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ACCIÓN Y NO RUTINA

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Acción y no rutina
Acción y no rutina

De nada sirve el saber
 si no se sabe aplicar
para poder convencer y a los demás ilustrar.

Una frase de amor vale un «imperio»,
y la sonrisa es luz del corazón
que de la soledad vive en las sombras
y es víctima propicia del dolor.

No hay nada como amar y sonreír
para hacerse querer de los demás,
y merecer del Cielo el galardón,
para poder la Gloria conquistar.

Para sembrar de rosas el camino
que al encuentro de Dios nos llevará
de la mano del Bien y del Amor,
de la Fraternidad Universal.

Quien no ama ni sonríe es una cosa,
deja de ser humano el corazón
que niega una sonrisa a los demás
y se hace indiferente ante el dolor.

Es una piedra más en el camino
de la depuración espiritual
que ha de ablandar la mano del dolor
a fuerza de sufrir y de llorar.

Si tú, lector amigo, así lo entiendes,
sonríe aunque te llore el corazón,
tratando de ayudar a los que sufren
por falta de sonrisas y de amor.

Porque no tienen luz de otras conciencias,
porque del corazón les falta el pan;
porque otros corazones menos dignos
no han sabido hacia Dios encaminar.

Porque viven rumiando su ignorancia,
sin saber el por qué de sus porqués,
de las tribulaciones de sus vidas
y el kármico proceso del ayer.

No te cierres al bien de los demás
ni pierdas de ser útil la ocasión,
para poder cambiar la faz del mundo
y hacer tu porvenir también mejor.

Tú sabes como yo que no morimos,
que el alma es inmortal y necesita,
para alcanzar del Bien la Perfección,
nacer y renacer, más de una vida.

Abrevia, pues, su paso por la Tierra
amando y sonriendo a los demás,
de los desventurados de la vida
teniendo compasión y caridad.

El progreso del alma está en el Bien,
en saber realizarse en el Amor,
en el conocimiento espiritual
y en combatir del mal la imperfección.

No basta con saber, sin practicar
todo conocimiento es rutinario
y no puede dar luz al corazón
si no va de la acción acompañado.

Retén esto en tu mente, y no lo olvides
cuando se te presente la ocasión
de amar y sonreír a los demás,
de encaminar sus pasos hacia Dios.

En ello está el progreso de tu alma,
la irradiación divina de tu ser;
el bien de los demás y el tuyo propio
y el recto cumplimiento de la Ley.

Pues todo el corazón que viva amando
y sepa conducir a los demás,
alcanzará del Bien la Perfección
y libre de zozobras se verá.

Acción y no rutina por: José Martínez Fernández

 

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