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TRABAJO Y SERVICIO

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Trabajo y servicio

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Como ya expliqué anteriormente, fue el descubrimiento paulatino de mi compromiso espiritual en la tierra el que me iba dotando de mayor fortaleza y claridad para atender las necesidades espirituales que mi alma tenía en esta última encarnación.

Una de las lecciones que mejor aprendí, no sin un enorme dolor y sin la aflicción consecuente que me produjo, fue que, a medida que avanzamos en el trabajo de nuestra redención espiritual, este se hace más arduo, más difícil, y aunque proporcionalmente contamos con mayor auxilio y amparo espiritual, el esfuerzo es personal, como lo es el mérito que de él se deriva si hacemos las cosas bien.

Al mismo tiempo la lección del recorrido me llevó a ser presa de las fuerzas de las sombras que intentaron varias veces, de forma persistente y continua, hacerme desistir de mi determinación de progreso espiritual dedicado al bien y al prójimo.

Pude comprobar con qué facilidad podemos ser desviados, entretenidos o despistados; a fin de justificar con cualquier excusa de carácter material, social o sentimental instalada repetidamente en mi mente dedicar mi tiempo a estas cuitas en vez de a lo verdaderamente importante que mi compromiso demandaba.

No sólo la inducción mental sutil de estos espíritus, inteligentes pero mixtificadores, pretendían desviarme del camino, sino que no dudaron en pedir ayuda a otras fuerzas de las sombras para atacar mis debilidades psicológicas y morales a fin de conseguir mi renuncia y abandono del compromiso espiritual abrazado.

Llegaron a tal punto de intervención, que incluso fueron capaces de activar mecanismos poderosos de influencia material sobre las cosas que me rodeaban; a fin de asustarme, ponerme en evidencia y advertirme de las consecuencias nefastas para mi propia integridad física si continuaba por el derrotero del progreso espiritual y moral.

Pero gracias a Dios, cuando llegó ese momento, yo ya albergaba en mi interior los recursos necesarios para hacerles frente; y si bien es cierto que en algún momento, aprovechándose de mi soledad material, pudieron acobardarme; el recurso de la oración, la ayuda espiritual de mi espíritu protector y los sabios consejos de amigos materiales que poseían gran capacidad de consejo y claridad por sus facultades medianímicas; fueron ayudas suficientes para resistir los embates de estas fuerzas negativas a fin de que no consiguieran su objetivo, que no era otro más que apartarme del camino.

Así pues, el trabajo diario, la dedicación a las instituciones en las que trabajaba, la atención a otros trabajos de ayuda y traducción de obras espíritas, y la bendita oportunidad de iniciar un ciclo de conferencias que poco a poco fueron proyectándose a mi alrededor, fueron el refugio, el bálsamo y la gran oportunidad que se me brindaba de servir a los demás con altruísmo.

Toda esta dedicación fue llenándome de vida, de dicha, de plenitud y de satisfacción por momentos; de forma que, aunque recurrentemente aparecían aflicciones materiales, bien por causas familiares o por otras circunstancias, eran fácilmente superadas al encontrarme en la dinámica de la gratitud hacia la vida y hacia Dios por todo aquello que acontecía a mi alrededor y que, ahora sí, comprendía que se trataba de cuestiones que debía afrontar para mi progreso y dicha futura.

Impartía conferencias, desarrollaba escritos en distintas publicaciones, elaboraba traducciones, colaboraba en la organización de varias instituciones, aportando mi experiencia material y espiritual, mis consejos. Y una gran satisfacción llegó a mi vida cuando, además de consejos y aportaciones materiales, los espíritus que me acompañaban iban permitiéndome ayudar, consolar y auxiliar a aquellos que se acercaban en búsqueda de orientación y/o conocimiento espiritual.

Iba enfrentando etapas de mi vida y comprendía que, la grandiosidad del conocimiento que nos brinda la doctrina espirita hace que estemos siempre conectados a nuestros seres queridos mediante el pensamiento.

Mi madre, auténtico guía espiritual para mi alma en la última existencia, y ángel propiciador de mi educación moral, se marchó a la patria espiritual en momentos delicados de mi vida; no obstante, el conocimiento de la eternidad del espíritu, y la alegría y esperanza del reencuentro posterior me hizo encontrar las fuerzas para seguir adelante.

Cuando comprendemos esto, nadie se encuentra nunca solo en el universo; sea con materia en la tierra o en el plano espiritual, los espíritus que son afines a nuestros pensamientos y acciones se unen con nosotros por vínculos afectivos y de afinidad. La argamasa que nos une es no sólo la afinidad de pensamientos y sentimientos, sino el amor mútuo que nos profesamos.

Ese amor que transciende las fronteras de la muerte, del mundo físico; ese amor que nos reúne al regresar a la patria espiritual y que nos fortalece y nos recuerda nuestro origen divino, al ser hijos de Dios a su imagen y semejanza.

Conforme avanzaba, trabajaba y servía, ese amor me iba inundando por allí donde pasaba; las muestras de agradecimiento ya no eran únicamente físicas (una palabra de gratitud, un gesto de afecto), se trataba de sentimientos que mi alma iba sintiendo, vibrando, emocionándose y experimentando y que a mí me eran válidos, como única reciprocidad que recibía a mis trabajos y servicios en pro de mi prójimo y de los ideales que defendía y divulgaba con tanto ahínco y vehemencia.

Muchos que lean estas líneas posiblemente me conozcan, pero a todos ellos les digo que aquel que conocieron ya no es el mismo; el trabajo y el servicio modificaron mi condición moral como nunca antes pude sospechar; como yo mismo, sorprendido por tal circunstancia pude comprobar cuando llegué al plano espiritual.

Benet de Canfield

Psicografiado por Antonio Lledó Flor

©2016, Amor, paz y caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usaremos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

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