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SOCIEDAD Y ESPIRITUALIDAD

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Para muchas personas de nuestra sociedad, la vida del día a día, se ha convertido en una lucha continua por sobrevivir. Mayores de todas las edades, niños y jóvenes, están viviendo un momento de la historia social, moral, y económica, que pone de manifiesto los pilares en los cuales se ha basado nuestra sociedad, «el egoísmo y la vanidad». Ambas actitudes incompatibles con el buen hacer de cualquier sociedad que aspire a un orden más equilibrado en todos los niveles, con respecto a sus conciudadanos. Sociedad y espiritualidad, lejos de ser ajenas la una con la otra, son las dos caras de la misma moneda, ya que van implícitamente juntas e inseparables.

La sociedad establece vínculos con los individuos que la forman, y la espiritualidad guía a estos, por el camino correcto de su desarrollo mental y espiritual como entidades espirituales que son.

Los valores éticos y morales, son necesarios para establecer una sociedad de orden, de equilibrio firme y seguro, donde los individuos que la forman, puedan sentirse seguros y llevar a cabo, aquello por lo cual están en la Tierra, la propia evolución.

Una evolución conforme a una serie de propósitos de orden espiritual, donde prime siempre la ética en su mayor expresión. La moral es cualidad en el individuo que poco a poco y a lo largo de sus diversas existencias, ha ido consiguiendo y comprendiendo, para poder caminar con cierta seguridad, por el camino de la justicia, de la razón, de la comprensión. Para más tarde, servir de guía a aquellos que necesitan comprender el fin de la vida en la materia.

Nacimiento y muerte, se repiten de forma constante, ininterrumpidamente. Deberíamos preguntarnos el porqué de ambos sucesos. ¿Leyes espirituales? o todo ocurre sin un fin o principio; sin una causa primera y última.

No será que los hechos que ahora ocurren, nos hagan plantearnos la vida, nuestra existencia más a fondo. Buscando el porqué de todo ello. Acaso, nos sirva para reflexionar que somos más vulnerables de lo que imaginamos. La propia naturaleza nos enseña de sus potenciales, de sus movimientos del planeta. Nos hace ver, que en un instante, todo puede desaparecer delante de nuestros ojos. Este hecho, debería de hacernos verdaderamente humildes y caritativos. El planeta se comparte, la sociedad se experimenta con sus mayores logros de orden evolutivo.

Cuando viajamos a países cercanos al nuestro, vemos las diferencias sociales existentes. Observamos como viven y conviven unos con otros; sus relaciones; sus progresos sociales y morales. La educación de sus habitantes, los comportamientos y los cuidados que le dispensan a la naturaleza.

Las diferentes sociedades viven en un continuo progreso social y espiritual.

A lo largo de la historia, el ser humano ha rechazado una de las Leyes más poderosas que siempre ha existido: «La Ley del Amor”. No es un concepto abstracto, lejos de los individuos e inalcanzable. Está muy cerca de nosotros, está en cada uno de nosotros.

Si comenzáramos a practicarla se erradicaría el hambre y la pobreza y todas las formas existentes de perjuicio social en un instante. Cuidaríamos los unos de los otros, basándonos en la fraternidad como orden social y espiritual, capaz de cambiar el orden actual.

Sólo abandonando todo aquello que nos impide progresar en la sociedad, estaremos preparados para realizar ese maravilloso viaje juntos, el de la propia evolución en compañía del resto de hermanos.

Una sociedad donde se trabaje no para tener más, sino para vivir mejor.

Una sociedad en la cual la moral del ser humano esté por encima de cualquier otra categoría. Una sociedad donde existan como pilares básicos la humildad y la caridad, la buena voluntad y el servicio entre todos. Ayudándonos a realizar el trabajo por la comunidad y para la comunidad y no sólo para unos cuantos. Poco a poco, los diferentes sistemas políticos, económicos, religiosos y sociales, irán cayendo para dar paso a un orden totalmente diferente. La sociedad está en un proceso del cual, es imposible escaparse, porque nadie escapa del deber de la propia evolución. Puede pararse, estancarse, pero no puede llegado el tiempo, permanecer inactivo, precisa del movimiento, del trabajo interior, hacia mejores y mayores metas. Ya que la propia sociedad, debido a su progreso espiritual inmanente, alcanzará a todos, llevando en sí misma los objetivos de dicho progreso.

Hay muchas resistencias en todos los órdenes de la vida, como por ejemplo dejar el poder egoísta y servir a los diferentes pueblos. Hay resistencia en las religiones, a abandonar sus fanatismos que los mantienen presa de la ira y la violencia e indiferencia. Más aún, resistencia a abandonar el poder del dinero, y repartir entre todos aquellos que necesitan ayudas en todos los sentidos. Nada más echar una rápida mirada sobre el mundo que habitamos y, vemos los diferentes desajustes y desequilibrios por todo el orbe.

E irremediablemente se nos presenta la batalla final, la del cambio interior, del cambio de conciencia como necesidad fundamental para poder realizarnos como seres humanos y como espíritus que somos.

Para transformar la sociedad, hemos de transformarnos cada uno de nosotros interiormente. No cabe sólo cambiar lo de fuera, lo de fuera cambiará cuando nosotros cambiemos. La espiritualidad es la energía capaz de cambiar al hombre en su totalidad, cuando éste, esté preparado para dar el paso.

Seres humanos armados de espiritualidad, es lo que hace falta en esta Tierra, que poco a poco se apaga. Seres humanos comprometidos con la evolución interior, con el compromiso de cambiar y erradicar todo aquello que lo hace inferior. Pues sólo abandonando éstas inferioridades, es como puede vivir dignamente.

Sociedad y espiritualidad, aún siendo inseparables, el hombre las vive y siente como separadas. Estamos desligados del objeto espiritual como objetivo primero.

Nos han enseñado a lo largo de siglos, a vivir separados, los unos de los otros, nos han enseñado por tanto, a vivir divididos, para ser manipulados. Todos, todos somos hermanos y, hasta que no interioricemos este hecho, hasta que no sintamos su importancia, jamás podremos salir adelante.

La sociedad es el lugar en el cual, cada uno de nosotros se desarrolla dentro de sus posibilidades, y al ritmo que cada cual, es capaz de seguir.

La espiritualidad guía a los hombres por el sendero de la conciencia que ha crecido y madurado, y está lista para gobernar en todos los ámbitos humanos. La sociedad no tiene sentido si no está acompañada de la espiritualidad, y viceversa.

La clase actual de sociedad, dice mucho de aquellos que nos gobiernan. Y también de los gobernados. La falta de justicia, de humildad, de caridad, de amor en definitiva, es lo que nos lleva al calvario de la desesperación, al desorden social y económico, a la pobreza y falta de dignidad. Estamos viendo,sintiendo y experimentando, lo que a lo largo de nuestras existencias, hemos ido cultivando. El odio, el rencor, el resentimiento, la lucha de unos con otros, porque nos han educado para que sintamos a los demás como enemigos, en vez de como amigos verdaderos, donde apoyarnos. Una sociedad de individuos que viven en auténtica fraternidad y unión, es difícil de manipular o alienar, porque son capaces de vivir con un alto grado de conciencia, de educación basada en valores dignos de almas que dejaron atrás, la lucha interior, la venganza y el odio. Y tan solo les mueve el amor fraterno.

Por todo ello, sociedad y espiritualidad, jamás pueden separarse, de la realidad en la cual estamos sumergidos. Sin la espiritualidad, que es la parte de los sentimientos más nobles existentes en cada uno de nosotros, no es posible vivir en armonía, en paz, en dicha y progreso. La espiritualidad se aprende y experimenta en el hogar materno; lugar este, de dicha y consuelo; de educación moral y buenos sentimientos; de principios basados en el amor a los demás; y más tarde, todo el conjunto, será vertido de ese ser humano íntegro, al resto de los componentes de la sociedad. Dando como fruto, personas que viven y crean armonía, en un mundo tan falto de ella.

Una sociedad sin espiritualidad, es una sociedad muerta que tarde o temprano, sufrirá verdaderas convulsiones, por vivir sólo de lo material y no reparar en los sentimientos de unión y amor. Una sociedad carente de espiritualidad, es un ser inerte, autómata e incapaz de reflexionar sobre donde le llevan sus pasos.

Si imaginamos por un momento una sociedad basada en la verdadera espiritualidad, la veríamos totalmente diferente; podríamos percibir sus destellos que se crean, sus vínculos con los demás y nos sentiríamos hermanos y no ajenos.

Sería el triunfo al cual está destinado el hombre, a vivir en armonía con sus semejantes.

A experimentar el deleite de poder compartir sin miedo a ser rechazado, mal tratado u olvidado. Nuestro amado guía planetario Jesús, el cual ha sido y es mal interpretado, por diferentes razones, y una de ellas es la no comprensión de su mensaje universal, como es » amaos los unos a los otros, como yo os amo». Nos dice la fórmula para vivir en paz, sin conflictos entre nosotros. Sin luchas ni guerras. Y sin embargo, hacemos todo lo contrario, odiarnos. ¿Somos conscientes de la carga religiosa que lleva la frase anteriormente comentada? sin embargo, tenemos que reflexionar y pensar que sólo es a través del amor como podemos convertir, nuestras vidas de sufrimiento, en vidas llenas de dicha y júbilo. Y que esas palabras, deberían de ser un bálsamo para nuestras almas, tan necesitadas de amor. ¡Hermanos! amémonos. Esta es la receta para vivir de forma digna. Para dejar todos los obstáculos a un lado, y seguir caminando con paso firme, hacia metas más altas.

«Una sociedad sin espiritualidad, es como un jardín sin flores. Es una rosa sin perfume.»

Anónimo.

José Francisco Diez Vicedo

© 2014 Grupo Villena

CON SALVADOR MARTÍN

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Entrevista con Salvador Martín, presidente de la Federación Espírita Española, efectuada durante el desarrollo del XX Congreso Nacional Espírita celebrado en Calpe el pasado mes de diciembre. Tratando cuestiones en torno a la actualidad espirita en nuestro país y al desarrollo del propio congreso.

RECORDANDO A NILSON

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RECORDANDO A NILSON

Nilson de Souza Pereira
 
Hoy como de costumbre, al abrir mis ojos, doy gracias a Dios, por mantenerme vivo y despierto a la vida del servicio. Servir a otros, es el mayor don que podemos recibir en nuestros corazones.
 
Días de fuertes impresiones; momentos que nos hacen ser disciplinados interiormente, para estar preparados en las tareas encomendadas desde lo alto.
 
Hoy, me he dado cuenta, de que al abrir mis ojos, ya no pertenecía al mundo de los mortales, mi materia, la he abandonado, presto, alegre y hasta dichoso. La vida es un
camino de verdadero aprendizaje.
 
Hoy, nosotros, te deseamos lo mejor, allá, cerca, muy cerca de los tuyos, queremos recordarte como el alma que pasó en silencio, y que sin embargo, dejó huella profunda, en muchas almas perdidas, necesitadas, con hambre de conocimiento espiritual. Vayan hacia ti, allí, a lo lejos, o quizás no tanto, nuestros verdaderos sentimientos fraternos, para que tu alma se regocije con el afecto y amor que te brindamos. Sea ahora, en la libertad de tu espíritu, que tu alma descanse, en ese jardín florido, repleto de espíritus amigos que a buen seguro, iluminan tu corazón de bondad y amor infinito.
 
A Nilson, hombre fue, tierno, humilde y bondadoso; trabajador incansable de la obra del Padre. Siempre sacrificándose por los demás, alma sensible, que repartió trozos de amor desde su gran corazón. Sembrando esperanza en esas almas necesitadas de justicia y misericordia humana.
 
Hasta siempre hermano.

Aprender a vivir III

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  Incorporada y en pleno desarrollo, se halla en la actualidad, esa semilla triunfante en los hombres de buen corazón, que aquellos antiguos sabios proclamaron.
  Ahora en el momento actual en que vivimos, vamos con marcha imparable, hacia ese progreso de la humanidad, donde el orden y la belleza en todas sus formas, abrirán un gran sentimiento en cada uno de nosotros, y albergará el tan deseado amor que siempre hemos anhelados, desde el principio de los tiempos.
  Nos queda un trecho lleno de esfuerzo, de renuncia y de recompensa, mientras se recorre dicho trecho. Dificultades, desorden, lucha, constancia y verdadero compromiso, para cumplir con lo pactado.
  Seamos capaces por tanto, de llevar entre todos, esta carga con valor y amor.
  Dejemos atrás los rencores y el orgullo, y comencemos a edificar la Nueva Humanidad.
  Liderando con humildad, caridad, bondad y comprensión todos los espacios allí donde estemos.
  Seamos calmos y pacientes, porque con la ayuda de lo Alto, todo marchará según lo previsto. ¡Animo hermanos del mundo!. Llevemos cada uno de nosotros la cruz que un día el ser más amoroso portó hasta su muerte. Aprendamos de su amor, dignidad, humildad y renuncia total. Sigamos sus pasos, desde el silencio interior en el día a día, y seamos capaces de dar su ejemplo. No es un camino fácil, pero tampoco imposible.
  Tenemos que ser capaces de adquirir más conocimiento de nuestros actos, de nuestros pensamientos y emociones, de las necesidades y deseos que tenemos, y comenzar a abrirnos paso entre la multitud de todo lo anteriormente citado, para escalar poco a poco, día a día, un peldaño más hacia esa cima, donde reside la voluntad divina. Donde el ser humano desde el principio de su nacimiento como futuro hombre, esta llamado a ser luz infinita. destellos fulgurantes de energía cósmica, entregada a dar amor; ese es el fin último de la evolución humana.
  Para ello, se requiere confianza, fe y constancia y dedicar un rato durante el día, para la reflexión a cerca de la vida, de nuestras vidas. Y al mismo tiempo, acercarnos más a nuestro querido amigo espíritu protector, para que junto a él, podamos comprender, y al mismo tiempo, sentir, que la vida es algo más importante y profunda que lo material con todas sus pasajeras alegrías. Prestando de nuestro tiempo para estar disponibles y entrar en contacto con nuestro ser, nuestro espíritu, que nos revelará magníficos contenidos; allí, la conciencia tomará consideración y nuevos pensamientos, nos abrirán las puertas para que la mente se amplíe y sea capaz de captar, nuevas ideas, nuevos sentimientos, nuevas formas de enfrentarnos a la vida.
 
  Tenemos que despertar a la sensibilidad de los comportamientos que son antiguos, milenarios y que han enquistado en cada uno de nosotros, impidiéndonos el correcto desarrollo evolutivo. Y dejarlos atrás para que nos dejen el camino libre de obstáculos en nuestro progreso constante, aunque lento.
J.F.D.

APRENDER A VIVIR 

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  Cuentan los sabios de todas las épocas, que el Universo está creado con el amor del Misericordioso Señor, ser atemporal, infinito, eterno y dichoso que sembró en todos los espacios de la vida, la semilla del AMOR.
 
  Esta semilla requiere de muchos y delicados cuidados hasta llegar a florecer; pero en el transcurso del  tiempo iria dando sus frutos, en  todos los mundos habitados, frutos gratamente dignificantes que los seres humanos irian atesorando en la medida que fueran cuidando con esmero y paciencia dicha semilla. 
 
  Llegado el momento, y una vez, llegada a su madurez, despertaría la conciencia de aquellos que la cultivaron, sintiendo, una inmensa satisfacción. A traves de las edades el ser humano, pasaria por el instinto de supervivencia, un amor primario hacia uno mismo, el amor conyugal, el amor filial, el amor hacia su tierra, su país, su nación. Hasta llegar al AMOR FRATERNO, pasaron muchos siglos pero este, posee en su esencia misma, la capacidad de transformar, los espacios existentes y penetrar en los corazones, tocándolos y, despertándolos en el  camino del verdadero amor.
 
  Hablaban de las circunstancias y también del verdadero esfuerzo para poder llegar a comprender el significado del amor fraterno, entre los humanos. De las dificultades en su camino de progreso. En la lucha consigo mismo, para poder vencer las inferioridades del espíritu y alcanzar otros estados superiores de ese amor fraterno.
 
  Más allá de los tiempos conocidos -seguían diciendo- los humanos llegaran a conquistar en sí mismos, esa semilla guardada durante milenios, y verán por fin, el final de las luchas y disputas. Y una nueva raza llena de luz y conocimiento, se alzará triunfante por todos los rincones de la orbe humana. Reinando la caridad, la ayuda mutua. Será el final de la individualidad, de la desesperanza, del horror y la desgracia. Los hombres se uniran en un abrazo fraterno y lleno de esperanza, porque por fin! habrán conquistado la tan deseada semilla del amor. No más disturbios, hambre y violencia, desorden y angustia, desesperanza y crueldad. Sólo el verdadero amor. Con su excelsa delicadeza y finura, con su fuente inagotable de virtudes. De un merecido descanso y final de las luchas.
 
  Y así, dieron por acabada la conversación los sabios de todas las épocas, enseñándonos que el único camino verdadero, redentor e importante, y que nos libera de la tristeza y la miseria humana, es el amor fraterno entre todos los humanos.
 
  No se sabe los milenios que pasaron, antes de poder comprender los humanos el significado de lo que los sabios dijeron. Se ha necesitado verdadero trabajo y constancia; fe y esperanza; voluntad y compromiso; comprensión y entendimiento; unidad entre las personas que aman el camino del amor fraterno. Dejando la individualidad, la disputa, el orgullo, egoísmo, vanidad, ira y rencor y tantas otras formas de ser en los humanos, que los atan al sufrimiento y al desgaste de sus propias energías que lo llevan hasta la desesperación misma.
 
J.F.D.V.

APRENDER A VIVIR 

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  Saber valorar todo lo que uno tiene en su vida, es el comienzo de una vida completa, sencilla y libre de obstáculos para el propio progreso.
 
  El saber vivir implica una conciencia y una claridad de mente para poder resolver los distintos problemas que acontecen en la vida de todos nosotros. Dar importancia a lo que merece la pena, a lo que nos hace libres y felices, alegres y capaces para seguir los objetivos marcados antes del nacimiento. Buscando dentro de nosotros las cualidades que nos hacen ser, mejores personas. Sacar las cualidades más profundas de nuestro ser, esas que habitan en el espíritu que somos y que tenemos que descubrir. Y todo ello, para que nuestras actitudes sean siempre las correctas en la medida de lo posible y seamos ejemplos de nuestros actos allí donde estemos.
 
 Con nuestra actitud, muchas ocasiones sin necesidad de hablar podemos transmitir, opciones caminos, para que otros sepan cómo actuar sin producir discordia, desequilibrio a su alrededor e interiormente. Y conseguir paso a paso, la armonía necesaria para que la sociedad marche hacia metas mejores y más elevadas.
 
 Creando a nuestro alrededor el respeto, la consideración, el ánimo, la fraternidad y alzarse como triunfo de esas almas que luchan por conseguir un mundo de orden, de compromiso con los otros y de verdadera caridad.Ya que nuestro fin último es el amor. Éste es el imponderable universal, es el que mueve todo el Universo con sus manifestaciones, es el que da origen a nuestra vidas, el que es capaz de crear a otros, de resolver asuntos delicados, de arrastrarnos hacia el deber de esforzarnos en ser cada día mejores, más bondadosos, más firmes en nuestros propósitos, en nuestro camino llamado vida.
 
  Aprender a vivir con calma, con paciencia, con firmeza, con voluntad y honradez, una vida sencilla y ejemplar, donde nosotros seamos los artífices de nuestros proyectos que deben de resultar siempre, en conseguir las metas propuestas y así, cumplir con nuestros objetivos como almas que venimos una y otra vez, hasta terminar nuestro trabajo como seres inferiores. Saldando débitos del pasado que nos liberarán de las fuerzas que nos arrastraron un día a cometer errores que nos costaron verdadero sufrimiento. Ésta es la
cuestión digamos más importante en todo el proceso de la vida en la materia, el liberarnos del sufrimiento. Y brillar un día como verdaderas almas ya libres de la opacidad y del sufrimiento.
 
  Siendo respetuosos con todo aquello que nos rodea, dando siempre un pequeño paso hacia delante, en este imparable sendero de la Evolución hacia otros planos de bienaventuranza.
 
  Queremos un mundo mejor, hagámoslo sólo depende de nosotros y para ello se hace necesario crearlo dentro de nosotros y sentirlo como real para que suceda.
 
  Vayamos dejando a un lado los rencores, el odio, los celos, las maneras violentas y agresivas en el actuar para con los otros, y agarrarse fuerte a la bondad, a la sinceridad de corazón que lleva implícita la honestidad y la ética, para poder así, abrazar peldaños más elevados de nuestros espíritus que ya nos piden en este momento de plena transformación y grandes cambios el dejar las luchas por cuestiones que nos arrastran a actitudes inferiores y al sufrimiento constante, así como a vivir separados de nuestros hermanos que caminan a junto  a nosotros, en esta incesante Ley Evolutiva del Universo.
 
  Nada nos cuesta dar y entregar amor, amistad verdadera, sostén en momentos difíciles. Pues es para todo ello que venimos a participar de esta gran magia divina llamada vida, la cual está llena de gran misericordia divina. Tenemos un camino que andar y si éste lo realizamos junto a otros compañeros de viaje, creceremos en confianza y nuestra alma sentirá la dicha al verse acompañada de otros que nos ayudan y apoyan en la construcción de una Humanidad Dichosa. Una Humanidad que prospera y marcha hacia
los designios marcados desde planos superiores que con alegría y mucho amor, esperan lo mejor de todos nosotros.
 
  Abandonando la lucha constante en lograr bienes materiales, que una vez adquiridos,  no nos satisfacen, porque cuando se manifiesta la conciencia y nos dice que tenemos que ir por otros caminos donde habitan cualidades que hacen grande al hombre y lo llenan de inmensa paz y alegría que comparado con dichos logros, nada tienen que ver, porque son esas cualidades las que nos dan la energía para penetrar en lo más hondo de nuestras almas y así, comprender el porque de nuestras existencias en este plano. Es entonces, que transformándonos en seres amorosos es como podemos cambiar todo lo que existe a nuestro alrededor. Porque el amor tiene esa cualidad de transformar y crear espacios donde la dignidad, y la verdad exista.
 
 Dejando el pasado, la educación que no nos sirvió, las formas, maneras de ser y estar en este mundo llenos de apatía, viviendo en la monotonía interior, en la desesperación porque no hemos ahondado dentro de nuestras conciencias, reflexionado el porque de nuestras existencias, de la permanencia en la tierra, y también a cerca de lo inevitable, la muerte del cuerpo físico. Somos energía en constante proceso de transformación, los físicos cuánticos han descubierto la existencia del alma como entidad que piensa, a la cual le llaman «mónada». Y entonces el cerebro sólo es un emisor-receptor de información. Dicha  mónada,  es la que vierte el contenido de los deseos al cerebro, que por su construcción energética, sirve a ésta mónada, para darle la capacidad de la comunicación y aprendizaje con la intención de evolucionar, de progresar. Y cuando la calidad de nuestras emociones que nos llegan desde esa mónada no son equilibradas, nuestro organismo sufre y enferma.
 
  Tenemos una gran ciencia llamada «Espiritualidad» que nos hace comprender muchos de los procesos que se dan en la vida y en el universo mismo.
 
  Siendo cada día más conscientes de nosotros,  podemos crear paz y equilibrio en nuestro interior para afrontar los distintos retos que se nos presentan a lo largo de nuestras vidas, sin que estos nos creen desánimo, confusión, desasosiego y sufrimiento. Es por esto, que la vida es preciso entenderla en su verdadera y extensa dimensión, donde nosotros somos una parte de ella, a la cual nos debemos por muchas causas aunque quizás la más importante sea la gran misericordia y amor del Padre hacia todos nosotros, al darnos otro cuerpo donde poder seguir aprendiendo y devolviendo bien por mal de otras existencias pasadas. La vida es un mar de magníficas oportunidades para aprender el camino del bien y del amor. Es un sin fin de caminos por donde dirigir nuestras pasos, hacia valores cada vez, más elevados y acordes con las enseñanzas de nuestro querido y amado Maestro Jesús. Aprender a vivir será entonces, aprender a ser amor. Ser ejemplos vivos de sus grandes enseñanzas, practicándolas en la medida de nuestras posibilidades y siempre que tengamos la oportunidad de hacerlo.
 
  Bien es cierto, que estamos muy condicionados por la propia materia orgánica, y ello nos hace más dificultosa la tarea de llevar a cabo las enseñanzas sublimes del Maestro, aunque conocedores de dicho condicionamiento, debemos poner todo nuestro empeño en la realización y materialización de las mismas, a fin de conseguir los logros que cada uno de nosotros tenemos asignados, en la gran escala evolutiva.
 
J.F.D.V.
 
 
 

A MI ESPÍRITU PROTECTOR

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  Gracias, querido espíritu protector por estar a mi lado en los duros momentos en los cuales mi corazón se torna opaco y triste. He de decirte de la gran falta que me haces para conseguir acabar mi tarea aquí en la Tierra. Sin tu inestimable ayuda, jamás
podría llevar a cabo aquello por lo cual vine a realizar. Tu presencia aún siendo sutil y sublime me ayuda a contrarrestar momentos difíciles que se me presentan a lo largo de mi vida.
 
  Cuantas veces me he olvidado de ti; cuantas ocasiones que en silencio me has guiado por el camino correcto, haciéndome consciente de los peligros. 
 
  Cuantas llamadas de atención, cuantas posibilidades de aprender sin dolor, y al final es el dolor el que acaba enseñándome. Y todo por no querer escucharte, sentirte. 
 
  Tu que habitas en los silencios, tu que estas siempre a mi lado, tu que corriges mis desviaciones, tu que generas verdaderas ondas de amor, tu que velas por mí siempre, en cada instante. Cuanta misericordia divina, cuanto amor por parte del Padre, por designarnos tal amigo y compañero para nuestro viaje, aquí en la materia.
 
  Que dolor tan grande sería no tenerte. Que difícil sería caminar sin tu sombra, sin tus palabras silenciosas y llenas de verdadero conocimiento y sabiduría. Y todo para hacerme la vida más fácil, más llevadera. Y yo, inconsciente de mí, que me he alejado tanto de tu presencia que olvidada la he tenido. Perdóname querido amigo, y dame la fortaleza suficiente para comprender tus mensajes desde el más allá, desde tus silencios.
 
  Y permíteme abrazarte desde lo más hondo de mi alma y fundirme con la tuya que libre está. Tu que con tus ondas generas en mí efluvios de dicha y sensibilidad hacia la vida, hacia mis congéneres. Tu que caminas a mi lado desde tiempos inmemorables y que me das lo que en esta Tierra no hallo. Disculpa mis torpezas y mi ignorancia para contigo y para con la vida. Ayúdame a comprenderte, a descubrirte allá en la sombras en la que habitas oculto para mi ojos físicos y así, aprender cada instante de tus sabias enseñanzas, para subir un peldaño más en la gran Ley de Evolución.
 
  Hoy, en este instante te aclamo, te preciso para que la tristeza no haga mella en mi alma, y con tu ayuda, la luz penetre en mi corazón, en mi mente, y así poder vislumbrar aquello que intentas decirme y enseñarme. Gracias por tu amor y tu entrega. Gracias por estar a mi lado desde hace cientos de años. Eres mi sostén, mi cayado donde apoyarme, cuando la vida se torna llena de dificultades.
 
  Gracias querido espíritu protector.
 
 
J.F.D.V.
 
© Grupo Villena 2012
 

LA SOLEDAD

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            La soledad que invita a la reflexión, no tiene que darnos miedo, todo lo contrario, es como esa suave brisa en una noche calurosa de verano, que entra por la ventana y nos parece una bendición.
         La soledad está hecha para darle espacio a la conciencia. Para que ésta, exprese su verdadero ímpetu de conocimiento y también de alimento. Así, es como nuestros espíritus se nutren de éste magnífico alimento.
         Soledad que nos abrumas, cuando no estamos dispuestos a recibirte.
         Soledad que nos transportas a lugares de nuestra alma ya olvidados.
         Aurora, también eres; día y noche, nos acompañas y así, de forma interminable.
         Qué infinito placer es recibirte con nostalgia y agrado.
         Qué bendición de melodías despiertas allí, donde vas, y que poco a poco haces que el ser de los hombres, crezcan en amor, cuando ya han comprendido y superado sus luchas internas.
         Arrímate a mi corazón, querida soledad y enséñame ese camino que antes, bellas almas aprendieron contigo.
         Invítame a tu festín, festín de reflexión, de meditación y de sinceridad.
         Eres firme e implacable, silenciosa y justa, arrolladora y fresca.
         Eres un suspiro en medio de tantas lágrimas.
         Eres como ese faro allá en el horizonte, que señala la tierra, lugar de reposo para nuestra materia y alma.
         Quisiera que me enseñaras de lo que la vida me oculta.
         Quisiera ser tu amigo para tenerte siempre cerca, y así, en esos momentos de lucha, de debilidad y desasosiego, regocijarme en ti, para que me acojas en tu seno, y abrigues mi cansada alma, que la vida ha tratado de esa manera.
         ¡Soledad mía!, aún hoy te espero, para poder vaciarme contigo y en ti. Para poder ser yo mismo, honesto, sincero, humilde y amoroso.
         Gracias estimada soledad, por mostrarme los frutos del alma.
 
J.F.V.