“Origen: Acto creador o azar evolutivo”
“La idea de que Dios y la evolución biológica son excluyentes es falsa, porque son dos categorías diferentes, la evolución es un mecanismo biológico, y Dios es un agente que actúa”.
John C. Lennox, Matemático
Desde el enfoque espiritual el ser humano tiene una doble trayectoria evolutiva, la que deriva del cuerpo y la que lleva por sí misma la propia alma. Esta evolución en dos mundos, el del espíritu y el de la carne, representan el proceso y transformación del ser humano de forma integral hacia formas más perfectas, adelantadas y sublimadas en ambos registros de la vida, el físico y el espiritual. Esto nos coloca ante la importancia del concepto evolutivo en los dos ámbitos de la vida: la del cuerpo en la Tierra y la del alma en el mundo espiritual. Y al mismo tiempo nos hace reflexionar sobre el origen de la naturaleza humana.
Es una evidencia que las razas y especies de la Tierra han ido mejorándose, dulcificando sus rasgos fisiológicos y perfeccionando muchos aspectos de su presencia física debido no sólo al progreso de las sociedades, a una mejor dieta, un avanzado estado social, económico y educativo. Muchos argumentarán que esto es única y exclusivamente debido al proceso evolutivo de las especies, la genética y la selección natural de la supervivencia de los más aptos.
Sin embargo, otros muchos investigadores, científicos y estudiosos de la materia amplían el espectro y no consideran que los procesos de belleza y depuración de la forma humana sean debidos exclusivamente a esa selección natural, sino que son muchos los aspectos que influyen, incluyendo las causas sociales, la educación de los pueblos, el desarrollo del intelecto y del sentido moral, y otros múltiples aspectos como la epigenética.
El conocimiento espiritual nos confirma que, al igual que existe esta evolución física de las formas materiales en constante transformación y mejora, el alma humana sigue un proceso similar hacia su perfeccionamiento relativo y un mayor grado de capacidades mentales, emocionales, intelectuales y espirituales. Es interesante comprobar cómo hoy día son mayoría los científicos que creen en Dios y a la vez en la evolución.
“El hecho de que comprendamos algunos mecanismos de funcionamiento del universo o de los sistemas vivos, no excluye la existencia de un diseñador”.
Sir John Houghton, Físico y Nobel de la Paz
El razonamiento anterior permite a muchos científicos aceptar la evolución como el mecanismo por el que el creador produjo la diversidad de la vida. Y es muy importante no caer en la sutil trampa que coloca el materialismo al creer que las leyes físicas que organizan el cosmos y la vida son las que originan la evolución. Ninguna ley material o espiritual crea nada, sólo explican el proceso por el que se producen los hechos, pero no presentan evidencias científicas racionales que justifiquen su aparición, y mucho menos un origen derivado del azar que haya propiciado el orden, la precisión e inteligibilidad del universo.
“Considero altamente improbable que un orden así proceda del caos (azar). Tiene que existir un principio organizativo. Dios es para mí un misterio, pero es la explicación para el milagro de la existencia, de por qué hay algo en vez de nada”.
Allan Sandage, Premio Nobel de astronomía. New York Times, marzo 1991
Es más, teniendo el conocimiento acreditado de que las cualidades principales del ser no pertenecen al cuerpo sino al alma, podemos constatar que la inteligencia, la voluntad, el sentido moral, el libre albedrío, la conciencia y la propia mente no son características de la materia sino que son todas ellas “atributos del espíritu”. Algunas de ellas tienen su reflejo en el cuerpo físico, como por ejemplo, la mente en el cerebro. No obstante, son patrimonio exclusivo del alma.
Y de esta reflexión y de otras similares al respecto de la conciencia deducimos claramente que no es el cuerpo el que influye decisivamente en el espíritu sino justo al contrario. El espíritu es el agente que modela, anima, vivifica y permite la evolución del ser integral, del cual, una parte es el cuerpo físico del que nos valemos para evolucionar cuando disponemos de él en la Tierra.
“La evolución comenzó a invocarse en biología como un aparente sustituto de Dios. El término se tergiversó de tal modo que pasó de ser una hipótesis técnica a un principio metafísico ateo. Adornado fraudulentamente con el prestigio de la teoría de la evolución, el Evolucionismo se convirtió en una filosofía antirreligiosa en la cual la Evolución aparece como una deidad”.
Donald Mckay, investigador de redes neuronales
Tristemente, existe una confusión claramente definida entre los conceptos de evolución y evolucionismo. Todo ello parte de algunos problemas no resueltos y claras contradicciones en la teoría de Charles Darwin. Esto ha generado mucha polémica en determinados círculos académicos, pues los Darwinianos no aceptan determinados supuestos evolucionistas defendidos por los neo-ateos que han adoptado “el evolucionismo” (una hipótesis ideológica que intenta explicar el origen de la vida y la evolución a su manera). El máximo representante del evolucionismo en la actualidad es el Biólogo y activista ateo Richard Dawkins[1], que con sus controvertidas hipótesis asume la base de la teoría darwiniana pero se desmarca de la misma cuando le interesa.
A todo esto debemos aclarar que, desde nuestro punto del vista, la teoría de la evolución de Darwin tiene evidentemente muchas lagunas no probadas científicamente, al margen de que en sus obras posteriores el autor de “El origen de las Especies” manifestara un sesgo contradictorio respecto a sus propias convicciones personales. Para aquel que pueda sorprenderle, Darwin, a pesar de ser creyente y cristiano, aboga por planteamientos claramente racistas y eugenésicos derivados de la supuesta supervivencia de los más aptos que, según él, la naturaleza controla de forma automática. Tanto es así que en sus obras llega a afirmar que “la diferencia entre el negro, el aborigen australiano o un gorila, apenas existe”.
La tesis del Dawkins ateo es incluso más flagrante, la enormidad de la contradicción que asume al dejar al azar todo el proceso evolutivo, para evitar de esta manera asignar a una inteligencia o diseñador superior el origen de la vida (Dios), le lleva a admitir cualquier cosa rayana en lo ridículo desde el punto de vista de la evidencia científica.
Pero no es el único. El descubridor de la cadena de ADN, Francis Crick, era también un ateo convencido, y a pesar de constatar y declarar que “la molécula de ADN no procede de la Tierra”, tenía que ofrecer un argumento razonado a esta afirmación y con el fin de negar la autoría de Algo, Alguien, un diseñador inteligente, una Inteligencia suprema, un Dios, en el origen de esta molécula, que es básica para las células humanas y con ello imprescindible en la aparición de la vida, y tuvo que acogerse a la “teoría de la panspermia” que viene a afirmar que fueron los extraterrestres, venidos de otros mundos, los que trajeron la vida a la Tierra al aportar la molécula del ADN.
Esta teoría fue asumida por Dawkins parcialmente, al no tener otra mejor explicación que el azar en los miles de millones de mundos habitados donde por acaso, en uno de ellos apareció “de la nada” una molécula que dio origen a la vida y que luego evolucionó en función de las condiciones propicias que, también por azar, conspiraron para ensamblarse y ajustarse de forma tan perfecta que pudiera darse una evolución, la cual, con el transcurso de millones de años, diera origen a un simio con conciencia de sí mismo y capaz de tener libre albedrío, capacidad de abstracción, inteligencia y voluntad propia: el ser humano.
“Hay que diferenciar claramente entre evolución y lo que se conoce como evolucionismo, que sin duda alguna se trata de un mito. El evolucionismo difiere de la evolución de la que hablan los biólogos. Para estos, la evolución es una hipótesis y responde mejor que cualquier otra, por tanto ha de aceptarse hasta que una nueva propuesta responda con hechos y no con suposiciones”.
C.s. Lewis
Ni la teoria de la evolución de Darwin puede considerarse probada del todo, aunque muchos de sus elementos hayan servido para explicar las mutaciones y cambios evolutivos de las especies. Ni, por supuesto, las teorías de los Neo-darwinistas convencen a los científicos, biólogos y psicólogos evolutivos más perspicaces, siendo así que muchos de estos últimos, a falta de mejores explicaciones para concretar los procesos evolutivos y para no involucrar una causa inteligente en el origen de la vida, y no aceptar tampoco explicaciones peregrinas como las de Dawkins, se mantienen al margen afirmando que el tiempo nos permitirá comprender el origen de la vida biológica sin necesidad de recurrir a una causa primera llamada Dios.
Se debaten con frustración porque las evidencias y argumentos de la ciencia de vanguardia al respecto del “Principio Antrópico” y “El ajuste fino” de las leyes del origen de la vida y la naturaleza apuntan claramente a la existencia de un orden, equilibrio, armonía y perfección que rigen los procesos evolutivos que es imposible surjan por azar. Y entreven detrás de ellos una Mente profundamente inteligente, un matemático inigualable, un físico excepcional, un biólogo perfecto que articula la complejidad biológica de la célula de manera magistral como un Manual de Instrucciones (frase de Francis Collins, descubridor del Genoma), donde podemos constatar el grado de perfeccionamiento, ajuste, equilibrio y complejidad que ningún proceso ni mecanismo alguno por azar es capaz de generar.
“En tanto que biólogo, yo creía que era un simple mecanismo y que mi vida consistía tan sólo en un repliegue de moléculas. Pero mi investigación me reveló que era mucho más que una realidad física y que había una energía, un espíritu o un Dios que controla las leyes de la biología”
Bruce Lipton. Biólogo Molecular y autor de “La Biología de la Creencia”
Esa mente, ese diseñador inteligente, esa causa primera detrás del origen de la vida y de la evolución posterior de las formas físicas es también la causa y el origen del principio espiritual en el hombre: el alma humana, que en paralelo con el perfeccionamiento de las formas y cuerpos físicos a través de las eras, evoluciona hacia grados más perfectos de conciencia, desenvolviendo, en las distintas vidas en la Tierra, los recursos internos que Dios colocó en su interior como una semilla, a fin de desarrollarlos como árbol frondoso a través de las experiencias y el perfeccionamiento de sus recursos inmortales, que constituyen la esencia espiritual y la herencia recibida de su creador.
Una herencia espiritual a imagen y semejanza de su origen confirmada en dos evidencias inmateriales: la información y la inteligencia, cualidades superiores de la Mente Divina que Dios coloca en la conciencia humana para su desarrollo y crecimiento mediante el libre albedrío de los seres humanos.
¿Una mente o un mecanismo? por:Redacción
2025, Amor, Paz y Caridad
“Posee el hombre dos naturalezas: por su cuerpo, participa de la naturaleza de los animales, compartiendo sus instintos. Por su alma, participa de la naturaleza de los espíritus”.
Allán Kardec – Libro de los Espíritus
1.- No confundir Darwin con Dawkins; el primero es el autor de “El origen de las especies” 1861. El segundo es un Biólogo evolutivo actual, neo-ateo, famoso por sus libros sobre evolucionismo, los genes ciegos, etc.)






