La ingratitud es defecto
que habita en el alma humana:
endurece el corazón;
de indiferencia es hermana,
enemiga del amor.
Debe albergar en el alma
la gratitud y el respeto
al ser que nos dio la vida,
pagarle su inmenso amor;
ser almas agradecidas.
Mirar hacia el firmamento
donde este planeta está
y ha sido por Él creado;
y a todo cuanto ha salido
de Su poderosa mano.
Pero nosotros, sus hijos,
hemos despojado al alma
de una preciosa virtud,
de ella hemos desterrado
la sublime gratitud.
Recordamos solo a Dios
cuando lo necesitamos,
y apenas nos ha ayudado,
en vez de darle las gracias,
le ignoramos y olvidamos.
El hombre pide un milagro,
y si no le es concedido
a aceptarlo se resiste,
y soberbio y altanero
afirma que Dios no existe.
Pero fue Su voluntad
lo que somos y tenemos;
es porque Él lo ha querido.
¿Por qué no reconocerlo
y mostrarse agradecidos?
Nada de lo que tenemos
es de nuestra propiedad,
y debemos recordar
que por nuestra ingratitud
nos lo puede arrebatar.
Pero Dios es generoso;
infinita su bondad.
¡Magnánimo corazón!
Solo quiere de nosotros
la gratitud y el Amor.
En un corazón que ama
no cabe la ingratitud,
porque Amor y gratitud
proporciona al alma humana
todo un torrente de luz.
Ingratitud por: María Luisa Escrich
© 2019 Amor, Paz y Caridad.






