, pueden comprender y vislumbrar las soluciones con más claridad. El apoyo de esas personas es una ayuda fundamental para resolver la mayoría de los problemas que tengo o de las dificultades a las que tenga que hacer frente. Al aislarme, no sólo los estoy alejando de mí, sino que elimino todo lo que de positivo puedan aportarme.

¿De qué sirve una actitud pesimista o un estado de aislamiento? Desde un punto de vista objetivo, no aportan nada beneficioso, pero sí suelen incentivar la autocompasión. ¿Compadecerse de uno mismo soluciona algo? Es como querer cavar en un hoyo para salir de él, cuanta más tierra sacamos, más nos hundimos.

Apoyándonos en el análisis y en la observación podemos concluir que la actitud correcta es la positiva, manteniendo siempre el optimismo, a pesar de que nuestro entorno sea contrario. En esa postura interna de confianza en nuestras fuerzas, junto a la ayuda que podamos recibir, para mantenernos activos, tanto mental como emocionalmente, encontraremos muchas de las soluciones que estamos buscando.

Si nuestra actitud suele ser negativa, la clave para convertirla en positiva está en la reeducación de nuestros hábitos. Pero como transformarlos no es sencillo, a pesar de tener el firme deseo de cambiar, la caída y el error todavía van a estar presentes durante un tiempo. Es conveniente evitar el sentimiento de culpa para que este no nos lleve al desánimo. No podemos cambiar en unos días actitudes y comportamientos arraigadas en nosotros durante muchos años, y que hasta ahora han venido conformando nuestra forma de ser. Lo que importa es  tomar conciencia de la caída y levantarse con mucha más fuerza para enfrentarse al reto con más ilusión.

Cuando nos venga el primer pensamiento negativo hay que rechazarlo para no darle cabida; pensar positivamente y centrarnos en aquello que pueda dirigirnos hacia sentimientos positivos. Con el tiempo iremos comprobando el cambio beneficioso que se instalará en nuestra vida.

          La importancia de la actitud por: Antonio Gómez Sánchez

© Amor, Paz y Caridad, 2019

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HACIA UNA VIDA MEJOR

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Hacia una vida mejor

Todos los acontecimientos que nos dejan una clara vivencia de preocupación terminan despertando en nosotros la necesidad de aprender a buscar las soluciones más adecuadas para resolver esa turbación interna que tenemos. Estos procesos siempre buscan el desarrollo de nuestras cualidades como seres humanos, explorando los caminos interiores que conducen a nuestra satisfacción.

Cierto es que, desde que tomamos la decisión de efectuar un cambio en cualquier aspecto de nuestra vida hasta conseguirlo, necesitamos saber la forma de lograrlo, es decir, cómo se hace. No solamente los aspectos teóricos, sino especialmente los detalles prácticos. Para conseguirlo será muy útil tener en cuenta otros elementos como el conocimiento, el apoyo y compañía de personas con experiencia al respecto, la conciencia, la intuición, etcétera. Todo suma.

Por la elevada importancia que tienen en el inicio de nuestra actitud, vamos a analizar de la forma más concreta y sencilla posible algunos aspectos a tener en cuenta al encarar nuestros  problemas o dificultades. Tener la claridad suficiente para identificar las cualidades que debemos mejorar, trabajándolas para su desarrollo, y eliminar aquellos aspectos de nuestra personalidad que nos entorpecen es esencial.

Las quejas. Aquí estaremos de acuerdo en que las quejas, tan habituales en todos nosotros en los estados de agitación, dolor, angustia o aflicción no son, ni mucho menos, una solución ni una ayuda, sino la prolongación y aumento de esos problemas, que nos seguirán afectando, dejándonos sin fuerzas y sin ilusión en determinados momentos; precisamente en esos instantes en que más vamos a necesitar  de esa confianza y ese valor que creemos o sentimos perdidos. ¿Por qué no aprender a quejarnos menos y a disfrutar más de todo aquello que hacemos? ¿Por qué no valorar los aspectos verdaderamente importantes de la vida, olvidando todo lo innecesario y perjudicial? ¿Alguna queja ha sido capaz de solucionarnos algo?

La queja nos distrae, nos entretiene, nos quita la fuerza interior, incluso consigue lo que es peor: distorsionar la realidad. No es nada positiva. Es más, si no aprendemos a eliminarla, seguiremos dirigiendo el foco de nuestra atención el malestar que tenemos, fijando nuestro dolor y alimentándolo cada vez más, en vez de dirigir nuestros recursos a comprender las causas y encontrar las soluciones. El tiempo que dedicamos a quejarnos de algo es tiempo perdido.

Por tanto, uno de nuestros primeros objetivos es eliminarla de nuestra forma de ser. No es fácil, pero tampoco es tan difícil. Es cuestión de cambiar un hábito que nos debilita y hace daño transformándolo en otro hábito mucho más saludable: Afrontar lo que nos ocurre como una oportunidad de aprendizaje, de cambio y de mejora. ¿Por qué no aprender a elegir mejor?

La rebeldía. Con mucha frecuencia, la primera sensación que se tiene es la de rebelarse ante aquello que nos desagrada o requiere de nosotros un mayor esfuerzo. Rebelarnos ante lo que nos ocurre no soluciona nada sino todo lo contrario: lo empeora. La rebeldía genera tal irritación interior que aumenta la tensión arterial, embotando los sentidos y distorsionando la realidad, creando una inestabilidad emocional y creativa que dificulta enormemente el análisis que podamos realizar para resolver cualquier situación.

Aceptar con resignación lo que acontece no significa rendirse ante ello, sólo se trata de eliminar la rebeldía por el perjuicio que nos causa. A partir de ahí, debemos luchar contra lo que nos produce cualquier tipo de dolor para mejorar nuestra situación. Para construir un futuro mejor, necesitamos equilibrio y creatividad. Sabemos que no es fácil, pero también sabemos que es totalmente posible; depende de nosotros.

Solo si observamos la realidad con objetividad podremos conseguir soluciones acertadas. Cuando se consigue, comprenderemos que la solución pasa por aceptar lo que nos ocurre y entenderlo, para, a partir de esa comprensión interior, poder introducir los cambios necesarios que mejoren esas situaciones concretas.

La humildad. Para mejorar nuestra vida necesitamos ser humildes, manteniendo cierta dosis de docilidad ante el cambio para evitar la resistencia de nuestros hábitos más equivocados, pues éste debe ser constante y continuo. Desarrollar la humildad es muy útil para reconocer las necesidades de nuestro trabajo interior, en cuanto a uno de los aspectos que más dificultad conllevan, como es la moderación y modelación de esas manifestaciones de nuestro carácter que son las que más nos perjudican, aprendiendo a identificar las necesidades que aportan valor añadido a nuestra vida.

A modo de ejemplo, de los miles que podríamos poner, imaginemos a una persona con un carácter irascible que ha sido despedida del trabajo en varias ocasiones. La rebeldía le llevará a negar la situación, achacando todas las culpas a los demás y a las circunstancias, rechazando por tanto su responsabilidad al respecto. En cambio, con una postura humilde podrá comprender perfectamente que quien verdaderamente le ha despedido ha sido su equivocado temperamento, por esas continuas broncas que ha tenido con sus compañeros y que desagradaban a todos.

Si realmente comprende esto, la humildad le permitirá ver la necesidad de cambiar su mal genio, porque tan solo le está creando problemas, y de las experiencias desagradables que ha vivido, con el tiempo, nacerá el deseo de mejorarlo. Entonces podrá marcar unas pautas de trabajo para conseguirlo de forma efectiva, tomando conciencia de su verdadera realidad en la vida.

No olvidemos que en todos los acontecimientos que nos ocurren y en todo cuanto puede afectarnos, quienes realmente deciden nuestra conducta y nuestra forma de reaccionar somos nosotros mismos. Y esas reacciones son consecuencia directa de nuestra forma de ser. Luego, para cambiar nuestras reacciones y con ellas el estado en que nos dejan, así como sus consecuencias, necesitamos cambiar nuestra forma de ser. No hay otra opción.

La pasividad. Tenemos la tendencia a rechazar todo aquello que nos supone esfuerzo y huimos de él porque nos agrada más la comodidad. Tendemos a ver los problemas desde lejos, sin implicarnos en su solución. Esta equivocada actitud ha venido siendo la causa de muchos de los males de la humanidad a lo largo de nuestra historia.

Para quienes tienen inquietudes sin calmar, sueños o ilusiones por alcanzar; quienes buscan la paz y el equilibrio en sus relaciones con los demás; quienes buscan una vida transcendente o mejorar algún aspecto de su carácter, SER PASIVOS NO ES NINGUNA SOLUCIÓN.

Necesidad y deseo. Son los dos motores capaces de impulsar un cambio de algo actual a algo mejor. De lo que somos a lo que llegaremos a ser. Si pienso que no necesito algo, ¿cómo voy a buscarlo o a trabajar para conseguirlo? Esa necesidad nos impulsa a buscar los cambios que mejoren nuestra situación, y el deseo nos dota de la fuerza necesaria para hacerlo.

Aunque la necesidad viene marcada por la propia vivencia de los acontecimientos, cuando se experimenta se comienza a alimentar el deseo de cambiar para mejorar aquello que nos está creando preocupación y sinsabores. Vivir e interiorizar estas dos fuerzas es fundamental en toda renovación. La necesidad nos empuja y el deseo mantiene nuestras decisiones.

Tenemos una fortaleza interior mucho mayor de lo que imaginamos. Por eso, cuando descubrimos nuestras verdaderas capacidades y aprendemos a ejercitarlas, nos sorprendemos gratamente al comprobar lo que podemos ser capaces de alcanzar. Lo que ocurre es que nuestras creencias, nuestros pensamientos limitados, tienen más fuerza que nuestras propias realidades. ¿Por qué no aprender a vivir al nivel de nuestros talentos, de nuestra mejor versión?

¿Por qué no aprender a cambiar los esquemas de nuestros pensamientos, deseos y sentimientos, comprendiendo el papel que desempeñan en nuestra vida? Al menos vamos a intentarlo, porque hay mucho en juego con ello.

Si revisamos nuestros planteamientos mentales ideológicos es posible que comprendamos que lo que hasta ahora nos ha sido útil puede que ya no lo sea tanto; que estemos necesitando nuevas ideas que generen nuevos retos y nuevas ilusiones; aprender a vernos como realmente somos, seres en proceso de evolución.

Si las distintas especialidades de las ciencias y del saber posibilitan que las personas vivamos en una sociedad mejor, las transformaciones del carácter humano en la búsqueda de su desarrollo y plenitud, como base de esa cohesión social, representan la fuerza de su aprovechamiento y el timón necesario para vertebrar su desarrollo. Quienes buscamos una sociedad mejor, más justa y ecuánime, vemos en ello la mejor forma de colaborar activamente para conseguirlo. Esta es la fórmula “mágica”, no existe ninguna otra.

Al mejorar mi vida estoy colaborando activamente en mejorar la sociedad. Hace falta querer hacerlo y ejercitar los nuevos pensamientos, cualidades y actitudes necesarios para conseguirlo. Querer es poder, y esta acción depende exclusivamente de cada uno de nosotros.

Hacia una vida mejor por: Antonio Gómez Sánchez

© Amor, Paz y Caridad, 2019

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