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¿ES DIOS LA CONCIENCIA UNIVERSAL?

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¿Es Dios la conciencia universal?

“La trascendencia, que no proviene simplemente de las leyes de la vida, sino de las aspiraciones de realización consciencial, solo se puede realizar en el plano existencial, en que el desarrollo de la consciencia lo lleva a buscar la Consciencia Suprema, que es Dios”

J. Herculano Pires, libro: Educación para la Muerte

Los estudios realizados por diversos neurólogos, psiquiatras, biólogos, psicólogos, filósofos y otros investigadores intentan clasificar los distintos tipos de conciencia que podemos distinguir. Sea como fuere, si hay algo en lo que todos están de acuerdo es en la dificultad de conocer el origen de la conciencia, siendo los más sinceros aquellos científicos que afirman que no existe hipótesis ni teoría coherente que explique a día de hoy cuál es el origen de la conciencia y cómo aparece. Este es, junto al origen de aparición de la vida, el gran reto y misterio todavía no descubierto.

A lo largo de capítulos anteriores dedicados al tema de la conciencia hemos explicado los distintos niveles de conciencia que alcanzamos a comprender actualmente; esto no quiere decir que no existan otros de los cuales no tenemos conocimiento alguno debido a nuestro limitado conocimiento y adelanto en este campo. Por ejemplo, una definición sobre las facultades de la conciencia podría ser la siguiente:

“Es la capacidad de tener experiencias interiores que no se limita a los seres humanos y es universal”.

Entre los tipos de conciencia que podemos distinguir a simple vista tenemos tres especialmente definidos: una conciencia primaria, otra humana y una tercera que podemos definir como universal. La conciencia primaria es aquella que podemos distinguir en los animales y plantas, reinos inferiores de la naturaleza pero que poseen su propio grado de conciencia. ¿Acaso la planta no tiene capacidad sensorial y experiencias que modifican su conducta en relación a pulsiones exteriores que la afectan (clima, temperatura, humedad, fotosíntesis, etc.)

Y qué decir de los animales, cuya conciencia primitiva está perfectamente ligada a su instinto de conservación y a las emociones que sienten (tristeza, alegría, miedo, angustia, etc.). Además de ello, en los animales superiores se observa no sólo la reacción instintiva y los automatismos biológicos propios de cada especie, sino también un cierto grado de cognición o pensamiento discontinuo que los eleva por encima de otros animales más atrasados en el camino evolutivo.

En el ser humano la distinción llega con la auto-conciencia. El ser humano es un ser individual y consciente de si mismo, lo que le permite no sólo dirigirse por el instinto sino pensar en sí mismo, sobre sus propios pensamientos, ser capaz de usar el libre albedrío y modificar los automatismos, los impulsos, los hábitos adquiridos y otros tantos rasgos que construyen el carácter y temperamento de las personas. De esta forma se puede modificar la conducta, siendo conscientes de las experiencias internas y externas que vivimos a fin de conducirnos “conscientemente” por la vida.

Y la diferencia entre los animales y el hombre viene dada por el elemento que nos diferencia de ellos y que no es otra cosa que el alma inmortal, creada por Dios y que posee la “chispa de conciencia” para poder desarrollar las cualidades latentes que lleva internamente y que, mediante el transcurso de la evolución, iremos desdoblando y creciendo hasta llegar a la perfección relativa que nos espera como espíritus inmortales.

El espíritu inmortal, impulsado por la conciencia cósmica, origen de todo lo que existe, se dirige a su sublimación con ella misma mediante la epopeya del desarrollo infinito e individual de las cualidades divinas y del libre albedrío que el sumo hacedor colocó en su interior”

La conciencia humana es creada por el tercer tipo de conciencia, “la conciencia universal” o cósmica. La conciencia divina que impregna e impulsa toda la realidad y el universo físico y espiritual de donde procede todo lo que existe.

Así pues, desde un punto de vista espiritual, toda la creación que podamos contemplar o imaginar tiene un sólo origen: Dios. Un ser eterno, atemporal, no espacial, omnipotente, omnisciente, único, justo y soberanamente bueno. Definir a Dios es limitarlo, puesto que no tenemos capacidad de comprenderlo todavía y solamente nos atrevemos a esbozar algunos rasgos como los que hemos mencionado.

Precisamente la dificultad de definir a Dios viene también por nuestra absoluta incapacidad para definir lo que es la “conciencia cósmica o universal”. Pero al igual que para Dios tenemos rasgos, cualidades, características y pistas para intentar comprender un poco su esencia podemos definir esta conciencia cósmica por los efectos que produce. Una de ellas es la propia alma humana, consecuencia directa de esta conciencia universal.

“Es en este camino de búsqueda de la Conciencia Universal donde el hombre supera la fragilidad de la existencia y se proyecta en la conquista de si mismo, en el control integral de sus pensamientos, sentimientos y acciones. De esta manera, la muerte libera al ser de las condiciones de la existencia y en él se completa la realidad del ser”.

J. Herculano Pires, filósofo

El alma es, en esencia, individualidad, trascendencia y conciencia de sí misma. Y por el mismo hecho, el progreso y el crecimiento del alma es inviable e incomprensible sin el crecimiento de la conciencia. Tanto es así que el crecimiento consciente del alma no sólo produce un adelanto de la misma, sino el aumento de sus capacidades conscientes, llevando al espíritu a la percepción y captación de estados de conciencia superiores que afloran como consecuencia de la depuración del alma.

Esas dimensiones de conciencia que sobrevienen de forma natural con el desarrollo y evolución del espíritu no son otra cosa que los estadios primarios de la conciencia cósmica que están al alcance de aquellos que buscan la autorrealización y la felicidad mediante el desarrollo de las cualidades superiores del alma. Hace algunos miles de años, Lao Tze, el gran filósofo chino, lo definió así:

La clave del crecimiento es la introducción de dimensiones superiores de conciencia en nuestra vida.”

Son virtudes superiores que sitúan al ser humano en el camino correcto de acercamiento a su creador y mediante las que vamos conectando con mayor facilidad con el pensamiento cósmico, sintiéndonos vinculados, amados, protegidos y amparados por la mayor fuerza del universo que es el impulso de la conciencia universal: el amor divino.

Este es el auténtico impulso de la conciencia cósmica que permea todo el cosmos, el físico y el espiritual. Es la energía que impulsa lo macro (constelaciones, galaxias, planetas, humanidades, seres vivos, etc.) y lo micro (partículas elementales, átomos, etc.). Y la relación entre la conciencia individual y la conciencia cósmica es total, estando la primera destinada a la identificación con la segunda. Stanislav Grof, el eminente psiquiatra que abanderó la psicología traspersonal lo definió así:

«En su forma externa, la conciencia individual parece abarcar la totalidad de la existencia e identificarse con la Mente Universal o con lo Absoluto» S. Grof, Libro: Psicología Transpersonal

Cuando se estudia en profundidad la relación entre el espíritu, la conciencia y las leyes que rigen en el universo espiritual como Kardec hizo en su obra, podemos afirmar sin duda ninguna que la frase del Doctor Russell: “La conciencia es el esperado puente entre la ciencia y el espíritu” es no sólo verdadera y cierta sino la clave para comprender los misterios que todavía la ciencia no alcanza a comprender.

En anteriores entregas sobre este tema ya hemos explicado la dimensión inmaterial de la conciencia y de la mente. Pero también ahora podemos añadir la «dimensión no local de la conciencia». Algo que confirma muchos de los estudios realizados sobre el tema en distintas áreas de la ciencia (mecánica cuántica, biología molecular, psicología transpersonal, etc.)

Por ejemplo, cuando hablamos de una conciencia universal podemos establecer el paralelismo con la mecánica cuántica en el hecho de que el universo es un campo de energía e información que está relacionado e interconectado. Este campo ¿podría ser un reflejo de la conciencia universal?

En el área de la psicología analítica, el gran Carl Gustav Jung estableció el arquetipo del inconsciente colectivo, donde quedan registradas las secuencias históricas y hechos del colectivo humano que afectan e influencian el inconsciente personal de todos los individuos. ¿Es acaso el inconsciente colectivo la memoria de esta conciencia universal o forma parte de ella?

En el campo de la biología, y más concretamente de la biología molecular, el Doctor Rupert Shelldrake es el autor de la hipótesis de los campos morfogenéticos y la resonancia morfica. Esta última no es más que la «memoria no registrada» de las especies biológicas capaz de condicionar comportamientos, cambios y patrones de conducta en los individuos de la misma especie que “aprenden” simplemente por herencia. ¿De dónde surge este aprendizaje? ¿Existe una conciencia colectiva en las especies animales que les induce a reproducir automatismos no aprendidos?

Son algunos ejemplos y preguntas que se irán respondiendo con el transcurso del tiempo mediante el avance de la ciencia. Pero todo esto nos obliga a comprender que, aunque materialmente sea difícil de explicar, espiritualmente está claro y nítido. Dios es el autor, creador y origen de todo lo existente, y al igual que no es en sí mismo su propia obra, sí que ha impregnado la misma de su esencia y consciencia cósmica que impulsa al progreso y avance hacia la perfección a todo lo que existe.

Por lo tanto, la conciencia cósmica es la marca más poderosa de Dios en su obra. Una conciencia que permite al hombre ir poco a poco comprendiendo la obra divina, ya que el alma misma posee en su interior esa chispa divina (conciencia individual) que no es otra cosa que parte de la conciencia universal y superior pendiente de desarrollar.

“Creo que la conciencia es fundamental. Creo que todo asunto deriva de la conciencia. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos como existente, es dictado por la conciencia”.

Max Planck – Nobel y Padre de la Física Cuántica

¿Es Dios la conciencia universal? por: Antonio Lledó Flor

2025, Amor, Paz y Caridad

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