Inicio Desvelando el enigma DIOS Y LOS FILÓSOFOS

DIOS Y LOS FILÓSOFOS

0
130
Dios y los filósofos

“Si usted está buscando sinceramente a Dios, Dios le hará Su existencia evidente”.

William Lane Craig – Filósofo

En la trayectoria de la evolución del pensamiento humano el concepto de Dios ha estado presente desde el principio bajo todos los aspectos que podamos imaginar. Al igual que hoy, los ateos, agnósticos, escépticos y creyentes han existido en todas las épocas, y notables pensadores de todos los tiempos dejaron por escrito su pensamiento acerca de la existencia o no existencia de Dios para ellos.

Como explicamos en los capítulos anteriores, el concepto de la divinidad como un ente superior al hombre es muy anterior al de la religión como institución. Más adelante, en entregas posteriores comprobaremos como la relación del hombre con Dios y su presencia en la vida humana y universal, no se limita únicamente a conceptos filosóficos, sino que ya la ciencia está comprobando las íntimas relaciones que existen entre Dios y su criatura.

Sin embargo, esto no es óbice para que en este momento expliquemos de forma muy sintética y breve el desarrollo de la idea de Dios en algunos de los grandes pensadores de la humanidad. Ya en época antigua de la Grecia clásica nos encontramos con filósofos claramente ateos como Diágoras, Epicuro o Demócrito; en Roma, Lucrecio, y en el siglo XIX y XX destacan Nietzsche, Sartre, Marx, Heiddeger y otros.

No obstante, cuando analizamos con precisión la historia de la filosofía nos encontramos con que la gran mayoría de los pensadores son creyentes en Dios o en una causa que origina todo lo que existe. Esto no quiere decir que crean en el Dios que la religión les presenta, sino más bien en su propia idea de divinidad. La distancia entre el concepto de Dios para los filósofos y el Dios de las religiones dogmáticas es en muchos casos mucho más grande de la que existe entre algunos agnósticos y los creyentes. Porque los agnósticos adoptan la postura de no saber si creen en Dios o no, porque consideran que el hombre es incapaz de alcanzar esa certeza, y por ello se denominan de este modo.

En el campo de la filosofía encontramos a los filósofos y mayores genios pensadores de la historia como creyentes en Dios o el Absoluto, aunque sus principios no coincidan con la visión que ofrecen de Dios las religiones de su época; en este sentido destacamos a Sócrates, Platón y Aristóteles, a Descartes, Espinoza, Leibniz, Pascal o Immanuel Kant.

Las grandes diferencias se establecen en los conceptos dogmáticos de las religiones, cuyas imposiciones teológicas o doctrinales no pueden ser aceptadas por las mentes más lúcidas de la historia del pensamiento humano. Por ello, mientras en la Grecia clásica tenían un régimen politeísta, el más grande filósofo de la historia (Platón) concebía que por encima de esos dioses (concebidos como espíritus de la naturaleza) existía un “Demiurgo”, que era superior a todos y que constituía el origen de todo lo que existe en “el mundo de las ideas”, que no es otra cosa que la auténtica realidad opacada por el mundo material de las sombras, como explica en el famoso mito de la caverna.

La tendencia naturalista de su discípulo Aristóteles hizo que concibiera a Dios como “un primer motor” sin el cual todo lo que existe tiene una causa para su existencia, ya que este principio o motor es el impulsor de todo, es eterno e interviene en la naturaleza. Con el paso del tiempo y la aparición del cristianismo, en el siglo IV aparece la figura de Agustín de Hipona, que sabe conciliar el concepto del Dios platónico y neoplatónico con la tradición judeocristiana de la que está imbuido.

“No salgas afuera; vuelve a ti mismo. La verdad mora en el hombre interior”

San Agustín de Hipona

En esta frase Agustín nos expresa que la voz de Dios la podemos encontrar dentro de nosotros mismos, en nuestra alma, donde reside nuestra conciencia moral. El paralelismo con el postulado de Jesús de que el “Reino de Dios está dentro de vosotroses más que evidente.

Otros grandes padres de la iglesia cristiana primitiva tenían también un concepto de Dios alejado de los dogmas de la iglesia posterior, nos referimos a Clemente y Orígenes de Alejandría, y otros muchos que fueron considerados heréticos simplemente por no compartir la visión oficialista que los obispos de la futura iglesia romana llegaron a imponer en todo el imperio cuando abrazaron el poder temporal que el emperador les ofrecía a cambio de controlar la nueva religión que se extendía velozmente.

Con el advenimiento del medioevo y el renacimiento destacan varias figuras a considerar. Es preciso mencionar en primer lugar el argumento ontológico de San Anselmo sobre la existencia de Dios del siglo XI. Un postulado filosófico que ha sido confirmado en el siglo XX por el axioma matemático de Kurt Gödel  (el mayor genio de la lógica desde Aristóteles).

En segundo lugar aparece la figura de Santo Tomás de Aquino, que con sus postulados causales afianza la teología cristiana reforzando la figura de Dios como Causa Incausada (que no es contingente porque no ha sido creada). A partir del Renacimiento aparecen los grandes filósofos científicos, porque ellos tenían las dos vertientes del conocimiento humano, eran grandes investigadores y a su vez pensadores. Aparece Descartes, Spinoza, Leibniz y Pascal (Matemáticos, Lógicos, Metafísicos, etc.). Todos ellos afirman sin ambages la “necesidad de la existencia de Dios”. Blaise Pascal, uno de los genios matemáticos de la historia, argumentaba siempre que es mejor «apostar» por creer en Dios que no hacerlo, afirmando:

Puedes creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo. Puedes creer en Dios; si no existe, entonces no ganarás nada. Puedes no creer en Dios; si no existe, entonces tampoco ganarás nada. Puedes no creer en Dios; si existe, entonces no irás al cielo”

Con el siglo XVIII aparecen dos figuras importantes: David Hume, escéptico sobre la idea de Dios, e Immanuel Kant. Este último afirmaba la imposibilidad de conocer a Dios; no obstante, este hecho no le impedía aceptar plenamente su existencia, porque para Kant no era imprescindible demostrar la existencia de Dios sino su necesidad para la vida del hombre.

Y posteriormente siguieron apareciendo algunos filósofos que ya vieron comprometido su pensamiento en el siglo XIX y XX con la tendencia materialista-positivista que, impregnada de desprecio por la religión dogmática de la época y exacerbada en sus postulados por el avance extraordinario de las ciencias positivas, llegaron a anunciar la muerte de Dios, tal y como afirmó un gran filósofo como Nietzsche.

El positivismo como afirmación de la única realidad (la de la ciencia y la materia exclusivamente) comenzó a ser denostado y criticado ya por los grandes genios del siglo XX, desde Einstein a Gödel, pasando por Heisenberg y otros grandes físicos, filósofos y pensadores.

Freud y Marx presentaron teorías contrarias a la existencia de Dios basándose únicamente en los errores de las religiones y no en los argumentos filosóficos, por ello fueron llamados “los maestros de la sospecha”. Precisamente por no ofrecer más que teorías e hipótesis que no tenían validez alguna en lo referente a argumentos y conclusiones sobre la existencia de un ser creador o una causa primera.

Después de los descubrimientos de la ciencia de vanguardia a mitad del siglo XX, con la confirmación del Big Bang, la expansión del universo, la muerte térmica del universo y muchos otros, la corriente filosófica en muchas universidades anglosajonas y norteamericanas se fue volcando hacia la metafísica para intentar conciliar los nuevos argumentos cosmológicos sobre el principio del universo, y fruto de ello dio como resultado una expansión de los cuestionamientos reduccionistas del cientificismo materialista.

Hoy, el materialismo está siendo arrinconado cada vez más por los argumentos filosóficos y las investigaciones de la ciencia, hasta el punto de que conceptos como el diseño inteligente en el origen de la vida y el universo, el ajuste fino de las leyes físicas que dirigen el cosmos, y otros tantos avances ya confirmados en física cuántica y otras disciplinas, apoyan irremisiblemente los nuevos planteamientos filosóficos que admiten una causa inteligente, un orden y equilibrio en el cosmos imposible de ser originado por el azar o por la casualidad.

Todo apunta a una Mente Superior, y este planteamiento ha sido ya asumido desde hace dos o tres décadas por multitud de filósofos y pensadores en todo el espectro universitario y de la investigación filosófica.

Sin ir más lejos, y por poner un ejemplo paradigmático, el pensador y profesor Anthony Flew, militante del ateísmo más radical durante 60 años y padre intelectual de ateos tan famosos como Richard Dawkins, Christopher  Kitchen o Michael Onfray, hizo una declaración en el año 2004 acerca de su cambio de postura al respecto de Dios. Y para ello escribió un libro titulado “Dios Existe”, donde desarrolla los argumentos y las evidencias que le llevaron a abjurar de su posición atea, mantenida durante más de medio siglo, y que fue la base racional de muchos investigadores y pensadores que se declararon ateos al leer las obras de Flew.

Este hombre, que por encima de todo demostró una honradez intelectual extraordinaria al reconocer, estudiar y cambiar sus convicciones, a pesar de saber de los ataques que sufriría por parte de aquellos que fueron sus “hijos intelectuales” (algunos de ellos mencionados arriba), fue capaz de abandonar el ateísmo siguiendo argumentos estrictamente racionales e interpretando los descubrimientos de la ciencia de vanguardia. Y esto último es tan importante, que algunos de estos descubrimientos referidos al campo de la energía y la materia están cambiando los conceptos, las convicciones y el paradigma de muchos científicos amantes de la búsqueda de la verdad por encima de los convencionalismos y el reduccionismo científico materialista.

Cuando Flew cambió de opinión respecto a Dios en el año 2001, y en 2004 apareció su libro, el revuelo internacional en el mundo académico fue mayúsculo, sobre todo entre aquellos que se consideraban sus herederos intelectuales. Estos últimos, lejos de analizar los nuevos argumentos del maestro de filósofos, se lanzaron a una campaña de desprestigio personal y ataques furibundos contra el “viejo profesor”.

Reaccionaron igual que a los que ellos criticaban dentro de las religiones, con el sectarismo y el fanatismo propio de aquel que no es capaz de abrir su mente y analizar los nuevos argumentos. Detallo brevemente las razones que ofrece el propio Flew y que le llevaron a creer en Dios después de haber sido considerado durante varias décadas como “El mayor ateo de la comunidad filosófica”:

“Ahora creo que Dios existe. La ciencia atisba tres dimensiones de la naturaleza que apuntan hacia Dios. Pero no sólo la ciencia me ha guiado, también me ha ayudado la reconsideración de los argumentos filosóficos clásicos

Dios y los filósofos por: Antonio Lledó

2025 © Amor, Paz y Caridad

Publicidad solidaria gratuita

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies