«DESCUBRIENDO EL AMOR»
Esta frase: «EL AMOR ES TERAPÉUTICO», es uno de los mayores descubrimientos de la psicología de nuestro siglo. Sin duda, la importancia que las emociones tienen en nosotros apenas están siendo ahora descubiertas. Después de casi medio siglo de ensalzar las bondades del IQ (coeficiente intelectual) como clave en la inteligencia de la persona, hoy día se comprende que, sin un control emocional o el desarrollo de la inteligencia emocional, el ser humano está incompleto, fragmentado e incapaz de conseguir la plenitud.
Neurólogos, Psicoanalistas, Psiquiatras, Psicólogos, Biólogos y otros muchos investigadores de primer nivel están poniendo de manifiesto a través de sus investigaciones la importancia que tiene el amor en nuestras vidas como factor de equilibrio fisio-psicológico y su consecuente efecto en la salud integral del ser.
La mayor expresión de la Psicoterapia del Amor viene dada por aquel que hizo del Amor a la humanidad su actitud principal en la Tierra. Gobernado por una fuerza inigualable a la hora de amar, todos sus actos, pensamientos y emociones se convirtieron en luz y ejemplo de la fuerza del amor como sentimiento universal y como respuesta inigualable a los obstáculos que la vida nos presenta. El maestro Jesús otorgó al amor la condición de lenitivo superior para las aflicciones y sublimación para el desarrollo del alma.
Amar es la solución. Amar es la respuesta. Amar es equilibrio. Amar es la fuerza más grande del universo. Amar es la síntesis de la vida. Por ello, el Amor es por sí mismo la mayor luz del alma. Es aquella que brilla en la noche de la desesperanza, es la que ilumina el oscuro camino del sufrimiento, es la que guía las decisiones acertadas de nuestro desarrollo espiritual, es la que nos ampara ante las contingencias y las pruebas que la ley divina coloca ante nosotros.
Si somos capaces de amar, seremos capaces de cualquier cosa. De ahí que el psicoterapeuta superior expresara con rotundidad: “sólo por el amor será salvo el hombre”. Así dejaba la huella imborrable de la actitud a incorporar en nuestras vidas. Pero no se limitó a indicar qué podíamos hacer por nosotros mismos. También nos señaló el camino en la relación con nuestro prójimo afirmando: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. E incluso en un tercer aspecto dejó claramente explicado a aquellos que querían seguirle: “reconoceréis a mis discípulos porque se aman los unos a los otros”.
En estas tres frases remarcadas en el párrafo anterior comprendemos la importancia del amor para Jesús. ÉL, en su condición angélica, era un hombre pleno que integraba los dos aspectos psicológicos de la criatura humana: el ánimus y el ánima. Tanto la condición psicológica masculina como la femenina tenían en Jesús su mayor expresión de integración psicológica: la plenitud. Lo que se conoce como “androginia psicológica perfecta”. Ambos por igual, hombre y mujer, son capaces de desarrollar el sentimiento del amor.
“El amor ve las relaciones como una oportunidad para aprender y un desafío para nuestro crecimiento espiritual”
Todo se aprende, y las experiencias milenarias que vivimos en las distintas vidas en la carne deben guiar nuestros pasos a “aprender a amar”. Muchas veces, las relaciones con aquellos que constituyen nuestros afectos son un primer paso en las experiencias del amor espiritual del que hablamos. Pero esto es sólo el principio. El amor que expresó Jesús debería ser nuestra meta a alcanzar siendo una expresión mayor del concepto del amor; a saber, el amor al prójimo, y en un escalón mucho mayor, el amor a nuestros enemigos, a aquellos que nos persiguen y nos ofenden.
Como recurso para este difícil tránsito de aprender a amar, el maestro incomparable acompañó junto al amor la liberación del perdón. Este último es una expresión del amor con mayúsculas que nos ayuda a perdonar a aquellos que nos odian o nos hacen mal; comprendiendo de este modo que aquel que así obra se encuentra enfermo de odios, pasiones, vicios o defectos, que en su momento deberá corregir, y mientras así actúa el sufrimiento y el dolor llegarán a su vida sin remisión.
Saber perdonar es también saber amar. La liberación por el perdón es más beneficiosa para el que perdona que para aquel que es perdonado. Este último puede rectificar ante el ejemplo del perdón o persistir en su locura de odio y resentimiento. Hasta que no reeduque esa parte de su personalidad abrazando el perdón y el olvido de las ofensas, no alcanzará la paz interior. Por ello, el que aprende a perdonar está también comenzando a aprender a amar.
Además del amor a uno mismo, al prójimo y a todo lo que la Vida nos presenta, la gratitud representa un sublime sentimiento de reconocimiento ante el Creador, causa primera e inteligencia suprema. Todo aquello que nos rodea es susceptible de ser amado, la naturaleza, la familia, los hijos, la sociedad, los animales y plantas, el aire que respiramos, la salud o enfermedad que tenemos, los obstáculos y aflicciones que nos permiten probarnos y crecer en la dificultad, las oportunidades que cada vida en la Tierra nos ofrece para crecer moralmente y alejarnos del sufrimiento, etc.
Podemos amar todo y a todos, pero no debemos olvidar nunca la mayor sublime expresión del amor: El amor divino. Este es un universo creado por amor, porque el Amor es Dios y Dios es Amor. Por ello, en primer lugar siempre hemos de aprender a «Amar a Dios sobre todas las cosas”, como afirmó el mejor psicoterapeuta del amor. No sólo como un acto de gratitud por su creación, sino como un “nexo de unión con Él”. Ya que él mismo es la naturaleza más pura del amor divino que tiene permanentemente conectada toda su obra por lazos de amor.
Cuando vibramos en amor, conectamos con nuestra naturaleza divina interior; aquello que nos diferencia y que nos hace ser los herederos del universo: la parte del alma semejante a Dios. Pero también conectamos con el pensamiento cósmico, con la mayor fuerza creadora que existe, y que Dios proyecta de formar eterna y continua en su obra.
La oración, las obras de bien, la entrega desinteresada, la búsqueda de la verdad, la necesidad de transformación moral, la aceptación y superación del sufrimiento, y tantas otras expresiones que el alma puede asumir como propias, no tienen sentido sin el amor. Sentimiento sublime y expresión grandiosa de las luces del alma que todos debemos ocuparnos de incorporar a nuestras vidas como el aire que respiramos; a cada instante, en cada pensamiento, en cada acción, en toda intención.
Terapia excelsa por: Benet De Canfield
Psicografiado por Antonio Lledó
“Cuando elegimos al amor descubrimos que la felicidad es nuestra herencia y estado natural del ser.”






