“¿Por qué permite Dios tanta injusticia?”,
el hombre irresponsable se pregunta;
los fallos cometidos no se apunta,
y acusa al Creador de su impericia.
Rehúsa del Eterno Su caricia;
solo a lo material su ser se junta;
y escoge ser sujeto de la yunta
que tira del calés de la malicia.
Creado por Ti fue el hombre pío;
le diste libertad con mano diestra;
y a causa de usar mal el albedrío
nos vemos con el alma tan siniestra.
No cabe duda alguna, Padre mío,
de tanta imperfección, la culpa es nuestra.
Nuestra es la culpa por: Jesús Fernández Escrich
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