¡Espiritistas!, amaos: He aquí la primera enseñanza; instruíos, he aquí la segunda. ¿No son estas palabras una «llamada»?
¿Quiénes son los «llamados»? No es fácil dar una respuesta capaz de satisfacer a la gran mayoría, pues cada cual tiene una idea distinta de quiénes son los llamados y para qué son elegidos. No obstante, vamos a aventurar una respuesta coherente, y lo haremos recordando algunos de los párrafos del mensaje que, a modo de prólogo, nos ofrece el querido hermano Emmanuel en el libro Misioneros de la Luz.
Dice el hermano:
Se congregan los corazones dispuestos a recibir los mensajes del Cielo. Pero si los emisarios de las esferas superiores, al revelarles algunos de los ángulos de la vida espiritual, aluden al trabajo, a la necesidad del esfuerzo personal, a la responsabilidad como individuos, a la lucha edificante, al imprescindible estudio y al autoperfeccionamiento, no ocultan la desagradable impresión que eso les causa…
La mayoría se atemoriza y trata de retroceder…
Ahora nos preguntamos: Todos estos corazones que se congregan ¿no son acaso los llamados? Todos han acudido a la «llamada», pero ¿pueden todos esperar ser escogidos? Sin duda no, porque no se ha comprendido para qué se nos ha convocado, porque estamos convencidos de que ya somos los «elegidos».
Reflexionemos, por ejemplo, en el concepto de ser rico o pobre. El rico aducirá que, si es rico, es porque Dios así lo ha querido y ha sido elegido, lo que le confiere una superioridad sobre el pobre; el político, que se considera elegido para someter a los demás con leyes, arbitrarias las más de las veces; los tiranos, que en el nombre sagrado de Dios, promueven guerras y genocidios, porque se consideran «elegidos» para defender su nombre, como si Dios necesitara ser defendido… En cuanto a los creyentes, todos se consideran elegidos porque entienden que la Palabra está en la religión que ellos profesan, sin que hayan comprendido bien que conocerla no les da el derecho de considerarse «elegidos», porque ese derecho hay que ganarlo en la gran guerra que debemos, todos, desencadenar contra nosotros mismos; y es a esa lucha a la que somos convocados; para eso somos «llamados», para librar duras batallas contra nuestros enemigos naturales, que son las imperfecciones morales. Si todos logramos mantenernos firmes en la contienda hasta el final, entonces nos daremos cuenta de que todos hemos sido llamados, porque Dios no quiere que ninguno de sus hijos quede postergado; y es un hecho constatado, recordemos el mandato que el Maestro dio a sus discípulos: Id y predicad la Buena Nueva a todos los pueblos, a todas las naciones.
Todos los hijos de Dios han sido y seguiremos siendo convocados, como ya se ha dicho; y también han sido y son muchos los que han respondido, aunque no todos han perseverado en la dura tarea.
Nos recuerda el hermano Emmanuel:
En la actualidad, el Espiritismo Cristiano tiene asignada una grandiosa y sublime tarea, que abarca todo el mundo… Es preciso poner de relieve su condición de movimiento liberador de conciencias y de sentimientos…
En relación con los nuevos tiempos, y atentos al grandioso esfuerzo que demanda la renovación, se requiere el concurso de todos los servidores de la verdad y del bien… Para esta tarea se congregan encarnados y desencarnados.
Más adelante, Emmanuel continúa:
Ten presente que la revelación de la verdad es progresiva, y al mismo tiempo que ruegas el socorro divino para tu corazón, permanece atento a los sagrados deberes que la Tierra te ha asignado para cada día, y que la muerte del cuerpo no te conducirá al estancamiento sino a nuevos campos de perfeccionamiento y trabajo, de renuncia y de lucha, donde vivirás mucho más y con mayor intensidad.
Hace mucho, mucho tiempo que sonaron los aldabonazos con los que fuimos «llamados» y aún seguirán sonando, pero solo serán «escogidos» aquellos que permanezcan firmes y sean capaces de enfrentarse a los desafíos que ya nos retan, y a los muchos que habrán de llegar, hasta la total y bendita transformación planetaria.
¡Aprestémonos a la lucha y al trabajo, hasta conseguir ser todos «escogidos»!
Los llamados y los elegidos por: Maria Luisa Escrich






