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ESPÍRITUS FAMILIARES

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Espíritus familiares

Espíritus familiares

Pregunta 205 Libro de los Espíritus: Según algunas personas, la doctrina de la reencarnación parece destruir los lazos de familia, pues hace que estos se remonten más allá de la existencia actual.

“Los extiende, pero no los destruye. Como el parentesco se basa en afectos anteriores, los lazos que unen a los miembros de una misma familia son menos precarios. La reencarnación aumenta los deberes de la fraternidad, puesto que en vuestro vecino o en vuestro servidor puede encontrarse un espíritu que ha estado unido a vosotros por los lazos de la sangre”.

Los espíritus familiares forman parte de una realidad muy importante, que muy pocas veces se estudia con detenimiento en el ámbito espírita.

Hablamos de espíritus inferiores, de obsesores, de espíritus guías o elevados, pero nos olvidamos de aquellos que permanecen mucho tiempo con nosotros y realizan una labor encomiable. Como hemos visto en el primer párrafo de la pregunta 205, los lazos se fortifican con la reencarnación, aumentando los “deberes de la fraternidad”. Sin embargo, como si se tratara de una estación de tren, y con el paso relativo del tiempo, llegan unos y marchan otros, modificándose los roles que juegan los espíritus familiares en función de las circunstancias personales y colectivas de cada momento.

No necesariamente han de ser espíritus más elevados, simplemente, el hecho de pertenecer al mundo de los espíritus, y la liberación de los límites que la materia les imponía, les proporciona una visión de las cosas muchísimo más amplia que cuando estaban encarnados, además de una libertad imposible con cuerpo físico. En el mundo espiritual descubren su realidad, observan, analizan, estudian, aprenden con suma facilidad. Ven con claridad porque los velos materiales para ellos ya no existen. Vislumbran el horizonte de grandeza que asoma para todos. A partir de ahí, su amor, su entrega y su predisposición se vuelca con aquellos que amaron en la Tierra. Se convierten en fieles colaboradores de los que pasan a ser sus tutelados.

Sin duda, el conocimiento de esta realidad debe de servir de enorme estímulo para todos. Saber que nunca estamos solos, siempre amparados por seres muy queridos, algunos fácilmente identificables por sus recientes vínculos familiares; otros pertenecientes a un pasado no menos rico, a otras existencias, pero que también forman parte de nuestra familia espiritual. Todos ellos forman un conjunto armónico que nos debe de llenar de alegría y plenitud. De tal forma que nunca nos debemos sentir desamparados, desasistidos. Estamos rodeados de seres que nos infunden mucho amor, lo que ocurre es que, debido a nuestra ignorancia y materialismo, esas energías vivificantes que constantemente nos transmiten quedan ahogadas por otras corrientes de baja vibración, que con frecuencia nos dominan y arrastran. No obstante, la realidad es bien distinta y debemos trabajar y esforzarnos para estar en permanente sintonía con aquellos que nos desean todo el bien del mundo.

Nota a la pregunta 569 Libro de los Espíritus: «Las misiones de los espíritus siempre tienen por objeto el bien. Ya sea como espíritus, o como hombres, están encargados de contribuir al progreso de la humanidad, de los pueblos o de los individuos, dentro de un orden de ideas más o menos amplio y especial. También preparan el curso de algunos acontecimientos y velan por el cumplimiento de determinadas cosas. Algunos tienen misiones más restringidas y en cierto modo personales o por completo locales, tales como asistir a enfermos, a los moribundos y afligidos, velar por aquellos de los cuales se convierten en guías y protectores, y orientarlos con sus consejos o mediante los pensamientos buenos que les sugieren. Podemos decir que hay tantas clases de misiones como tipos de intereses que cuidar, ya sea en el mundo físico o en el moral. El espíritu adelanta conforme a la manera como cumple su tarea».

Pregunta 571 L. E.: ¿Solo los espíritus elevados cumplen misiones?

“La importancia de las misiones depende de las capacidades y de la elevación del espíritu…”.

Los espíritus familiares se sienten dichosos de ser útiles. En función de sus capacidades, de su elevación, como nos indica la codificación espírita, así realizan sus tareas. Todas son importantes, todas son necesarias; de lo cual, hemos de sentir enorme gratitud por su encomiable esfuerzo. Trabajo en beneficio propio que algún día habremos de corresponder, cuando las circunstancias lo permitan.

De ese modo, todo se entrelaza, todo invita al trabajo y al progreso. Sobre todo, por la felicidad que se siente al contribuir al crecimiento y superación de obstáculos de aquellos con quienes se han tenido y se tienen unos vínculos muy sólidos, fortalecidos con el paso del tiempo, gracias a la convivencia desde los dos planos de la vida y desde la comunión de pensamientos.

Por otro lado, y en relación a la mediumnidad, en el Libro de los Médiums, capítulo XXV De las evocaciones, ítem 269, encontramos también lo siguiente: “…siempre hay espíritus en torno a nosotros, las más de las veces inferiores, que no piden otra cosa que comunicarse…”.

Lo cual significa que, debido al atraso de nuestro planeta, con mucha frecuencia estamos rodeados de espíritus inferiores que buscan distraer, perturbar, vincularse en la medida de lo posible a nosotros para conseguir sus objetivos poco nobles. Es ahí donde la participación de los espíritus familiares juega un papel importante, trabajando por conseguir que esa influencia sea mínima, obviamente con la imprescindible colaboración nuestra, sin la cual resultaría imposible lograrlo, puesto que no pueden cohibir el libre albedrío de nadie. La ley de afinidad es fundamental en este tipo de situaciones,

Al mismo tiempo, en el ítem 282, pregunta 5, nos encontramos con la siguiente respuesta en relación a la evocación de algunos espíritus: “A menudo son prevenidos de ello por los espíritus familiares que os rodean, los cuales van a buscarlos…”.

Es decir, no podemos olvidar su trabajo como intermediarios. No solo tratan de evitarnos la influencia perniciosa negativa de determinados espíritus, sino que, por otro lado, ayudan a buscar a los espíritus, que se encuentran en una posición superior o especial, que nos pueden ser de gran ayuda para nuestro crecimiento espiritual.

Por todo lo expuesto hasta ahora, hemos de reflexionar sobre los caminos que todos los espíritus tenemos trazados para el crecimiento personal y colectivo. La reencarnación nos coloca en una posición temporal para el cumplimiento de una tarea importante para el progreso. Ellos, los espíritus familiares, también cumplen su tarea y progresan de igual forma, en función de su esfuerzo y dedicación. Todo se entrelaza, todo se eslabona en la evolución.

Por último, en el capítulo XIV del Evangelio según el Espiritismo, ítem 8, nos encontramos con lo siguiente: “Los verdaderos lazos de familia no son, pues, los de consanguinidad, sino los de la simpatía y la comunión de pensamientos, que relacionan a los espíritus antes, durante y después de su encarnación…”.

“Las familias unidas por los vínculos espirituales son duraderas y se afianzan por medio de la purificación, además de que se perpetúan en el mundo de los espíritus a través de las diversas migraciones del alma…”.

Bien es cierto que no todos los espíritus familiares están en condiciones de ayudar; debido a sus equivocaciones, algunos pueden estar en una posición algo precaria, necesitados de purga y reparación. En estos casos, solo la oración sentida y sincera les puede ayudar a salir de esa lamentable posición. Es un deber que la caridad nos impone siempre. El hecho de que los lazos espirituales de sus seres queridos les sostengan y amparen, les puede servir de estímulo para esforzarse mucho más para salir lo antes posible de esa maraña de errores que les vincula a los planos inferiores, circunstancia que les impide disfrutar todavía de la dicha que su familia espiritual ya posee, lograda con su esfuerzo y tesón.

En resumen, y fuera de esos casos tristes y lamentables, los otros espíritus familiares, aquellos que se encuentran en buenas condiciones, vienen con la tarea de proporcionarnos aliento en los momentos de dificultad, nos sostienen en las pruebas. Muchas veces aprovechan el momento del sueño para reunirse con nosotros y proporcionarnos inestimables consejos; también nos traen mensajes de espíritus venerables. Nos consuelan e inspiran cuando recibimos los golpes inevitables de la vida. En una palabra, esos vínculos se afianzan y se fortifican a través de las diferentes existencias y migraciones de las almas

Y qué pensar cuando este mundo sea ya de regeneración, todos reunidos alrededor de la llama de la concordia y el amor; a partir de ese momento crucial, las posibilidades de progreso se multiplicarán y crecerán de forma ahora inimaginable. Pensemos en ello.

 

Espíritus familiares por: José M. Meseguer

© 2022, Amor, Paz y Caridad.

ANTE LAS DIFICULTADES, AVANZAR SIEMPRE

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Ante las dificultades, avanzar siempre

Ante las dificultades, avanzar siempre

Nuestro paso por la Tierra no es una experiencia llena de parabienes, perfumes y rosas. No vivimos en un vergel de felicidad y virtudes, como si se tratase de un cuento de hadas. Nada de eso, la realidad es bien distinta.

Somos espíritus aún muy necesitados de aprendizaje, rescates y esfuerzos continuados para desembarazarnos de la cáscara de inferioridad que arrastramos desde tiempo inmemorial. Dios nos crea sencillos e ignorantes, y traza un camino; pero el libre albedrío permite escoger… y a veces se escoge mal, complicándonos extraordinariamente el viaje hacia la plenitud.

Es verdad que la vida no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de lágrimas. Nadie vive algo que no merezca o necesite. Para llevar adelante todas las potencialidades existentes en el ser, para que esa chispa divina latente adquiera fulgor, necesita el trabajo y el esfuerzo. No existe otro camino.

La mentora Joanna, madre amorosa inspirada por el Maestro Jesús, da valiosos consejos para superar las numerosas dificultades que se presentan en el camino diario. Ideas prácticas que pueden ayudar a alcanzar el éxito en la compleja tarea de evolución personal e intransferible.

(*) Si surge una dificultad, impidiéndote la caminata, no pierdas el tiempo. Detén el paso y bordea el obstáculo.

Hay obstáculos con los que no merece la pena perder el tiempo, están fuera de nuestras posibilidades. A veces se trata de situaciones que no dependen de uno, e incluso no nos pertenecen.

Detén el paso” nos dice la Mentora, para efectuar un rápido análisis de la situación e inmediatamente proseguir, y hacerlo con fe y confianza. Hay que bordearlos y seguir adelante.

Durante la existencia física, no siempre vamos a comprender todo en el primer momento. Tampoco controlar cuanto nos sucede. Madurar implica asimilar, poco a poco, el mensaje, la enseñanza que traen los acontecimientos de la vida y las pruebas que corresponda superar. No se pueden acelerar los procesos naturales, pero tampoco merece la pena estancarse ante la menor dificultad.

Si algún problema inesperado amenaza tu equilibrio, no te aflijas. Silencia la rebeldía y busca solucionarlo conforme a tus posibilidades.

En especial aquellas personas que acostumbradas a controlar todos los aspectos de su vida, personas muy organizadas que les gusta aprovechar el tiempo y vivirlo intensamente, personas que sufren muchas veces por inconvenientes súbitos que rompen la rutina establecida por ellos mismos. Estas situaciones suelen provocar una enorme contrariedad, nerviosismo y desasosiego.

No te aflijas” dice Joanna. El conato de rebeldía hay que apagarlo con pensamientos constructivos, en aras de solucionar cualquier imprevisto que, no obstante, requiere ser resuelto, o simplemente ejercitando la paciencia cuando es solo cuestión de tiempo. Cuando uno trabaja su interior en situaciones de esta índole nunca pierde el tiempo, aunque lo parezca, puesto que está ejercitando unos valores que le serán muy útiles en el futuro.

Si alguien a quien amas ha cambiado de conducta con relación a ti, o te abandonó, mantente sereno.

Duelen mucho los desafectos, las ingratitudes, los cambios bruscos de comportamiento en las personas que amamos, en quienes teníamos depositada una confianza plena. No obstante, el gran reto ante esas situaciones amargas radica en mantener la serenidad interior. El ser humano no puede detenerse mucho tiempo a la hora de analizar el impacto emocional o sentimental que un distanciamiento así o una ruptura puede provocar. También hay que bordearlo y continuar. Cada quien es libre en sus actos, por tanto no nos corresponde forzar ninguna situación contraria a la voluntad de las personas.

También ocurre que inconvenientes de esa naturaleza pueden llegar a ser una bendición, pues ayudan a abrir los ojos ante una realidad que antes quizás negábamos o que podíamos tener idealizada, o que simplemente no veíamos.

Suelen ser unos cambios amargos, dolorosos; cambios que generan contrariedades, pero que son para bien, situando la Divina Providencia las cosas en su lugar, para que no exista un entorpecimiento mutuo, y de ese modo proseguir cada uno por el camino con libertad.

El rebelde y el desertor, con sus actitudes intempestivas, ya han perdido la razón. Permanece pues en paz.

Tanto el rebelde como el desertor tienen un problema que les atañe solo a ellos. Y aunque poseemos libertad para enmarañarnos en sus problemas, en sus actitudes poco edificantes, podemos tomar otro camino más coherente, constructivo y edificante.

No merece la pena alterarse porque otras personas de nuestro círculo social o familiar adopten ese tipo de actitudes, contrarias a la fraternidad o la solidaridad. También aquí hay que mantener la paz y guardar el equilibrio para poder seguir con calma, aunque se pudiera estar rodeado de aguas turbulentas.

Lo que ahora pierdas, lo obtendrás más adelante.

Solo los que poseen una fe sólida, los que persisten en el bien, los que saben en qué dirección caminan, están en condiciones de obtener los objetivos anhelados. No importa cuánto se pueda perder ahora, las ingratitudes, las deserciones, los sinsabores. Todo ello pertenece a las pruebas escogidas −conscientemente− antes de encarnar, para conseguir unos objetivos concretos. Por lo tanto, pese a todo, y aunque el entorno parezca caótico, se debe mantener la serenidad en el camino y la confianza en el porvenir, mantener siempre el paso firme y seguro.

Todo lo que te pase, sabiendo comportarte, será siempre para tu bien futuro.

Las dificultades hay que convertirlas en posibilidades de crecimiento, aprendiendo a comportarse dentro de unos valores ético-morales. La vida conspira permanentemente hacia la plenitud, orienta y conduce hacia la felicidad consciente y plena.

Puesto que poseemos el germen, la chispa divina, con todas sus potencialidades, y la ruta que amorosamente nos traza el Creador, “nada hay que temer”; “estamos en muy buenas manos”. Solo queda ser dóciles, dejarse conducir por las manos sabias de quien creó todo y que nos espera al final del camino, ya perfeccionados y purificados con la pureza primitiva con que salimos de su regazo.

 

 José Manuel Meseguer

© 2022, Amor, Paz y Caridad.

(*) El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, ítem 78, de Joanna de Ângelis – Divaldo Pereira Franco.

MOISÉS, LEGISLADOR Y MÉDIUM

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Moisés, legislador y médium
Monumento en recuerdo de Moisés en el Monte de Nebo en Jordania. Situado a unos 41 km de Amman, domina una bonita vista al Mar Muerto y la tierra santa en Jerusalén.

Moisés, legislador y médium

Nos encontramos ante una raza peculiar, fuerte y homogénea, poco accesible a la comunión con otras razas diferentes, incluso con otra forma de pensar o vivir; su orgullo le impedía la mezcolanza. Muy seguro de sí mismo, y aunque formaban distintas tribus, permanecieron durante mucho tiempo sin patria ni hogar… Estamos hablando del pueblo judío de hace aproximadamente 3.500 años.

Tuvo que ser un enviado por Dios, el Gran Legislador y precursor divino, quien tratara de poner orden y equilibrio a un pueblo casi indomable.

Hablar actualmente de Moisés es hablar de casi un mito; se pierde en la noche de los tiempos. Sin embargo, su legado es imborrable y perdura aún hoy día para millones de personas que le rinden culto. Sin su contribución no habría sido posible el avance espiritual de un sector muy importante de la humanidad. Él sentó las bases donde apoyar los principios espirituales olvidados por una inmensa mayoría, gracias a su extraordinaria mediumnidad. Su mensaje, al ser de procedencia divina, permanece indeleble y limpio a pesar de los siglos transcurridos. Es venerado no solo en el judaísmo sino también en el cristianismo, lo encontramos en el Pentateuco que forma parte del Antiguo Testamento, en la Biblia cristiana; y también en el Islam, donde Moisés es uno de los profetas que más veces se nombra en el Corán.

En la obra El Evangelio según el Espiritismo, en el capítulo 1, encontramos interesantes comentarios de Allan Kardec en relación a este profeta: “La ley mosaica  se compone de dos partes distintas: la ley de Dios, promulgada en el monte Sinaí; y la ley civil o disciplinaria, establecida por Moisés. Una es invariable; la otra, apropiada a las costumbres y al carácter del pueblo, se modifica con el tiempo… Moisés se vio obligado a contener, a través del miedo, a un pueblo naturalmente turbulento e indisciplinado, en el cual tenía que combatir abusos arraigados y prejuicios adquiridos en la servidumbre de Egipto. Para revestir de autoridad sus leyes debió atribuirles un origen divino, como lo hicieron todos los legisladores de los pueblos primitivos”.

Como podemos observar, no existía otro camino para tratar de encauzar a un pueblo idólatra, rebelde e ignorante.

No podemos olvidar tampoco un momento clave en la historia del pueblo judío, el famoso éxodo, necesario para dar fin a una penosa etapa de esclavitud en manos de los egipcios. Aquí también, la mano poderosa de los Planos Superiores intervino, por medio del famoso profeta y legislador, para llevar a cabo tal empresa, lo cual nos trae a la memoria otro hecho histórico, muchos siglos después a cargo de otra heroína, Juana de Arco, quien también bajo la inspiración divina condujo a su pueblo hacia la victoria durante la fase final de la Guerra de los Cien Años, acabando con el dominio inglés de los territorios franceses, evitando que se prolongara aún más lo que fue una injusticia de lo más vil para el pueblo francés, de consecuencias fatalmente imprevisibles, y que de algún modo, muy probablemente todavía arrastraríamos en la actualidad.

Pero volvamos a la figura de Moisés. Fue durante esa etapa de búsqueda de la tierra prometida cuando se produjo un hecho que muy probablemente marcó los derroteros del necesario éxodo, y fue cuando el pueblo, ebrio y viciado por las pasiones, modelaron el becerro de oro y prepararon una fiesta dedicada a Moloch, aprovechando la ausencia del profeta que marchó al Monte Sinaí para sintonizar con los planos elevados y recibir las Tablas de la Ley. Fue en ese punto donde el propio Moisés comprendió que debía armarse de paciencia y dejar pasar el tiempo para que las nuevas generaciones, a través de una buena educación a los jóvenes, modificara esas costumbres tan rudimentarias y sentara unas buenas bases para el futuro (*).

Esta es la conclusión a que algunos estudiosos han llegado a la hora de analizar el hecho de que la travesía durara tanto, hasta 40 años, mucho más de lo razonablemente lógico. Lo cual impidió que el propio Moisés pudiera alcanzar a ver con sus propios ojos la ansiada tierra prometida.

Efectivamente, tuvo que lidiar con enormes escollos; debió armarse de infinita paciencia, puesto que el ser humano, por lo general, es muy refractario a los cambios que demandan esfuerzo y trabajo, por su tendencia acomodaticia, a su transformación moral. El cambio de usos y costumbres lo realiza con enorme dificultad y lentitud.

Por otro lado, como tantos otros precursores del Maestro Divino, el profeta Moisés, fiel a su compromiso, tuvo que renunciar a sí mismo para poder servir a los demás; utilizó todos sus recursos de autoridad moral y energía para enfrentar los enormes retos que el pueblo y la época le demandaban. No existía otra forma posible de avanzar.

Por todo ello, a Moisés debemos de reconocerle su extraordinario mérito, y su ejemplo traerlo de vuelta. Es más actual de lo que creemos, porque hoy día estamos viviendo una situación de falta de valores ético-morales, nada comparable a los de aquella época, por supuesto, pero con algunas similitudes que demandan reflexión, perseverancia y mucho coraje (como el que Él tuvo) para lidiar con esas corrientes materialistas que nos envuelven y tratan de empujarnos  hacia el abismo.

Otra de las malas costumbres era en aquel entonces el uso frívolo de la mediumnidad, lo que obligó a Moisés a su prohibición, una costumbre esta, de la evocación de los muertos, que generaba mucha perturbación espiritual. Tuvieron que transcurrir muchísimos siglos, hasta el siglo XIX de nuestra era, para que los fenómenos mediúmnicos se manifestaran nuevamente de forma generalizada, y gracias al trabajo del insigne codificador Allan Kardec, se pudieran sentar las bases para un intercambio mediúmnico responsable, prudente y constructivo.

Por lo tanto, el gran reto de Moisés fue la de crear unos cimientos sólidos, a través de la Tablas de la Ley, en donde se pudiera apoyar el pueblo judío, y en consecuencia toda la humanidad, unas bases de convivencia justas y pacíficas. Siglos después, el Maestro Jesús las complementó con los preceptos de Amor indispensables para que tomáramos el debido impulso en nuestra evolución; y con el paso del tiempo, con la ayuda definitiva de la Tercera Revelación –el espiritismo-, poder volar hacia la eternidad, a través de la caridad y el conocimiento de la realidad espiritual.

Cómo no recordar aquel pasaje del Evangelio donde se nos habla de la Transfiguración del Maestro Jesús en el Monte Tabor (San Mateo 17); cuando conversa con Moisés y Elías, dos de sus más destacados precursores, seguramente para cederle el testigo para la consecución del Gran Plan Divino…

Sin duda, más allá de los tópicos y las leyendas que puedan envolver a la figura de Moisés, pensemos que los espiritistas tenemos muchas cosas en común con el pueblo judío. Sabemos, en base a la reencarnación, que hemos vivido otras existencias en diferentes lugares, hemos tenido vínculos con diferentes razas y culturas, entre ellas la judía. Por lo tanto, no debemos sentirnos extraños a ella, puesto que le debemos muchas cosas que nos han permitido llegar a ser lo que somos en la actualidad.

Definitivamente somos sus herederos legítimos. Debemos honrar su memoria y su legado. Evidentemente, no podemos juzgar con los ojos de ahora la mentalidad y las circunstancia de una época tan remota, pero su esencia perdura, permanece en nuestros corazones, conscientes de que toda contribución divina nos debe llenar de sentimientos de gratitud hacia esos heroicos trabajadores que en todas las épocas se han sacrificado para lograr sacarnos de las tinieblas, del oscurantismo en el que estábamos inmersos. Recojamos pues el testigo, y llevemos con alegría, tolerancia y responsabilidad la buena nueva a todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que nos necesitan, que nos están esperando.

Moisés, legislador y médium por:José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

 (*) Consultar la obra de Divaldo Pereira Franco Esclarecimientos Espíritas, página 86.

JESÚS VINO

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Jesús vino
Fotograma de la película: Jesús de Nazareth de Franco Zefirelli.

Jesús vino

(*) «Sino que se despojó de sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres«. – San Pablo (Filipenses 2: 7)

Este es probablemente uno de los mensajes más importantes que Pablo de Tarso escribió en su carta a los cristianos de la ciudad griega de Filipos. Reflexionando el apóstol sobre la vida del Guía de la Humanidad, llegó a comprender el enorme esfuerzo que tuvo que realizar el Maestro Jesús para empequeñecerse lo suficiente como para estar al alcance de todos nosotros, espíritus todavía muy atrasados, ignorantes de las verdades celestiales, y con un largo y difícil camino todavía por recorrer, que continúa en la actualidad.

Además, repasando su trayectoria y en el contexto de la época, podemos comprobar fácilmente que no estuvo rodeado por espíritus perfeccionados, comprensivos, iluminados; al menos en un primer momento. Nada de eso…

Ya que era imposible que el ser humano pudiera elevarse hasta Él, fue Él quien se tuvo que despojar de sí mismo, rebajarse lo suficiente para hacerse entender. Se puso al servicio de todos, se hizo uno más entre los hombres y mujeres, se mezcló con el pueblo.

Apagó temporalmente su luz para no cegar. No buscó impresionar o deslumbrar, su objetivo fue muy sencillo y simple, traer un mensaje renovador, fruto de su Amor incondicional hacia todos. Un acto de verdadera compasión y misericordia sin límites.

Hasta incluso hoy día, ese acto heroico, ese ejemplo del Mentor de la Humanidad, trasciende tanto que nos desborda. Es una lección demasiado profunda porque habla de cualidades, de virtudes que estamos todavía muy lejos de comprender en su verdadera dimensión, y sin ninguna duda, de alcanzar.

Por otra parte, hemos de ser conscientes de que nuestro conocimiento y sensibilidad es casi infinitamente inferior al Maestro Jesús; y si Él tuvo el coraje de afrontar dificultades mucho mayores, nosotros, siendo sus discípulos, debemos seguir su ejemplo, no tenemos ninguna excusa. De ese modo, hemos de tender siempre la mano a nuestros semejantes, ponernos en su lugar, sea cual sea su pensamiento, su manera de sentir o de percibir la realidad, su realidad.

Efectivamente, nadie que ha pasado por este mundo es tan perfecto como Él. No obstante, lo vemos relacionándose con todos los niveles sociales, hasta los más denostados, como leprosos, prostitutas, y en última instancia, con ladrones condenados, compañeros del castigo extremo en la hora final.

Su bello ejemplo nos debe inspirar para actuar siempre sin discriminar a nadie; de tal forma que, si nuestro prójimo no alcanza a ver lo que nosotros vemos, fruto de la experiencia y del conocimiento, vayamos a su encuentro a través de la fraternidad, de la palabra amiga, partiendo de su manera de ver la vida hacia un conciliador encuentro de ideas que pueda sugerirle otra forma de ver las cosas, de ver los problemas, las pruebas de la vida. Siempre sin perturbarlo, sin herirle su sensibilidad, sin abordarlo como quien se lanza a por la conquista de tierra virgen. Respetando su espacio vital.

Es por ello que el ejemplo del Divino Maestro no lo podemos olvidar jamás.

Para llegar hasta nosotros se despojó de sí mismo, renunció a su felicidad merecida para empezar a construir la nuestra. Entró en el mundo en un ambiente familiar y social de sencillez y pobreza; culminó su trabajo como un siervo incomprendido, condenado y crucificado por aquellos que no estaban en condiciones de entender Su Mensaje, pero que detentaban el poder material absoluto.

Efectivamente, no existen grandes edificaciones, grandes obras, sin que  el trabajador fiel no tenga que renunciar a una parte de sí mismo. A mayor sacrificio, mayor mérito.

Resulta fascinante observar, incluso en el ámbito de las conquistas científicas, tecnológicas, educativas, etc., la determinación de una cantidad enorme de personas, en todas las edades de la humanidad, que se identificaron con la tarea encomendada. Su pensamiento, su corazón, su pasión, sus energías se concentraron alrededor del objetivo que se habían propuesto.

Ahí tenemos el ejemplo del matrimonio Curie, descubridores del radio y el polonio; toda una vida dedicada a la investigación, superando numerosas dificultades, sacrificando incluso su propia salud.

El propio Albert Einstein se esforzó con enorme dedicación por trasladarnos su visión del cosmos con la teoría de la relatividad o también con el efecto fotoeléctrico.

O el caso de la estadounidense Helen Keller, nacida en 1880, que se quedó sorda y ciega cuando todavía no había cumplido los dos años. Ante su frustración y rebeldía, y cuando ya había cumplido siete años, sus padres determinaron buscarle una instructora, que recayó en la joven especialista Anne Sullivan, quien también se sacrificó, disminuyéndose, para lograr una conexión con la niña rebelde, y de ese modo realizar un hermoso trabajo de superación que culminó con una excelente preparación para Helen que le permitió superar sus dificultades iniciales e, incluso, proseguir sus estudios para convertirse en la primera persona sordo-ciega en obtener un título universitario en Estados Unidos.

El propio Hippolyte Léon Denizard Rivail renunció a su prestigio como académico de las ciencias, ya que escribió varias obras pedagógicas, y también sobre filología francesa, para centrarse en la gran tarea espiritual que tenía encomendada. Bajo el seudónimo de Allan Kardec se puso desinteresadamente al servicio de los espíritus; jamás se atribuyó mérito alguno, sirviendo como un eficiente recopilador de las informaciones que le venían del otro plano de la existencia, para beneficio de la Humanidad.

También los médiums que cooperaron en la codificación del espiritismo sensatamente se anularon, a fin de que la humanidad se concentrara en la doctrina y no en sus mensajeros circunstanciales, y para que el mensaje renovador de los espíritus fijara sus bases por todas partes.

Como vemos, ejemplos nunca faltan; no obstante, hay que pagar un precio que exige abnegación, un sacrificio más o menos grande, para poder aportar a la sociedad aquello que nos corresponde hacer, y que invariablemente nos tiene que llenar de gozo y de alegría inmensa.

Cada uno de nosotros tenemos una tarea encomendada, no existen unas más importantes que otras, todas lo son. No debemos envanecernos ni tampoco sentirnos pequeños por el volumen de trabajo o porque los resultados obtenidos no sean los deseados.

Sobre todo, en los momentos de dificultad, cuando nos podamos sentir incomprendidos, atacados, abandonados, cuando parezca que todo nos da la espalda, recordemos que Él, el Divino Maestro, vino, se empequeñeció y nos dio una lección de humildad y servicio imborrable a toda la Humanidad.

 

Jesús vino por: José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

 

(*) De la obra: Camino, verdad y vida, capítulo 8, por el espíritu de Emmanuel, psicografía de Francisco Cándido Xavier.

FIRMEZA ANTE LOS ADVERSARIOS

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Firmeza ante los adversarios

Firmeza ante los adversarios

En el transcurso de la convivencia humana pueden surgir conflictos y discordias que no siempre son provocados conscientemente o, al menos, con la intención de hacer daño a alguien. Otra cosa es la lectura que se pueda hacer de dichas situaciones, con la consiguiente respuesta positiva o negativa. Cada quien es un mundo, y no siempre las reacciones son equilibradas y justas en aras del bien común.

El vivir en sociedad nos confiere unos derechos y unas obligaciones que no todos contemplamos de la misma manera. No obstante, la concordia, el respeto y la tolerancia son algunos de los valores irrenunciables que debemos potenciar y que contribuyen decisivamente para la buena armonía entre las personas. Por desgracia, no siempre ocurre así. Vivimos todavía en un mundo sin un rumbo claro; muy agitado por las desavenencias, por la mala voluntad de algunos, y en general por unas deficiencias morales que, cuando no se controlan, terminan por generar litigios, disputas y enfrentamientos.

En esa línea, y ante la falta de vigilancia, una simple diferencia de criterio o de actuación puede desembocar en una lamentable confrontación, que lo único que va a alimentar son los malos entendidos, las antipatías y un comportamiento poco amistoso y tolerante hacia los demás.

Sin duda, cada quien es muy libre de pensar y de actuar como prefiera; no obstante, es necesario el respeto por unas normas de convivencia. Ser parte de la solución y no del problema cuando este surja, para que no se enquiste y llegue a provocar consecuencias desagradables para todos.

En última instancia, adoptar una buena o mala actitud será siempre una decisión personal.

La mentora Joanna de Ângelis nos habla de cómo debemos comportarnos cuando la situación deriva por caminos irresponsables y de claro desequilibrio.

(*) Quien guarda rencor, colecciona basura moral y, consecuentemente, termina enfermando.

El poso que se genera cuando se almacena en el interior resentimiento o rencor va mermando silenciosamente las energías, y por lo tanto, la salud orgánica.

La salud mental, biológica y espiritual van de la mano; no puede prescindir una parte de las otras.

Si no se soluciona esa deficiencia moral, con el tiempo va generando una perturbación cada vez mayor, y por ley de afinidad atrae a entidades espirituales que se imantan a ese tipo de pensamientos y sentimientos, potenciándolos. Un desequilibrio que, si no se actúa con determinación y la suficiente energía, termina por consumir al resentido, envolviéndole en una espiral muy nociva para su salud integral.

El mal que te hagan no debe merecer tu sacrificio.

El mal le pertenece a quien lo hace; el que lo recibe tiene la potestad de admitirlo o de rechazarlo. Supone un sacrificio baldío dejarse arrastrar por él, ya que consume energías que podrían orientarse hacia el bien común.

Si el mal parte de uno, porque todos somos falibles, hemos de reparar ese mal de la mejor forma posible, como mínimo pidiendo disculpas; este sería un acto de humildad y de empatía.

En cualquier caso, hemos de facilitar siempre una solución al mal, para a continuación proseguir por el camino del bien libre de cargas, sin secuelas o herencias que pudieran alterar la normal convivencia con el prójimo.

Si alguien desea verte infeliz, obra de forma contraria, viviendo con alegría.

Hay ocasiones en que, sin pretenderlo, el mal se instala en el ser desequilibrado, y pasa a convertirse en su aspiración prioritaria observar la infelicidad del “presunto” causante de su desgracia. La reflexión vendría a ser más o menos de la siguiente manera: “Ha obrado mal y tiene que pagar las consecuencias; con lo que me ha hecho no es posible que le salgan bien las cosas. Yo voy a ser testigo de ello”.

No obstante, tal y como nos indica la Mentora Joanna, tenemos el derecho de vivir con alegría. La alegría que nace de la gratitud por tener una nueva oportunidad de progreso cada día, de posibilidades, de experiencias enriquecedoras. Son innumerables las razones que nos deben llevar a sonreír a la vida, disfrutando de sus dones y regalos: La salud, un amanecer, de la naturaleza, de las buenas compañías, de la familia… y un largo etcétera de motivos que nos tienen que ocupar y estimular hacia las realizaciones edificantes, sin mirar atrás.  El camino está delineado, pero es de libre elección recorrerlo bien o mal, aprovechando o desperdiciando las maravillosas oportunidades que la vida nos concede.

Si otro planea perturbarte, insiste en la posición de armonía.

Las dificultades que otros puedan buscar con intención de perturbar han de ser gestionados con entereza moral para neutralizar sus efectos nocivos.

Al mismo tiempo, insistir en la posición de armonía, como nos dice la Mentora, significa por ejemplo renovar los pensamientos a través de las enseñanzas del Evangelio, y también con el recurso inestimable de la oración; solicitando a lo Alto ayuda espiritual, sobre todo para el perturbador, para que sea capaz de comprender su error y termine por desistir de su obstinado empeño; que a fin de cuentas, tan solo le está perjudicando a él.

Si aquel que se tornó tu adversario trabaja por tu desdicha, continúa en paz.

Ese adversario que solo busca lastimar y causar perjuicio, si no modifica su postura, tarde o temprano acabará mal; recogerá lo que ha sembrado, aunque de momento pueda causar inconvenientes y dificultades a la otra parte.

Sin embargo, es necesario trabajar siempre por mantener la paz, en cualquier circunstancia. Tenemos el ejemplo del inigualable Maestro Jesús; a lo largo de su vida fue provocado de diferentes modos, buscándole alguna debilidad, motivos para poder acusarle o debilitarle. Nunca lo lograron, Él permaneció siempre imperturbable, prosiguió su camino en paz y en concordia con todos.

Para quien procura hacer infelices a los otros, el mayor dolor es verlos imperturbables.

El no reaccionar, el mantenerse firme en los ideales, afrontar con serenidad los deberes cotidianos, sin mirar atrás, tal actitud ante las vicisitudes de la vida, sin pretenderlo, neutraliza a quien se había propuesto castigar al que considera su oponente. Sin embargo, es la mejor manera de ayudarlo, de desconcertarlo, para que finalmente se canse, reflexione y comprenda que por ese camino no llega a ninguna parte.

Sé inteligente y no te desgastes inútilmente.

Solo existe desgaste cuando uno se deja llevar por la corriente del desequilibrio y la confrontación, sintonizando con la onda mental del litigante, en una guerra estéril, que lo único que facilita es que los problemas se agranden en lugar de disminuirse. Para ello es necesaria una cierta disciplina mental para permanecer alerta, vigilante, y de ese modo rechazar cualquier provocación o discordia.

Por último, la Mentora Joanna de Ângelis nos insta a ser inteligentes; una inteligencia que no es aquella que acumula conocimientos o títulos académicos, sino la que nace de la experiencia, actuando siempre con rectitud y con la suficiente madurez como para no entorpecer o perjudicar a nadie, más allá del daño que hayamos podido recibir.

José M. Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

 

(*) El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem 51, de Joanna de Ângelis; psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

ACTUEMOS SIN PRECIPITACIÓN

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Actuemos sin precipitación

Actuemos sin precipitación

Entre los múltiples dones que Dios nos ha concedido existe uno muy importante, y es el que podamos descubrir su grandeza a través de la propia experiencia, por los caminos de progreso incesante que Él mismo nos va trazando en las sucesivas existencias.

Somos sus hijos y quiere, por amor infinito, que nos acerquemos a Él.

Podría quizás habernos evitado ese camino tan largo, habernos creado directamente perfectos… Parece obvio que una perfección regalada no sería una autentica perfección, aunque esta sea una reflexión desde un prisma muy humano y material.

Todo tiene su momento… la semilla no eclosiona de repente y se convierte en árbol frondoso. Partiendo de la humilde simiente, va desarrollando poco a poco sus raíces, cada vez más profundas, para seguidamente erguir, aumentar su tronco y finalmente desarrollar sus ramas y sus hojas, hasta alcanzar su belleza y esplendor final. Para todo ese proceso necesita tiempo, maduración, consolidación. Cuando surgen las dificultades o la escasez, la humilde planta sabe esperar el momento más propicio, la oportunidad que le ofrecen, por ejemplo, las lluvias, un cambio de estación más favorable, etc., para desarrollarse y fortalecerse.

Paralelamente, en su largo recorrido, al espíritu en evolución le ocurre algo similar.

La Mentora Joanna nos aporta su sabiduría profunda, regalándonos las siguientes reflexiones a este respecto, que vamos a comentar brevemente:

(*)Tu experiencia es un valor que logras a través del tiempo, viviendo las lecciones de la vida, en tu proceso de evolución.

Las experiencias que vamos viviendo en el transcurso de la vida tienen un porqué y un para qué. Esto es algo que en algún momento de la evolución comenzamos a tener conciencia de ello.

Nuestro proceso de crecimiento espiritual es también muy similar a, por ejemplo, las distintas etapas que experimentamos a lo largo de la vida física; es decir, la infancia, juventud y madurez. Desde el momento en que nacemos nos llevan de la mano ante la indefensión y fragilidad que suponen los primeros años de nuestra vida. En la medida en que vamos creciendo, de forma gradual se van adquiriendo nuevas responsabilidades, comprendemos mejor nuestro entorno y empezamos a tomar decisiones, a caminar solos…

En líneas generales, si analizamos al espíritu encarnado y su recorrido evolutivo, observamos que también se le van sucediendo los ciclos. Partiendo de su etapa más primitiva, con el predominio casi absoluto de los instintos; comienza a desarrollar su inteligencia. Vendría a ser lo que denominamos como el ser fisiológico, es decir, aquel que tan solo se preocupa por comer, cazar-recolectar, dormir y reproducirse.

Con el paso del tiempo, tras numerosísimas existencias, el espíritu va desarrollando la conciencia, se va sensibilizando, forjando a través de las distintas pruebas, adquiriendo una cierta experiencia que le permite, poco a poco, distinguir lo real de lo ilusorio; comprende que la vida tiene un sentido superior, trascendente. Hasta que llegado un momento determinado de su trayectoria, mucho más espiritualizado y maduro, comienza a tomar las riendas de su destino, se identifica con el papel que ha de jugar en el concierto universal.

Camino recorrido, camino conocido.

El estudio, el afán por aprender, la curiosidad constructiva y saludable, la voluntad y el esfuerzo por ser mejor, por hacer el bien… son elementos que le aportan conocimiento, experiencia.

Por otro lado, siempre hay una primera vez para todo, puesto que somos creados iguales, con las mismas oportunidades de crecimiento que el resto de espíritus; no pueden existir diferencias de base. Por lo tanto, somos aquello que nos forjamos con nuestro esfuerzo a través de los caminos que transitamos y vamos descubriendo.

Frente a tal conquista, descubres que hay una gran distancia entre la teoría y la práctica.

Aquel que se esfuerza por alcanzar algo y finalmente lo logra, sabe lo que realmente cuesta. La teoría es el preámbulo de las realizaciones. Cuanto mayor es la dificultad, mayor es el mérito, el grado de satisfacción.

Hablar y teorizar es fácil, pero ser testimonio vivo, ejemplo de aquello que se trata de transmitir, solo está al alcance de unos pocos seres victoriosos y experimentados.

Aquel que está curtido en la lucha, en la superación personal, es consciente de sus limitaciones, de sus debilidades y en última instancia de que, sin la ayuda de Dios, no es nada. Lo cual le hace adoptar una postura humilde, de prudencia, moderación, de comprensión de los “otros”, que también atraviesan dificultades y pruebas.

Medita más, antes de actuar, tomando decisiones tranquilas y alentadoras.

Es impostergable meditar bien aquello que uno se propone hacer; nos referimos a cosas de importancia, que pueden no solo afectar a uno mismo sino también a otras personas. No es bueno dejarse llevar por impulsos, por las primeras impresiones, por arrebatos irreflexivos.

Siempre la serenidad, la reflexión, el tomarse un tiempo para madurar las ideas, serán los mejores remedios para acertar en las distintas situaciones. Poniendo el foco en el conjunto del problema, y no solo en una parte.

De igual modo, meditar ayuda a recogerse del ruido externo y a sintonizar con las fuerzas superiores, que siempre orientarán para tomar las mejores decisiones.

Cuando actúas por impulso, estás sujeto a errores graves.

Actuar por impulsos denota descontrol, falta de dominio. En algún momento, y con un comportamiento impulsivo, quizás se pueda posponer algún problema, pero no solucionarlo.

Con esa manera de actuar no se asimilan las experiencias, es imposible captar el mensaje que nos tratan de transmitir las pruebas de la vida. Lo normal es que se erre, además sin entender nada porque no ha habido tiempo de madurar las ideas que nos tienen que llevar a la toma de decisiones idóneas, complicando aún más las cosas.

En estas lides, también es importante no confundir el coraje con la precipitación, o la agresividad con el ser enérgico. Son cosas totalmente diferentes.

Hay acontecimientos que suceden en el momento propio, no obstante, es el hombre sabio quien establece la hora para las realizaciones superiores.

Solo el verdadero sabio sabe elegir bien los momentos adecuados para las realizaciones de importancia. Sabe esperar, comprender el entorno para actuar sin egoísmo, sin la precipitación que pudiera truncar unos buenos resultados.

Por lo tanto, la vida nos traza un camino, obedeciendo a unas leyes perfectas, a una planificación sabiamente diseñada de reparación y crecimiento. Es por ello que todo tiene su tiempo; tiempo para sembrar y tiempo para recoger.

Buscando siempre el equilibrio, el punto de sabiduría para elegir, sin precipitación pero sin demora, el momento adecuado. Sin que esto signifique que no se vayan a cometer errores; no obstante, siempre serán menores que cuando no existe orden ni previsión.

Para ir concluyendo, sepamos desarrollar la paciencia, la serenidad, el discernimiento apoyado en la oración, e incluso la resignación cuando sea necesaria, para adoptar las mejores resoluciones, y de ese modo evitar numerosos males, consecuencia de la precipitación o de la irreflexión, que desembocan siempre en situaciones lamentables, y que debemos de evitar a toda costa.

Actuemos sin precipitación por: José M. Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

 

(*)El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem 62, de Joanna de Ângelis; psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

ACEPTAR A LOS DEMÁS COMO SON

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Aceptar a los demás como son

Aceptar a los demás como son

Una convivencia plenamente armónica y feliz en todo momento y circunstancias, en esta etapa evolutiva que estamos atravesando, es algo que se antoja muy complicado de encontrar. Vivimos en un mundo repleto de diversidad de caracteres, de gustos, preferencias…; es normal que así sea. Nadie es un clon de otro. Cada uno de nosotros es un ser extraordinario desde el momento en que Dios nos crea, sencillos e ignorantes, y tomamos desde el minuto 1 nuestro propio camino en dirección hacia la eternidad.

De ese modo, cada alma vinculada a la esfera terrestre es un proyecto inacabado de progresión, en el que todavía predominan los defectos y debilidades. Esto forma parte de la idiosincrasia de un mundo muy imperfecto como es el nuestro; no obstante, en proceso de cambio, para pasar de la etapa de “Expiaciones y Pruebas” a un mundo de “Regeneración”.

Consciente de todo ello, la Mentora espiritual Joanna nos aconseja certeramente sobre la manera de encarar nuestro proceso de crecimiento, en un entorno de convivencia tan dispar y muchas veces poco gratificante.

(*) Acepta a las personas conforme estas se te presentan.

Somos seres complejos, con un bagaje acumulado del pasado de conocimientos, de experiencias, de vivencias de todo tipo que conforman nuestra personalidad actual. Esto es algo que no tenemos el derecho de juzgar a la ligera.

Aceptación significa respeto hacia los demás, y la concesión de la libertad para que piensen y actúen como prefieran; es una decisión personal que no podemos pretender alterar a capricho, arbitrariamente, aunque no coincida con nuestra forma de ver las cosas.

Este hombre prepotente que te desagrada está enfermo, y tal vez no lo sepa.

La prepotencia, la arrogancia es natural que provoquen rechazo. Es aquel que, por ejemplo, se considera con el derecho de romper las normas sociales, de buena convivencia a su favor, sin contar con los demás; que busca la imposición de sus opiniones o que cree que su forma de actuar siempre es la correcta.

Esa transgresión de la realidad, de aquel que se considera superiora sus semejantes, denota desequilibrio. Una persona madura y equilibrada jamás actuaría así. Hay que ser conscientes de ello para evitar litigios innecesarios con personas incapaces, de momento, de percibir su propia “enfermedad”.

Ese compañero recalcitrante es infeliz en sí mismo.

Es la absurda disputa competitiva para ver quién tiene razón, como si se tratara de un campeonato en el que no se puede permitir el lujo de quedar segundo o tercero. Es una lucha artificial por mantener a toda costa su postura sobre las demás, sin reparar en otros puntos de vista. Todo ello supone un esfuerzo que desgasta muchísimo y denota debilidad y falta de seguridad en uno mismo. Suele ser la manifestación de una baja autoestima que reclama, que busca atención y valoración por parte de los demás.

Aquel conocido exigente sufre de los nervios.

Aquel que exige se encuentra desubicado, fuera de sí. Solo necesita una chispa, la más mínima oposición, para desatar el volcán que lleva dentro. Se trata de una amargura interna que se traduce en nerviosismo, intranquilidad, desasosiego, una tormenta interna insoportable que termina por estallar a la menor ocasión.

Unos, que parecen orgullosos, son apenas portadores de conflictos que procuran ocultar.

Es la máscara, la pantalla con que la persona en conflicto se manifiesta. Una postura de aparente seguridad o fortaleza que no se corresponde con la dolorosa realidad interna que está viviendo y que trata, por todos los medios, de ocultar.

Otros, que se presentan indiferentes, experimentan miedos terribles.

Disimulan como pueden su inseguridad, sus miedos, para no sentirse señalados o vulnerables a los ojos ajenos. Una indiferencia aparente que, en cuanto se hurga un poco en las heridas, quedan de manifiesto las preocupantes dudas y recelos que residen en el interior de la persona.

La Tierra es un gran hospital de almas.

Efectivamente, este mundo es un gran hospital repleto de almas con una enorme variedad de conflictos pendientes de resolver. Heridas y enfermedades del alma generadas a lo largo del tiempo, tanto en otras vidas como en esta.

El Maestro Jesús, lleno de compasión, acudió en excelso sacrificio hacia nosotros para rescatarnos de los hondos precipicios de la ignorancia y de la maldad. Nos trajo un mensaje de amor que permanentemente resuena en nuestro interior, pero del que nos cuesta mucho sacar partido, ponerlo en práctica para salir definitivamente del abismo, de la obscuridad para encontrar la luz sanadora.

Quien te vea, apenas, superficialmente, no tendrá cómo analizarte con acierto.

Vemos y analizamos según el prisma personal que cada uno de nosotros poseemos.

Nos dejamos llevar por las apariencias, sin ahondar lo más mínimo. Condenamos sin concederle a los demás el derecho a la duda, a pensar bien sobre ellos; apoyándonos en una premisa injusta, muy popular, que dice: Piensa mal y acertarás.

Los prejuicios y las habladurías suelen hacer también mucho daño a la hora de analizar las situaciones y comportamientos ajenos. Nos vamos a equivocar, casi seguro.

Concede la libertad para que cada uno sea conforme es y no como pretendes que sean.

No puede existir verdadera concordia, fraternidad o buena convivencia si no aceptamos a las personas tal y como son. Venimos al mundo a transformarlo, sí; pero desde la propia transformación interior. No nos engañemos con espejismos.

Debemos potenciar aquello que nos une para trabajar en armonía juntos; y la sabiduría para aceptar y conceder a los demás, la suficiente libertad para que escojan también su propio camino, sin imposiciones, sin condiciones; con absoluta trasparencia.

La lealtad no está reñida con la libertad de acción. No somos prisioneros unos de los otros, y aunque podamos tener obligaciones y compromisos comunes, no todo se debe medir de manera estricta o inflexible.

Del mismo modo, no puede existir identificación con un proyecto común si constantemente estamos cortando las alas a los demás, abortándoles sus iniciativas, su manera de ver la realidad, su propia realidad, que no siempre podrá coincidir con la nuestra.

Es su derecho y también el nuestro.

En definitiva, aunque podamos tener una mayor afinidad con unas personas sobre otras, en cualquier circunstancia debemos aceptar a las personas como son, sin imposiciones, sin condiciones; buscando siempre aquello que nos une para potenciarlo, y dejar en lo restante, la libertad para que cada uno actúe en consonancia con sus ideas y su manera de ver la vida.

José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

(*) El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, ítem 118, de Joanna de Ângelis, psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

ENFRENTANDO LOS PROBLEMAS

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Enfrentando los problemas

Enfrentando los problemas

No existe ser humano que no enfrente problemas. Forman parte de la naturaleza del ser en evolución.

Un problema es un reto para el espíritu que quiere progresar, avanzar en su camino.

Nada se logra sin trabajo o sin esfuerzo.

Cuando un escollo ha sido superado aparece otro, y después otro, y así sucesivamente en el transcurso de la existencia, e incluso, más allá del cuerpo físico, puesto que en el mundo espiritual también se trabaja y se avanza, tanto o más que aquí.

Los problemas muchas veces constituyen pruebas para el espíritu, para despertar la inteligencia, la paciencia, la resignación, la perseverancia, la fe en “quien lo puede todo”.

Los avatares de la existencia generan movimiento, y el movimiento nos lleva, inevitablemente, al crecimiento del ser.

Somos el resultado de un pasado lleno de experiencias y vicisitudes y nos encontramos en el punto exacto, el adecuado para seguir creciendo, en base a una programación espiritual sabiamente diseñada a nuestro favor.

Tenemos las herramientas, los mimbres, solo falta ponernos manos a la obra.

Una vez más, la mentora Joanna aborda de forma sencilla pero profunda una cuestión tan importante.

Los problemas son desafíos para el hombre. Toda persona que piensa enfrenta problemas, ya que la vida en el cuerpo transcurre bajo la acción de variadas situaciones difíciles.

La vida compleja nos traza un camino inevitable que nos plantea desafíos constantes. Unos nacen con más facilidades materiales que otros, no obstante, no existen privilegios para nadie, llevamos marcados en la frente un destino común por el que debemos luchar.

Ya desde el nacimiento, con el aire que entra en los pulmones, la nueva criatura llora para romper el primer escollo que le va a permitir pertenecer al mundo corporal.

Pienso luego existo”, reza la famosa frase del filósofo francés del siglo XVII René Descartes. El pensamiento es movimiento y al mismo tiempo responsabilidad; a través de él tomamos decisiones, enfrentamos los problemas inherentes a la propia vida; unos como repetición de situaciones pasadas no superadas o asimiladas adecuadamente, otros como experiencias nuevas que habrán de abrir nuevos senderos cada vez más complejos para seguir elevándose ininterrumpidamente.

Aprende a convivir con ello, intentando resolverlos, si es posible, solo.

Se trata de una mochila personal e intransferible. Nadie puede cargar con nuestro fardo; del mismo modo, nosotros tampoco podemos resolver o cargar con los problemas ajenos, por mucho que podamos desear ayudar a alguien. Sin embargo, cuando la Mentora nos habla de resolverlos solos, no nos está hablando de soledad absoluta, porque indudablemente nunca estamos solos. Como nos dice la doctrina espírita en la pregunta 459 del Libro de los Espíritus: “La influencia de los espíritus es mayor de lo que creéis, pues muy a menudo son ellos quienes os dirigen”; lo cual significa que la ayuda siempre está si la sabemos aprovechar; para ello debemos recurrir a la oración y a una reflexión serena.

Si no lo consigues, busca la experiencia de otro y lucha hasta solucionarlos en el momento apropiado. No los trasfieras para los otros, que también los tienen, aunque no lo demuestren.

Hay momentos en que la introspección e incluso la oración no nos aclaran de forma nítida los caminos a tomar; es decir, a encontrar la solución más adecuada a la situación que uno enfrenta. En ese caso, es necesario tener la suficiente humildad para recurrir a manos ajenas, a la experiencia de otros que han podido pasar por situaciones similares y recibir sus consejos, sus orientaciones, sin que ello suponga trasladar el peso del trabajo a otros, puesto que ellos también tienen asuntos para resolver y que también les mantienen muy ocupados.

Es falta de respeto sobrecargar al prójimo con nuestros problemas, sin considerar las aflicciones que, ciertamente, pesaran sobre su existencia.

Sin duda, es una falta de respeto y una manifestación de nuestro egoísmo si obramos de esa manera, porque añadimos una nueva carga a alguien que ya de por sí tiene sus propias dificultades; algo que, por lo general, desconocemos o preferimos ignorar, centrados como estamos exclusivamente en nosotros mismos. Se trata de una actitud que no nos podemos permitir si realmente apreciamos y valoramos a los demás.

Esto suele ocurrir muchas veces en el ámbito laboral, donde el que posee un rango superior se cree con ciertos derechos, no siempre legítimos; también por un exceso de confianza o por una amistad mal entendida; sin olvidar lo que respecta al ámbito familiar, en las relaciones entre hermanos, o incluso y peor aún, entre padres e hijos, malinterpretando los vínculos familiares con obligaciones que no corresponden, transfiriendo de forma arbitraria y descontrolada tareas que atañen exclusivamente a cada uno; como decíamos anteriormente, con carácter personal e intransferible.

En este último caso, en lugar de ayudar lo que se hace generalmente, por parte de los padres hacia los hijos, es perjudicar, puesto que acostumbramos a que transfieran las situaciones que les molestan o perturban, impidiéndoles que maduren y experimenten por sí mismos las dificultades, creando una barrera protectora artificial que, en lugar de fortalecer, lo que hace es debilitar o atrofiar las aptitudes, las capacidades que cada uno de ellos ha venido a desarrollar, causando un perjuicio de complicada reparación.

Un problema hoy solucionado es lección para los que están por venir.

Sin ninguna duda, cuando conseguimos resolver algún problema importante, esto supone un avance para el espíritu extraordinario, puesto que significa una lección que nos aporta madurez, experiencia, lo cual nos capacita para afrontar nuevos retos que a buen seguro deberán llegar, más pronto o más tarde. Ese es nuestro fatalismo real, crecer hacia la plenitud, hacia esa perfección de la que nos hablaba el Maestro hace dos mil años: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48). Tarea que nos ocupa todo el tiempo en el devenir de las diferentes existencias, reguladas por las mismas Leyes Divinas que ese mismo Padre nos proporciona a todos sin excepción.

Aprende a resolverlos, para vivir en paz.

Resolver los problemas que la vida nos aguarda es un aprendizaje impostergable e intransferible; nuestra paz de espíritu depende de ello. Se trata de esa paz que permite una felicidad relativa, aquella a la que podemos aspirar en este mundo, y, sobre todo, posteriormente en el retorno a la vida espiritual.

No existen fórmulas mágicas ni remedios extraordinarios. El milagro verdadero está en nuestra propia esencia, en ese potencial divino que todos albergamos en nuestro interior esperando a ser estimulado para que crezca frondoso y bello. Las herramientas necesarias para que ello ocurra las poseemos, a saber: La voluntad, el esfuerzo, el trabajo persistente y la fe en Aquel que todo lo puede.

José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

(*)El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem 190,  de Joanna de Ângelis, psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

LA AYUDA DIVINA

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La ayuda divina

La ayuda divina

Salvo algunos momentos de tregua, la vida está llena de problemas que son desafíos para el ser en evolución. Sin apenas tiempo, se suceden las complicaciones y se multiplican las situaciones delicadas y embarazosas… Algunas veces son las contrariedades familiares, en otros casos la falta de salud; también las dificultades laborales o económicas hacen acto de presencia, y un largo etcétera de situaciones que por un instante pueden complicar la armonía de la existencia.

En esa maraña de asuntos acumulados uno se pregunta: ¿Qué hacer? ¿Podré salir airoso de estos problemas? ¿Podré solucionarlos o al menos suavizarlos? ¿Voy a disponer de tiempo suficiente para encontrar una solución adecuada a cada caso y evitar que se agraven?…

Se trata de los grandes dilemas que a todos, en algún momento, nos aparecen en nuestra existencia.

El modo de lidiar con los problemas depende de la personalidad de cada individuo, del grado de autoestima que lleva al ser humano a confiar siempre en sus posibilidades, en sus capacidades; también en sus habilidades, experiencia e inteligencia para poder resolverlos. No obstante, en múltiples ocasiones aparecen cargas tan pesadas que sobrepujan cualquier límite personal, que van más allá de las posibilidades ordinarias, e incluso, de una inteligencia que muchas veces sobreestimamos al comprobar que las cosas no ocurren como pensábamos o habíamos calculado. Son situaciones límite que nos obligan a tener que mirar hacia arriba, solicitando ayuda a “Aquel que lo puede todo”.

Es cierto que no es necesario esperar a que la vida se complique para pedir ayuda a lo Alto. Sería un verdadero acto de humildad, comprensión espiritual y de fe mantener ese canal abierto en todo momento, tanto en las alegrías como en las tristezas. No obstante, nuestra inferioridad espiritual nos vuelve olvidadizos y despistados. Solo cuando aparecen los problemas de verdad es cuando nos vemos en la obligación de “situarnos en el escenario real que nos ha tocado vivir”, un mundo que nos exige sacrificios, cambios constantes, esfuerzos para rectificar errores del pasado o superar las malas inclinaciones y, de ese modo, iluminar la conciencia en dirección hacia un porvenir dichoso.

Consciente de todo ello, la Mentora Joanna nos invita a reflexionar con sus sabios consejos:

(*)Confía siempre en la ayuda divina.

La ayuda divina está inmanente en cada ser por los fuertes lazos que nos unen a Él; no hay que olvidar que somos sus hijos, creados a su imagen y semejanza. Por lo tanto, la confianza ha de ser plena y permanente.

Cuando te sientas sitiado, sin cualquier posibilidad de liberación, el socorro te llegará de Dios.

Los problemas debilitan, generan inseguridades y temor, también incertidumbre… Es normal; cuando alguien se siente amenazado, sitiado y sin un atisbo de encontrar una puerta de escape, es en esos momentos cuando hay que apelar a la confianza en Dios, en su socorro, en su ayuda inconfundible y segura.

Nunca dudes de la paternidad celeste.

 Dios es nuestro Padre Todopoderoso, de esto no cabe duda.

Si por un esfuerzo de la imaginación pensáramos en el mejor padre humano, el más perfecto posible, siempre sería un pálido reflejo de Aquel que nos creó. No existe amor comparable al suyo, no existe tampoco bondad, sabiduría o justicia que se les pueda igualar, ni tan siquiera acercarse a ella.

Si por un momento pudiéramos con nuestros limitados ojos, observar su grandeza e inmensidad, quedaríamos desbordados ante tanta belleza, tanto amor fluyendo a raudales en dirección a todas sus criaturas.

Dios vela por ti y te ayuda, no siempre como quieres, pero sí de la mejor forma para tu verdadera felicidad.

Ese amor perfecto, inefable, vela por todos, manifestándose en forma de ayuda permanente.

Nosotros, en nuestra limitada visión, somos apenas ciegos y no alcanzamos a comprender su forma sublime de actuar, llegando muchas veces a creer que la ayuda finalmente no nos va a llegar o de la forma que consideramos adecuada. Olvidamos que el camino hacia el progreso y la felicidad es largo, del que apenas vislumbramos unos pocos pasos. El Padre, sin embargo, contempla el horizonte y calibra mejor que nadie aquello que más nos conviene para la solución de nuestros problemas o para evitar males mayores. Una visión que es imposible a los ojos del ser limitado que somos, constreñido en un cuerpo físico, pero que Él sí posee en toda su plenitud.

A veces tienes la impresión de que el auxilio superior no vendrá o llegará demasiado tarde.

Pasa el tiempo, la angustia se acumula, los problemas se complican…

Nos falta fe, paciencia, ánimo en la lucha. Bajamos los brazos y nos abandonamos envueltos en pensamientos pesimistas, negativos y hasta rebeldes.

Decimos: “¡Ya es demasiado tarde!”, o “¡no llegará a tiempo!” “¡Es inútil cualquier esfuerzo!” “¡Ya no vale la pena!”… ¡Grave error!

Esa espiral pesimista nos incapacita para ver la solución. O dicho de otro modo, los árboles no nos dejan ver el bosque cuando en realidad están delante de nosotros. Es una cuestión de serenidad, de paz mental, de esa claridad que estimula la fe verdadera, la confianza irrestricta en quien lo puede todo.

Pasado el momento grave, constatarás que lo recibiste algunos minutos antes, siempre que hayas perseverado en su espera.

La palabra esperanza viene de esperar, del latín sperare. Siempre es necesaria la paciencia, saber aguardar con fe el momento propicio, el momento adecuado, sin que esto signifique permanecer de brazos cruzados. Es necesario perseverar hasta el fin.

Cuando llega la solución y uno hace balance (por desgracia muchos no lo hacen), se puede constatar que las cosas transcurrieron de la mejor forma posible.

Independientemente de la forma en que se resuelvan, es indudable de que quedan como experiencias valiosas; o pueden ser errores que nos marcan el camino por donde ya no debemos transitar, abriendo paso a nuevas vías que nos van a llenar de posibilidades, de un futuro mejor. O dicho de otro modo, se trata de la superación de ciertos obstáculos que nos impiden avanzar; al igual que un río que poco a poco va creciendo en dirección hacia el mar, pero de súbito se ve temporalmente detenido por obstáculos más o menos grandes… Según la dificultad, el tiempo a emplear será mayor o menor; no obstante, llegado el momento, cuando el río ha acumulado suficiente agua, desborda o sortea el obstáculo siguiendo su camino, pero esta vez con más caudal y más fuerza para proseguir.

En definitiva, ante los problemas que la vida nos pueda plantear, tanto si se van resolviendo como si no, debemos adoptar siempre una actitud positiva, dando gracias a Dios; porque Él nos ayuda siempre y nunca nos abandona, aunque no alcancemos a entender, de momento, el porqué de las situaciones que nos puedan estar ocurriendo.

Por lo tanto, confiemos siempre en el auxilio de nuestro Padre. Busquémoslo con el pensamiento, tratemos de sintonizar con Él para que nos muestre el camino en dirección hacia la plenitud.

La ayuda divina por: José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

(*)El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem 13,  de Joanna de Ângelis,  psicografiado por Divaldo Pereira Franco. (La ayuda divina).

 

EL AMOR: LECCIÓN DE VIDA

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El amor: Lección de vida

El Amor: Lección de Vida

Hablar en pleno siglo XXI del amor puro, de carácter espiritual, es para muchos como hablar de algo extemporáneo, utópico, alejado de la dura realidad cotidiana, una actualidad envuelta de egoísmos y disputas constantes por el dominio de unos sobre los otros, o la mera supervivencia. Sin embargo, cuando hacemos un análisis filosófico del sentido de la vida, de su porqué y para qué, siempre termina apareciendo el amor como manifestación divina, como la gran ley universal; la única que puede llenar los huecos que los grandes interrogantes existenciales nos plantean.

Hubo un hombre hace dos mil años que vino a dar testimonio de esa gran ley del amor. Dejó una huella profunda que ha sobrevivido a los tiempos y perdurará siempre, aunque muy lejos todavía de ser comprendida en su plenitud. A este respecto, Allan Kardec recoge en un mensaje recibido por el espíritu de Lázaro lo siguiente:

“El amor resume toda la doctrina de Jesús, porque es el sentimiento por excelencia, y los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. El hombre en su origen sólo tiene instintos; más adelantado y corrompido, sólo tiene sensaciones; pero instruido y purificado, tiene sentimientos, y el punto exquisito del sentimiento es el amor…”. EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO > CAPÍTULO XI, ítem 8.

En ese proceso antropo-psico-sociológico del ser, el amor termina por aparecer en la medida en que va desarrollando los sentimientos, forjados a través de enormes luchas, duras pruebas y múltiples experiencias que lo van sensibilizando.

La mentora Joanna de Ângelis, una vez más con enorme claridad y sencillez, nos invita a reflexionar sobre ello:

(*)La máxima lección de la vida es el amor. Sin él los objetivos a alcanzar pierden la finalidad, dejando a la persona a merced de sus pasiones inferiores.

El amor es la sublime lección que nos marca el rumbo existencial. Sin ese sentimiento superior, que fluye constantemente de la divinidad, se está a merced de los intereses espurios de carácter inmediatista que satisfacen las pasiones inferiores, pero que no colman el espíritu ni le llenan de auténtica felicidad.

No importan los objetivos si se descuida ese “motor existencial”, el único que le confiere auténtico sentido a todo lo que el ser humano realiza en la vida. Cuando falla el amor, la vida se convierte en algo así como un día sin sol, como una primavera sin flores, un pájaro sin alas, un barco a la deriva y sin timón… Un vacío que no puede llenar el poder, el dinero o los placeres sensoriales.

El amor diluye las sombras de los sentimientos negativos, imprimiendo el sello de la serenidad en todos los actos.

El amor consigue disolver con el tiempo los sentimientos ruines, aquellos que nacen del rencor, del resentimiento, de la ira y de tantos otros que consumen las energías y enferman el cuerpo. Es el gran medicamento, el gran remedio para diluir las sombras y restablecer la salud, especialmente la psicológica, aquella que proporciona serenidad y armonía en todas las circunstancias de la vida.

También la mentora espiritual hace referencia al “amor-terapia”, el mejor remedio para afrontar todas las situaciones y pruebas de la vida. El Maestro Jesús lo ejemplificó de manera incomparable en las diversas etapas de su labor mesiánica. Incluso al final, en el momento del martirio injusto y despiadado, en esas horas interminables de graves tribulaciones, se mantuvo firme en el propósito divino de amor y renuncia; un verdadero testimonio incomparable, un modelo sublime de abnegación que ha perdurado a lo largo de los siglos.

Ama, por tanto, todo y a todos.

Es preciso no establecer límites ni barreras al amor, hay que dejarlo crecer en todas las direcciones para que el enriquecimiento sea pleno, total. Para ello es necesario combatir su principal enemigo, que no es el egoísmo sino el miedo.

Efectivamente, el miedo a ser heridos, traicionados o incomprendidos atenaza y no permite salir del área de confort para explorar nuevos caminos, terrenos por donde se pierde la seguridad y la comodidad, dejando al descubierto las fragilidades humanas. Romper con esas barreras se convierte en algo muy necesario.

Por lo tanto, es preciso aprender a amar sin condiciones, eliminando el miedo que limita las posibilidades de crecimiento y constriñe las más nobles iniciativas.

Ejercítate en el amor a la Naturaleza que resplandece en el sol, aire, agua, árbol, flores, frutos, animales y hombres.

Contemplar la naturaleza es un espectáculo sin igual. Es el gran milagro de la vida, donde todo se armoniza y se complementa, salvo el hombre que todavía no aprendió a integrarse sabiamente en ella.

Si le dedicáramos un tiempo a observarla, dejándose maravillar por la enorme sabiduría de quien creó tanta belleza, sin duda, la emoción nos embargaría. Serviría para tomar conciencia de su importancia, de la necesidad de respetarla y de cuidarla, porque ese es el auténtico amor que nos une a todo lo creado.

Precisamente las nuevas generaciones vienen con esa sensibilidad; cada vez son más los que tratan a los animales con delicadeza, como compañeros de viaje y no como objetos. También se refleja ese amor en el cuidado del medio ambiente, procurando no ensuciar ni contaminar, porque esta es la casa de “todos”.

Déjate enternecer por las invitaciones silenciosas que el Padre Creador te hace y esparce tus emociones sobre todas las cosas, dulcificándote interiormente.

Joanna nos habla de las invitaciones sutiles que la divinidad manifiesta a cada instante; solo hace falta silenciar por un instante el ruido mental, las preocupaciones y los pensamientos enfocados en el pasado o en el futuro para centrarse en el aquí y ahora. Es preciso enfocarse en el presente para percibir los ricos mensajes que la vida nos trata de transmitir.

Ser un buen observador para comprender el milagro de la vida, y de ese modo dejarse envolver por un sentimiento de gratitud por todas aquellas cosas que poseemos tan importantes y que apenas le damos valor, a saber: La salud, el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, el agua para beber y asearnos, las pequeñas plantas con sus discretas y pequeñas flores que nos homenajean cuando pasamos por su lado, esa brisa de aire que refresca y vitaliza, y un largo etcétera de pequeñas cosas que endulzan y alegran los sucesivos días, y que son el regalo que nuestro Padre nos concede a cada instante.

Cuando el ser toma conciencia de ello, se enternece, se emociona y da gracias. Se siente desbordado por tanta belleza, tanta sabiduría plasmada por todas partes, y de la que apenas es capaz de percibir una pequeñísima parte.

Cuanto más ames, menos serás alcanzado por las farpas del mal, pues que tu comprensión dilatada abrirá los espacios a la vida, recogiendo solamente los efectos de la paz.

El amor es la gran coraza contra el mal, no porque lo pueda evitar en todas las circunstancias, sino porque ayuda a soportarlo mejor y extraer un bien del mismo.

También porque ayuda a darle otra orientación más constructiva a las malas actuaciones, a revertir los daños que el mal trata de imponer. El amor siempre encuentra una respuesta, una puerta de salida a todos los problemas. Comprende, disculpa, siente compasión por la ignorancia y por el desconocimiento de las consecuencias que los actos reprensibles traen. El mal que nos hacen no nos hace mal si nosotros no tomamos parte. El único mal que sí nos perjudica es el que nosotros realizamos hacia los demás.

Por lo tanto, amar siempre y sin condiciones; esta es la propuesta de la Mentora Joanna de Ângelis como el mejor remedio para alcanzar la paz en medio de las constantes pruebas cruciales que forman parte del proceso de transición planetaria en el que estamos incursos.

José M. Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

 (*) El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem 181,  de Joanna de Ângelis,  psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

EL FENÓMENO DE LA MUERTE

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El fenómeno de la muerte

El fenómeno de la muerte

El fenómeno de la muerte es algo que invariablemente a todos nos tendrá que alcanzar algún día. En principio, tratándose de algo natural no debería sugerir ideas negativas ni tétricas, aunque esto depende en gran medida de los preconceptos y creencias de cada uno.

Mucho se ha escrito y debatido al respecto. Es algo que nos inspira mucho respeto y desde tiempos remotos hasta temor. ¿Será que el ser humano, en su proceso evolutivo, lo ha desnaturalizado con demasiada frecuencia?

Han sido muy pocas las culturas a lo largo de la historia que, en base a sus creencias y tradiciones, la hayan observado con serenidad y hasta con alegría. Es obvio que el instinto de conservación nos impone de forma sabia y natural la manera de resguardarnos de la muerte. En condiciones normales, nadie desea morir; no obstante, esto no debería impedir el reflexionar sobre ello.

En ese sentido, las religiones tradicionales no han ayudado demasiado, ofreciendo una imagen de la muerte bastante ilusoria, vaga y muy poco clara. Esta circunstancia, en lugar de preparar el terreno para afrontar bien este hecho inevitable, llena, por el contrario, de dudas y de una enorme incertidumbre a numerosos creyentes.

Tampoco la ciencia a lo largo de la historia ha tenido facilidades para investigar con independencia y objetividad sobre la muerte. Bajo un condicionamiento religioso y social muy fuerte, se vio abocada a ignorarla durante siglos. Para ellos es el punto y final, salvo para algunos investigadores atrevidos y audaces. Y no será porque la vida, siembre exuberante y generosa, a poco que la observemos y analicemos, no nos ofrezca “señales evidentes” que nos ayuden a profundizar en ese proceso inevitable y hasta necesario; también a entender lo que nos aguarda después.

Sobre este asunto tan importante, la Mentora Joanna de Ângelis nos aconseja y esclarece una vez más…

Una vez que otra, dedica algún tiempo para meditar al respecto de la muerte.

El ser humano no se debería centrar exclusivamente en las cuestiones que atañen a la vida física y material. Estamos siempre muy ocupados, nuestra mente se llena de pensamientos respecto a los asuntos del día; es a lo que se nos ha educado y hacemos de forma automática diariamente.

Sin embargo, no siempre ha sido así. A poco que se repase la historia de la humanidad, podemos comprobar fácilmente cómo el mundo espiritual superior, consciente de las necesidades de una humanidad tan material e inmadura espiritualmente como es la nuestra, trasladó a sus emisarios, a los grandes profetas de todas las épocas, la conveniencia, la necesidad de dedicarle un tiempo, un espacio durante la semana al descanso de las rudas tareas cotidianas para dedicarlo a Dios y a la vida espiritual del ser. Así lo han hecho prácticamente todas las religiones desde tiempo inmemorial, creando espacios para las asambleas religiosas, ofrendas, oraciones, cánticos, etc…

Aunque los tiempos han cambiado, lo que en otra época era considerado como suficiente para colmar las aspiraciones espirituales del ser, ahora ya no lo son para una mayoría. Por otro lado, la ciencia y la tecnología con sus adelantos nos ha puesto la vida mucho más fácil, y por lo general, se dispone de un tiempo libre como nunca antes se había disfrutado; no obstante, no le dedicamos apenas tiempo al cultivo de nuestro interior, especialmente a la toma de conciencia respecto a la transitoriedad de la existencia física; algo que, en lugar de mermarnos, debería potenciar el presente, las ganas de vivir, de crecer espiritualmente.

La muerte arrebata a los enemigos, a los afectos, y te llegará en un momento cualquiera.

Efectivamente, la vida física cumple su ciclo: Nace, se desarrolla y muere, en un proceso irreversible por mucho que lo queramos ignorar. De ese proceso no están exentas las personas queridas, así como aquellas que no nos quieren bien y preferimos ignorar o desearíamos mantener lejos. De ese modo, el fenómeno de la muerte nos despoja de todo lo que poseemos materialmente, así como de la presencia física de las personas que han jugado un papel importante, tanto en lo que consideramos bueno como en lo malo; forma parte de la transitoriedad de la vida física, y en donde, como testigos presenciales, en cualquier momento también podemos desaparecer de igual forma del escenario físico, cuando menos se espere.

Prepárate todos los días, como si fuese tu último día en la Tierra.

Cada día es una nueva oportunidad de progreso; no sabemos si tendremos muchos más, o estas pasaran para no volver jamás en las actuales condiciones. El tiempo es oro, y los grandes sabios aconsejan siempre el aprovechamiento de ese bien tan preciado que corre inalterable y que no se pueden controlar ni parar.

Quien se prepara para la muerte significa que sabe apreciar aquello que tiene, empezando por un cuerpo biológico que sirve como instrumento para el desarrollo de valores traducidos en el bien al prójimo y a uno mismo; que, en definitiva, es lo único real y auténtico que se llevará el ser de este mundo; sin duda, una herramienta provisional que facilita de forma exponencial el crecimiento intelectual y moral del ser.

Acostumbrándote a pensar en la muerte, ella no te herirá cuando pase por tu puerta o se lleve a alguien que te sea amado.

Desde nuestro punto de vista, la doctrina espirita ofrece la mejor perspectiva posible sobre la realidad inmortal que nos envuelve. Su estudio y comprensión ofrece tranquilidad, paz y una seguridad sobre el futuro que a todos nos aguarda. Nos enseña desde un punto de vista lógico y racional que la muerte no es el final de la vida, tan solo altera el fenómeno biológico, pero esta continúa ininterrumpidamente. Por tanto, pensar en la muerte es pensar en un futuro que se construye día a día. Cuanto más se comprende disminuye la angustia, sustituyendo la fragilidad que provoca la incertidumbre por la seguridad que espera sin temor, con serenidad, con esperanza.

San Francisco de Asís la aguardaba con la tranquilidad con que “deshierbaba el jardín”.

El venerable santo de Asís era consciente de esa realidad y no la temía en absoluto. Se cuenta la anécdota de que Fray León preguntó en cierta ocasión a Francisco de Asís lo siguiente: (**)“Hermano Francisco, si usted supiese que iba a morir hoy, por la tarde, ¿qué haría?”. Y el santo contestó: “Continuaría deshierbando en mi jardín…”.

Esto demuestra el grado de conciencia adquirido por este fraile de Asís, no temía la muerte y la esperaba con la tranquilidad de los justos, de aquellos que consagran su vida al bien y a trabajar por y para el progreso de la humanidad.

Vamos a concluir remarcando la idea principal de estas reflexiones de Joanna de Ângelis. Pensar en la muerte es pensar en el renacimiento, en la vida futura, en el presente, en el amor que todo lo inunda, en el final de todos los pesares, de todas las incomprensiones. Son pensamientos que nos van a permitir valorar la vida de otra forma, ahuyentando también los miedos, las dudas, y aportando de forma natural luz sobre dilemas sociales importantes como son el aborto, la eutanasia, etc.

Día llegará en que la muerte se observará como el final de un viaje provechoso para comenzar uno nuevo, lleno de paz y alegría. Somos viajeros con un camino trazado, con un recorrido por las distintas estaciones de aprendizaje en dirección hacia la perfección, la felicidad final.

Pensemos en ello.

El fenómeno de la muerte por: José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, ítem 60, de Joanna de Ângelis,  psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

(**) Esclarecimientos Espíritas; Divaldo Pereira Franco.

LA RESPONSABILIDAD DE SER PADRES

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La responsabilidad de ser padres

La responsabilidad de ser padres

“…Los vínculos sociales son necesarios al progreso y los lazos de familia estrechan esos vínculos sociales. He aquí por qué los lazos familiares constituyen una ley de la Naturaleza. Dios ha querido que los hombres aprendieran así a amarse como hermanos”. (Libro de los Espíritus, pregunta 774).

La familia constituye la base fundamental desde donde se empieza a construir la sociedad. Sin esos “vínculos sociales” de los que nos habla el párrafo anterior no existiría el progreso, sería un retroceso a una época de caos y barbarie. Los lazos familiares estrechan esos vínculos, y es el delicado y sensible laboratorio donde el ser humano en su largo proceso antropo-socio-psicológico aprende a amar a sus semejantes.

No obstante, en este siglo XXI los desafíos se multiplican y el creciente materialismo que nos rodea no favorece en modo alguno que la familia crezca y se desarrolle. Elementos ideológicos interesados, también las cuestiones económicas, laborales y de bienestar, así como una relajación de las costumbres anteponiendo los placeres sensoriales por encima de las responsabilidades que contribuyen al crecimiento personal y colectivo, nos han llevado a valorar a la familia como un elemento secundario y nada prioritario.

Del mismo modo, la falta de ideales y la carencia de un objetivo superior, primando el individualismo sobre los valores imperecederos del espíritu, llevan a muchas personas a huir de las responsabilidades que le “atan” y obligan a hacer un esfuerzo para la formación de una nueva familia, con todo lo que ello supone: Un proyecto fundamentado en el amor de pareja, en el que ambos han de estar dispuestos a sacrificarse el uno por el otro para que ese amor pueda dar sus frutos.

La consecuencia natural de ese proyecto en común, en condiciones normales, sería el ser padres. Algo que les obliga a modificar sus costumbres y prioridades, teniendo que adaptar su vida a las nuevas circunstancias; un precio que muchas parejas no están dispuestas a pagar, posponiéndolo por tiempo indefinido, o renunciando directamente a ello.

Una observación a tener en cuenta: Cuando los objetivos en la vida se centran en el amor, con todo lo que conlleva: comprensión, respeto, tolerancia y diálogo, la visión de los vínculos sociales, especialmente los de la familia, cambian totalmente.

Precisamente la Mentora Joanna inicia sus reflexiones del tema propuesto en esta ocasión hablando de la importancia de la familia, especialmente de ser padres…

-Ser padre o madre es una gran responsabilidad.

Sin ninguna duda, traer hijos al mundo es una gran responsabilidad. Son seres absolutamente indefensos que dependen, sobre todo en las primeras etapas, física y psíquicamente de las atenciones y los cuidados de los padres. El clima espiritual positivo y equilibrado que ellos sean capaces de crear y mantener en el hogar es fundamental para que el ser, con su nuevo cuerpecito, se pueda desenvolver sano y alegre.

-Cada criatura trae el destino que organizó para sí misma en reencarnaciones pasadas. No obstante, ella nunca dejará de asimilar los ejemplos vividos en el hogar por los padres.

Las existencias pasadas son el punto de partida desde donde se organizan los derroteros por donde deberá transcurrir la nueva existencia. El espíritu ya medianamente esclarecido planifica junto a las entidades benefactoras la ruta más conveniente para resarcirse de sus errores y continuar en su ascensión espiritual. En dicha planificación, la familia que le va a acoger no es elegida al azar, suelen ser espíritus que comparten vínculos de diferente naturaleza generados en otras vidas.

Poco importa la imagen que los padres proyecten hacia el exterior o los comentarios u opiniones que puedan manifestar. Los hijos, grandes observadores, leen en sus corazones y en sus comportamientos con absoluta claridad. No se les puede engañar, se quedan con el ejemplo que reciben antes que con las palabras; es en definitiva la realidad última que observan y copian.

Es por ello que los padres deben predicar con el ejemplo aquellos valores que les quieren inculcar a los hijos. No es tarea fácil, porque todo ser humano posee carencias y defectos; no obstante, se necesita coherencia y honestidad para ofrecer la mejor educación en el hogar que les pueda servir para el resto de su vida, puesto que estamos hablando de una primera etapa muy sensible que les va a marcar para toda su existencia.

-La primera escuela es, pues, el hogar, y este, a su vez, es el resultado de la conducta de los esposos que se deben esforzar para hacerlo agradable, honrado y rico de paz.

La conducta de los padres establece, de ese modo, el primer programa educativo que los hijos van a percibir y adoptar en sus vidas.

Por lo tanto, el esfuerzo ha de ser permanente, trabajando y puliendo el carácter para que los problemas y situaciones difíciles que ellos puedan enfrentar no afecten a los niños en su permanente necesidad de un clima estable, alegre y pacífico, en el hogar.

Se trata de algo que no se puede delegar o transferir a otros.

Por otro lado, la educación en la escuela también es importante pero diferente, llena otro tipo de espacios en la preparación del niño o adolescente. No obstante, y como vamos viendo, la que nace en el hogar es la más delicada y determinante. Pretender que se transfiera esa responsabilidad únicamente al colegio, o peor aún, permitir que sean las amistades de la calle las que formen al joven sin la debida vigilancia,sería jugarse el futuro de los hijos a una lotería, un azar que casi nunca sale bien y puede dejar secuelas lamentables.

Nada ni nadie puede sustituir el amor y las atenciones de unos padres hacia sus hijos.

-Bendice a tu hijo con tus palabras y conducta, haciéndote su amigo en todas las situaciones.

Ese clima positivo se construye desde el diálogo constructivo, secundado por una conducta coherente y honesta, puesto que los progenitores también se equivocan, deben reconocer sus errores y pedir perdón cuando la ocasión lo requiera. Así será como se podrá construir una verdadera amistad entre padres e hijos, una comprensión mutua, una lealtad capaz de superar todos los obstáculos y pruebas de la vida.

Para un hijo, el saber que siempre tiene alguien ahí para ayudarle incondicionalmente, manifestando su verdadero amor, fruto del desinterés, y de los estrechos vínculos creados desde la intimidad del hogar hasta el final de sus días, supone un refuerzo moral incuestionable que aumenta la autoestima y le aporta fortaleza y seguridad para seguir avanzando sin temor en la vida.

-Los hijos, como todos nosotros, somos de Dios, y presentarás cuenta del préstamo que te fue concedido para educar.

Parafraseando al escritor libanés Khalil Gibran, los hijos vienen a través de los padres pero no les pertenecen. Todas las criaturas que existen, sin excepción, pertenecen a Dios Padre Todopoderoso.

No se puede pretender que sean una prolongación de los padres, porque ellos tendrán que descubrir sus inquietudes y escuchar su voz interior, para que esta les marque el camino que les debe llevar a su destino final. Hay que apoyarlos, ayudarlos y dejarlos crecer para que tomen sus propias decisiones vitales, su rumbo.

Sin duda, un préstamo delicado y sensible, de cuyos resultados habrá que dar cuentas en el futuro, cuando la vida física se extinga.

La responsabilidad de ser padres por: José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem: 69,  de Joanna de Ângelis,  psicografiado por Divaldo Pereira Franco.