{"id":19074,"date":"2024-06-25T17:01:44","date_gmt":"2024-06-25T15:01:44","guid":{"rendered":"https:\/\/amorpazycaridad.es\/?p=19074"},"modified":"2024-06-28T17:09:47","modified_gmt":"2024-06-28T15:09:47","slug":"recordaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/amorpazy-cp515.wordpresstemporal.com\/amorpazycaridad.es\/recordaciones\/","title":{"rendered":"RECORDACIONES"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"justificar\">&nbsp;\u00a1Hermosas recordaciones de las noches de mi aldea lejana!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">\u00a1A\u00fan hoy, revuelvo la ceniza de los siglos, para buscar tus reminiscencias, que me llenan el alma de encantamiento y poes\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;Noches de primavera, de luna blanqu\u00edsima, en que yo rociaba con mi llanto las flores del modesto jard\u00edn del presbiterio, cuando confiaba a Dios mis oraciones de sacerdote cat\u00f3lico, alma exiliada dentro de la vida, ramo fenecido en los vergeles dichosos de los hombres de la Tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;Dolorosas meditaciones, en las que mi coraz\u00f3n, \u00e1vido de cari\u00f1o y de afecto, interrogaba a la b\u00f3veda celeste sobre el porqu\u00e9 de mi sacrificado destino. \u00bfPor qu\u00e9 el sacerdote no podr\u00eda amar como las otras criaturas? \u00bfPor qu\u00e9 todos poseer\u00edan la ventura de un hogar risue\u00f1o, donde brillasen las sonrisas de la esposa y el amor de los hijos, y el hombre que se consagrase a las labores de la iglesia habr\u00eda de vivir aislado, cuando su coraz\u00f3n deseaba vivir?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;Lloraba entonces, copiosamente, oyendo, en el silencio de las flores y de las estrellas, voces apagadas que apenas susurraban en lo \u00edntimo de mi ser:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;-\u201c\u00a1Ingrato! Al sacerdote le fue confiada la m\u00e1s sublime misi\u00f3n de amor. \u00bfNo tienes esposa? Ama la pobreza desvalida, a tu hermano sufridor de la Humanidad. \u00bfNo tienes hijos? \u00a1Cons\u00e1grate a los infelices! S\u00e9 el padre amoroso y compasivo, lenific\u00e1ndoles los padecimientos, confort\u00e1ndolos en la desgracia. Tienes sed de amor y existe una infinidad de seres que se sienten abrazados en esa sed devoradora: \u00a1Huerfanitos abandonados, mendigos sin pan y sin hogar, ojos sin luz, multitudes de despreciados que imploran, con toda el alma en los labios, una limosna de amor! \u00a1Proc\u00faralos y reparte con ellos tu coraz\u00f3n! \u00a1Amar es plantar la felicidad en la Tierra! Ama y seguir\u00e1s fielmente los luminosos pasos de Jes\u00fas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;Lamentaba entonces, largamente, mis minutos de flaqueza en la ardua tarea a la que me consagrara voluntariamente y me consolaba, so\u00f1ando con un sitio estrellado, despu\u00e9s de la existencia terrena, al lado de una joven p\u00e1lida, de cabellos negros, que sonre\u00eda divinamente. Fue en una de esas noches iluminadas, repletas de matizados perfumes de la primavera, cuando despu\u00e9s de mis meditaciones, fui sorprendido por insistentes llamadas. Era un antiguo criado del castillo que yo muy bien conoc\u00eda, exclamando lacrimosamente:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&#8211; \u201cPadre, venid conmigo, que el conde quiere entregaros sus \u00faltimos pensamientos\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&#8211; \u00bfC\u00f3mo? \u00bfEl conde Henoch, a quien vi ayer gozando de una envidiable salud?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; S\u00ed, Padre. Fue acometido de un mal s\u00fabito y nadie espera por la vida del Sr. Conde, que ya se halla agonizante.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">All\u00e1 me fui, siguiendo las pisadas del mensajero, inmerso en los m\u00e1s atroces pensamientos. Si hubo en mi vida de padre cat\u00f3lico algo que me repugnase, era el trabajo penos\u00edsimo de ocupar el tribunal de la confesi\u00f3n, inquiriendo en las conciencias ajenas, lo que siempre consideraba un crimen. Me aterrorizaba los secretos que todos guardaban avaramente y que no se avergonzaban en tra\u00e9rmelos, cuando solamente a Dios deber\u00edan confiarlos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">\u00bfQu\u00e9 me podr\u00eda decir en la hora extrema el conde Henoch? Lo conoc\u00eda desde joven, como hombre honesto y bueno, justo y generoso. Desposara, hac\u00eda poco tiempo, a una muchacha de las cercan\u00edas, de nombre Margarita, muy garrida y bella, un tanto fr\u00edvola y vanidosa. Sab\u00eda que viv\u00edan felices, am\u00e1ndose con el mismo cari\u00f1o de los primeros d\u00edas del matrimonio, que yo bendijera al pie del modesto altar de la capilla de la aldea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;Iba yo, lentamente, con un velo de tristeza infinita cubri\u00e9ndome el Esp\u00edritu, que se sent\u00eda absorbido por amargos presentimientos. Implor\u00e9 el amparo de las fuerzas invisibles en aquel trance y me sent\u00ed reanimado para llevar adelante la tarea que adivinaba penosa. En esa disposici\u00f3n de Esp\u00edritu penetr\u00e9 en los aposentos lujosos del conde Henoch, que se hallaba con los ojos semicerrados, pareciendo dormir. La Condesa estaba all\u00ed, agitada, con un aspecto de gran aflicci\u00f3n. Le ped\u00ed que se apartase por unos momentos, para que yo permaneciese a solas con el agonizante, en quien ya se dificultaban los movimientos de la respiraci\u00f3n. Lo llam\u00e9, suavemente, como quien recela despertar a un ni\u00f1o. Henoch abri\u00f3 los grandes ojos tristes. Una gruesa l\u00e1grima se desliz\u00f3 por la faz p\u00e1lida, al verme, murmur\u00f3 en voz casi imperceptible:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;&#8211; \u201cPadre Germ\u00e1n\u2026 muero con la conciencia tranquila\u2026 y con la certeza\u2026 de que Margarita me envenen\u00f3. Descubr\u00ed su traici\u00f3n al juramento conyugal y algunas gotas de un t\u00f3xico infalible\u2026 me llevan para el t\u00famulo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Con el alma profundamente sensibilizada, le habl\u00e9 a los o\u00eddos, abraz\u00e1ndolo: \u201c\u00a1Hijo, no guardes resentimiento a quien quiera que sea! \u00a1Es preferible, mil veces, ser v\u00edctima, que verdugo! Tu alma, limpia de las m\u00e1culas del delito, partir\u00e1 hacia las mansiones de Dios, buscando la porci\u00f3n de felicidad que le pertenece con justicia, mientras tus asesinos cargar\u00e1n las cadenas del remordimiento durante siglos&#8230; Parte, \u00a1Hijo amado! \u00a1Que Jes\u00fas reciba en sus brazos amorosos y tutelares tu Esp\u00edritu bondadoso!&#8230;\u201d Una sonrisa divina fluy\u00f3 en los labios del cad\u00e1ver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Despu\u00e9s de orar con fervor al Se\u00f1or del Universo, abr\u00ed la puerta del aposento. La Condesa entonces se precipit\u00f3 sobre aquel cad\u00e1ver p\u00e1lido y triste, que parec\u00eda sonre\u00edr. Lo bes\u00f3 y abraz\u00f3, fren\u00e9ticamente, pidi\u00e9ndome angustiada que le repitiese sus \u00faltimas voluntades.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">\u00a1Oh! \u00a1La miseria humana!&#8230; Un dolor m\u00e1s profundo me domin\u00f3 totalmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Sin coraje para reproducirle las \u00faltimas palabras del Conde, murmur\u00e9 entristecido:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">\u201cAdi\u00f3s, se\u00f1ora. Juzgo haber cumplido mis deberes sacerdotales, junto a vuestro esposo, que expir\u00f3 en mis brazos, pero, sin poder dirigirme, una sola frase. Esa alma bondadosa se llev\u00f3 consigo para el t\u00famulo sus \u00faltimos deseos\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">La condesa al o\u00edrme cambi\u00f3 de semblante, pareciendo que le hab\u00edan arrancado muchas toneladas de encima del pecho. Me desped\u00ed del castillo con la muerte en el alma, conmovido con el sufrimiento de aquel hombre justo, que sucumbiera a los golpes de las perfidias mundanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp; Nunca m\u00e1s regres\u00e9 a aquellos sitios, y durante muchas noches consecutivas or\u00e9 por el alma de su propietario, pensando en el misterio de aquella muerte repentina, que a todos impresionara profundamente. El secreto, que permanec\u00eda en mi pecho, dolorosamente oculto en mi coraz\u00f3n, me hac\u00eda casi enloquecer de angustia; jam\u00e1s lo conocer\u00eda el mundo. Pero lo que m\u00e1s me aflig\u00eda, era el endurecimiento y la hipocres\u00eda del Esp\u00edritu de Margarita, que despu\u00e9s de un a\u00f1o de formalidades en lujos espectaculares y pomposas exequias, sali\u00f3 del asunto, desposando de ah\u00ed a dos a\u00f1os al m\u00e9dico que diagnosticara la \u201cenfermedad\u201d del desventurado Henoch.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">El nuevo esposo de la Condesa se ense\u00f1ore\u00f3 de toda la inmensa fortuna del condado, malgastando grandes haberes en placeres f\u00e1ciles, acompa\u00f1ado de la f\u00fatil y cruel Margarita, que iba descendiendo de abismo en abismo. Muchos a\u00f1os hab\u00edan transcurrido sobre los hechos relatados, cuando, un d\u00eda, los dos esposos aparecieron en la aldea, despu\u00e9s de largo tiempo de permanencia en las ruidosas capitales del Viejo Mundo, donde se entregaban a todas las disipaciones, con la fortuna totalmente reducida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">La Condesa, ya en la edad madura, busc\u00f3 la sombra del \u00e1rbol de la religi\u00f3n para apagar el fuego devorador de los remordimientos que la agobiaban. Era as\u00ed como, todos los d\u00edas comparec\u00eda puntualmente al sacrificio de la humilde misa de mi modest\u00edsima iglesia; pero, jam\u00e1s se dirigi\u00f3 al confesionario, donde yo tampoco la deseaba, porque, si a muchos pecadores acogiera con benevolencia y cari\u00f1o, recelaba usar la aspereza con aquella mujer sin entra\u00f1as, que no trepidara en manchar sus manos en horrorosos delitos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">En mis pr\u00e1cticas a los fieles, escog\u00eda siempre asuntos que pudiesen tocarle el coraz\u00f3n empedernido en el crimen y varias veces, durante el tiempo en que, finalizando sus d\u00edas terrenos, expand\u00eda, tarde, su fe, la vi prosternada delante del Se\u00f1or Crucificado, derramando llanto doloroso, en la m\u00e1s profunda contrici\u00f3n. \u00a1Yo gozaba \u00edntimamente, al verla en tal actitud, pues reconoc\u00eda el regreso de una oveja extraviada al reba\u00f1o de Jes\u00fas!&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Pasaron algunos a\u00f1os as\u00ed, hasta que, una ma\u00f1ana, vinieron a buscarme, a su pedido, para confesarla, sintiendo que se le aproximaba el instante de la muerte. Era la primera vez que yo volv\u00eda a su casa se\u00f1orial, despu\u00e9s del fallecimiento del inolvidable Henoch. Sin embargo, all\u00e1, encontr\u00e9 solamente el cad\u00e1ver de la Condesa. La ruptura de los vasos sangu\u00edneos del coraz\u00f3n le ocasionara la muerte, despu\u00e9s de algunos d\u00edas de padecimientos f\u00edsicos. Sus ojos quedaran desmesuradamente abiertos, fijos, tal vez, en alguna visi\u00f3n fat\u00eddica y horrorosa \u00a1Ah! Seguramente aquella alma se confesar\u00eda a Dios; le pedir\u00eda perd\u00f3n para sus grandes pecados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Una buena porci\u00f3n de tiempo viv\u00ed a\u00fan en mi aldea querida, en medio de los ni\u00f1os que adoraba, a quien amaba como padre, cercado por el respeto de mis parroquianos afectuosos, amado m\u00e1s particularmente por algunos seres que me eran profundamente queridos al coraz\u00f3n, desde las \u00e9pocas remotas de otras existencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Al final, con el organismo deteriorado por las luchas de la Tierra, tambi\u00e9n part\u00ed. Cuando me vi rodeado de amigos queridos, que me hab\u00edan precedido en el M\u00e1s All\u00e1, not\u00e9 que Henoch era uno de los primeros que ven\u00edan sonriente a mi encuentro. Se reaviv\u00f3 entonces en mi Esp\u00edritu el doloroso drama de su existencia y lo abrac\u00e9 emocionado; me agradeci\u00f3 conmovido el inter\u00e9s que yo siempre manifestara por \u00e9l, durante mis d\u00edas planetarios, y, junto a otros desvelados mentores y amigos espirituales, sinti\u00e9ndonos todos envueltos en los santos efluvios del amor divino.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Deslumbrado por tantas y tan inmensas maravillas, que el Padre concede a todos sus hijos que lo quieran buscar por el cumplimiento de los deberes, olvid\u00e9 por largo tiempo las cosas terrenales, para meditar solamente en Dios y en Dios vivir. Pero m\u00e1s tarde, vine a saber, por intermedio de Henoch, la situaci\u00f3n angustiosa del Esp\u00edritu infeliz de Margarita. Sufr\u00eda atrozmente con los remordimientos que la persegu\u00edan, haci\u00e9ndole vivir en un horroroso infierno, donde imperaban todas las tinieblas y todos los dolores reunidos. En medio de sus padecimientos, no consegu\u00eda o\u00edr la voz consoladora de sus amigos redimidos, escuchando apenas los gemidos, las clamorosas blasfemias, los sollozos prolongados, de sus compa\u00f1eros de tormento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Un cuarto de siglo pas\u00f3, antes que el alma de la ex-condesa, consiguiese escuchar nuestros consejos que la incitaban a suplicar al Creador una nueva existencia de luchas. Margarita hab\u00eda derramado muchos llantos remisorios, hijos de sincero y profundo arrepentimiento; pero, era preciso volver a la Tierra y conquistar en el sufrimiento su felicidad futura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Al final, sin que nunca se hubiese encontrado con Henoch, su antiguo compa\u00f1ero de existencia planetaria reencarn\u00f3 en una aldea paup\u00e9rrima de Istria, localizada en la regi\u00f3n triestina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&nbsp;\u00a1Dejemos correr algunos a\u00f1os!&#8230; Acompa\u00f1amos a una pobre mujer, vagabunda y andrajosa, que se aproxima a la viej\u00edsima aldea. Los ni\u00f1os se espantan, al verla, a pesar de ser joven a\u00fan. Todos se r\u00eden, sin piedad, al contemplar aquel rostro monstruoso, caminando sin rumbo, triste y pensativa. \u00bfD\u00f3nde naci\u00f3? Nadie lo sab\u00eda. \u00bfC\u00f3mo se llamaba? Nadie la entend\u00eda pues su voz era un compuesto de sonidos guturales, indescifrables.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">El pueblo divertido y juguet\u00f3n la cognominara Fiera, nombre por el cual la conoc\u00edan todos ahora. En aquella aldea, la misteriosa mujer entr\u00f3 pac\u00edficamente en una caba\u00f1a humild\u00edsima, que ella misma construyera bajo un frondoso olmo. Era all\u00ed que siempre la ve\u00edan con las manos en el rostro, con lo ojos fijos en la b\u00f3veda celeste, como si en el espacio infinito estuviese toda la grandeza de sus ideales. Era en ese pobre y repugnante cuerpo deformado que habitaba ahora, para la remisi\u00f3n de sus culpas, el alma de la vanidosa Margarita de anta\u00f1o. El generoso Henoch, condolido profundamente de la suerte amarga de su excompa\u00f1era, pidi\u00f3 fervorosamente al Se\u00f1or de los siglos que le permitiese volver al planeta terr\u00e1queo, para asociarse a los padecimientos de aquel Esp\u00edritu sumergido en \u00e1speras expiaciones.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Le fue concedida esa gracia por el Eterno y Henoch regres\u00f3 al mundo como hijo de la Fiera. Cuando la infeliz recibi\u00f3 en sus brazos de monstruo aquella d\u00e1diva celeste, el populacho la persiguiera a pedradas, maldiciendo al peque\u00f1o ser. La madre desdichada corri\u00f3 muchas millas con el peque\u00f1ito gimiendo en sus brazos, trayendo el coraz\u00f3n ululando de dolor salvaje. Vagando por aldeas desconocidas, fue como el ni\u00f1o se desenvolvi\u00f3. Todo en \u00e9l era diferente de su progenitora. Sus cabellos eran casi rubios, lindos trazos fison\u00f3micos, bellos ojos, revelando profunda inteligencia y extraordinaria vivacidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Fiera lo tomaba en los brazos y le daba muchos besos, pues aquel ni\u00f1o, que m\u00e1s se asemejaba a un \u00e1ngel del cielo corporificado en la Tierra, era el \u00fanico tesoro de su desventurada vida. Al alcanzar los cuatro a\u00f1os, el peque\u00f1ito era tan hermoso, que toda la gente se admiraba de que una mujer monstruosa tuviese un hijo en quien fulguraban tantas perfecciones. \u00a1Pero! \u00a1Ah! Por ese tiempo se revel\u00f3 en el organismo de aquella criatura n\u00f3mada, sin patria y sin hogar, una molestia terrible, la lepra. Todos comenzaron a expulsarla y el peque\u00f1o, como por una secreta intuici\u00f3n, igual a la que reciben los seres m\u00e1s evolucionados, comprendi\u00f3 el inmenso dolor de su madre, a quien amaba verdaderamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Viendo cada d\u00eda el progreso que la horrible enfermedad realizaba, en aquel cuerpo tan defectuoso, se hizo su gu\u00eda de poblaci\u00f3n en poblaci\u00f3n, implorando el pan cotidiano a las almas caritativas, pues la Fiera, adem\u00e1s del mal que le cubr\u00eda el cuerpo de tremendas heridas, se hallaba casi ciega. Sus amarguras culminaban en los extremos de todas las angustias humanas. No conociera padre, no sab\u00eda d\u00f3nde naciera, no pod\u00eda transmitir sus pensamientos y ahora se le cerraban tambi\u00e9n los ojos y no ver\u00eda m\u00e1s el rostro adorado de su \u00e1ngel hermoso, a quien idolatraba con todas las ternuras y arrobamientos de los corazones maternos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Sus semejantes le hu\u00edan, con recelo del contagio de la peligrosa molestia, que la minaba. El hijo todo lo comprend\u00eda, con sus sentimientos de alma acrisolada en los embates de los grandes sacrificios. Entretanto, aquella mujer sufridora, aprendi\u00f3 a llorar en la oraci\u00f3n; y era as\u00ed que, cuando miraba al cielo azul, se sent\u00eda atormentada de intenso dolor, pero ignoraba de d\u00f3nde podr\u00eda venirle; eran a\u00fan los resquicios del remordimiento de los errores perpetrados en su existencia anterior, manchada de numerosas faltas y extensos desv\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Record\u00e1base vagamente que hab\u00eda infringido de manera grave las Leyes Divinas y sent\u00eda que todas las puniciones eran necesarias para el perfeccionamiento de su Esp\u00edritu maculado. En esos momentos, la falange de los desvelados amigos espirituales de Henoch dirig\u00eda sus m\u00e1s fervorosas oraciones al Se\u00f1or de los mundos, implorando misericordia para aquellas dos almas abandonadas en la Tierra, batidas por el hurac\u00e1n indomable de todas las desgracias.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Un bienestar indefinible ba\u00f1aba entonces aquellos dos compa\u00f1eros expatriados en las sombras terrenas; el peque\u00f1ito se sent\u00eda sumergido en sue\u00f1os y visiones ang\u00e9licas y su madre m\u00e1s confortada para conducir la pesada cruz de las probaciones redentoras. En los d\u00edas en que m\u00e1s penoso se tornaba su abatimiento, el ni\u00f1o se acercaba a la madre desdichada, le pasaba los brazos con ternura por el cuello cubierto de llagas, le besaba el rostro que se deshac\u00eda en pedazos, dici\u00e9ndole, influenciado por las inspiraciones imperceptibles que le ven\u00edan de entidades l\u00facidas: -\u201c\u00a1Madrecita querida, no desanimes! \u00a1Todas las noches sue\u00f1o con una aldea muy linda, donde existen aves de luz cantando en las ramas verdes de los \u00e1rboles, que son muy bellas, cargadas de frutos y de flores! \u00a1A veces, veo que esa aldea hermosa est\u00e1 llena de \u00e1ngeles que sonr\u00eden, de madres que aman y de viejos que bendicen! \u00a1Los hombres me extienden los brazos y nos llaman para ese rinc\u00f3n luminoso y siempre, al despertar, a\u00fan les oigo los c\u00e1nticos, llenos de belleza y de luz!&#8230; \u00a1Ah! Mi madre, andemos un poco m\u00e1s y habremos de encontrarla. Creo que est\u00e1 por all\u00ed. \u00a1Vamos!\u201d. Y all\u00e1 se iban ambos, abrazados uno al otro, buscando ese rinc\u00f3n divino que el peque\u00f1o entreve\u00eda en sus aspiraciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">La Fiera se sent\u00eda m\u00e1s encorajada para caminar, siguiendo aquel ni\u00f1ito idolatrado, el \u00fanico ser que le ofrec\u00eda amor en este mundo, el \u00fanico afecto por el cual ella pod\u00eda saber que Dios existe y se recuerda de sus hijos m\u00e1s humildes y desgraciados. Pero, hasta en la existencia de los seres m\u00e1s \u00ednfimos, hay incontables dolores. El vendaval del sufrimiento campea en la Tierra en todas las direcciones. En una tarde de riguroso invierno en la que se sent\u00eda un fr\u00edo muy intenso en toda la pen\u00ednsula de Istria, el peque\u00f1uelo dej\u00f3 a su madre bajo un viejo olmo pr\u00f3ximo a una poblaci\u00f3n que \u00e9l no conoc\u00eda, a fin de mendigar un pedazo de pan para ambos. Las calles estaban todas desiertas, todas las puertas cerradas. Una tempestad de nieve comenzaba a caer impiedosamente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">El ni\u00f1o fue cogido por esa avalancha pavorosa. Al siguiente d\u00eda, la pobre madre, como loca, gritaba furiosamente, en una dolorosa algarab\u00eda, a todos los transe\u00fantes y, despu\u00e9s de algunas horas de b\u00fasqueda, le vino a los brazos, ya ro\u00eddos por las llagas, un peque\u00f1o cad\u00e1ver p\u00e1lido, del color de la nieve que lo guardara. La Fiera grit\u00f3, angustiosamente, como leona herida; estrech\u00f3 en el pecho aquel cuerpo blanco y min\u00fasculo, que no le era dado ver en su ceguera. Lo cubri\u00f3 de l\u00e1grimas dolorosas, hasta el momento en que manos caritativas lo entregaron a la tierra bienhechora. La Fiera fue reconocida. Aquella aldea era la misma donde viera la luz, por primera vez, su \u00e1ngel dorado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Le dieron, generosamente, la caba\u00f1a arruinada en la que viviera otrora, para pasar el resto de sus d\u00edas. Nadie se asoci\u00f3 a su dolor \u00edntimo; nadie busc\u00f3 consolarla en sus pesares y raras fueron las manos bondadosas que le mitigaron el hambre atroz con un mendrugo de pan. La infeliz, desgraciada y sola, ten\u00eda por compa\u00f1\u00eda, \u00fanicamente, el llanto y los m\u00e1s acerbos padecimientos. En sus oraciones, parec\u00eda ver la figura ang\u00e9lica del hijito, que le ven\u00eda a traer pan, agua para saciarle la sed y gotas arom\u00e1ticas de b\u00e1lsamos puros para atenuar el dolor cruciante de las heridas pustulosas que le dilaceraban las carnes, parti\u00e9ndose entumecidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">\u00a1S\u00ed! Lo ve\u00eda aproximarse y besarle tiernamente la frente; sent\u00eda que sus brazos cari\u00f1osos la abrazaban y le o\u00eda la voz suave diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">&#8211; \u201c\u00a1Madrecita querida! \u00a1No desanimes! \u00a1Camina por el dolor y me encontrar\u00e1s, aqu\u00ed en la aldea hermosa que yo ve\u00eda en mis sue\u00f1os!\u201d \u201c\u00a1Aqu\u00ed hay angelitos que sonr\u00eden, madres que aman y ancianos que bendicen!&#8230; Has de vivir tambi\u00e9n para que oigas conmigo las armon\u00edas celestes que los artistas del Cielo saben componer. \u00a1Ven, adorada madre, para orar tambi\u00e9n con nosotros!\u201d Era Henoch que confortaba a aquella alma sufridora, en los \u00faltimos tiempos de pruebas r\u00edspidas y agudas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">La Fiera lloraba conmovida, presa de intensa emotividad, cuando o\u00eda esas dulces advertencias. No experimentaba los tormentos f\u00edsicos en esos instantes. Su alma parec\u00eda eterizarse, elev\u00e1ndose a los p\u00e1ramos de luz del firmamento estrellado. Cierta noche, llegaron a su auge sus profundos dolores. Se hallaba abandonada, sintiendo que iba a morir. Volvi\u00f3 a ver toda su accidentada existencia, f\u00e9rtil de amarguras y sinsabores. Se record\u00f3 del alma querida de su hijo idolatrado y sinti\u00f3 que manos vigorosas parec\u00edan querer apartarla de aquel monte de carnes putrefactas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">Sufrimientos rudos le azotaban todo su cuerpo, cuando percibi\u00f3 una entidad l\u00facida, con una aureola f\u00falgida brill\u00e1ndole en la frente impoluta, dirigi\u00e9ndose hasta donde ella se hallaba, coloc\u00e1ndole las manos ben\u00e9volas sobre el cuerpo, irguiendo al Padre una oraci\u00f3n vibrante a su favor:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">\u201c\u00a1Se\u00f1or del Universo, tened piedad de esta pobre alma que necesita de vuestro auxilio sacrosanto! \u00a1Permitid que pueda liberarse de las \u00faltimas ataduras que la prenden a la materia putrefacta y elevarse a las regiones de luz sublime, donde le aguardan sus dedicados amigos espirituales! \u00a1Ella ya no es Se\u00f1or, aquella criatura perversa y asesina, sino un Esp\u00edritu acendrado en inenarrables torturas!&#8230; \u00a1Dign\u00e1os mirarla compasiva y misericordiosamente, concedi\u00e9ndole, seg\u00fan sus m\u00e9ritos, la libertad, a fin de que pueda evadirse de la negra c\u00e1rcel de las sombras terrenales!&#8230;\u201d Fiera nada m\u00e1s oy\u00f3. Su pobre Esp\u00edritu se vio en una regi\u00f3n feliz, de reposo y venturas. Se le figuraba que el sue\u00f1o viniera a ablandarle los sufrimientos corporales, sumergi\u00e9ndola en un ambiente de \u00e9xtasis maravillosos. L\u00e1grimas de emoci\u00f3n le ba\u00f1aban toda el alma y un solo pensamiento la domin\u00f3: buscar consuelo en Dios, que tiene para todas sus criaturas el b\u00e1lsamo del amor y del perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"justificar\">\u00a1Se rompi\u00f3, al final, el \u00faltimo grillete que la reten\u00eda en la Tierra, y el alma de la ex Condesa, redimida por el dolor, parti\u00f3, amparada por unos brazos de luz esplendorosa, en demanda de la aldea hermos\u00edsima, donde existen p\u00e1jaros brillantes, \u00e1rboles encantados, \u00e1ngeles que sonr\u00eden, madres que aman y ancianos que bendicen!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Recordaciones por:&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/amorpazycaridad.es\/pervivencia-de-la-obra-de-amalia-domingo-soler\/\">Amalia Domingo Soler<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;\u00a1Hermosas recordaciones de las noches de mi aldea lejana!&#8230; \u00a1A\u00fan hoy, revuelvo la ceniza de los siglos, para buscar tus reminiscencias, que me llenan el alma de encantamiento y poes\u00eda! &nbsp;Noches de primavera, de luna blanqu\u00edsima, en que yo rociaba con mi llanto las flores del modesto jard\u00edn del presbiterio, cuando confiaba a Dios mis [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":19105,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[6165],"tags":[66,70,2862,2457,4732,6362,3181,4247],"ppma_author":[396],"class_list":{"0":"post-19074","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-las-comunicaciones-de-amalia","8":"tag-amalia-domingo-soler","9":"tag-amor-2","10":"tag-dedicacion","11":"tag-entrega","12":"tag-expiacion","13":"tag-mentira","14":"tag-mision","15":"tag-olvido"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>RECORDACIONES | AMOR, PAZ Y CARIDAD | AMALIA D.<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Recordaciones. 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