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AMOR DE MADRE

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Amor de madre

“El amor de una madre derriba las puertas del cielo”

Quien ha experimentado el amor de una madre, así como aquel que se ha visto privado del mismo, puede apreciar el sentido profundo de esa versión del amor que sublima lo mejor del ser humano cuando estamos encarnados en la Tierra.

La frase que encabeza este artículo fue la respuesta que Chico Xavier, el gran médium brasileño, le dio a una madre desesperada por ayudar de alguna forma a su joven hijo que acababa de suicidarse. Con ello quería manifestarle que el amor materno tiene enorme fuerza y alcanza cotas elevadas de los planos superiores, donde son atendidas estas peticiones cuando están hechas con el sincero deseo de ayudar, y gracias a la energía de ese sentimiento inigualable.

Este amor del que hablamos no regatea esfuerzos, no busca beneficios o retribuciones personales, no aspira a reconocimiento ni gratitud, sólo aspira a dar, a ofrecer, a sacrificar su bienestar, a dar su vida si es preciso por el hijo querido que se encuentra en dificultades, que ha errado en el camino del bien, que se ha perdido en las fugas psicológicas, que se desorienta con los vicios, que se obnubila y se esclaviza con las pasiones más degradantes.

Todo eso lo perdona, lo sufre, lo acepta y lo intenta corregir “el amor de madre”, que pretende guiar por el camino de la felicidad y del amor a su retoño querido, a aquel que llevó en su vientre durante tantos meses, a aquel con el que compartió en ese tiempo emociones, sentimientos, angustias, aflicciones, alegrías, esperanzas y expectativas de una vida que se abre paso y aspira a lo mejor en la nueva etapa que inicia en la Tierra.

El vínculo madre-hijo no es nada sin el amor que lo sublima, lo eleva, lo ampara y protege. Este vínculo amoroso impulsado por las leyes divinas es, en muchos casos, el necesario correctivo y rectificación que une a espíritus enemigos del pasado y que ahora, en esta nueva experiencia y el nuevo rol que les compete, consigue transmutar el odio por el amor, el resentimiento por el afecto, la desconfianza por la fe inquebrantable en el otro, y así sucesivamente.

Esta es una de las grandezas de la justicia de las leyes de Dios: nos coloca en el lugar adecuado, con la madre precisa y necesaria para aprovechar todas las situaciones a favor de nuestro progreso, adelanto y evolución, abandonando así tiempos oscuros de recelos y enfrentamientos que son transmutados por lazos de amor, afecto y entrega mutua, generando gratitud entre madre e hijo y abonando así el terreno del amor que une a los espíritus, hayan sido amigos o enemigos en el pasado.

El amor de una madre tiene al hijo por objeto de devoción y entrega absoluta. Y con notable frecuencia, la ingratitud de los hijos y el desconocimiento de las leyes que propician venir juntos en una existencia hace que, hasta que no se hacen adultos y ellos mismos se convierten en padres o madres, no comienzan a valorar el sacrificio, la entrega y la renuncia que supone el auténtico “amor de madre” por un hijo.

«La madre lo es todo; es nuestro consuelo en la tristeza, nuestra esperanza en el dolor, y nuestra fuerza en la debilidad. Es la fuente del amor, de la misericordia, de la conmiseración y del perdón. Quien pierde a su madre pierde a un alma pura que bendice y custodia constantemente al hijo.»

Alas rotas» (1912), Gibran Jalil Gibran

Esta vertiente del amor divino que todo lo da y nada pide, es una expresión elevada del sentimiento del amor puro que emana de Dios impregnando toda su creación, y que en muchas ocasiones permite a algunos espíritus endurecidos (sea la madre o el hijo) descubrir las bonanzas, las bendiciones, el valor y la fuerza del amor auténtico; algo que estas almas rebeldes e insumisas ante la ley de Dios, descubren mediante el sufrimiento y el rescate del amor en el rol que les toca desempeñar como hijo o como madre.

Bálsamo, refugio del reticente en el error, disculpa contínua, perdón constante y amparo permanente, son otras de las atribuciones, de las fragancias que el “amor de madre” desprende de forma natural hacia sus hijos queridos.

Por ello, aquellos que han disfrutado de este amor sin caer en la cuenta de la gracia que han recibido de lo Alto por ello, deben inmediatamente volverse agradecidos, no sólo a su madre sino a Dios, que ha permitido ese encuentro para beneficio y felicidad de ambos.

Y por el contrario, aquellos que quedaron huérfanos o fueron abandonados por madres ingratas o incapaces, o cuyas progenitoras fallecieron con antelación y prematuramente, deben igualmente reflexionar sobre ello; pues Dios no juega a los dados, y su justicia es perfecta. El haberse visto privados de tal dádiva y apoyo en la Tierra tiene siempre una causa profunda anterior. Cuando se tiene la carencia afectiva del amor materno, la moderna psicología nos explica que el desarrollo del infante no es el mismo, y en la mayoría de los casos, cuando se hacen adultos, esta carencia afectiva se muestra en toda su crudeza en la personalidad y la psique de la persona con diversos disturbios que, en muchas ocasiones, generan crueles patologías psicológicas.

Podemos pues comprobar cómo el amor en general, y el de madre en particular, es la base, el cimiento de una personalidad integral y equilibrada, aunque evidentemente no sea garantía de la misma, puesto que son otros muchos factores los que influyen en el desarrollo equilibrado de la psique del niño y posteriormente adulto.

«El corazón de la madre es el aula del niño». Henry Ward Beecher

Sea como fuere, y desde un punto de vista espiritual, el amor de madre es el reflejo del amor divino de protección y amparo de todas las criaturas. Tanto es así que podemos afirmar que el amor divino, siempre presente desde que nuestra alma es creada por Dios, manifiesta su expresión más altruista en el amor de una madre por su hijo, que todo lo entrega y nada le exige.

Agradezcamos a Dios la oportunidad de haber disfrutado del amor de madre. Y si no ha sido así, reflexionemos que la causa de esta privación está sin duda en nuestro pasado; a veces delictuoso o impropio, donde despreciamos este sentimiento tan noble del que ahora nos hemos visto privados para que podamos añorarlo y apreciarlo. 

La mayor fuerza del Universo es el Amor Divino, y en la Tierra, el amor de madre representa, como ya hemos explicado, una de las expresiones más puras y con mayor fuerza del mismo que podamos encontrar.

“El amor de una madre no contempla lo imposible”

P.T. Barnum

Amor de madre por: Redacción

2024, Amor, Paz y Caridad

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