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EL CORREO DE LA INMORTALIDAD

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El correo de la inmortalidad

“La facultad mediúmnica se encuentra en la fisiología del hombre como una predisposición orgánica”.

Allán Kardec

Cuando hablamos de mediumnidad muchas personas desconocen la realidad de lo que esta facultad humana representa, y con notable frecuencia los pre-conceptos y prejuicios derivados de la mala prensa y la distorsionada información al respecto condicionan mucho una comprensión responsable de esta cualidad del ser.

Distinguir lo que es mediumnidad de mediumnismo es lo que puede hacer comprender de verdad a los interesados en el tema cuál es la dimensión real de esta extraordinaria facultad del ser humano. Porque se trata de una característica orgánica que todos poseemos en mayor o menor medida. ¿Quién no ha tenido personalmente experiencias espirituales o ha oído hablar de ellas a sus familiares y amigos?

Todos los seres humanos, como espíritus encarnados que somos, poseemos la capacidad de conectar con el mundo espiritual del que procede nuestra alma. Y esta capacidad es precisamente la herramienta a la que denominamos mediumnidad, la posibilidad de entrar en contacto con el mundo del espíritu y los que allí se encuentran, que no son otra cosa que las almas de los hombres que ya partieron al otro lado antes que nosotros.

“La mediumnidad es la facultad que permite el intercambio entre mentes que se expresan a través del cuerpo o sin él«.

Mediumnidad fue un término acuñado por Allán Kardec para explicar las características de esta excepcional cualidad del ser humano. Pero la mediumnidad no apareció con la filosofía espírita de Kardec sino que, al ser también una facultad del alma humana, ha venido acompañando al hombre desde el principio de los tiempos. En la antigüedad gozaba de un enorme prestigio entre los poderosos. No existían reinos ni reyes, religiones o filosofías que no tuvieran como elemento principal de ayuda e información a los profetas, los astrólogos, los hierofantes, los magos, las sibilas, chamanes, los oráculos, etc.

Eran personas dotadas de mediumnidad que recibían las comunicaciones de los espíritus a la hora de guiar, orientar o asesorar a los hombres en sus tribulaciones, decisiones y circunstancias difíciles o complejas. Los reyes les consultaban para saber cuál sería la suerte de sus ejércitos. Los profetas recurrían al mundo espiritual para transmitir fielmente las directrices e instrucciones de sus “dioses, manes, espíritus o daimon” a la hora de conducir a los pueblos bajo códigos éticos y morales concretos. Las sibilas griegas y romanas, los magos caldeos, etc., recibían los oráculos y actuaban en consecuencia, y los hierofantes egipcios y seguidores pitagóricos desarrollaban a los iniciados en los llamados “misterios”, que no eran otra cosa que el conocimiento del mundo espiritual y su comunicación, así como el desarrollo de estas cualidades y características mediúmnicas a muchos de los seguidores de estas prácticas.

“Si eres médium, deslígate de los impedimentos que te retienen al margen de la actividad mediúmnica.

No des la espalda a la tarea que debes realizar”

En la antigüedad, la mayoría de los “hombres santos” o profetas de las religiones eran facultades extraordinarias de mediumnidad que tenían visiones proféticas, capacidades de precognición, y otros muchos, clarividencia, contacto con los espíritus guías, etc. Tenemos a Moisés con sus contactos permanentes con la “divinidad” (enviados de Dios para guiar al pueblo de Israel), tenemos igualmente a Sócrates, con su daimon (espíritu guía que le acompañaba y le asesoraba), a Pitágoras, que conocía con facilidad sus vidas anteriores y recibía mensajes del más allá con notable frecuencia, y así sucesivamente.

La mediumnidad, acuñada como tal, es la esclarecedora y excelente aportación a este tema que hizo la filosofía espírita de Kardec, donde se nos explica el cómo, el porqué y el funcionamiento de estas facultades. También se nos aclara el auténtico propósito de estas cualidades del alma: ayudar al ser a mejorarse, consolar y auxiliar a los que lo necesitan y confirmar la inmortalidad del alma y la inexistencia de la muerte, porque todos seguimos viviendo después del túmulo y podemos volver y comunicarnos con los que están todavía en la Tierra.

Una mediumnidad educada en los valores que propone la filosofía espírita, con control, con conocimiento, ejerciéndola con propósito altruista de mejora personal del médium y como misión a realizar, supone una dádiva que Dios concede al médium para mejorarse y adelantar espiritualmente: rescatando deudas del pasado al hacer el bien, superándose moralmente debido a la exigencia que la mediumnidad impone para contactar por afinidad con los espíritus superiores, y de esa manera convirtiendo su facultad en un mensajero de lo alto, una misión enaltecedora cuando se lleva a cabo con responsabilidad y amor al prójimo.

“Aunque la mediumnidad es neutra, las manifestaciones que surgen de ella dependen de las condiciones ético-morales del médium”

Se convierte así la mediumnidad en “un correo sublime” que ofrece consuelo a aquellos que vieron partir a sus seres queridos y que tienen la posibilidad de contactar con ellos y superar así la nostalgia de la ausencia. También supone un cambio de mentalidad, al confirmarse por su intermedio que “la verdadera vida es la del alma”, pues esta nunca termina, ya que somos inmortales y plenamente trascendentes en cuanto a nuestra mente, conciencia e individualidad personal.

La muerte no transforma nada, es simplemente un cambio de dimensión, de un mundo físico a otro energético, donde seguimos viviendo, actuando y desarrollándonos en base a nuestras características e idiosincrasia personal que nunca desaparece sino que se engrandece. La transcendencia e inmortalidad del alma permite comprender también la posibilidad de encuentro y de contacto entre la dimensión física y extrafísica.

Actualmente, multitud de procedimientos experimentales e investigaciones de laboratorio, remarcados por Kardec en su momento al definir la ciencia del espiritismo como de observación y experimentación, ofrecen a la humanidad la certeza de la existencia del espíritu, de su inmortalidad y la comunicación entre aquellos que se encuentran en el otro lado y los que aquí nos encontramos.

Esto permite el cambio de mentalidad necesario para modificar nuestra cosmovisión sobre la vida y su trascendencia, abandonando el miedo a la muerte y considerando la mediumnidad como “el gran correo sublime” que nos confirma nuestro futuro, nos ofrece el consuelo preciso, la alegría y esperanza del reencuentro con aquellos que fueron nuestros seres queridos y que nos esperan en el otro lado.

Ese es el sentido de la mediumnidad que, lejos de ser considerada un don o una dádiva que Dios concede, es una responsabilidad que bien utilizada y puesta al servicio del prójimo supone sacrificio y compromiso con la verdad para aquel que la ejerce, siendo el primer beneficiado al necesitar moralizarse y esforzarse para resarcir, con mucha frecuencia, los errores cometidos en existencias anteriores.

Visto de esta forma, el buen ejercicio altruista, sincero y honesto de la mediumnidad es un trabajo abnegado de entrega y amor al prójimo que nos eleva y nos ayuda en el adelanto de nuestro espíritu inmortal.

El correo de la inmortalidad por: Antonio Lledó Flor

2025, Amor, Paz y Caridad

“La mediumnidad se optimiza con la responsabilidad y el ejercicio de su función bien orientada»

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