“La conciencia del instante presente es un estado del ser en el que integramos sin esfuerzo la presencia divina con la que estamos para responder conscientemente a cada experiencia que tenemos”
Michael Brown, Libro: El Proceso de la Presencia
En el capítulo del devenir del tiempo, que es lo mismo que el devenir de la vida, nuestra condición humana biológica, psicológica y espiritual se mueve, se transforma y se manifiesta en tres estados, el pasado, el presente y el futuro.
Bajo la perspectiva del alma o espíritu inmortal, esta circunstancia inevitable que nos impone la realidad de nuestra conciencia y que nos circunscribe al paso del tiempo se hace más evidente en el plano físico que en el espiritual. Cuando estamos encarnados en un cuerpo físico en la Tierra, el tiempo transcurre de forma diferente a cuando nos encontramos viviendo en el plano espiritual sin materia.
De aquí que en todas las épocas de la humanidad, los pensadores, filósofos, investigadores, científicos, religiosos y otros muchos hayan concedido tanta importancia al estado y transcurso de cada uno de estos tres estados del tiempo: pasado, presente y futuro. Y profundizando en el enfoque espiritual del alma inmortal, el tiempo en sí mismo es un condicionante distinto según el plano en que nos encontremos, aunque obviamente, ahora con un cuerpo físico tendemos a extrapolar nuestra percepción física a la dimensión espiritual.
La conciencia humana, como atributo del alma inmortal y fuerza poderosa del espíritu, percibe el transcurso del tiempo con arreglo a su condición inmaterial, inmortal y en constante y permanente crecimiento, transformación y evolución. De aquí que la percepción de la conciencia sobre el pasado, el presente y el futuro es la misma que mantiene el alma inmortal de la que forma parte.
“La mayoría pasa la vida en el pasado o en el futuro, pero mi vida está supremamente concentrada en el presente”.
Deepak Chopra
Abordando el tema de esta percepción desde los estados psico-biológicos del ser humano, esta cuestión difiere notablemente, pues estando encarnados en un cuerpo físico las percepciones del alma inmortal se encuentran reducidas y restringidas a las dimensiones que afectan a la materia, una de ellas el paso del tiempo cronológico.
Y es precisamente esta circunstancia la que caracteriza y condiciona algunas situaciones de la percepción del tiempo y de algunos disturbios y patologías que hoy estudia la moderna psiquiatría en relación con el pasado y el futuro de la persona y que no hacen más que confirmar la preexistencia del alma inmortal, la solidaridad entre las vidas anteriores y la actual y la inmortalidad del espíritu.
Hay personas que desarrollan patologías mentales por “vivir siempre en el pasado”, atormentándose, culpabilizándose por los errores cometidos o con cargo de conciencia por no haberlos evitado a pesar de poder hacerlo. Esto les condiciona la estructura psicológica de tal forma que pueden enfermar mentalmente de forma muy grave desarrollando patologías como la depresión profunda, la conciencia de culpa, evitando el auto-perdón y la reconciliación consigo mismo.
“Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas”.
Facundo Cabral
Otras hay que el origen de sus disturbios mentales y emocionales provienen de la angustia por “vivir en el futuro”, imaginando males o contrariedades, obstáculos o desgracias que acontecerán y que en el 99% de los casos nunca acontecen. Son personas que tienen la mente y la emoción desequilibrada por el miedo al futuro, la mayoría de las veces sin una base real que sustente esta emoción tan perniciosa. Todo esto les condiciona la vida enormemente.
“No confíes en el futuro por más placentero que sea… Actúa en el presente. Recuerda que si tú te ayudas, Dios te ayudará”.
Henry Wadsworth
Tanto a unas como a otras, su propia conciencia se encuentra secuestrada por sus hábitos mentales y emocionales desequilibrados que no saben reeducar convenientemente. Y lo que es más importante, unas viviendo en el pasado culpable y otras imaginando el terrible futuro que les aguarda son “incapaces de vivir el presente”, gozando así de la plenitud de la vida, y perdiéndose en su propio océano de depresión o angustia que les aboca a una vida llena de ansiedad, miedo, baja autoestima, depresión y desilusión por la vida.
«No mires el futuro, mira que ni el presente está seguro”
Ripio Popular
Con la comprensión que nos ofrece el conocimiento de la reencarnación al saber que las vidas sucesivas son solidarias entre sí, nos percatamos de que nuestras acciones y experiencias del pasado se encuentran en el inconsciente profundo de nuestro ser y vienen con nosotros vida tras vida. Tal es así que somos el resultado de lo que hicimos, y según actuemos ahora podremos condicionar nuestro futuro.
El psicoanálisis demostró hace ya un siglo que nuestro inconsciente profundo (recuerdos, memorias y experiencias de vidas anteriores) aflora en el pre-consciente más veces de las que pensamos a través de nuestras vidas en el momento presente. Unas veces para bien y otras para recordarnos aquellos hábitos o patrones de conducta perniciosos y lamentables que alimentamos con nuestras acciones en otras existencias, y que en el momento presente ni siquiera sabemos del origen de esos impulsos o acciones que realizamos espontáneamente.
“A menudo resulta que hechos del pasado lejano siguen influyendo en las relaciones actuales. Darse cuenta de las causas fundamentales de vidas anteriores puede servir para arreglar la relación del presente”.
Brian Weis – Psiquiatra
Esta situación ya investigada y probada como una evidencia científica nos hace comprender que el tiempo es relativo y el bagaje del alma inmortal a través del mismo y de las diversas experiencias reencarnatorias siempre tiene un mismo objetivo, el avance, adelanto y progreso del espíritu, mejorando las facultades superiores del alma humana y desterrando o corrigiendo las actitudes malsanas: vicios, pasiones negativas, imperfecciones morales, emociones perturbadoras y degradantes, etc.
Estas actitudes equivocadas tienen todas la misma consecuencia: la desestructuración de la personalidad mediante el desequilibrio que aportan a la mente y la emoción del ser impidiéndole ver la realidad presente desde el punto de vista trascendente y perpetuando el “yo” material y egocéntrico que desea impedir a toda consta la conexión con nuestro espíritu inmortal y con la finalidad real de la vida que hemos venido a realizar en esta encarnación.
Y es precisamente esta falta de equilibrio mental y emocional la que no permite a la conciencia la lucidez necesaria para vivir el presente sin deprimirse por el pasado ni angustiarse por el incierto futuro.
“No arruines el presente lamentándote por el pasado ni preocupándote por el futuro”.
Ángeles Mastretta
De aquí inferimos que vivir el presente con una conciencia lúcida es lo más adecuado para toda alma que reencarna en la Tierra con un propósito de vida, y que solamente puede alcanzar el objetivo propuesto mediante una revisión objetiva y coherente del pasado, aprendiendo del mismo para no volver a cometer los errores perpetrados, pero al mismo tiempo autoperdonándose por los mismos sin evadir por ello las responsabilidad que comportan.
Y lo mismo podemos prever para el futuro: evitar la angustia y el miedo, pues el futuro todavía no está escrito y todos podemos cambiar lo que nos aguarda en el porvenir mediante nuestra acción positiva aquí y ahora, en el presente. “Cada día trae su propio afán” decía Jesús, avanzando con ello que debemos dedicarnos a vivir la vida presente con intensidad, con atención, sin prestar más tiempo de lo debido a la imaginación sobre el futuro. Esto no impide tomar las precauciones indispensables sobre el porvenir pero sin centrar nuestra vida presente en ello.
“Mejor es precaver lo venidero que disputar sobre lo pasado”.
Séneca , Filósofo, s. I
En la actualidad están de moda las técnicas de meditación que impulsan al individuo a permanecer atento al “momento presente”, ya que una de las distorsiones que “la prisa de la vida actual” genera en la mente de la persona es la menor capacidad de concentración y atención. La mente va y viene con multitud de impactos visuales, auditivos, mentales, emocionales y de todo orden, a una velocidad tan enorme que impide al cerebro humano sosegarse, meditar, reflexionar sobre su vida y su presente.
E incluso le impide pararse a reflexionar sobre su futuro de manera coherente, objetiva y clara, concediendo importancia a aquello que es trascendente en la vida del hombre y desechando lo superfluo, lo frívolo, aquello que ocupa espacio en nuestra mente y emoción y que no aporta nada positivo a nuestro crecimiento y autorrealización personal que es, a la postre, lo que nos concede la paz interior, la serenidad y la felicidad a la que todos aspiramos.
Si tomamos como referencia la frase que encabeza este artículo, podemos comprobar que el origen divino de la conciencia (al ser esta un atributo del alma inmortal) permite al ser humano enfocarse en las decisiones correctas que la vida nos demanda, al hacernos conscientes de las mismas bajo un estado de “conciencia despierta”.
Y la prueba e indicador irrefutable de que hemos entrado en este estado de conciencia del instante presente es que nuestra experiencia vital se impregna de una “profunda gratitud”. La gratitud es el indicador del que podemos fiarnos para saber cuán presente estamos en cada experiencia o vivencia que nos acontece. Gratitud por estar vivos, por el viaje y el don de la vida.
Sólo desde una nueva perspectiva bañada de gratitud y más presente de nuestra conciencia, colocando los valores que la caracterizan en primer lugar y dándoles la importancia que tienen, es como el ser humano se autorealiza y alcanza el objetivo de su vida. Estos valores son los valores imperecederos e inmortales del alma en los que apenas reparamos y pueden ser definidos como el afecto, la empatía, el amor, el perdón, la solidaridad y la caridad.
Cuando vivimos en el tiempo pasado o futuro es difícil ser agradecido, pues el primero nos recuerda los pesares y el futuro presenta promesas de que todo mejorará, y esto conlleva que el presente necesita ajustes y planificaciones que nos ocupan la mente y que impiden alcanzar el estado de paz y realización que buscamos.
Nuestro presente es el campo de trabajo, aprendiendo del pasado y evitando imaginar un futuro desdichado, pues todo cambia y todo se perfecciona hacia mejor. Iluminemos pues nuestra conciencia en el presente con el conocimiento espiritual de la auténtica realidad del espíritu inmortal, que siempre avanza hacia el futuro de felicidad que le aguarda, sin retroceder ni involucionar.
“Es en el presente donde está el secreto; si prestas atención al presente, podrás mejorarlo. Y si mejoras el presente, lo que sucederá después también será mejor“.
Paulo Coelho
Presente y conciencia por: Antonio Lledó Flor
2025, Amor, Paz y Caridad






