«Es necesario que haya un despertar de los valores del espíritu eterno, a fin de que el hombre logre la identificación consigo mismo y con el bien» Divaldo P. Franco – Libro: «Despierte y sea Feliz»
Cuando hablamos de despertar, en el sentido espiritual, son muchas las definiciones o enfoques que podemos establecer en función de los propósitos o significados que demos al alma inmortal respecto a sus objetivos principales aquí en la Tierra.
El hombre del siglo XXI, adormecido al respecto de las responsabilidades espirituales que le competen como alma reencarnada con un propósito y objetivo concreto, tarda un tiempo en descubrir el significado existencial y profundo de su vida.
Son principalmente los valores materiales los que ocupan su mente, sus deseos y sus prioridades, y por ello se entretienen en la ilusión de alcanzar conquistas externas, en el deleite que el placer efímero les proporciona, creyendo erróneamente que son inmunes al sufrimiento y que nunca la aflicción llegará hasta ellos.
Su pensamiento y emoción viven de espaldas hacia la armonía interior, pues dedica la práctica totalidad de sus energías y esfuerzos hacia la consecución de metas exteriores: fama, notoriedad, riqueza, poder, etc.
Suponen equivocadamente que estas situaciones se mantendrán permanentemente en el tiempo sin percatarse de que, desde el transcurso del tiempo, con el inexorable cambio biológico que lleva a la decrepitud, la vejez, la enfermedad y la muerte, hasta los sucesos inesperados que aparecen en el transcurso de la vida para hacerles despertar mediante el sufrimiento serán del dominio de todos y cada uno de los que habitamos la Tierra.
Es precisamente cuando llegan las desgracias y nos sorprenden, al no estar preparados ante las contingencias, cuando nos sumergimos en la amargura, la depresión, la rebeldía o las fugas espectaculares (drogas, alcoholismo, adicciones varias, etc.) a fin de evitar aceptar la realidad que ha llegado de improviso a nuestras vidas y con las que no contábamos en absoluto.
Comprendiendo la inmortalidad del alma y su trascendencia antes y después de la muerte, aceptando la realidad de nuestro espíritu inmortal y del compromiso que asumimos antes de venir a reencarnar a la Tierra, e impulsados por la necesidad de la ley del progreso que nos impela a mejorar y adelantar intelectual y moralmente cada vez que tomamos un cuerpo físico, nos vemos en la necesidad de despertar a los valores esenciales de nuestro espíritu inmortal, a fin de lograr la identificación con nosotros mismos (somos un espíritu con un cuerpo y no un cuerpo con un espíritu) y con el ejercicio del bien.
La pérdida del sentido existencial hoy día es la gran “pandemia moral” de millones de personas en todo el planeta, y además supone la falta de significado en la vida que conduce muchas veces al suicidio.
Es preciso, pues, recordar que todas estas personas que vagan sin rumbo, embriagadas por el placer momentáneo de los sentidos y sin aspiraciones superiores en la vida, intentan mantenerse y embriagarse de estas actitudes que generan frustración e infelicidad a la larga mediante la huída de sí mismos y de los compromisos asumidos con aquellos otros con los que han venido a la Tierra a saldar débitos del pasado, o simplemente a progresar y adelantar de forma conjunta.
Todo esto se traduce en una exacerbación de los sentidos, exagerada con frecuencia para presentar una felicidad ficticia que no es real y que dura apenas instantes de notoriedad, fama o placer, pero que, al no permanecer en el tiempo, generan frustración en las personas cuando cesan.
Esto último demuestra la falta de armonía y equilibrio de los seres humanos que optan por esta futilidad de la “buena vida” en vez de la “vida buena” de la que hablaban los filósofos estoicos.
Comprender la necesidad de recuperar los valores espirituales del alma inmortal e incorporarlos como propósitos y objetivos de nuestra vida diaria, nos permitirá alcanzar el equilibrio y armonía que necesitamos, pues esa y no otra es la llamada que nuestra alma inmortal nos hace constantemente desde nuestra conciencia.
Al mismo tiempo, discernir cuáles son esos valores que nos ayudarán a despertar a la “verdadera vida” (la del espíritu inmortal milenario que somos) nos conduce inexorablemente al código moral más perfecto del que tenemos conocimiento: las enseñanzas del Maestro Jesús, sin distorsiones.
Conocer y vivir estas enseñanzas en nuestro interior de forma plena es la mayor lección de equilibrio y armonía que podamos concebir. Es principalmente una lección de amor poco vivenciada y ampliamente repetida.
Solamente esta cuestión, la vivencia de estos valores superiores que Jesús explicó, bastarían para modificar y alterar el programa moral de los seres humanos de la Tierra, proporcionándoles la auténtica felicidad que anhelan y despertándoles a la vida auténtica del espíritu inmortal rumbo a la dicha y la plenitud a la que están destinados.
Despertar por: Redacción
2023, Amor, Paz y Caridad






